jueves, 19 de diciembre de 2024

Vulnerabilidad al descubierto

Tengo miedo, a veces me siento muy pequeñita frente a mi ansiedad, tengo algunas inseguridades y complejos, y en ocasiones dudo de mí misma y de mis capacidades y, aunque me duela reconocerlo, a veces me vuelvo a preguntar por qué soy merecedora del amor y de los buenos tratos de otros, suelo encontrar poco después las respuestas a esta cuestión y me ayuda a sentirme mejor, pero lo que quiero decir, aunque me asuste decirlo en voz alta, es que tengo necesidades, necesito al otro en muchos momentos porque no puedo yo sola con todo. 
Volver a reconocer(me) esto está siendo un proceso complicado y algo doloroso, pero también está siendo realmente sanador y valiente; este, con diferencia, es el acto de valentía más grande que estoy haciendo por y para mí, esto me hace sentir mejor al pensar que no estoy terminando el año tan mal como creía en un comienzo.
He vuelto a sentirme presa de una coraza que desconozco el momento exacto en que me la volví a poner, es una mucho más complicada de visualizar que las de hierro, es del mismo color que mi piel y, aunque parezca que no está, existe, está aquí, muy cerquita de mí dificultando mi respiración.
Voy quitándome piezas de ella con cuidado y con mucho esfuerzo, suelo romperme a llorar siempre que lo hago, pero no tanto por dolor, sino por el miedo que siento. 
En esas zonas al descubierto recibo caricias, besos y miradas emocionadas y agradecidas ante mi acto de valentía, me gusta la adrenalina, el amor y la ternura que siento. Cuando estos momentos suceden también se mueven y se transforman muchas cosas aquí dentro, la tristeza y el miedo durante un ratito abandonan su agresividad y su tamaño intimidatorio y se sienten como los mordiscos chiquititos de un gato en tus manos, puede seguir doliendo la sensación, pero las cosas recuperan de nuevo su tamaño real.
Salirse de la norma, en el sentido que sea, y atreverse a ser fiel a tu identidad, tus ideas y tus valores suele ser un proceso complicado en el que se experimenta mucha soledad, culpa y miedo; los de ahí fuera siguen, consciente o inconscientemente y de maneras muy sutiles, intentando capturarte, volver a lo que la mayoría hace y hacerte creer que solo hay un camino posible, y que si te sales de ahí y luego lloras, pues que ya no sabrán que decirte porque ellos ya te lo habían advertido, una de las armas más eficaces y sutiles con las que actúan es la de hacerte creer que estás sola, que no hay nadie como tú, y que si no te vas con ellos por el camino que te indican no esperes encontrar consuelo, amor y cuidados por caminos nuevos. 
Juntar esto con las dificultades para abrirse ante la mirada del otro hace que esa coraza se sienta como una muralla altísima que te encierra en ti misma; llevaba tiempo escuchando voces al otro lado, pero no me había atrevido a salir por miedo a que fuesen enemigos o personas que quisieran invadir mi castillo y mi reino. 

He salido, estoy saliendo y descubriendo a personas preciosas, algunas llevan años aquí, otras nuevas tienen en su interior sacos repletos de amor y ternura; resulta no era la única que se sentía así, resulta que en este camino hay muchas personas que decidieron ser valientes, resulta, en definitiva, que nunca estuve sola y esto último me hace sentir imparable y feliz.

Sigo teniendo mucho miedo y la tristeza sigue quériéndose quedar a dormir aquí, aunque ahora, pasito a pasito, me voy deshaciendo de esta coraza y dejo que miedo y tristezas sean vistas por el otro, ni yo misma creía ser tan valiente como para hacer esto, pero, al parecer, lo soy. 




martes, 17 de diciembre de 2024

Luna lunera, cascabelera...


Ayer la luna estaba casi llena y yo le pedí varios deseos mientras fantaseaba con la hipotética idea de que, de alguna forma, te llegasen.
Últimamente echo de menos a varias personas que me gustaría tener a centímetros de distancia, ojalá pronto, ojalá poder escapar del mundo un ratito en el interior de sus abrazos. 
Estoy aprendiendo a tolerar cierta incertidumbre y tristeza que nunca dejan de acompañarme, a veces me resultan agotadoras, pero intento cuidarme y mantener las cosas más básicas como intentar dormir bien, hacer cosas que me gusten, intentar no escapar a través de las pantallas... es cierto que el tema de dejarme cuidar sigue siendo de los que me resultan más complicados, de verdad que me gustaría hacerlo más y mejor, pero a la vez siento miedo de mostrarme tan desnuda frente a la mirada del otro, lo siento.
Algunos días la luna me ha hacía sonreír al sentir a algunas personas a mi lado, aún estando a kilómetros de distancia, pero estas últimas semanas me suele hacer llorar con facilidad, me gusta ir en el bus observándola con la música alta, escapar de mí misma y jugar a columpiarme tan alto desde ella que hasta pueda, al saltar, llegar a cualquier lugar, a cualquier persona. 
Me gustaría que estuvieras a mi lado, y da igual cuándo leas esto, me gustaría que me abrazaras, que me besaras, que tuvieras ganas de hacerlo y que ni te importase perder el metro si es por vernos sonreír de cerquita, me fliparía tenerte a centímetros de distancia.
Siento muchas cosas en mi interior, algunas chocan con otras, se entremezclan y generan distintas emociones en mi interior que me cuesta gestionar y descifrar, siento que aquí dentro no cesa nunca el ruido y acabo realmente agotada algunas noches, echo de menos que me abracen para dormir por las noches, parecerá una tontería, pero me parece una de las cosas más preciosas que podemos hacer con las personas a las que amamos.
Hoy la luna sigue estando casi llena y yo me divierto en el bus mirándola con cierta nostalgia, amor y tristeza, a veces me gustaría viajar un ratito a ella y saltar de estrella en estrella como si nunca antes me hubiera tropezado.
Soy una persona muchísimo más valiente de lo que creía ser hace unos años, lo he descubierto este año. Hasta hace poco, creía que lo era por atreverme en distintos contextos, pero no es tanto por eso, lo soy porque tengo aquí dentro una infinidad de miedos rugiendo, y yo sigo aquí secándome las lágrimas, echándome mi rimel, pintándome los labios cuando tengo ganas y confianza en que todo vaya bien y salgo ahí fuera con puñados enormes de amor, ilusión y cariño, dispuesta a cuidar, querer y acompañar a quien lo necesite.
Ya sé que debería permitirme esto también conmigo misma por parte de otras personas, aunque me sigue costando, pero os prometo que lo estoy intentando hacer lo mejor que puedo. 
De pequeña siempre que me columpiaba mi madre solía animarme a hacerlo más alto diciéndome que iba a llegar a la luna, ojalá ese siguiera siendo mi único o mi mayor deseo.
Ojalá a la luna le haya llegado algo de todo esto. 

sábado, 14 de diciembre de 2024

Puertas de Cristal


He abierto una puerta nueva y he descubierto dentro un nuevo mundo del que creía conocerlo casi todo, tras esta puerta también  han salido una infinidad de miedos que me han robado la voz y que me han paralizado el cuerpo, algo aquí dentro se está rompiendo, pero también está naciendo, no sé exactamente qué es, pero me asusta y me genera curiosidad.

¿Qué está ocurriendo aquí dentro?, la niña de aquí dentro no quiere acercarse a la puerta, a veces llora y me suplica que la cierre, que puede ser peligroso, tal vez debería hacerle caso, pero también soy muy cabezota y siento que ya no puedo cerrar esta puerta, que algo aquí dentro se está rompiendo, pero también como si algo naciera de la misma forma en la que nacen flores entre las grietas del cemento de la acera. 

Salirse de la norma, de los "debería" y de unos modelos previamente establecidos conlleva demasiados miedos, cierta soledad y sensación de "oveja negra" y sentirse algo perdida entre personas que parecen tenerlo aparentemente todo claro, el mundo a veces parece tan hostil y peligroso que me tienta la idea de quedarme un ratito más en mi habitación.

Tengo una puerta abierta, no sé si he sido yo quien la ha abierto o si ya no podía permanecer cerrada, pero está abierta y por ella entran miedos y frío, ahora mismo es lo único que siento, ¿todo esto tiene sentido?; respetar el proceso y tolerar cierta incertidumbre no son mis puntos fuertes y ambas no dejan de exigirme atención y esfuerzos, intento seguir respirando siempre y no hacerme más daño, a veces soy mi peor enemiga, a veces siento que cuanto más dolor crea que vaya a sentir ahí fuera más intento generarme a mí misma para estar preparada, autoboicotearse lo llaman, soy una experta. 

Tengo una puerta abierta que no puedo cerrar, es una puerta grande, y a través de ella entran y salen tantas sensaciones, emociones, miedos y colores nuevos que el ruido es ensordecedor, estoy agotada la verdad, hace días que me cuesta conciliar el sueño. Pero también siento que tras esa puerta hay mucho de mí que desconozco todavía, siento tantas cosas aquí dentro... y lo que más miedo y/o adrenalina me genera es que todo tiene tanto que ver con el amor, ¿tiene sentido algo de lo que estoy diciendo?.

A veces desearía poder cerrar esa puerta, otras me acerco con un puñado de curiosidad y otro de miedo, nunca entro, no todavía, pero me asomo y escucho el eco de mi voz; a veces mi niña interna me mira algo confusa y con mirada triste, le prometo que seguiré a su lado, le intento asegurar que todo va bien y justo cuando creo tener las respuestas me cambian todas las preguntas.

Vuelvo a acercarme a esa puerta y, en el momento en el que creo que soy capaz de saltar, me quedo dormida del todo. 


viernes, 13 de diciembre de 2024

Dragones asilvestrados


He salido por mi ventana, me he escapado; desde esta habitación los fuegos artificiales se veían, pero no del todo bien, a lo lejos había muchas luces, mundos, emociones y seres a los que no podía llegar a visualizar y sentir desde aquí.
Me he escapado de mi habitación, he cogido mi puñado de sueños, mi caja de ilusiones, mis ganas de explotar de amor y me he cubierto con la capa de valentía que no sabía que poseía.
Salí a medianoche con los miedos mordiéndome los tobillos y corrí por calles y campos durante horas, hacía tanto tiempo que no me atrevía a salir tanto de aquí que no pude parar antes de correr, ahora que he parado observo mi alrededor y los miedos me suplican llorando que volvamos a casa, que esto no es buena idea, me hacen llorar casi siempre, pero también me abro el pecho ante ellos y les muestro que seguimos en casa, aunque estemos a kilómetros de ella. 
Veo a mi alrededor tanto que explorar, descubrir y sentir que me emociono al descubrir tanta valentía en mi interior, hay um puñado de tristeza que me hace temblar de frío algunos días, la niña de aquí dentro me confiesa que se siente algo sola y perdida, le abrazo fuerte intentando que no me vea llorar, le agarro de las manos y le aseguro que todo irá bien, pase lo que pase; me gustaría decirle que me siento igual que ella, pero no quiero que crea que no puede contar conmigo.
Hace días que los miedos y el frío me aíslan; intento cuidarme, estar fuerte, seguir atreviéndome a saltar al vacío, a veces bailo nuevas canciones y me pierdo en nuevas miradas, cierta tristeza se entremezcla con un puñado de adrenalina y ambas me hacen seguir queriendo bailar aunque lleve horas sin saber dónde estoy. 
He salido por mi ventana; he sido niña, dragón, hada y guerrera sin dejar de tener miedo al frío, me he sacado a bailar y me he emocionado varias veces ante la mirada curiosa y llena de admiración de otros, he dejado de arrancar pétalos a las margaritas y ahora bailo y camino entre ellas, he saltado de estrella en estrella y vuelvo a saltar en los charcos cuando llueve sin miedo a resbalones o machas. 
La mayor parte del tiempo sigo cargando con una infinidad de miedos que me dificultan respirar y que me hacen sentir pequeñita por las noches, intento abrazarme fuerte y confiar en que todo irá bien, no siempre me lo creo, pero siempre me lo susurro varias veces para quedarme dormida. 
He salido por mi ventana y ahora no sabría deciros con exactitud dónde estoy, me encuentro muy lejos de mi habitación, y eso me genera tanto miedo como ganas de descubrirlo todo.
He bailado sin parar canción tras canción, me rompo varias veces al día cuando nadie me ve y me vuelvo a echar rimel como diciéndome a mí misma: "todo irá bien", la verdad, no lo sé. 
A veces cierta nostalgia o deseos de sentirme cuidada y querida se apoderan de mí y fantaseo con que ahí fuera existan personas pendientes de la hora a la que llego a casa o de si he llegado ya.
¿hay alguien ahí?, estoy algo asustada y a veces los miedos parecen demasiado grandes, demasiado feroces. 
Mi madre me observa con unas ojeras marcadas, me repite que me nota algo tristona, pero ayer también me dijo que me notaba sin saber muy bien por qué más valiente de lo que ella creía que era, me sirve. 


martes, 10 de diciembre de 2024

Tristeza consumida


No quiero que te vayas, quiero encontrar las formas de hacer que esto siga funcionando, pero por encima de esto, nos quiero libres y felices, y por eso no te pediré que te quedes si algún día decides irte, te abrazaré fuerte, te daré ese beso con sabor a "ha sido precioso" y seguiré creyendo en el amor como siempre he hecho.
Estoy asustada, este año ha sido un constante (auto)descubrimiento de mí misma, de mi mundo y del de ahí fuera, nunca creí que pudiera ser tan valiente ni capaz teniendo tantos miedos pidiéndome atención, el tema de abrirme a nuevas personas, dejarme cuidar o, en definitiva, perder el control, me sigue costando mucho más de lo que me gustaría, pero sigo saliendo ahí fuera.
Intento abrazar y cuidar mucho a la niña de aquí dentro, seguir enamorándome de ella viendo como se toma su colacao con grumitos, algo de maquillaje para ocultar los restos de una noche algo dura y una sonrisa con la que poder dar la bienvenida a quienes quieran descubrir qué hay aquí dentro.
La incertidumbre y el miedo a veces me hacen daño y no puedo evitar llorar ante ellas sintiéndome algo perdida y bastante sola, respiro hondo, me repito que pase lo que pase me tengo a mí, intento confiar en el proceso, dejarme sentir y no tener miedo a sentir, recordar que estas son mis mayores pruebas de vida; respira, respira, respira.
Estoy descubriendo nuevas partes de mí, nuevos reinos, nuevas aventuras por vivir, nuevas historias por escribir; a veces tengo tanto miedo que no quiero salir de mi cama, otras pienso en ti sin querer y fantaseo con encontrar las formas de seguir caminando de la mano sin dejar de ser libres... esto no debería ser tan complicado, aunque algo me dice que esto también tiene mucho que ver con mi propio crecimiento personal.
Me hace sentir orgullosa pensar en todo lo que he crecido y aprendido del amor durante este tiempo; recuerdo que de pequeña me pasaba horas arrancándole los pétalos a las margaritas fantaseando con sentirme la protagonista de una película romántica en la que todo, antes o después, salía bien, se olvidaron de contarnos que eso no siempre implicaba que todo siguiera igual.
Hace años que dejé de arrancar flores y empecé a bailar entre ellas, los días en que estoy más sensible me gusta tomármelo como una cita conmigo misma, me pongo alguno de mis vestidos favoritos, me lleno de colores y bailo durante horas entre ellas, desde hace pocos meses he aprendido a sentir su presencia de una manera más intensa y especial, me gusta la persona que soy cuando me permito ser al creer que nadie me está mirando.
Me tengo, sí, me tengo de mi lado y en mi barco, la incertidumbre y los miedos son ensordecedores algunos días, últimamente no hago más que llorar ante ellos, pero confío en que antes o después las flores me volverán a pedir verme bailar y aquí dentro una niña sabrá que esto no es más que la vida y el amor explotándonos, no existe prueba de vida más fiable que esta.

lunes, 25 de noviembre de 2024

Tonos grises

Hoy el tiempo está triste, los miedos feroces y la tristeza cariñosa conmigo, por si esto fuera poco he decidido que ponerme Samuraï de fondo era buena idea, en este modo melancólico llevo toda la mañana de hoy, día en el que me prometí que adelantaría cosas del trabajo. 

Me relaja el sonido de la lluvia, pero el color grisáceo de las nubes me hace llorar con facilidad, sonrío sin querer cuando me imagino siendo, en mi cama, abrazada por alguna de esas personas que me hacen sentir de todo sin ponerme un dedo encima.

Los días tristes también son importantes y, de alguna forma, necesarios y bonitos para después volver a salir ahí fuera y disfrutar los días felices. Pienso en las mismas dos o tres personas que están a kilómetros de distancia cuando deberían estar a centímetros, me escucho de nuevo sus audios y veo las fotografías que tenemos juntas como buena DramaQueen, puede sentirse algo doloroso a veces, pero soy una experta en sacar la tristeza fuera de mí, prometo que en unas horas vuelvo a ser persona. 

Fantaseo también con que en algún momento se me den mejor las personas, que me de menos miedo eso de quitarme la coraza frente a unos ojos nuevos y disfrutar de la sensación de recibir una caricia o un beso en zonas en las que otros golpearon, me parece complicado hacerlo y los miedos son los perfectos guionistas de tramas de terror en los que nada sale bien; sé que la cosa es exponerse, mis amigas me miman y me quieren muchísimo y me prometen que estarán a mi lado por si acaso, a su lado todo es más fácil. 

Hay días tristes que contienen cierta belleza en su interior, no sabría muy bien cómo describirla, pero la siento, siento tanto en mi interior que a veces me abruma y necesito frenar y respirar. La música es una buena forma de sacar esto que siento fuera, me evita tener que pronunciar palabra alguna y me permite centrarme únicamente en sentir, al menos hoy la ansiedad todavía no ha hecho acto de presencia.

Respiro hondo, siento el aire entrando y saliendo de mis pulmones, está dejando de llover, pero aún se escuchan las gotas de agua aterrizando en el suelo, me gusta el sonido, me relaja y me ayuda a bajar el volumen de esta maldita culpabilidad que siento por no estar haciendo cosas del trabajo.

Siempre me da cierto miedo sentir los días tristes en mí, pero a la vez me siento una persona realmente valiente cuando freno y me escucho, a veces es algo que suelo evitar hacer demasiado, pero ahora lo estoy haciendo y, aunque los miedos me sigan mordiendo, me siento mejor. 

Ahora suena "Los días raros" de Vetusta Morla, parece que alguien me estuviera espiando. Y ahora sí, ahora lloro, ahora respiro de nuevo encogida en mi cama fantaseando con esos abrazos de quienes no pueden dármelos ahora. 

Hoy es un día triste y no me esforzaré por hacer que deje de serlo, estos días también son necesarios y, de alguna forma, bonitos también. 

Cuando termina la canción me llama una de mis amigas preferidas y me hace sonreír el hablar con ella, menos mal que me ha llamado, gracias. 

sábado, 23 de noviembre de 2024

Resaca emocional

Hice un pequeño gran clic en el momento en que dije en voz alta: "No voy a pedirte que te quedes, es más, ni se te ocurra volver si te vas". Esto también tiene mucho que ver con los límites y el amor propio.
No quiero pedirte que te quedes, no quiero darte ninguna razón para ello, ni mucho menos pedirte nada que tú no quieras darme.
No quiero que sientas ataduras, cadenas o compromisos forzados, quiero que la puerta siempre la tengas abierta y que si quieres salgas por ella.
No soy un opción más, yo soy una tremenda oportunidad, un viaje precioso sin retorno, y un "ojalá volver a coincidir, aunque ya no sea igual, aunque ya no sea lo mismo", al menos para mí misma lo soy.
Entonces, si yo soy capaz de verme así, independientemente de mis miedos feroces, mis inseguridad invasiva, mis pensamientos rumiativos y mi ansiedad desbordante, no espero menos de los de ahí fuera.
Durante mucho tiempo solía agradecer a las personas comportarse como personas conmigo, les agradecía hasta que me besaran después de ese polvo salvaje y me sentía afortunada por tener ese beso y ese "avísame cuando llegues", esto me hizo normalizar su ausencia y demasiadas sutiles violencias que hacían sentirme diminuta en un mundo de gigantes. 
Quiero que me trates, me cuides y me quieras de manera extraordinaria, porque soy extraordinaria, y porque si no va a ser así prefiero que ni lo intentes. 
Nadie ofrece nada que no tenga en su interior, y por esto mismo sigo creyendo en mí y en el amor, porque sé como soy, porque sé como soy capaz de querer.
En un mundo individualista y agresivo yo sigo procurando sonreír a todos los perritos que me encuentro, jugar a pisar a veces solo las líneas blancas de los pasos de cebra como si fuera un videojuego y no olvidarme nunca de dar las gracias a los camareros y conductores de autobuses, y tal vez para ti esto no tiene sentido, pero a mí me valen como pruebas de que merezco no tener que darte razones para que te quedes si tú no las encuentras.
Me considero adicta a todo lo que me haga recordar que estoy viva, que soy real, y que mi vulnerabilidad y sensibilidad se sientan en el rincón más seguro e inspirador del mundo.
La ternura es revolucionaria, me encanta sentir esa frase en mi propia piel. 
 

jueves, 21 de noviembre de 2024

Ausencia de gritos ante lo que merece incendios


De pronto noto su mano sobre mi cuerpo; es una mano grande que me sujeta con firmeza y con cierta prepotencia y autoritarismo, me quedo paralizada, mi ritmo cardíaco se acelera de golpe y todo mi cuerpo intenta alejarse de esa mano, pero permanece inmóvil dejándose tocar y mover por quien tengo frente a mí. Mi mirada recorre veloz el espacio en el que estamos y, sobre todo, el rostro del resto de personas para comprobar si alguien nos está observando, me atemoriza la idea de que alguien se haya dando cuenta de lo que está pasando, ¿por qué soy yo quien siente vergüenza a qué alguien me esté viendo?...
Intento pensar, buscar alguna herramienta o algo que me pueda ayudar aquí y ahora, empoderarme y actuar frente a él colocándole los límites que, probablemente, nunca le hayan puesto. 
No hago nada, permanezco callada y hasta sonrío a veces como si me sintiera culpable por sentir lo que siento o como si no existieran razones para sentirse así; en mi mente empiezo a contar del uno al diez, al comienzo despacio, luego más rápido, abandono mi cuerpo mientras bailamos.
"Haz algo estúpida", "normal que te pasen estas cosas siendo así", "no está ocurriendo nada grave, no seas así"...
Me duele el decirme estos comentarios, me duelo cuando siento la culpa y vergüenza que debería sentir él... me está tocando una parte de mi cuerpo alguien que no conozco y a quien no le he dado ningún tipo de señal ni de comodidad ni, mucho menos, de consentimiento.
Tengo derecho a sentirme así, tengo derecho a no saber cómo actuar frente a una agresión y que mi cuerpo intente protegerme emocionalmente contando hasta diez, tengo derecho a tener miedo y a no querer exponerme a más violencia.
Termina el baile; me siento rara, desnuda y vulnerable, tengo un nudo en mi garganta que me hace no poder dejar de mirar el suelo y las paredes evitando cualquier tipo de contacto visual, me duele mucho algo dentro de mí y tengo ganas de llorar, la persona que tengo frente a mí me sonríe con aires de superioridad y me guiña un ojo como si supiera todo lo que está ocurriendo aquí dentro y no sólo no sintiera ni una pizca de culpabilidad sino que disfrutase con ello, me siento sucia, algo rota y como una tierra conquistada a la fuerza por la persona que tengo frente a mí.
Otra vez la culpabilidad llamando a la puerta, "eres una exagerada, vale que te hayas sentido incómoda, pero no es para ponerse ni sentirse así", puta mierda de sistema y de sociedad, me siento así y es válido, ¿en qué momento hemos normalizado tanto cierta violencias que hasta seamos nosotras quienes nos sentimos culpables por sentirnos atacadas frente a ellas?, ¿por qué soy yo quien siente vergüenza?, ¿por qué soy yo quien no volverá aquí y no él?.
Estoy muy enfadada conmigo y con todas las personas que me rodean, tengo tanta rabia que me imagino varias veces gritando, rompiéndolo todo y pegando a esa persona que me ha hecho sentir así, no hago nada, permanezco inmóvil y con una sonrisa artificial que pretende esconder todo lo que siento. 
Vuelvo con ojos llorosos a casa y pienso: "jo, que rabia, con lo que a mí me gustaba bailar"; me niego a que esto me quite mis ganas de bailar, ya soy yo quien se va a ir de aquí, quien siente una culpa y vergüenza que no le pertenecen, no quiero que nada ni nadie me arrebate mis ganas de seguir bailando. 

Me meto en las redes sociales para silenciar mi mente durante un rato, varias publicaciones ya hablan de las distintas manifestaciones por el 25N, día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, muchos comentarios son corazones morados, otros manifiestan que no saben de qué nos quejamos, que ahora ellos son quienes tienen que tener cuidado con nosotras y no es justo, que esto solo divide más a la sociedad...

Pienso que si algún día tuviera un hijo me gustaría que fuera una niña, pero a la vez me daría tanto miedo que fuera niña...

¿En serio creéis que ya no hay nada por lo que alzar la voz?

Menudo día de mierda.

domingo, 17 de noviembre de 2024

Entre las nubes


Desde aquí arriba todo se ve muy pequeño; cuidades, campos, miedos y preocupaciones, el ruido continuo y agotador que existe allí abajo no se escucha desde aquí arriba, y esto permite disfrutar del silencio y de sonidos más bonitos como el de una canción familiar, las voces animadas y entremezcladas de distintas personas, y la risa de esa amiga que ojalá tenerla más cerquita de ti durante el año.
Escucho los motores del avión, es un sonido grave e intenso que va en aumento según vamos cogiendo velocidad, en pocos segundos las ruedas dejan de estar en contacto con el suelo, y entonces nos quedamos en completo silencio volando entre las nubes, se siente como estar en el interior de una bola de nieve, una cápsula del tiempo en la que poder frenar y disfrutar tan sólo de las vistas que se aprecian desde tu ventana. 
Allí abajo las cosas suceden demasiado rápidas y algunos días el ruido es ensordecedor, pero desde aquí arriba se aprecia el tamaño real de las cosas y cuesta menos soltar preocupaciones, miedos y pensamientos. 
En ocasiones creo que no es más que esto lo que necesitamos, despegar pies del suelo y mente del ruido, (re)descubrir el tamaño real de las cosas y poner, de nuevo, mente y corazón en lo que de verdad importa. 

domingo, 27 de octubre de 2024

Feroz y preciosa energía


Ocurre así, de manera natural y sin previo aviso. 
El viento se vuelve algo más salvaje, escucho el sonido de las hojas caídas de árboles rodando por el suelo, el sonido de las voces de otras personas disminuye y mi piel siente como una caricia maternal que me envuelve con dulzura mientas me permito sentir esto que siento. 
Dura solo unos segundos, pero es como si algo en mi interior dejase de estar dentro de mí y pasase a fusionarse con la naturaleza, me genera como una paz a la que pocas veces consigo llegar por mí misma, tal vez por eso siempre quiero que duren algo más estos instantes, algo desconcertantes, pero también reconfortantes.
Es como estar unos segundos en el interior de una esfera mágica, experimento diferentes emociones y sensaciones que me hacen viajar a un rincón algo desconocido, pero también es un lugar al que los miedos no llegan.
El viento eriza mi piel, cierta caricia me estremece y me hace sonreír y, durante unos segundos solo, me siento como si tuviera unas alas enormes y preciosas a mi espalda que me hacen sentir invencible.
¿Qué acaba de pasar(me)? 

sábado, 26 de octubre de 2024

Disculpas y culpabilidad indomable


Perdón por haberte presionado a ir a un ritmo que no era el tuyo, sobre todo, en cuanto a abrirse a las personas.

Perdón por insultarte.

Perdón por haberte prohibido llorar en momentos en los que lo necesitabas.

Perdón por haberte hecho sentir insuficiente/ poca cosa.

Perdón por decirte que no te merecías ese amor y cuidados.

Perdón por no creer en ti.

Perdón por hacerte ver, en algunos momentos, tu sensibilidad como algo malo.

Perdón por exigirte cuidar de otros cuando eras tú quien necesitabas esos cuidados.

Perdón por hacerte creer, con algunas personas, que no eras merecedora de esos cuidados si no había algo físico de por medio.

Perdón por haberte culpado de que algunas personas se fueran de tu vida.

Perdón por haberte exigido llegar a todo siempre.

Perdón por enfocarme más en la meta que en el proceso.

Perdón por dejar que otros o yo misma sobrepasáramos tus límites.

Perdón por no priorizar nunca tus deseos y necesidades.

Perdón por no haberte escuchado más.

Perdón por reprimir tu emoción del enfado y no haberte dejado mostrarla del todo ante otros.

Perdón por obligarte a seguir al resto cuando tú querías un camino diferente.

Perdón por no haberte querido bien.

Perdón por haberte dejado sola en momentos en los que me necesitabas. 

Perdón por hacerte creer los comentarios negativos de otros sin pararnos a analizar si eran ciertos o no.

Perdón por los momentos en los que te abandoné ante la ansiedad y el miedo.

Perdón por culparte por sentir emociones y sensaciones que son naturales.

Perdón por decirte que no podías conseguirlo e insistirte en dejarlo o huir, gracias por no hacerlo.

Perdón por hacerte sentir que había algo mal en ti que impedía a los demás conocerte/quererte.


Gracias por seguir aquí, conmigo, a mi lado. 

viernes, 18 de octubre de 2024

La danza de las margaritas silvestres

A veces no es nada fácil ser como soy, ni mucho menos tratar y existir con esta sensibilidad. A veces un gran poder, otras un martirio. Pero sigo respirando, intento no olvidarme nunca de eso.

He leído una frase que decía: 

<<Quédate donde puedas vivir, no sobrevivir>>.

El problema viene cuando ni yo misma me encuentro, cuando me exijo de más, cuando me escucho de menos, cuando me encierro de más, cuando me quiero de menos. 

La ternura y el amor siempre serán mis dos líneas de vida, son mis pruebas de que sentir de más no es ni malo ni peligroso, mis pruebas de que las caricias y mimos siguen existiendo, al igual que las personas que te besan antes la frente que los labios como una manera preciosa de pronunciar ese "te quiero". Ven y vuélveme a besar y a mirar, me gusta sentirme aún más deseada, querida, valiosa y real a través de esa mirada curiosa y dulce que me obliga a confesarle mis verdades.

Quiero margaritas en el pelo.

Quiero flores sobre mi cuerpo.

Quiero besos, caricias y mimos.

Quiero que te quedes a dormir.

Quiero un nuevo abrazo y que jamás sea el último.

Quiero emocionarme de alegría con la cara al descubierto.

Quiero perder el control.

Confiar en que alguien ahí fuera sabrá qué hacer.

Sacar a los miedos fuera y que les de el sol.

Leerles un cuento a los monstruos de debajo de mi cama.

Respirar, respirar, respirar. Darle un beso en la frente a la niña de aquí dentro, decirle que estoy aquí, que esto es parte del proceso. Quiero un abrazo fuerte que me rompa y reconstruya, quiero un "te quiero a mi lado", pero, sobre todo, quiero creerme que me lo merezca.

Ese abrazo y ese "te quiero".

Quiero no olvidarme de respirar, sentarme en la incomodidad de verme rota, verme desnuda, y tener ganas de quedarme esta noche conmigo. Quedarme a mi lado y confiar en que pronto todo irá mejor. Me gustaría no tener miedo, pero aceptando ya su existencia, me gustaría demostrarles del todo que hay vida después de este instante al que tanto temen, que por favor confíen algo más en mí. 

Quiero margaritas en mi pelo y campos eternos en los que correr y bailar, sentirlo todo bien adentro y jamás frenar ante un puñado de malas hierbas o zarzas, quiero aprender a confiar en el proceso, sentirme merecedora de ese abrazo, de ese "te quiero" y de ese "hoy quiero quedarme abrazada a ti", creerte, creerme y que juntas sigamos bailando y corriendo como si nuestra única preocupación fuese que llueva y no tener donde refugiarnos.

¿Qué más da?, que llueva, que llueva bien, y que limpie y me ayude a sanar todo aquello de lo que hace un tiempo que no hablo. 

Quiero vivir, no sobrevivir. 

Elijo vivir, no sobrevivir. 

Confía en el proceso. 



miércoles, 16 de octubre de 2024

Galaxias llenas de estrellas

A la suerte no siempre la tengo de mi parte, pero a ellas sí, ellas siempre están conmigo, y por eso siempre acaban yendo las cosas bien hasta en los días de mierda.
Me cuesta confiar en el proceso de las cosas, sobre todo en el de esas cosas que están ocurriendo aquí dentro, me suele ayudar pensar en ellas y sentirlas a mi lado, siempre están muy cerquita de mí, aunque a veces me siga sintiendo algo sola en una habitación demasiado grande, pero sé que están aquí.
Me imagino el sonido de sus risas entremezcladas y, durante unos minutos, todo parece realmente sencillo.
La vida siempre me resulta mucho más preciosa cuando les escucho reír o cuando nos pasamos días jugando, descubriendo nuevos lugares y queriéndonos de esa forma tan natural y bonita, cada una tiene en su interior una galaxia de colores preciosos, y yo me siento realmente afortunada cuando tengo la oportunidad de conocer un poquito más cada uno de sus reinos.
Una de ellas es también la persona que me tiene enamorada perdida desde hace años, tiene algo tan bonito en su interior... a veces sigue consiguiendo, con tan sólo una mirada, ponerme esa tonta sonrisa que nos sale cuando somos muy felices y que me encanta que me bese a cámara lenta, como si estuviéramos en la película más romántica de todas.
Todas ellas me han ayudado a construir nuevos castillos aquí dentro, me he emocionado al verlas a ellas con más ilusión que yo en sus ojos ante el resultado, me encanta la infinidad de cuidados y formas diferentes de decirnos "te quiero", hacemos un buen equipo cuando estamos juntas, y por eso escuchar sus risas hasta el último suspiro siempre será una de mis más bonitas fantasías, uno de mis mayores sueños.
Les quiero mucho; no sé muy bien cómo lo hacen, pero siempre me ayudan a acercarme a la mejor versión de mí misma. Cuando les echo de menos recuerdo que por muy lejos que estemos seguimos viendo la misma luna y eso, de alguna forma, me hace sentirlas un poco más cerca de mí. A veces en los días de bajón recuerdo sus mágicos abrazos antes de quedarme dormida y, entonces, sonrío sin querer porque sé que, aunque no todos los días vayan a ser buenos ni la suerte vaya a estar siempre de mi parte, ellas siempre van a estar muy cerquita de mí, a la izquierda de mi pecho y besando y queriendo sin parar a una niña ilusionada que no deja de saltar y a una mujer emocionada al sentir tanto amor y ternura en su interior.


martes, 15 de octubre de 2024

Cuando las voces vuelven...


Me tiemblan las piernas de vez en cuando, se me acelera el corazón, noto la presión del nudo de mi garganta, y mi parpadeo es continuo para contener ese puñado de lágrimas; como de costumbre, no estamos en el momento para ponernos así. 
Pronuncio un "bien" con un hilo de voz, pero con rotundidad para que no vengan más preguntas después, ni me lo creo yo misma, sé que en algún momento deberé mirar aquí dentro, pero no ahora.

En mi interior no dejan de suceder cosas, algunas ciudades se derriban, otras nuevas se crean, el ruido es ensordecedor en algunos momentos del día, y yo no dejo de subir el ruido de aquí fuera para evitar oír el de dentro.
"No es suficiente" me repito varias veces al día, en momentos yo misma me vuelvo mi peor enemiga haciéndome llorar; las noches, por lo general, son los peores momentos cuando aquí dentro no están las cosas estables o bien, intento centrar toda mi atención en mi respiración, en momentos como estos siempre me atemoriza la idea de volver a tener la ansiedad descontrolada, me reprocho que llevo ya algún tiempo sin mirar hacia dentro, tengo razón, debería hacerlo.
En ocasiones me consuela el pensar que todo lo que aquí dentro está pasando me llevará a una versión más libre y real de mí misma, el problema está en que a mí esto de valorar y respetar mi propio proceso y ritmos siempre me ha costado, con los de otros no tengo dificultad alguna en cuidar, respetar y acompañar los mismos, pero conmigo misma no soy tan buena compañía.
Me siento culpable varias veces al día por demasiadas cosas por las que soy consciente de que no debería sentirme culpable, pero sobre todo lo siento cuando percibo en esta habitación a una niña encogida llorando sobre su cama y diciéndome que no sabe cómo hacerlo mejor, me hace sentir mal el pensar que yo soy quien, a veces, le ha hecho sentir así; algunos días de tregua me acuesto detrás de ella, le abrazo fuerte y le susurro que lo estamos haciendo bien, no siempre nos lo creemos, pero siempre nos hace sentir algo mejor.

Me he tatuado hace unos días nuestras siluetas de la mano, el proceso de hacerlo fue realmente bonito, mi niña interna se emocionó varias veces y la adulta que soy le miraba con orgullo sonriendo. Te quiero, quiero tenerte el resto de nuestra vida conmigo.
Están siendo semanas algo complicadas, y como de costumbre yo me alejo de todo y de todos para evitar molestar o preocupar, los mismos pensamientos obsesivos con sus mismas distorsiones cognitivas, en el fondo conozco a varias personas que querrían también poder acompañarme en estos momentos, pero me sigue costando dejarles estar cuando pierdo el control.
Respiro, lo vuelvo a hacer de manera más profunda e intento respetar y confiar en mi propio proceso y en que de aquí saldré algo distinta, pero también saldré viva y algo mejor de lo que estaba antes de todo este tornado.

Confía, confía, confía...

lunes, 7 de octubre de 2024

Hazlo todo, siéntelo todo


Yo no sé si la vida es una noria o más una montaña rusa sin arnés, pero quiero más vueltas, más emoción, más verdad y vida estallando entre mis manos, solo así bajaré de aquí sintiendo que ha merecido la pena, que he vivido sin pensar en que esta, tal vez, fuera la última vuelta. 
Me aburre el "sí, pero no", el desinterés, las medidas de precaución, las distancias innecesarias y el esfuerzo por aparentar neutralidad cuando dentro de nosotros están ocurriendo cosas preciosas.
No cariño, a ti no te sobra intensidad o ganas de abrazar, querer o sentir, es al resto al que, en muchas ocasiones, le falta valentía, ganas, emoción y verdad; no podemos pretender pasar de puntillas o con la armadura siempre puesta, pues eso es sobrevivir, y nada tiene que ver con vivir de verdad. Si quieres llegar a otros debes permitir que otros también lleguen a ti, y claro que entiendo tus miedos a esto, no siempre serán caricias, besos o cuidados lo que recibas, pero te diré algo. 
Tras muchos llantos, miedos, introspección y reflexión he vuelvo a la misma conclusión que la que ya he llegado en varios momentos pasados; no quiero una piel intacta por cobarde, prefiero un cuerpo vivo, real y con algunas que otras cicatrices por valiente, nunca he destacado por mi valentía, desde pequeña siempre he sido una niña muy miedosa, sobre todo a las personas externas, pero aún con este puñado de miedos, difíciles de gestionar a veces, quiero seguir atreviéndome a saltar al vacío un millón de veces más. 
Quiero tanto amor que explote en mi interior, quiero besos, muchos besos, quiero no olvidar nunca cómo se salta en los charcos, quiero abrazos que me salven algunos días y que me lancen hasta las estrellas en otros, quiero un polvo salvaje, un mordisco deseado y una caricia que me haga sentir de todo por dentro, quiero querer y que me quieran, mucho y bien, quiero bailes con mis amigas, el sonido de sus risas de fondo el resto de mi vida, quiero jugar al escondite con mis propios miedos y aprovechar para salir corriendo por un campo lleno de flores, igual que Amaia en la serie de "La Mesías", quiero cuidar y cuidarme, y nunca olvidar que estoy viva, que sigo viva y que soy libre, mi libertad será la prueba de vida más real que tenga.
Hay algo precioso, y con cierto grado de adicción, en salir ahí fuera sin armadura ni arnés y pronunciar un "te quiero", llorar al descubierto o dejar que otros vean lo que llevas por dentro; tengo miedo, pero quiero seguir siendo así, como soy.

Aún queda mucho que trabajar aquí dentro, algunos días los miedos me ganan terreno y consiguen hacerme llorar muy fácilmente, últimamente la ansiedad me roba mucha energía y por las noches no puedo dormir sin imaginarme a alguien abrazándome o sin pensar en algún momento bonito, pero no pasa nada, porque sigo viva, sigo creyendo en él amor y deseando que me saque a bailar de mil formas distintas, voy bien.

Baila pequeña, si se pone a llover sal ahí fuera y baila mientras saltas en los charcos, solo así, si esta es la última vuelta, te llevarás una historia preciosa llena de amor, emociones y vida, este es uno de tus superpoderes, cuídalo.

jueves, 26 de septiembre de 2024

Dulce noltalgia


Creo que no hay mejor manera de gestionar el dolor, la tristeza y la nostalgia, procedentes de momentos felices, que dejándose, a veces, hacer y sentir; creo que tan malo es dejar que te devore como tratar de encerrarlo dentro de ti o negar su existencia. 
Aún así, y pese a todo, es una sensación que en ocasiones se me hace cuesta arriba, pero también me hace sonreír al pensar en la infinidad de momentos preciosos y felices que guardo aquí dentro, supongo que esta no es más que una manera algo distinta de volver a experimentar aquellos instantes en los que fuimos muy felices. 

Os echo de menos; a ti, al verano, y a quien soy cuando estoy a vuestro lado, sois más mágicas que la Navidad, os echo de menos bastante algunos días; echo de menos vuestras ideas disparatadas, vuestras miradas llenas de amor y cariño, vuestros abrazos hogar, vuestra manera de sacarme a bailar, vuestras sonrisas en las que columpiarse hasta las nubes, el sonido de vuestras risas... ¿cómo se puede echar tanto de menos un sonido?, os juro que pagaría por escucharos reír el resto de mi vida, sois las mejores compañeras de vida que podría tener.

Me resulta imposible no sonreír sin querer cuando pienso en cada una de vosotras y en este verano, tengo aquí dentro a una niña ilusionada saltando de estrella en estrella mientras una adulta se emociona observándola con ternura, me encanta el equipo que formamos, me encanta la persona que soy cuando estoy a vuestro lado, cada día me cuesta un poquito menos creerme del todo que sigo siendo esa persona siempre.

Y lo sé, sé que seguís aquí cerquita, a mi lado, ¿quién sino acaba de hacerme sentir tan arropada y querida en mitad de toda esta gente que corre veloz por el metro?, seguís aquí en tantos momentos que acabo volviendo al presente siendo una persona realmente valiente que siente que puede con todo, tenéis algo tan mágico en vuestro interior que ni la distancia ni el tiempo logran cambiar, gracias. 

No es tanto dolor lo que siento, él solo aparece en el momento del impacto, en el momento de volver a la realidad; ahora lo que siento es más una tristeza y una nostalgia, tan mezcladas entre sí y con un sabor tan dulce, que cuesta identificarlas como tal, pero sé que voy bien. Me dejo en momentos hacer y sentir, agradezco todo lo vivido con un corazón tembloroso y una niña bailando esa canción que le emociona, y juntas volvemos a casa a prepararnos un Colacao hablando de todo lo que queremos hacer y lograr esta semana. 

Buenos días. 



martes, 24 de septiembre de 2024

Me lo merezco


Hoy he terminado de leer un libro que se ha convertido en uno de mis favoritos, me he quedado unos minutos abrazada a él como si quisiera retener un poco más todo lo que me ha hecho sentir aquí dentro, como si todavía no lo hubiera terminado del todo. Es un libro que empecé a leer a comienzos de verano, y el terminarlo se ha sentido, también, como ser aún más consciente de que ya terminó el verano del todo. 
Ha sido una mezcla de sensaciones agridulces y bonitas a la vez, por un lado la tristeza de terminar un libro que ha sido mucho más que un libro, he reído con él, he llorado, he sanado, he parado y he vuelto a él para seguir (re)descubriéndo(me) a través de mi propia historia, mis propias vivencias; por otro lado la alegría y la paz de haberlo vivido y sentido todo bien adentro, no sé hacerlo de otra manera que no sea así, he conocido la historia de la autora de este libro y, a la vez y de algún modo, ella también ha conocido la mía, hemos caminado juntas, nos hemos emocionado, nos hemos roto y nos hemos vuelto a levantar más fuertes que antes, este libro ha sido todo un viaje interno.
El libro que tengo entre mis manos hablaba de los cuidados y del amor en su máxima plenitud, hablaba de la violencia que sentimos y que no siempre identificamos bajo este nombre, hablaba de la complejidad de las relaciones humanas y,  a su vez, de la magia de no sólo coincidir, sino también conectar con el otro y con esa niña que habita en nuestro interior, hablaba de la salud mental y de que sin ella es imposible que el resto esté bien del todo, hablaba de normas impuestas y de poder escribir unas nuevas, hablaba de planes de futuro, de sueños, del perdón, del significado de "hogar" y del valor de nuestras propias vidas. 
Me he sentido identificada en muchas partes con ella y, a veces, he tenido que parar, respirar, cuidarme y permitirme mi propio ritmo, ha sido en ocasiones un libro doloroso y complicado, en otras ha sido un abrazo fuerte, una caricia tierna, un beso en la frente y un "te mereces todo este amor, toda esta ternura, todos estos cuidados y toda esta belleza y vida explotando en ti", ha sido un viaje precioso leer este libro. 
Voy mirando por la ventana del autobús, sigo abrazada al libro que acabo de terminar y noto mis ojos humedeciéndose mientras sonrío, a mi alrededor no hay más que ruido, pero aquí dentro hay toda una orquesta de emociones y sentimientos, algunos procedentes de este libro, otros del propio verano que ya ha concluido, ha sido tan precioso y mágico todo...
Observo a las personas, algunas pérdidas en pantallas, otras suspirando o refunfuñando por el tráfico que hay, y otras con miradas cansadas y rostros tristes, por un momento siento mi sensibilidad como un superpoder que me permite escapar de todo esto, o no tanto escapar, pero sí ver más allá todos los colores, niños y niñas internos y emociones que nos acompañan en este autobús, a veces es complicado ser como soy, pero me gusta tanto ser así...
Guardo mi libro con cariño en mi bolso, sonrío para mis adentros saboreando un poco más cada sensación y llamo a una de mis compañeras de trabajo para preguntarle qué tal va su martes y si necesita que vaya a por un café, es hora de volver al presente. 
Ah, y por si tenéis curiosidad, el libro es: "Me lo merezco. Historias se ternura, sanación y buenos tratos" de Anita Doinel, es todo un viaje y un abrazo salvavidas, al menos así lo he sentido yo.

Hasta pronto.


domingo, 22 de septiembre de 2024

Resurgimiento


En días como hoy, en los que descubro que sigo sabiendo volar, me acuerdo de esa niña encerrada en su habitación, llorando sobre la cama y creyendo que ahí empezaba y acababa todo, en su habitación. 
Solía creer que nunca saldría de ahí, no tanto por no poder, sino por estar atada de pies y manos por una infinidad de miedos, algunos propios y otros ajenos; recuerdo ahora algunos años pasados y me entristece observar a esa niña esforzándose por sobrevivir día a día y creyendo que eso era vivir, algunos días se esforzaba tanto que hubiera hecho cualquier cosa por descansar un poco de todo, hasta de sí misma. 
Han pasado muchos años, muchos aprendizajes, muchas etapas y muchas vidas desde aquel momento, la mujer que hoy soy se emociona al observar colores y flores en las zonas en las que tiempo atrás hubo profundas y dolorosas heridas, queda la cicatriz, algunas más grandes, otras más pequeñas, pero he aprendido también a verla desde el amor y desde el "conseguí salir adelante".
Porque sí, contra todo pronóstico, la niña creció y creció, y lo hizo tanto tanto que esa habitación y esa casa acabó quedándole pequeña; voló tan lejos como pudo solo por desafiar a sus propios miedos y demostrarles que sí era capaz, que sí soy capaz. 
Llevo una semana algo sensible y emocional, suelo llorar varias veces al día, pero me hace sonreír el comprobar que todas las razones por las que lo hago tienen que ver con momentos felices y con el amor en su máxima plenitud.
Me gusta tener a esa niña que lloraba en su habitación cerca de mí en el día a día, es una de mis grandes referentes y guías, siempre sabe qué hacer o cómo volver a estar bien cuando yo me siento perdida.
Hoy me ha hecho atreverme a dar ese paso hacia una locura que me daba algo de vértigo, no lo he pensado, solo lo he hecho agarradita de su mano, a veces aprendo mucho más yo de ella que lo que ella pueda hacerlo de mí, te quiero mucho. 

Quiero seguir creciendo, seguir evolucionando, seguir atreviéndome a saltar al vacío, seguir haciendo todo aquello que me de miedo y seguir sintiéndome realmente viva, quiero tanta vida a mi alrededor y en mi interior que me explote en mis manos.
No quiero volver a olvidar nunca que debemos luchar por vivir, y no sólo por sobrevivir.

Vuela alto pequeña, estoy contigo, a tu lado  siempre. ♡ 

lunes, 16 de septiembre de 2024

Cuenta atrás


Como estar a segundos de distancia del suelo y creer que vas sin paracaídas, como estar buceando y sentir que se te acaba el oxígeno y que tu propio cuerpo vuela hacia la superficie; es una sensación que da pánico, pero el pensar que esto es el resultado de sacos repletos de amor, ternura y vulnerabilidad hace que, momentáneamente, también sea una sensación de felicidad, ¿cómo se pueden sentir cosas tan intensas y contrarias a la vez?
Cierro los ojos, lleno mis pulmones de oxígeno y sonrío a segundos del suelo mientras pierde importancia el después, si lo que ocurrirá es un golpe de los fuertes o un nuevo vuelo hasta las nubes, no sé cómo lo hago, pero siempre salgo volando y me estampo a la vez, de nuevo cosas contrarias, tal vez no tiene mucho sentido, pero es lo que ocurre...
Los minutos y segundos de antes siempre son los peores, la cabeza no dejar de gritar las cosas que crees que te faltaron o los aparentes fallos, el cuerpo a tres mil por hora intentando mantenerse estable en mitad de un tornado de emociones, y el corazón emocionándose con la cinta de los momentos más preciosos, esa que sabes que nunca te cansarás de ver por muchas veces que la hayas reproducido. 
Se acaba el oxígeno, tu cuerpo intenta ir hacia la superficie para poder respirar de nuevo, pero sabes que eso conllevará romperse, por ello intentas mantener las formas, aguantar un poquito más bajo el agua y fantasear con que aquí debajo no hay dolor, pero en algún momento tocará subir de nuevo. 
Cojo aire, veo el suelo frente a mí, pero de pronto unos brazos me rodean, sonstienen la infinidad de trozos en los que mi cuerpo se ha fracturado y, sin saber exactamente cómo, salgo volando hasta las nubes.

Es una sensación tan extraña e intensa que no sé ni cómo describirla, pero si la magia existe seguro que tiene que ver mucho con esto.

Un verano inolvidable.

jueves, 12 de septiembre de 2024

Ciudades de colores


A mí nunca me faltó maldad, era al resto al que le faltaba bondad, pero claro, era más fácil golpear y luego preguntar que correr el riesgo de ser tocado por el otro.
Me gusta pensar que soy el resultado de una infinidad de instantes felices y el aprendizaje del conjunto de muchos otros que no fueron tan bonitos. 
Soy la mirada de cariño de mi madre en la que a veces me quedaba a dormir, soy la dulzura de la mano de mi mejor amiga cuando agarró por primera vez la mía en el recreo, soy un "tú puedes hacerlo" de quienes fueron creyendo en mí sin tener demasiadas garantías, soy un abrazo salvavidas de esa amiga que movería tierra y mar por mí, soy la sonrisa en la que yo me columpiaba de pequeña, soy el beso en la frente, el perdón de un padre, la caricia de una abuela y el "te quiero" imborrable. 
Soy el conjunto de muchos instantes, y quizá por ello me cueste a veces entenderme, porque llevo aquí dentro muchas historias y personas.
Por eso no quiero pensar que me falte maldad, porque me parece que hacerlo sería una derrota, un "teníais razón" que me niego a pronunciar.
Quiero seguir creyendo en el amor y en la generosidad como herramientas de cambio interno y externo, quiero dejar la puerta arrimada y dejar entrar por ella a quienes crea que merecen saber lo que hay aquí dentro, quiero que mi legado sea el de demostrar que hay espacios, personas e historias en las que puedes deshacerte de tu escudo y salir sin rasguños. 
Y no, no hablo desde la ausencia de rasguños, golpes, dolor o violencia, aquí dentro a veces las cosas se han tambaleado llegándose a derrumbar, pero no por ello quiero dejar de recordar lo bonito que es volver a levantarse, construir y curar.
No me falta nada, es a muchos de vosotros a quienes tal vez sí le falte amor y les sobre maldad o miedos. 

sábado, 24 de agosto de 2024

En nombre del amor


Abriste tu mano, en ella tenías una piedra, y en la otra mostraste un ramo de flores algo marchitas, pero preciosas. 
La piedra cayó al suelo y en tu mirada se apreciaba el miedo que estabas sintiendo, era la primera vez que hacías esto, que soltabas todas tus armas y mecanismos de defensa y que de verdad sentías lo que era desnudarse; dentro de ti una niña especial se asomaba al borde de tus ojos con curiosidad, la misma que te había convencido de coger ese ramo de flores en nombre del amor; ni tú ni ella teníais 
ni idea de qué era el amor en aquel momento y, aún sabiendo que no saldría bien, quisisteis jugar un rato más a eso de quererse sin la necesidad de contar con escudos ni espadas para defenderse.
En momentos, se veía a dos niñas preciosas bailar juntas como si nunca nadie antes les hubiera hecho daño, sonreían sin querer, fueron capaces de llorar con la cara al descubierto y hablar durante horas de sus mayores sueños e ilusiones. El mundo parecía haberles permitido cierta tregua, cierto tiempo muerto en el que no existiera nada más que ellas dos. 
El roce de sus cuerpos y sus dedos entrelazándose generaba una risa nerviosa en ambas que no se esforzaban por disimular, las miradas se fueron transformando en caricias silenciosas llenas de sentimientos y estas, a su vez, en tímidos besos a escondidas entre pequeñas sonrisas, parecía tan sencillo todo que hasta se sentían algo ridículas por todo el miedo que habían experimentado antes.
La gente ahí fuera seguía agarrando piedras con sus manos y lanzándoselas al otro ante la mínima señal de alerta, pero ellas no, ellas bailaban y se regalaban flores en nombre del amor; lástima que con eso no sea suficiente.
Todo acabaría saltando por los aires y volverían a agarrar esa piedra con más ganas, con más rabia, como si ese baile nunca hubiera existido, a ambas les quedaba todavía un largo camino de aprendizaje y crecimiento. El sentirse vulnerables y ridículas por haber soltado la piedra les generaba más ganas de lanzarla para nunca más volver a sentirse así. Y es que durante tiempo buscaron historias de amor fuera olvidándose de mirar dentro de sí mismas, así era imposible.
Un día, una de ellas se desahogaba durante horas y debatía con una de sus amigas acerca del amor, cuando terminó de hablar, su amiga le recordó todas las cosas que le hacían ser preciosa, le secó de manera dulce las lágrimas de sus mejillas y besó su frente lentamente. 
Ella todavía no lo sabe, pero ese beso era toda una lección acerca del amor verdadero, ese en el que esa niña que cogió esas flores siempre había creído sin importar los rasguños. 


domingo, 18 de agosto de 2024

Pinky-promise


Prométeme que nunca perderás esa ilusión por vivir, prométeme que los miedos nunca te impedirán nada, prométeme que seguirás creyendo en el amor y en ti misma, prométeme que nunca perderás tu libertad, por nada ni por nadie.

Prométeme que nunca te olvidarás de cómo se juega, se escribe y se baila; las integrales puedes olvidarlas, pero estas tres cosas las seguirás necesitando el resto de tu vida. 

Prométeme que seguirás sabiendo mostrar tu corazón entre tus manos a las perosnas que lo merezcan, prométeme que nunca le tendrás miedo al amor, prométeme que seguirás llevando a cabo en la práctica ese lema de "la ternura es revolucionaria", no importa donde y con quien estés, cuida y quiere tanto como puedas, y deja al resto hacer lo mismo contigo. 

Prométeme que seguirás viendo preciosa siempre a esa chica del espejo, prométeme que nunca quedará charco en el que no hayas saltado, prométeme que seguirás, algunos días, bailando bajo la lluvia, emocionándote si alguien te besa en estos momentos, y corriendo a través de campos llenos de flores. 

Prométeme que seguirás sonriendo a todos los bebés y animalitos que te encuentres, prométeme que nunca dejarás el teatro, y que el arte siempre seguirá moviéndote cositas por ahí dentro, prométeme que serás capaz de salir de tu zona de confort un millón de veces, prométeme que nunca dejarás de abrazar a tus amigas, o mejor dicho, que nunca dejarás de abrazar. 

Prométeme que, por muy adultas que seamos, por mucho dolor que sintamos en ocasiones, y por mucho que veamos personas, ciudades y vidas en gris, tú siempre tendrás en tu interior una infinidad de colores con los que seguir pintando tu mundo.

Algún día tendrás una piel blanquecina llena de venas, distintas marcas y machones, y la piel algo caída, tendrás un cabello lleno de canas, unas tetas algo caídas, varios dolores en diferentes partes de tu cuerpo, y alguna que otra pastilla que tomarte cada noche o cada mañana, pero seguirás siendo tan preciosa, real y brillante como siempre has sido.
 
Prométemelo pequeña, prométeme que siempre me pedirás que te cuente un cuento antes de irnos a dormir. 

¿Pinky-promise?

🩷

Veranos con sabor a mar


El verano se acaba oficialmente cuando tú también te vas con él, y es una mierda, pero a la vez es una metáfora preciosa el que ambos os vayáis a la vez; tienes ese superpoder de hacernos sentir siempre en verano, independientemente de la estación en la que estemos, y supongo que por eso eres de esas personas con las que ojalá siempre me quede un abrazo pendiente. 

Y aquí estoy, disociada perdida para no pensar en ese maldito último abrazo que sé que no será el último, pero siempre siento algo de vértigo a la semana siguiente a la que te has ido, la jodida siempre consigue pellizcarme en esas partes sensibles de mí haciéndome llorar, pero me encanta ser capaz de olvidar esto durante el verano y vivir cada momento del presente como el último y el más especial de todo el verano.

Eres una personas especial y realmente preciosa, y supongo que, cuando ves esa luz en mí, estás tan sólo viendo tu propio reflejo. Pero no sé, me gusta observar el mundo a tu lado y desde tus ojos, me haces sentir siempre que soy más valiente, más capaz y más revolucionaria de lo que probablemente sea en realidad; he fantaseado una infinidad de veces con verme a mí misma a través de tus ojos, me da curiosidad saber qué es lo que encuentras en nosotras que te hace sentir tan querida y en casa. 

Ojalá siempre tengas ganas de volver a casa, ojalá perder el miedo a mostrarme tal cual soy del todo, ojalá creerme del todo tus palabras positivas hacia mí, ojalá verte sonreír, reír y ser tú en un millón más de momentos, porque es que esa es tu verdadera magia, tu sello, lo que queda aquí cuando ya te has ido. Una esfera de ternura, amor, cuidados, fortaleza, rebeldía y ganas de ponerlo todo patas arriba y bailar y cantar canción tras canción. 

Ojalá siempre nos quede un abrazo pendiente, y ojalá siempre te queden ganas de que ya no esté pendiente. 

Te quiero mucho. 

sábado, 17 de agosto de 2024

Luces de colores


Eres luz, y déjame que te lo explique, porque sé que alguna vez te ha hecho sentir insegura esto cuando otra persona te lo decía por miedo a que lo hiciera al contemplarte como alguien sin sombras, y que creías que se iría en cuanto viera cualquiera de estas. 
No eres tan buena escondiendo tus sombras, y muchas de las personas que vieron y ven luz en ti son conscientes de la existencia de muchas más sombras tuyas de las que te crees, esas personas siguen aquí, a tu lado, por lo tanto, ¿de verdad sigues pensando que no se te da bien dejarte cuidar y querer?. Estás aprendiendo, en esta y en una infinidad de áreas más, pero vas bien, deja de autoboicotearte a ti misma. 

Cuando te digo que eres luz lo hago siendo consciente de las partes de ti que te hacen brillar, pero, sobre todo, observando tus sombras. Parecerá paradójico, pero eres luz por abrazar tus sombras, por no esconderlas bajo la cama y por mimarlas y escucharlas con tanto cariño que se hacen pequeñitas entre tus brazos y acaban dando algo menos de miedo. Y es curioso, porque sin saber muy bien cómo, hemos aprendiendo a jugar con nuestras propias luces y sombras y con las de otras personas, a las sombras las hemos aceptado como una inevitable parte de nosotras y como las que de verdad nos hacen reales, y con las luces has jugado tanto que las has multiplicado dentro de ti y a tu alrededor.
Tienes un superpoder a través de tu sensibilidad y tu mundo de emociones, y no pasa nada que algunos días no seas consciente de ello, lo tienes ahí, muy dentro de ti, como la estrella más brillante de todo el firmamento, como esas luciérnagas en mitad de la oscuridad, y como esos últimos fuegos artificiales que aparecen cuando creías que ya se habían terminado. 

Eres luz y eres preciosa gracias a que también eres sombras y, en ocasiones, caótica. Mírate entera en el espejo, con todas tus partes, con todos tus reinos, y siéntete orgullosa de ti y de lo que llega a otros de ti, porque llega, porque no eres ni estás tan cerrada como crees. 

Y es que, es gracias a esos pequeños huequitos de ti que se te escapan a través de los cuales sale tu luz y destellos, no te esfuerces por taparlos, es más, hazlos más grandes, expande tu luz y expándete con ella. Claro que te seguirás encontrando ahí fuera también a personas que intenten apagarte, pero cariño, eres demasiada luz y demasiada vida como para que alguien logre apagarte del todo. 

Brilla, hazlo por ti, hazlo por esa niña que quería llegar hasta las estrellas cuando se columpiaba. 

Ambas sois preciosas. 


jueves, 15 de agosto de 2024

Ausencia de tiritas ante lo que nos hace reales


Las lágrimas y el mar, a veces, son la mejor forma de sanar del todo alguna que otra herida no perceptible a simple vista desde fuera.

Déjate acariciar por ambos, déjate mojar, llevar y sigue respirando en todo momento sabiendo que detrás de estas olas hay una zona de tranquilidad en la que el agua está en calma, pero esto es parte del proceso, y si escuece tranquila, que ya nos lo decían nuestras madres y abuelas de pequeña: eso es señal de que está curando. 

Respetar tus propios ritmos y romperte las veces que necesites, ¿por qué nos asusta tanto hacerlo?, reconocer nuestra propia vulnerabilidad, nuestro propio dolor, nuestras propias emociones y reconocer que nosotras a veces también somos el problema y quien debe volver a trabajar cosas dentro de sí misma, bienvenida a la parte práctica y cruda de estar viva. 
Queremos inmediatez, queremos resultados, queremos rapidez y trucos prácticos en los que no haya que invertir ni mucho esfuerzo ni mucho tiempo, a corto plazo creemos que se dan mejoras, pero si solo nos tocamos la superficie de la piel no habremos hecho más que cambiarnos el vendaje sin centrar nuestra atención en la herida que este cubre. 

¿Por qué cubrirlo?, ¿por qué taparnos con máscaras artificiales o escudos de papel aquello que nos hace verdaderamente humanos?. Al barro, hay que tirarnos al barro, abrir el maldito cajón de mierda, ensuciarse, romperse varias veces y volver a construir, irse a esa zona en la que las olas están más rabiosas y aprender a surfearlas sin dejar de respirar, dicen algunos que hasta aprendieron a disfrutar de las mismas, pero para ello es necesario emprender un largo viaje hacia nosotras mismas en el que no volveremos a ser las mismas que antes, pero sí podremos acercarnos a ser algo más felices y reales. 

Llóralo pequeña, tanto como necesites, tanto como tu cuerpo te pida, déjate acariciar por el mar, deja que haga su magia y sigue respirando mientras los rayos de sol acarician tu rostro en la superficie; te prometo que nada duele para siempre, eres tan valiente... sí, lo eres, porque en un mundo en el que poder escapar de ti de tantas maneras distintas tú optas por mirarte a los ojos, permitirte romperte y recomponerte las veces que necesitas y salir ahí fuera de nuevo con tu sonrisa preciosa.

Las lágrimas y el mar son elementos indispensables en el proceso de sanar y crecer, vuelve a ellos siempre que lo necesites, confía en su magia y, sobre todo, en tu capacidad de seguir sintiendo y jugando con las emociones como si nunca nadie nos hubiese herido. 

¿Quién es más valiente o cuerdo; quien agarra la pistola o quien recibe el disparo sonriendo al pensar que esa arma ya cuenta con una bala menos?

Llóralo y báñate en el mar, luego ya veremos qué hacemos. 

miércoles, 14 de agosto de 2024

Romanticona perdida ando algunos días


Quiero que me quieras para todo, pero que no me necesites para absolutamente nada.

Quiero acompañarte y dejarme acompañar por ti, quiero jugar al escondite contigo y a un millón de juegos más, quiero que, cuando las cosas ahí fuera estén grises y negras, tú y yo pintemos todo nuestro mundo de colores, esos que llevamos aquí dentro y que se mezclan de manera especial cuando estamos juntas, quiero un millón de citas contigo y que nunca se nos acaben las ganas de darnos un beso más, un aparente último beso.

Que me hagas reír cuando más miedo tenga y que te haga creer en ti cuando te sientas más pequeñita, quiero seguir caminando de tu mano y a tu lado, que me lances un millón de veces más por los aires, y yo, sentir que me muero, pero seguir aprendiendo a disfrutar el vuelo porque sé qué abajo estarás tú y todas esas personas que me quieren bien y bonito. 

Quiero envejecer a tu lado y al lado de nuestras amigas, porque a vuestro lado soy la mejor versión de mí misma, y porque si esto no es magia ya me dirás tú lo que es.

Quiero verte sonreír, quiero hacerte sonreír y enamorarme un poquito más que ayer de ti, eres preciosa amor mío, quiero acurrucarme en tu pecho, que me hagas de rabiar, romper a reír las dos a la vez y sentirme en el rincón más bonito y especial del mundo, quiero que nos vean besarnos y querernos en cada plaza y en cada bar perdido, que se vea el amor a distancia y que sólo tú y yo sepamos realmente todo lo que ha costado llegar hasta aquí, que sé que no ha sido fácil, pero seguimos siendo capaces de terminar cada conversación volviendo a las bases, a ese amor que no deja de transformarse, pero que nunca desaparece. 

- Te quiero.

- Yo más.

Hacemos bonitos y especiales hasta los días más tristes y grises, seguimos aprendiendo a jugar a esto del amor sin olvidarnos de saltar en cada charco que vemos, lo estamos haciendo bien, creo que sí. 

Y, por supuesto, aún hay muchísimo que aprender, que crecer y que descubrir de nosotras mismas, del mundo, de la vida y del amor.

Ojalá nos quede toda una vida amor, y ojalá vivirla junto a ti, pero por si acaso ven y bésame, ya vuelvo a tener ganas de ti.

Te quiero mucho prechiocha, te echo de menos. 




martes, 13 de agosto de 2024

Ganas que ganan al miedo


A veces, mientras tu mirada me aseguraba que no ibas a hacerme daño y tu sonrisa me invitaba a abrirme un poco más ante ti, he tenido ganas de besarte, soltar riendas y miedos y dejarme besar por ti.

He tenido ganas de probar un beso tuyo, de sentirte aún más cerca de mí y averiguar el sabor de tus labios; me he imaginado columpiándome desde el columpio de tu cuello, saltar hasta tu vientre y escuchar tu respiración, atreverme a darte un beso y dejarme llenar el cuerpo de otros besos tuyos. 

Perderme en tu mirada, encontrar ganas y deseo por escuchar nuestros nombres entre gemidos, atrevernos a mirarnos de una manera distinta, y no dejar de seguir encontrando en tus ojos la misma confianza y seguridad de siempre, esa que me asegura que todo irá bien, que al final esto debería ser lo menos importante de nuestra relación, y que un par de besos o un polvo deseado no debería hacer tambalear nada de lo realmente importante. Aún así, si algún día hay un beso, me gustaría ser lo suficientemente valientes o responsables como para hablar de nuestros propios miedos sin filtro ni caretas, solo así podríamos asegurarnos que todo siga siendo igual.

Me gustaría darte un beso, me gustaría que me dieras un beso solo si deseas hacerlo, atrevernos a jugar con nosotras mismas como si el miedo no existiera, como si dejarse llevar fuera fácil por toda la confianza y amor que nos tenemos, llenarnos de besos, escribir sobre tu espalda una carta de amor y pintar entre nuestros lunares y marquitas constelaciones preciosas, mordernos en las mismas zonas que un día nos atrevimos a confesar que aún dolían, y romper a reír en mitad del orgasmo mientras nuestras miradas juegan al escondite deseando ser descubiertas, ser sometidas a la verdad y nada más que la verdad. 

Reconocer nuestro propio deseo, tocarnos con la curiosidad de dos niñas descubriendo una nueva isla, adueñarnos de nuestro propio placer y compartirlo entre risas nerviosas, ¿qué pasaría si te robo un beso?, ¿pasaría algo?, ojalá ser lo suficientemente valientes como para ser capaces de dejarnos llevar si algún día nos apetece y lo suficientemente responsables como para asegurarnos de que nada cambie, de que lo realmente importante siga manteniéndose intacto por la ternura y el cuidado que reciben día a día.

A veces he deseado besar esa maldita sonrisa preciosa y dejarte escuchar mis latidos si recibía un beso como respuesta, a veces he deseado jugar contigo a escondidas, creer de verdad en que no me harás daño, y que un abrazo nos confirme que todo lo realmente importante seguiremos teniéndolo bien guardadito aquí dentro. 


lunes, 12 de agosto de 2024

Lárgate a jugar, yo me encargo del resto


Eras tan solo una niña, y yo coloqué sobre tu espalda responsabilidades de otros. Lo siento, te pedí que te comportaras como una adulta cuando no eras más que una niña.

Perdóname pequeña por no dejarte jugar el tiempo que querías en el parque, perdóname pequeña por no dejarte tropezar, por llenarte la cabeza de miedos que devoraban, en ocasiones, a tus mariposas e ilusiones.
Perdóname por exigirte que corrieses cuando todavía te costaba andar con soltura, perdóname por obligarte a sonreír cuando querías destrozarlo todo, por obligarte a llorar en silencio en el baño cuando necesitabas gritar, por pedirte palabras de compasión y fortaleza sin haberlas antes recibido, por hacerte sentir insuficiente cuando querías jugar con otros niños y niñas, por obligarte a callar cuando querías hablar, y por hacerte bajar la mirada cuando necesitabas que alguien la sostuviese, perdóname pequeña por hacerte creer que no eras suficiente, que no estabas haciendo lo suficiente y que, por tanto, no merecías ese amor y esos cuidados en los que refugiarte de ti misma y de los monstruos.

Ojalá haberte dejado jugar más, tropezar más, reírte más y atreverte más... ojalá haberte dejado ser más niña durante más tiempo; tú nunca tuviste prisa por crecer, pero yo te insistía en esforzarte por lograr ese afecto por parte de quienes no debían haberte pedido nada más que ser tú para que te quisieran. Ni ellos ni yo supimos hacerlo del todo bien, las habitaciones se llenaban de ruido, monstruos hambrientos nos controlaban, y una niña asustadiza nos observaba desde debajo de una cama intentando que no se le escuchase llorar. 
Perdóname pequeña; me necesitabas a tu lado, me suplicaste un respiro y un "todo va a ir bien", yo no lo hice, no estaba, y las veces en que estaba te repetía las voces de esos adultos tan grises: "No es suficiente".

Me equivoqué desde el momento en que te obligaba a seguir aprendiendo a correr cuando tú lo que me pedías es que te dejase escribir y bailar, tenías demasiados y preciosos colores en tu interior, y yo no supe valorar tu potencial hasta muchos años después.

Desde que nos conocimos de verdad nunca más volvimos a soltarnos de la mano, hemos crecido mucho juntas, me has enseñado muchísimo más tú a mí que yo a ti, pero quiero repetirte algo muy importante para que nunca más lo olvidemos.
Eras una niña suficiente y valiosa, y merecías una infinidad de cuidados y amor por ser tal y como eras, exigirte esforzarte por lograr esto es de las cosas que sé que te han generado mayor dolor, y que aún a veces sigues obligándote a hacer. 
Para pequeña, no debes nada a nadie más que a ti misma, no debes pagar un precio por dejarte cuidar y querer, debes seguir aprendiendo a recibirlo de personas que lo único que quieren es verte feliz bailando. Sí preciosa, esas personas existen y están ahí fuera sentadas sonriéndote esperando que les dejes entrar un poquito más en ti y llenarte campos enteros de flores, déjales pasar, confía en mí.

Cierra los ojos, hazlo, abre tus brazos y coge aire, déjate envolver por mis brazos y por sus brazos y rómpete a llorar las veces que lo necesites, prometo que seguiremos aquí cuando vuelvas a abrir esos ojos color chocolate. Baila pequeña, baila sin parar y juega con tantos niños y niñas como puedas, hazlo ahora, mientras yo te cuido. 

Eres suficiente y eres merecedora de todo ese amor y esos cuidados que tú aprendiste a dar sin haberlos antes recibido, perdóname por no habértelo dicho más, perdóname por llenarte la cabeza de miedos cuando no eras más que una niña con ganas de jugar con otros niños y niñas.

Te quiero pequeña, y lo de pequeña es un decir, porque siempre has sido muy grande, casi tanto como el corazón que llevas ahí dentro.





domingo, 11 de agosto de 2024

Cuento para niñas rebeldes


Era una niña tan buena tan buena que nadie debía decirle nunca nada, ni de ella ni de su comportamiento. 

El lugar se fue llenando de más niños y niñas que no eran tan buenos, y a los que se les puso a temprana edad la etiqueta de "problemáticos" y "rebeldes", no es de extrañar que la atención de gran parte de los adultos se focalizara en estos menores, dejando a esa niña tan tan buena algo solitaria y perdida; los niños y niñas aumentaron en aquel lugar, y esa niña fue desapareciendo, primero fue su nombre el que cayó en el olvido y, progresivamente, fue notando como ninguna de las miradas se dirigía a ella.
Siempre había sido muy buena, pero se esforzaba por serlo más y más, pues mamá decía que las niñas buenas siempre tendrían a alguien que les quisiera, aunque empezaba a preguntarse si ese alguien en su caso existía, pues apenas percibía muestras de amor o cariño, y su excesiva generosidad y sumisión había provocado que varias personas ya le tratasen como una adulta, cuando lo que ella quería era jugar, que vieran cómo bailaba o pintaba, y que le llenasen de abrazos y halagos, pero escasas veces eran las que recibía este trato por parte de otros. 

Había sólo un tipo de momentos en el que volvía a sentir que existía y en el que se sentía realmente valiosa, estos ocurrían cuando mamá veía sus buenas calificaciones, cuando papá necesitaba ayuda de ella para algo, cuando sus amigos estaban tristes y necesitaban de su cariño o cuando alguien le pedía ayuda para alguna tarea; en estos momentos se sentía una verdadera superheorína en la que solo ella podía ayudarles y hacerles sentir bien, por lo que siempre estaba dispuesta a hacer lo que hiciese falta por el otro. Luego volvía a desparecer entre la multitud, pero esos minutos de volver a existir a través de varias miradas suplicantes y la infinidad de halagos que recibía a posterior le hacían sentir que sí que, tal vez, sí que había personas que le querían ahí fuera. 

Pero un día todo cambió; esa niña enfermó gravemente y no le quedó otra que quedarse en la cama, durante este tiempo no pudo prestar ayuda a otros y, ante su irremediable situación, empezó a recibir miradas de desprecio y reproches por parte de mamá, papá y por parte de varios niños y niñas con los que había crecido. A esa niña le empezaron a tachar de "egoísta", "rara" y "despistada" por no estar presente cuando le necesitaban, etiquetas a las que la niña siempre había temido, pues era el camino que seguían otras niñas problemáticas y rebeldes y a las que, como decía mamá, no tendrían nadie que las quisiera porque acabarían cansando a todo el mundo. 
La niña se sentía algo confusa pues, al contrario de cómo se imaginaba que experimentaría estas etiquetas, se sentía realmente liberada y feliz sin necesidad de que nadie le mirase, por las noches se armaba de valentía y salía fuera a jugar durante horas, hacía tantos años que no lo hacía... nunca había sentido tanta felicidad como en aquellas noches.

Mamá tenía razón, pero se le había olvidado decir la última palabra; mamá decía que a las niñas buenas siempre alguien les querría, pero lo que quería decir, en realidad, es que a las niñas buenas siempre alguien les querría agarrar. En cuanto esa niña olvidada descubrió esto empezó a decidir cuándo sí ayudar a otros y cuándo no quería o podía, empezó a salir también por el día a jugar, se perdió varias veces a sí misma, a veces en su propio interior y otras entre los brazos de personas que mucho sabían de besar, pero poco del amor.

Su madre se esforzaba por enderezarla y le transmitía las continuas decepciones que en ella iba generando; le decía que había dejado de ser buena y le preguntaba que qué había ocurrido. La niña experimentaba un gran dolor en este tipo de momentos y solía permanecer callada, hasta que un día, en una de esas ocasiones en las que su madre le repetía que ya no era una niña buena, ella contestó:

- Mamá, pero ahora existo, soy real y he conocido a un montón de niños y niñas que quieren jugar conmigo y que me quieren, aún sin ser buena, ¿te lo puedes creer?.

Ese día su madre sintió un gélido frío dentro de esa jaula en la que había nacido y crecido, y esa niña, por primera vez, sintió en sus propias carnes la libertad plena de ser como quisiera ser sin miedo a perder el amor de los de ahí fuera. Se tenía a ella, se quería a ella siendo cada día de una manera distinta, y desde entonces esa niña se pasa los días jugando en el parque y volando, desde el columpio, hasta las estrellas y más allá.

Nunca una niña tan rebelde se había sentido tan feliz y querida. 

viernes, 9 de agosto de 2024

El día que muera será un día como otro cualquiera

 

El día que me muera será un día como otro cualquiera, no habrá titulares hablando de mí, no aparecerán mis allegados hablando de la gran persona que era, o que sentían que era, ni tampoco se llevará a cabo ningún tipo de acto conmemorativo en mi honor. 

El día que me muera desapareceré de este mundo y quedará solo mi recuerdo en algunos de los corazones de las personas que me acompañaron en vida, pasarán los años, esas personas fallecerán y mi recuerdo caerá en el olvido como si nunca hubiese existido, suena algo triste y desesperanzador, pero si tuviéramos esto más presente en nuestro día a día tal vez nos haríamos más responsables de nuestras vidas y se reducirían nuestros miedos a qué pensará el otro de nosotros.

Os contaré algo; el día que me muera no quiero titulares anunciándolo, ni que mis allegados tengan que hablar de mí si no quieren, ni ningún tipo de acto conmemorativo, ni mucho menos que se note mi ausencia; me conformo con dejar las cosas un poco mejor de lo que las encontré, y no hablo solo de tolerancia, condiciones de vida o gestos de generosidad, hablo del interior de las personas en los que haya tenido la suerte de vivir un ratito. 

Que quien dijo una vez que nunca tenía suerte lo dejara de decir después de haber compartido nuestros caminos, que quien creía que no era capaz se sintiera ahora capaz de todo, que quien decía no creer en el amor sea quien se refugia en él cuando ya no esté yo, que quien defendía ese "ojo por ojo y dientes por diente" descubriera, tras coincidir conmigo, la generosidad como una nueva vía a través de la cual cambiar el mundo, que quien no solía reírse a menudo se descubra riendo por la calle pensando en algún recuerdo conmigo, que quien sentía soledad ya nunca más la sienta, que quien usó la etiqueta de "rara" con alguien descubra que debajo había todo un mundo, que quien no quiso compartir de su plato ahora sea quien llene el plato de otros, que a quien le dijeron que no era capaz sienta que en mí encontró su "sí puedes", que quien decía no tener hogar lo encontrara en mí y descubriera, tras mi ausencia, donde estuvo siempre su verdadero hogar, que quien golpeó descubra la infinidad de personas que prefieren ser fusiladas antes que agarrar un arma, que nada cambie, pero que haya algún pequeño "clic" en el interior de algunos universos que haga que absolutamente todo cambie.

El día que me muera no quiero a nadie vestido de negro, quiero que os pongáis vuestras prendas más coloridas, que os dejéis la voz en mi nombre, que haya bailes, besos y abrazos, que alguno de los recuerdos en los que aparezca os saque una sonrisa y que os emocioneis cuando os miréis en el espejo y descubráis los reinos de mi mundo. Y que os queráis, por favor que os queráis, el día que me muera me gustaría que os quisierais tanto que hasta me llegue a mí parte de ese amor que sentí y que me hicisteis sentir en vida.

El día que me muera me gustaría dejar las cosas un poco mejor de lo que las encontré, no quiero ni puedo salvar el mundo, seamos sinceros, el mundo solo se salvará tras nuestra extinción, tampoco quiero ni puedo salvaros a vosotros porque, antes o después, acabaremos todos cayendo en el olvido, de la tierra venimos y a la tierra volveremos. Por eso solo me gustaría, el día que me muera, que sintáis tanto amor en vuestro interior que os sea imposible no sonreír sin querer, si lograra eso yo ya podría decir que he triunfado con creces en esta vida.

El día que me muera seguirán los coches a primera hora con sus bocinas molestas, la gente seguirá con prisas por el metro, morirán muchas más personas ese día y nacerán tantas otras, los parques, si es verano, se llenarán de gente, y las noticias hablarán de nuevos escándalos políticos, del resultado del último partido de fútbol y de la nueva exposición del museo del Prado, pero si en el interior de alguna de las personas que amé o que me amaron ocurre ese "clic" entonces habrá cambiado absolutamente todo. 



lunes, 5 de agosto de 2024

Mirando hacia dentro


Hacía tiempo que no miraba hacia dentro y ya tocaba; está siendo más duro y doloroso de lo que recordaba, pero necesitaba frenar de nuevo y sentarme un rato a hablar con esa niña preciosa que habita en mi interior.
Empecé desnudándome al ritmo de una balada romántica, mi piel estaba fría y se erizaba mientras más me asomaba en esos ojos, alguna que otra lágrima se deslizaba veloz por mi pecho uniendo la trayectoria de mis lunares y marquitas, y mis piernas temblaron cuando los miedos salieron de sus escondrijos, no sabría decir quiénes estaban más asustados, si ellos o yo. 

Respiré hondo, intentando mantenerme tranquila, pero sin pretender esconder mis lágrimas ni mis emociones, nos cogimos de la mano y fuimos a dar un paseo mientras observábamos las distintas habitaciones de nuestro palacio orgullosas de cada una de ellas y de la persona en la que nos habíamos convertido y en la que nos seguimos convirtiendo, los miedos nos seguían de cerca y se iban haciendo pequeños según les íbamos escuchando y abrazando a ellos también.

-Te he echado de menos.
-Yo también.

Nos emocionamos a la vez, ella me recuerda que siempre ha estado aquí dentro, yo sonrío y le indico  que ya lo sabía, nos agradecemos en varios momentos una infinidad de cosas y nos llenamos de mimos, cuidados y de amor.
Hacía tiempo que no me paraba a observar las vistas tan preciosas de nuestro reino, nos ponemos a llorar al verlo tan lleno de emociones, sentimientos, colores, flores... tan lleno de vida; no siempre fue así, no siempre fue tan grande, fuerte ni bonito, tal vez por lo desierto que estuvo tiempo atrás lo valoramos y cuidamos tanto ahora. 

A veces me cuesta creer que esta sea yo, que sea tan fuerte, valiente y preciosa, no siempre lo fui, o no siempre fui capaz de darme cuenta que lo era, por eso necesito estos tiempos y momentos para mí, para recordar mi propio valor y poder y salir ahí fuera para seguir acercándome a la mejor versión de mí misma.

Que ganas tenía de volver a verte pequeña guerrera.

Descansa, prometo que mañana nos volveremos a ver. 


sábado, 3 de agosto de 2024

Vestido rojo y corazones abiertos


La sonrisa de amelie de la que habla la canción la tengo delante de mí, me invita a subirme en ella y columpiarme como si no existiera el miedo, como si fuéramos dos niñas que se han escapado por primera vez del colegio y estuvieran ansiosas de descubrirlo todo, incluyéndose a sí mismas y a ese juego del amor al que llevan jugando ya varios años juntas. 
Es preciosa y yo estoy tan enamorada de ella que a veces intento aguantar el sueño para que sea ella la primera que se duerme y yo pueda disfrutar viéndole dormir acurrucada sobre mi pecho, hemos aprendido mucho de nosotras mismas y de la vida agarraditas de la mano y seguimos siendo capaces de volver a jugar al escondite o al pilla-pilla cuando las cosas fueras están demasiado serias o grises, me hace reír hasta en los momentos más serios en los que a nadie se le ocurriría reírse, es divertido ver las diferentes reacciones de las personas ante su presencia y su forma de ser, estar con ella es una aventura continua en la que, aunque a veces parezca complicado, siempre terminamos riéndonos o besándonos en cada rincón, me parece preciosa su manera de ser y de ver el mundo, hay tanto de nosotras por cada esquina, hay tanto amor...
El eco de la risa nuestras amigas procedente de aquellos lugares en los que fuimos felices, un pasillo con las canciones que nos hacen bailar hasta las tantas, olor a pasta recién hecha, el sonido de los besos sonoros llenitos de amor, los abrazos en los que se acercan corazones para escucharse y sentirse bien, las luciérnagas de miradas preciosas y el "te quiero" después del beso que me hace sentir en una historia de amor preciosa en la cual nuestras niñas nunca dejar de bailar y mirar hacia arriba esperando ver una estrella fugaz sin darse cuenta, sin darme cuenta, de que esa estrella la acabo de encontrar en una mirada emocionada que me observa y me escucha hablar de todo lo que llevo aquí dentro. 
Te quiero mucho amor mío, que bonito es el mundo agarradita de tu mano. 

jueves, 18 de julio de 2024

Una cita salvaje


Quiero una cita contigo en la que perder antes los miedos que las bragas, quiero una caricia que me ponga la piel de gallina, un beso en la frente, risas tuyas y mías que nos hagan recordar lo que nos queremos, quiero un beso apasionado mezclado con unos gramos de "esto no cambiará nada" de lo realmente importante, quiero sentirme deseada en brazos de personas que sean las mejores cuidando y queriendo, me la suda como follen. Quiero bailar al ritmo de una respiración agitada y sentir unas manos haciéndome cosquillas en las mismas zonas que tenía escondidas bajo la etiqueta de "feas", quiero empezar comprometiéndonos a un café rápido y terminar a las tantas perdiendo la cuenta de las cervezas que llevamos, quiero dejarme querer y querer tanto como pueda, quiero que los miedos no tengan espacio aquí y que la comunicación y la ternura sean nuestras vías para cuidar lo que ya tenemos. 
Que esto no es más que otro lenguaje del amor, y que si te robo un beso pues será solo eso, un beso, pero en esta historia lo realmente importante no tiene que ver ni con besos ni con polvos salvajes, pero no por ello te lo negaría.
Quiero una cita, no, quiero muchas citas preciosas con personas que lo sean aún más, pero mi criterio respecto a qué tipo de citas quiero y con qué personas ha cambiado bastante; solía quererlas, y en ocasiones tenerlas, con personas capaces de devorarte sin parar que lograban con sus manos tocarte como un pianista profesional, el fallo venía con lo que venía después, o mejor dicho, con lo que no venía; un beso rápido y vacío, silencio ruidoso y un "en 5 minutos tendríamos que irnos de aquí".
Pasó el tiempo y ahora solo quiero esas citas con quien sepa hacerme sentir de todo sin ponerme un dedo encima y con quien pueda reírme en mitad del polvo, creo que no hay señal más fiable de que ha sido un polvazo que esa; quiero jugar contigo, perder bragas y vergüenza, contemplarnos desnudas y reconquistar nuestros cuerpos y nuestro propio deseo, devorarnos con ganas y que nuestros gemidos sean esa muestra de libertad y confianza con la que poder abandonar el control y los miedos durante un rato. 
Quiero una cita tan preciosa y tan llena de vida y ternura que no nos importe perder ese último metro si es por despedirnos bien de verdad. 

miércoles, 17 de julio de 2024

Última vuelta


Me abrazan tan fuerte que me derriten la aparente coraza, que distancia más de lo que protege, y me generan un terremoto aquí dentro de emociones preciosas, tanto como lo son ellas. 
Noto ya la presión de la cuenta atrás, el miedo a la despedida inevitable y me escondo en un baúl lleno de recuerdos con los que me acuesto cada noche; me intento dejar querer y cuidar, sigo sin ponerlo fácil, pero ellas lo hacen con tanto amor y ganas que lo consiguen siempre.  
La niña de aquí dentro siente algo de miedo a que todo haya sido un sueño o a que todo vuelva a desvanecerse, se queda un rato más asomada a esa ventana viendo como le abrazan, le besan, le miman y le quieren y se emociona varias veces al día al sentirse tan feliz, a veces le sigue costando creer que la persona tan preciosa de estas última semanas sea ella, pero lo es, sí lo es, ellas tienen ese superpoder de acercarla a ser la mejor versión de sí misma.
Juntas nos agarramos de la mano, cerramos los ojos, respiramos hondo como cada vez que estamos a punto de sentir algo de dolor, y nos emocionamos al darnos cuenta de que seguimos siendo capaces de poner todo el corazón en cada instante, hay momentos en los que logramos durante unos segundos parar el tiempo y es algo realmente mágico.
Que suerte he tenido, algo muy bueno debí hacer en otra vida por poder haber coincidido con ellas en esta, me quedaría toda la vida en el fondo de esos ojos con preciosas constelaciones o en el columpio de la curva de su nariz; estos instantes son algo parecido a saltar al vacío sin paracaídas y notar, en el mismo momento en el que creías estar cayendo, unas manos rodeándote e impulsándote hasta las estrellas. 
Les quiero muchísimo, y ojalá hacerme vieja agarradita de sus manos. Noto ya que me cuesta disfrutar del todo por la presión de que esto se acaba, a veces me limito a observarlas en silencio y disfrutar de la infinidad de detalles especiales que guardan en su interior. Joder, no te has ido y yo ya estoy echándote de menos, tengo un poquito de miedo, pero me siento orgullosa de haberlo vivido todo con el corazón en la mano y la cabeza en las nubes, gracias por seguir estando a mi lado y por no irte nunca, ni hasta cuando llegue ese temido y maldito abrazo de despedida.

sábado, 29 de junio de 2024

Reconciliarse, desnudarme ante ti y seguir respirando

 

Quiero alguien que no tenga miedo a quedarse, que se muera de ganas de conocerme, aún poniéndolo yo difícil en ocasiones, quiero que me escuchen, que me miren, que me abracen y sentir que están algo más cerca, sin importar los kilómetros que nos separen; quiero romperme en los brazos de alguien, perder el control y las formas y que sepan lo que hacer en ese momento para seguir haciéndome sentir segura, quiero que piensen en mí y que quieran saber cómo me va todo, que me sorprendan un día cualquiera o que se acuerden de que ayer tenía algo importante. 

Tengo personas que ya hacen todo esto, pero me gustaría que algunas otras lo hicieran algo más o mejor, saber cómo pedirlo o saber decirlo en voz alta, reconocerme frente al espejo herida algunos días, reconocer que necesito a veces del otro, que yo sola no puedo, y no dejar de sentirme fuerte y valiente por ello. 

Quiero reconciliarme con la parte más oscura de mí, la más herida, miedosa y vulnerable, y atreverme a mostrarla de nuevo a los de ahí fuera, hablar de que tan importante es saber irse a veces como querer quedarse y demostrarlo en otras, y que ahora lo que quiero es que seas tú quien me cuides a mí, ser capaz de abandonar el eterno rol de cuidadora y reconocer que para seguir disfrutando dicho rol debo habitar también el de dejarme cuidar y querer.

¿Miedo? Muchísimo, pero necesito mirar hacia dentro y recordar, de nuevo, que los valientes no son los que no tienen miedo, sino los que son capaces de mostrar estos ante otros, incluso ante sí mismos. 


ser y amar de verdad, con corazón y entrañas, no debería conllevar ni esfuerzos ni miedos

 

Mi primer beso fue raro, y en el segundo contaba los segundos para que terminase; unos ojos brillaban frente a mí y los míos intentaban hacer creer que todo estaba bien mientras por dentro me preguntaba si esto era lo que había o si había en mí algún problema que me hacía no sentir nada, tampoco es que esperase fuegos artificiales, pero me sentí la intrusa del inicio de una película romántica en la que yo no pintaba nada, algo no cuadraba, algo fallaba

Siempre he ido algo lenta en los procesos vitales; cuando el resto estaba dando sus primeros pasos yo todavía me desplazaba gateando, cuando el resto ya era capaz de seguir en su cama las noches de pesadillas yo seguía acudiendo a la de mis padres como mi mejor refugio y cuando el resto empezaba a jugar a tener novios y novias y darse besos con este y aquel yo todavía me divertía solo con mis amigas sin pararme a pensar en temas de corazón. 

Pero cuando empecé a sentir cierta curiosidad fue cuando empecé a sentirme algo perdida. Me esforzaba, de verdad que me esforzaba por fijarme en alguien, por acercarme a quien creyera que me podía provocar esos fuegos artificiales por dentro y por sentir esa ilusión que en mis amigas parecía nacer de una manera tan natural, fueron en vano los intentos y crecí dejando un poco de lado este área, aunque deseaba tener esas pequeñas y mayores historias de amor de la adolescencia, unas historias de amor de una adolescencia robada por la falta de referentes y de visibilidad de la infinidad de formas de amar y de existir que había y que no conocí hasta años después.

Un día ocurrió, llevaba meses poniéndome nerviosa cuando esa chica estaba a mi lado, me temblaban las piernas, disfrutaba estar a su lado y me imaginaba una infinidad de planes más a su lado, la inocente Laura de aquel momento justificaba todas estas reacciones diciendo que sentía gran admiración por ella, pero no era así. Una tarde hubo un beso, al comienzo tímido y luego más atrevido, el deseo y las ganas de sentirlo todo lo guiaban, y una niña aquí dentro exhausta, pero con unos ojos brillantes y una ilusión difícilmente controlable, se sentía realmente feliz por primera vez con un beso de este tipo; era esto, aquí estaban todas esas cosas que a sus amigas no les costó encontrar, la ilusión, los fuegos artificiales, la emoción, la sonrisa de felicidad, las ganas de que este no fuera el último beso...

Los meses siguientes me fui descubriendo ante el espejo y me fui fijando en distintas personas que de verdad me gustaban, sentí miedo también por quedarme sola cuando los de ahí fuera vieran lo que había y ocurría aquí dentro, pero el miedo se fue esfumando y solo quedó un corazón dispuesto a sentir tanto amor como pudiera. 

En ocasiones sigo teniendo que decir varias veces que no me gustan los chicos cuando alguno cree que "no he encontrado al indicado", soportar el "ay, pues no lo pareces" y el "yo no tengo ningún problema, pero no soy de las vuestras, ¿eh?", queda mucho por hacer y luchar, pero a lo largo de los años fui creando, o mejor dicho, descubriendo a una familia  preciosa que también tuvo que recorren un largo camino para descubrir que merecemos ser quienes queramos y amar a quien queramos; ese amor y esa identidad ya estaban ahí dentro, pero ojalá seguir dando pasos hacia una sociedad más diversa e inclusiva que se lo ponga un poquito más fácil a las nuevas generaciones.