Desde aquí arriba todo se ve muy pequeño; cuidades, campos, miedos y preocupaciones, el ruido continuo y agotador que existe allí abajo no se escucha desde aquí arriba, y esto permite disfrutar del silencio y de sonidos más bonitos como el de una canción familiar, las voces animadas y entremezcladas de distintas personas, y la risa de esa amiga que ojalá tenerla más cerquita de ti durante el año.
Escucho los motores del avión, es un sonido grave e intenso que va en aumento según vamos cogiendo velocidad, en pocos segundos las ruedas dejan de estar en contacto con el suelo, y entonces nos quedamos en completo silencio volando entre las nubes, se siente como estar en el interior de una bola de nieve, una cápsula del tiempo en la que poder frenar y disfrutar tan sólo de las vistas que se aprecian desde tu ventana.
Allí abajo las cosas suceden demasiado rápidas y algunos días el ruido es ensordecedor, pero desde aquí arriba se aprecia el tamaño real de las cosas y cuesta menos soltar preocupaciones, miedos y pensamientos.
En ocasiones creo que no es más que esto lo que necesitamos, despegar pies del suelo y mente del ruido, (re)descubrir el tamaño real de las cosas y poner, de nuevo, mente y corazón en lo que de verdad importa.
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