Bienvenidos, siento el desorden,aunque, siendo sincera esto nunca ha estado demasiado ordenado.
Sí, escribo, empecé a hacerlo por necesidad y por buscar algo de orden dentro de mí y en mi vida, con el tiempo descubrí que me ayudaba hacerlo y decidí seguir, aunque fueron y siguen cambiando ciertos elementos como la frecuencia con la que lo hago y las razones que impulsan a ello. Me pasé años intentando encajar (siempre es algo que me ha costado más de lo debido), deshacer ese caótico desorden del que os hablo y sentirme una más del grupo de personas con el que estuviera rodeada; hasta que no pude más y desistí, y creyendo que se trataba de una retirada por mi parte descubrí que me equivocaba, que era yo la que había ganado esos conflictos internos y externos, así que empecé a amar mi desastre encontrando cierta belleza en él que, probablemente, siempre estuvo pese a que era la primera vez que la sentía, que la palpaba como una especie de energía y fuerza que me había ido acompañando siempre.
Así que aquí sigo, siendo la rara, la que camina descalza y la que se mira sonriendo al espejo por las mañanas pese a las "pintas" que pueda tener, si me desnudas los miedos e inseguridades verás aquí dentro a una niña viendo dibujos, tomando Colacao con galletas y riéndose de las cosas más absurdas de la vida.
Tengo una manera poética pero jodidamente complicada de verlo todo, ya lo iréis comprobando.
Sólo os pido antes de daros paso que seáis valientes y os dejéis llevar por lo que sintáis en cada instante, sinceramente, creo ,desde no hace mucho, que siempre será mejor quedarse con la culpa o con un desastroso final antes que con las ganas; empezar a desordenar ese baúl de recuerdos, personas y sentimientos por vuestra habitación y enamoraros de ese caos aparentemente sin sentido. Os pediría también que si no queréis estar aquí no lo hagáis, pero si estáis, si os quedáis a seguir los diminutos pasos de esa niña que ahora se prepara el desayuno y su Colacao, ir despacio, es más insegura de lo que debería y de lágrima demasiado fácil, no hace falta que la cuideis, eso es algo que(más o menos) sabe hacerlo perfectamente sola, simplemente acompañarla en su preciosa o caótica batalla donde no habrá ni vencedores ni vencidos, simplemente habrá sentimientos y cierta magia que ya no cabía en su interior.
Bien, pues después de todas estas normas y especies de condiciones para tratar con alguien como yo, empecemos:
Aquello que el viento no logró llevarse
Esto no es un blog, es mucho más. Es la última bombona de oxígeno que me queda en ocasiones. Es cada centímetro de mi piel sintiendo la lluvia. Es un vacío aquí dentro que a veces araña provocándome vomitar las últimas mariposas que habitan en mí. Es el conjunto de monstruos que habitan bajo mi cama confesándome sus miedos. Es un polvo sucio y rápido. Es un jodido y precioso caos difícil de entender, así que no te pido que lo entiendas, pero sí que no te olvides de donde esta la salida.
miércoles, 31 de marzo de 2060
viernes, 30 de enero de 2026
Pasito a pasito y con buena letra
No sé... me gusta sentirme escuchada, comprendida y acompañada por ti, es como darle un espacio calentito a la tristeza y al miedo y dejarles expresarse sin cohibirles; la culpa también hace de las suyas cuando vuelvo a estar sola, pero aún así intento sentir que no hay nada malo en esto.
No sé... tengo tanto miedo a tantas cosas diferentes, dudo a menudo de mí misma, me siento pequeñita de nuevo en un mundo de gigantes, y lloro con facilidad cuando creo que nadie me ve, pero luego, sin saber exactamente cómo lo estoy haciendo... respiro hondo y vuelvo a salir ahí fuera, con algún que otro rasguño, pero con las mismas ganas de seguir creyendo en el amor y en la ternura.
Yo creo, sí creo.
Parece contradictorio que uno de los momentos de mayor caos, cambios y miedos de mi vida hasta ahora sea, también, el que me está mostrando al completo toda la valentía y garra que llevaba por aquí dentro; no sé cómo lo hago, pero lo estoy haciendo pasito a pasito y permitiéndome ser real, creo que nunca lo he sido tanto como ahora.
Lo que quiero decir es que gracias por escucharme, por ayudarme a validar mi propio sentir, y por dejarme también sostener el tuyo en momentos, ojalá te pasen todas esas cosas buenas que deseas que le pasen al resto, ojalá te vaya bien, y quien sabe si poder seguir escuchándote un ratito más.
Me gustan las personas que me ayudan a creer que no todo está perdido, que el amor y la ternura siguen moviéndolo todo y que, a veces, no necesitamos nada más que sentir al otro cerca de nosotras. Gracias por sentarte un ratito en este banco a descansar, me da mucho miedo todo esto, pero, también me hace sentir más liberada y algo más alegre y optimista, supongo que eso es buena señal.
No sé, hemos dicho que por el camino hay que ponerse varias metas distintas que se puedan ver desde aquí, ¿no?; pues yo estoy confiando y abriéndome, un poquito más de lo habitual, sin soltar al miedo de la mano.
Prometo celebrarlo antes de seguir avanzando, prométeme tú lo mismo.
domingo, 18 de enero de 2026
No sé ni qué estoy sintiendo
¿Todo esto es real?, llevo meses explorando sin cesar, conociendo a una nueva persona y un nuevo mundo realmente especial, ni por asomo me habría imaginado nunca nada de todo esto.
Estoy en una montaña rusa llena de emociones y colores, parecen los mismos de siempre, pero hay algo nuevo en ellos.
Llevo meses fantaseando con todo esto, y ahora está aquí, está ocurriendo, me cuesta tanto creer que todo esto sea real.
A veces tiemblo de miedo y otras de ilusión; no puedo regresar a un lugar que ya no existe, pero cada vez me importa menos; freno varias veces al día y celebro la valentía que me hizo salir de casa y llegar hasta aquí; mira, lo estoy haciendo, lo estamos haciendo juntos.
No sé qué va a pasar, pero es que yo ya he ganado algo mucho más valioso e importante que una buena actuación, siento tantas cosas aquí dentro...
No sé cuánto tiempo llevas aquí, pero descubrirte ha sido uno de los mayores y mejores viajes de mi vida. Y ya sé que nos acabamos de conocer, que aún nos queda toda una vida juntos, pero gracias por todo esto.
Tú me rescataste a mí, yo te rescaté a ti... nos rescatamos cuando ya teníamos el agua al cuello y descubrimos nuestra propia libertad, nuestro propio poder.
Vamos a nuestro ritmo, pasito a pasito, todo saldrá bien, y si no estaré igualmente a tu lado, te prometo quedarme hasta el final.
Y a mis amigas... ¿qué os voy a decir?, gracias por seguir aquí cerquita y abrazarme, cuidarme y quererme tanto y tan bien... fuisteis faro y me ayudasteis a ser luz cuando sentía toda esa oscuridad y miedo sobre mí, gracias.
No estamos solos, no estuve sola nunca, ojalá haberlo descubierto antes.
Allá vamos.
jueves, 8 de enero de 2026
Cuando todo se tambalea
Tengo mucho miedo al siguiente paso; afirmo querer darlo, pero, me pierdo en un puñado de recuerdos dolorosos y en la imagen de quien creía conocer para evitar hacerlo.
Me prohíbo todo atisbo de rabia, me cierro ante quienes me muestran verdades dolorosas, refugiándome en una infinidad de excusas que intentan proteger tu imagen, y lloro a escondidas cada vez que la niña de aquí dentro me pregunta qué ha hecho mal; intento hablarle con cariño, encontrar un punto intermedio entre ambos extremos dolorosos, pero acabo en silencio.
Cada vez me cuesta más protegerle porque sé que no lo estoy haciendo, que sólo intento evitarle un mayor golpe inevitable. Tengo mucho miedo, sé que no es el fin del mundo, pero me siento demasiado endeble para afrontar la verdad, no tiene que ser ahora, pero soy consciente de que deberé hacerlo.
Lo has hecho mal, me has hecho daño y, por mucho que intente ser yo la única que se obliga a cargar con toda culpa y responsabilidad, no puedo ya seguir negando las tuyas, pero ostia que si me duele... todo me duele demasiado cuando me recuerdo despidiéndome de quien ya se había ido meses antes sin avisar.
No quiero seguir cuidando ni aferrándome a la imagen de alguien que no sé si alguna vez existió, pero tampoco quiero caer en el odio o en extremos demasiado dolorosos. No sé cómo hacer esto, me está viniendo muy grande y yo sigo sintiéndome diminuta.
Me dice todo el mundo ahí fuera que me cuide, que es cuestión de tiempo... y yo algunos días, aunque suene infantil, solo quiero que me abracen y que me digan que todo irá bien, me cuesta creérmelo a veces.
Yo que sé... ¿hay alguien ahí?
Mierda de tristeza y rabia contenida, son tan agotadoras...
martes, 30 de diciembre de 2025
La magia de después
El año está a punto de terminar, vuelvo a intentar reconectar con las cosas más especiales y bellas que sigo contemplando a mi alrededor y en mí y, como por arte de magia, vuelvo a creer en el amor que habita en cada rincón confiando en que todo irá bien. Abrazo cada vez mejor a mis miedos, les miro todavía con ojos llorosos, temblando ante ellos, y les digo: "ya os he visto, gracias por las advertencias, pero, voy a seguir saliendo ahí fuera, y si las cosas salen mal volveré y me dedicaré el tiempo y los cuidados necesarios para curar y sanar, sin caer en el odio o reproche fácil, ni hacia mí ni hacia otros, ni tampoco dejar de creer en el amor, eso nunca".
No creo en el amor de película, ni en el comercial, ni en el que crees sentir cuando los fuegos artificiales explotan y brillan sin parar, no creo en un amor simple ni mucho menos un amor sin cuidados ni ternura como bases esenciales.
Creo en el amor que encuentro en mi madre cada vez que se esfuerza por escucharme sin juicio, el que vive en el interior de los ojos que se emocionan cuando algo muy bueno te sucede, en el que se envía junto a ese mensaje de "avísame cuando llegues a casa", el que se siente cuando lloramos con la cara al descubierto frente a alguien recibiendo un abrazo, en vez de un disparo. El que encuentro en todos los animales que, con ansias, esperan un mimo y una mirada por nuestra parte para ser aún más felices, el que siento cuando mis amigas me abrazan fuerte, prometiéndome quedarse a mi lado, el que te ayuda a volver a hablar las cosas mil veces más si no han quedado claras para que nada ponga en riesgo todo lo construido, el que acompaña ese "vamos a ver qué podemos hacer porque no te quiero perder". El que hace que los coches frenen cuando no hay semáforo para dejar pasar al peatón, el que junta a personas desconocidas frente a un portal para evitar que arrebatan la casa de quien lleva toda una vida en ella, el amor de quien te ayuda a romper normas y moldes, asegurándote que hay mucha más gente que ya lo hizo y que también creían que nadie más lo haría. El que contienen las manos de mis pequeños tesoros cada vez que acarician mi rostro pronunciando ese "te quiero" que jamás me cansaré de escuchar, las videollamadas infinitas con quien está demasiado lejos, y que si no podemos salvar el mundo, al menos, salvémonos entre nosotras.
Creo en el amor de quien comparte parte de su verdad en cada micro abierto o ante miradas que buscan en otras la conexión real, sin protegerse entre pantallas o artificios, el que contenía mi abuela en cada centímetro de su cuerpo y compartía con cada abrazo fuerte y cada beso especial, el de todas las personas que se la juegan aún sin soltar a los miedos, el que te hace preferir tener algún rasguño antes que lanzar al otro al vacío. El que permanece cuando los fuegos artificiales se han acabado y empieza a hacer frío, el que te hace, aún así, quedarte un ratito más al lado de esa persona solo por escucharle hablar. El que contenían los ojos de mi abuelo, el de quienes te tratan con amabilidad siempre o quien llena el plato de quien lo tiene vacío, aún sin haber comido todavía. El de encontrar un táper con tu nombre en la nevera sin importar las horas a las que llegues a casa, el de llamar a una puerta y que se abra, el que se siente cada vez que alguien te pregunta mirándote a los ojos cómo estás, pidiéndote la verdad después de ese "bien, aquí".
Mi sensibilidad es uno de los regalos más poderosos que esta vida me dio, me hace ver el amor y la belleza en tantas partes que me emociono con facilidad, es una forma mágica, y algo mística, de recibir un mensaje tipo: "lo estás haciendo bien, seguimos aquí contigo".
El ruido ahí fuera es ensordecedor, y las fechas en las que nos encontramos no ayuda, pero, si te apartas un poco de todo eso se puede llegar a sentir algo realmente especial por dentro, si se tiene la valentía y el mimo suficiente.
Se habla mucho de qué le pedimos al nuevo año y a la vida; yo, por si acaso, le sigo pidiendo algunas cosas... que no sea por no intentarlo. Pero, nunca se habla de qué estamos nosotros dispuestos a darle a ella, yo le voy a seguir dando tanto amor y emoción como pueda, que haga lo que quiera con ello, pero yo de aquí me voy a ir con un corazón repleto de toda esa magia en la que nos intentan que dejemos de creer al crecer, eso lo tengo claro.
Cuidaros bien y, por favor, no dejéis nunca de creer en ello.
Todo irá bien, y si no, es que no es el final.
jueves, 25 de diciembre de 2025
La maldita tristeza de siempre
Te diría que esta es la última vez que voy a escribirte, pero sé que no es verdad, así que te diré que intentaré que esta sea la última vez que te escribo este año.
Siento tantas cosas y tan contradictorias dentro de mí que suelo necesitar parar y descansar en muchos momentos; intento cuidar con cariño y esmero la imagen que tenía de ti, agradecer a menudo todo lo bueno y lo importante que, consciente o inconscientemente, me has dado y has significado para mí.
Me esfuerzo, paso a paso, en aprender a soltar todo lo que siento, sin caer en el odio o en el reproche fácil; no quiero odiarte, ni mucho menos colocarte como el villano, cuando ni siquiera estoy segura de si alguna vez me has visto de verdad, es complicado cuidar del otro sin antes haber levantado la cabeza, y eso es algo que ni yo ni nadie puede hacer por ti.
Me gusta pensar que no supiste hacer las cosas mejor, que suficiente ruido, dolor y batallas arrastras contigo mismo como para poder acompañar el de otra persona, es una manera de seguir cuidando y protegiendo parte de la belleza que observé en ti, pero me duele, ostia que si me duele... me duele porque todo en lo que creía, en referencia a ti, se tambalea y me hace culpabilizarme por esperar de ti que estuvieras cuando, en realidad, llevabas meses pidiéndome irte, lo siento por no haberte escuchado, yo también lo hice mal esperando de ti los cuidados que necesitabas más tú que yo, pero no te negaré que esperaba una carta de despedida, un "lo siento, no he sabido hacerlo mejor", ojalá te hubieras despedido en el primer momento en que sentiste que ya no querías estar aquí.
Sigo llorando a menudo, la maldita tristeza sigue acompañándome todo el día, aparece también en esos momentos que deberían ser felices, y esto me duele de una manera que me asusta volver a sentir, las navidades y todos sus artificios no ayudan en este proceso, intento tomármelo con calma, mi psicóloga me asegura que todo irá bien y que está orgullosa de mí.
Me cuesta gestionar la rabia, así como muchas otras emociones, pero pensar en cómo fui yo me calma; sentí un gran cariño por ti desde un lugar limpio, acogedor y con las manos abiertas, siempre dispuestas al abrazo fuerte o a las caricias especiales para espantar a la soledad durante un ratito, me siento tan feliz de haberte regalado esos ratitos de paz o los colores que tanto te cuesta observar fuera; conocía los riesgos desde el primer día, pero esa mirada preciosa y triste pedía un refugio en el que descansar, y yo no dudé en tirar escudo y espada por dártelo, o intentarlo. Me faltó una despedida por tu parte, me faltó la valentía de preguntarte si querías seguir estando, yo no la tuve para preguntártelo y tú no la tuviste para soltar lo que ya no podías o querías sostener.
Cuida mejor a las personas, por favor. Hay personas a tu alrededor que estoy segura de que moverían tierra y mar por ti, pero, esas personas también necesitan que hoy seas tú quien les abraces, quien les preguntes por su día, quien des el primer paso o quien les des la mano cuando tengan miedo, en vez de soltársela, no tienes que hacer nada grandioso, basta con estar. Y si no, por favor, despídete con el mismo cariño y amor que tú antes has recibido, sé que cuando la tristeza y el dolor aprietan puede ser muy complicado estar para el otro, pero por favor no les dejes solos, estoy segura que si lo haces nunca te lo echarán en cara, pero ellos también necesitan ser escuchados y abrazados, y no solo ser quienes escuchan y abrazan.
Me voy con un corazón repleto de cariño, con manos llenas de caricias y mimos dados y recibidos, con los brillos preciosos de la mirada de quien, a veces, intentó creer de nuevo en la magia, con la seguridad de quien sabe que lo hizo con el corazón temblando, pero deseando un ratito más de paz junto a ti antes de la tormenta, con la ternura que encontró en esa mirada triste, con los maullidos de fondo de quienes me robaron el corazón, y con el calor de ese refugio en el que nuevas partes de mí se atrevieron a salir, no me debes nada, lo hice todo con amor y por amor.
Obviamente, la parte de ir soltando ahora no es que me haga mucha gracia, yo quería quedarme todavía un ratito más, pero cada día me vuelvo a mirar con más paciencia, con más amor, me libero de la culpa, abrazo mi intensidad, mi vulnerabilidad y mi manera de sentir, le lanzo un beso a la persona del espejo y le llamo valiente, estoy tan orgullosa de ella, te prometo que todo irá bien.
Le doy un último beso a tu recuerdo, deseando que sirva como una especie de escudo protector cuando la tristeza o el dolor no te hagan ver más allá de esa habitación oscura, después recojo con extremo cuidado y ternura la persona que fui contigo, prometiéndole todo el amor y todos los colores que tú siempre creíste no tener y no poder dar, ojalá algún día te des una oportunidad de que salga bien.
A veces hay que jugársela, podrías empezar por ti, a ver qué pasa...
Ojalá te vaya todo muy muy bien, ojalá te des una oportunidad y ojalá te pasen todas esas cosas buenas que ni te crees que puedes vivir.
Te deseo todo el amor y todos los cuidados del mundo, ojalá los sepas recibir, ojalá sientas que es un abrazo y no un disparo lo que, a veces, el otro te quiere dar; conlleva sus riesgos, por supuesto, pero es una sensación alucinante la de ponerte frente al otro y recibir un abrazo cuando esperaban un disparo.
Ojalá no hubieras disparado, Ojalá me hubieras abrazado
martes, 16 de diciembre de 2025
El (re)nacimiento de alguien especial
¿De verdad lo vamos a hacer?, estoy tan nerviosa y tengo tantos miedos... llevamos meses teniendo citas preciosas en nuestro local de siempre, conocerte ha sido y es uno de los mayores viajes que jamás me habría imaginado; no sé cómo lo consigues, pero cuando estoy a tu lado siento que los miedos pesan algo menos y que un puñado de ganas por ser visible rugen con fuerza aquí dentro.
Está siendo un proceso brutalmente doloroso, pero también realmente precioso...
Cierta tristeza sigue habitando aquí dentro, pero ya no le tengo tanto miedo, intento cada día dedicarle un tiempo en el que dejarle viajar al pasado y volver a agradecer todo lo bueno, que no fue poco, me siento tan privilegiada de haber vivido algunos momentos tan mágicos y especiales... esos ya los llevo aquí dentro bien guardados y calentitos.
La soledad, a veces, desaparece de golpe cuando quien menos me imaginaba me suelta un:
"lo estás haciendo bien, cuéntame más".
Lo que ayer era un secreto inconfesable, hoy nace ante nuevas miradas llenas de ganas de ver(me); me sigue dando mucho miedo poner el cuerpo y la voz frente al otro, incluso más que antes, pero me suele ayudar que me abracen cuando los miedos aprietan o que les brillen los ojos cada vez que (me) abro un poquito el lado izquierdo de mi pecho.
Mi madre últimamente se esfuerza por entenderme y escucharme sin juicios, no siempre lo consigue, pero valoro mucho el intento.
La Navidad también puede tener muchos momentos bonitos, aún existiendo una ola de tristeza y nostalgia dolorosa en todo mi alrededor, intento disfrutar de las cosas pequeñitas que me hacen sonreír, y refugiarme en esa persona con quien tengo citas preciosas cada Lunes, todavía no me creo que vayamos a hacerlo. ¿De verdad lo vamos a hacer?.
Aquí dentro están sucediendo tantas cosas y siento tanto que, a veces, me abruma la intensidad y necesito descansar; mi psicóloga me sigue observando con preocupación por las últimas recaídas, pero también me llama valiente en infinidad de momentos, me gusta como suena.
Tengo una infinidad de miedos arañando aquí dentro, pero también siento una infinidad de mimos por dentro de quien ya ruge por poder salir. Me dice que todo irá bien, me cuesta creerle, pero supongo que no queda otra que confiar en el proceso.
domingo, 7 de diciembre de 2025
Nuevos mundos por descubrir
Estoy muy nerviosa, los miedos aprovechan muchos momentos de debilidad para hacerme retroceder, y la tristeza me hace sentir diminuta frente a todo; pero, también me siento muy ilusionada según descubro más y más de todo el mundo, aparentemente nuevo, que llevo aquí dentro.
Tengo miedo, muchísimo, pero, lo estoy haciendo; estoy preparándome para atreverme a saltar, estoy intentando disfrutar cada segundo, sentir bien adentro cada emoción, siento que ese salto será el último día de un proceso tremendamente doloroso y precioso a la vez, pero, también será el primer día de una nueva versión de mí, más real, más libre.
¿De verdad lo voy a hacer?; no soy capaz de imaginarme todavía ahí, quiero hacerlo, aún sin saber si saldrá bien, lo que empezó como sutiles pensamientos o ganas de salirse de la norma ahora ruge con ansias de jugar y explorar sin parar, me gusta lo que siento cuando me permito experimentar esta libertad e ilusión, es como viajar a un nuevo mundo, más bonito y amable.
La soledad y la tristeza siguen siendo mis peores enemigas, me siguen haciendo mucho daño y a veces aparece la culpa ante pequeñas y mayores recaídas, les tengo mucho miedo, pero intento creer a mi psicóloga cuando me dice que no estoy en el punto de partida, aunque sí sienta que he retrocedido varios pasos importantes.
Las cosas van muy rápido, son demasiados los cambios por dentro y por fuera, y yo a veces sólo querría quedarme tapada en la cama y que me abrazaran durante horas asegurándome que todo irá bien.
A veces la vida adulta se me hace bola; no sé... todo se me va de las manos y sigo sin apenas cuidarme en el día a día, lo siento, lo estoy intentando... tengo muchos miedos a flor de piel y lloro con mucha facilidad, pero también me ayuda a liberar mucho de aquí dentro.
Paso a paso, intento confiar en que todo irá bien.
domingo, 30 de noviembre de 2025
La magia de la casa de la abuela
Cuando era pequeña no había navidad que no subiéramos al norte, a la casa de la abuela.
Para mí siempre será uno de los lugares más espaciales del mundo. Hace unos años que ya no hay, físicamente, ni abuela ni casa de la abuela; pero, durante muchos años ese lugar y mi abuela eran el mejor refugio en el que descansar de todo el ruido y cosas feas del mundo; ella tenía ese superpoder de hacer más bonito hasta el día más negro, de liberarte, por dentro y por fuera, de todos los miedos y curar con esmero e infinito cariño las heridas que tuvieses, cuando las de tus rodillas fuesen ya las menos preocupantes.
Esa casa era mágica, hermosa, y en ella ocurrían tantas muestras de amor que costaba, a veces, no dudar de si lo que estabas viviendo era real o un sueño precioso. "Abuela, ya estoy en casa", no acababa de terminar la frase y ya estaba escuchando el sonido de sus manoletinas por el pasillo acercándose, su alegría se sentía incluso antes de fundirme en ese abrazo, que tanto anhelaba durante el curso y que tanto sigo anhelando los días en que la tristeza aprieta.
El día en que mi abuela nos dejó se fue por la puerta grande, una dama como ella no podría haberlo hecho de otra forma, ella siempre decía que había que saber cuándo irse, ella lo hizo con un corazón repleto de amor, tanto que incluso consiguió que una pequeñita y especial parte de ella se quedara en nuestro interior para ayudarnos siempre a saber el camino. "Lo que hagas, hazlo con mucho amor", ese era uno de los muchos secretos que mi abuela compartió conmigo cuando creía que ya no estaba aquí; yo siempre he creído y creeré en la magia, ¿cómo no iba a hacerlo teniendo unos abuelos como ellos?.
Fantaseo mucho, desde entonces, con encontrar algún día nuevas casas que se parezcan a la casa de mi abuela. Han cambiado mucho las cosas desde entonces, y yo a veces sigo recordando la casa de mi abuela con infinito amor. Ese amor que olía por el pasillo a empanada recién hecha, ese amor que hacía que siempre despertara en mi cama bien tapada, cuando la noche anterior me había quedado dormida en el sofá, el amor con el que mi abuela tejía a punto siendo una verdadera artista, el amor de unos brazos gorditos apretándote contra su pecho y, en definitiva, el amor que vivía en el interior de mi abuela, que sentía sin frenos y que compartía hasta en la forma en que pedía el pan cada mañana en esa tienda de abajo.
Estoy segura de que no todas las cosas que he vivido estos últimos años mi abuela las entendería, pero sé que allá donde esté sigue deseando verme feliz; a ambas siempre nos costó el compartir(nos) demasiados gestos de cariño o palabras de afecto, pero nos queríamos de otra forma más especial. Nos queríamos a través de la forma en la que nos mirábamos en las reuniones familiares, en la ilusión con la que jugábamos a darle golpecitos a ese globo, en la manera de abrazarnos, en las comidas compartidas, en las tardes comentando cada concurso de la televisión, en la manera en la que me subía la cremallera del abrigo cuando hacía frío, en su forma de agarrar mi brazo al caminar para no separarse de mí... a la izquierda de mi pecho, piel con piel, corazón con corazón.
Mi abuela logró ese superpoder de seguir caminando a la izquierda de mi pecho siempre, aunque, no negaré que echo de menos sus abrazos blanditos en los que todo parecía estar bien.
Desde entonces, las navidades adquirieron cierta tristeza que siempre acompaña, hasta cuando nos estamos riendo a carcajadas; algunas navidades son mejores y otras peores, con el tiempo volví a descubrir cosas que me gustaban de estas fechas, e incluso ser capaz de aceptar mejor cada navidad como era y no como quería que fuese... algo que me reconcilia con la tristeza que siento es saber que ella no impide la existencia total de experimentar, también, cosas bellas o pequeñas dosis de ilusión, creo firmemente en que crecer no es negar la existencia de la magia, sino aprender a verla y sentirla de una manera distinta.
La mirada de mi madre sabiendo, sin preguntarme, cómo estoy, ofreciéndome ver una película hoy con ella, las videollamadas con esas amigas que están lejos y que deberían estar a centímetros, los abrazos fuertes con la excusa del frío, churros con chocolate entre risas, los besos de esquimal y cogernos de la mano, ver los puestos de los mercadillos juntas, los "te echaba de menos" de quien ya tardaba en volver, las visitas sorpresas de la familia del norte y, en definitiva, seguir haciéndolo todo con mucho amor.
Abuela te echo de menos, en estas fechas es imposible no fantasear con uno de tus abrazos. Ya lo hacía antes, pero, desde que te fuiste intento darlos aún mejor y con más amor, me sigue dando mucho miedo no saber cuando le estoy dando el último a alguien. No te mentiré, estoy triste por varias razones, pero te prometo que estoy intentando cuidarme y dejarme cuidar; a veces, antes de darse varios cambios importantes, parece que todo se tambalea y se derrumba. Pues ahí estoy, viendo y pidiéndo(te) tumbada a las estrellas antes de volver a levantarme. No estoy bien abuela, pero no quiero preocuparte, porque sé que volveré a estar bien poco a poco. Crecer a veces es una movida complicada. Mamá también te echa de menos, pero cada navidad siento que lleva tu ausencia un poquito mejor, ojalá algún día volvamos al norte, ya no hay una "casa de la abuela", pero sé que tú seguirás estando por todas partes, siempre lo estás.
Te quiero mucho abuela, gracias por todo el amor que me dejaste bien guardadito aquí dentro, es uno de los regalos más especiales, eso y la escritura, el regalo que me hizo el abuelo tras irse. ¿Cómo no voy a seguir creyendo en la magia y en el amor teniendo unos abuelos como vosotros?.
Yo creo, sí creo. Feliz navidad, ojalá estéis siendo muy felices allá donde estéis, es lo mínimo que la vida podría hacer para agradeceros todo lo bonito que aquí (nos) disteis.
Os quiero mucho, gracias por todo.
lunes, 24 de noviembre de 2025
Habitación desordenada
Me siento tan perdida... todo a mi alrededor parece estar igual, el ruido algunos días es ensordecedor y yo solo quiero cinco minutos de calma antes de salir de nuevo. Pero, aquí dentro está todo tan desordenado y caótico... todo se tambalea o se derrumba, y me cuesta confiar en que sepa luego construir nuevas ciudades y mundos, a veces siento que ya existen, que siempre han existido en alguna parte oculta de mí, aunque todavía no logre observarlos del todo con mis ojos.
Tengo mucho miedo, tanto que en ocasiones me asusta mucho sentir como he perdido mi brillo y parte de esas ganas de ser valiente; llevo horas en la cama y me cuesta hasta vestirme, no quiero sentirme así, no con la Navidad tan cerca, haz que pare por favor, estoy agotada.
Mis amigas me aseguran que no los he perdido del todo, que siguen ahí, aunque de una forma distinta. Me cuesta confiar, pero me hacen sentir bien sus abrazos y su amor, me cuidan haciéndome reír hasta en los baños de los bares cuando la tristeza golpea, gracias.
Quiero atreverme a dar ese paso hacia delante, dar ese salto de fe, y ser yo esta vez quien pise el escenario, siento mucha rabia cuando los miedos me impiden hacerlo, pero sigo moviéndome; ensayo tras ensayo, pruebas de maquillaje, vestuario casi listo y la tentación de darle a "enviar" al formulario que acabo de rellenar, nunca le acabo dando.
Hace unos días me dijo alguien a quien admiro que me esperaba al otro lado, me gustó el sentir que cuando me atreva habrá quien entienda mi juego y mi sentir, me hace sentir menos sola y más valiente, ¿de verdad están ahí?. El día que lo haga siento que será un antes y un después, cada vez que intento imaginarme el momento tiemblo de miedo y emoción, pero cierta parte de mí respira mejor y me agradece la valentía.
Mi psicóloga me observa con preocupación, me siento horrible cuando le prometo cuidarme y acabo haciendo todo lo contrario, lo siento. Me preocupa las dificultades que estoy teniendo para hacerlo; de verdad que lo intento, pero siento que no tengo apenas energía, la tristeza es una emoción que te roba hasta los colores que creías que no volverías a perder, me dan mucho miedo las recaídas, pero intento confiar en que sigo estando muy lejos del punto en el que empecé.
No estoy bien, estoy triste, pero he dejado de esforzarme por dejar de estarlo en poco tiempo, ahora intento pasar tiempo con esa tristeza escuchando sus miedos y necesidades; seguimos haciéndonos daño algunos días la una a la otra, pero al menos luego sabemos disculparnos de verdad.
En fin... todo cambia muy rápidamente aquí dentro y me cuesta tolerarlo bien, pero intento cuidarme, de verdad que lo estoy intentando.
lunes, 17 de noviembre de 2025
No es un buen momento
Hay un tipo de tristeza que me asusta mucho volver a sentir; es la que no me hace llorar, la que se queda a la altura del pecho bien pegada a ti haciéndote que te duela hasta respirar, es una tristeza que te ataca de manera tan fulminante que te roba toda la energía, permaneciendo inmóvil frente a ella como diciéndole: " Haz ya lo que quieras, pero dame una tregua por favor".
"Venga tía, ya has estado antes aquí y sabes que pasa" me repito; pero, cada vez que me lo repito algo vuelve a doler aquí dentro haciéndome, esta vez sí, llorar con facilidad y respirar algo mejor.
Tengo a una niña pequeña suplicándome aquí dentro cinco minutos más, prometiéndome que será ella misma la que se irá después; me arrodillo para mirarle a los ojos, grandes y marrones, le agarro de las manos y le abrazo, siento que llevábamos tiempo pidiéndolo y aquí lo tenemos.
Intento no llorar delante de ella y asegurarle que todo irá bien, acabamos llorando a la vez, pero a ambas nos ayuda a sentirnos algo mejor durante un ratito.
Los miedos aprovechan para golpear en las zonas más sensibles y me cuesta hacerles frente, me siento tan diminuta y cansada, hace días que no duermo bien.
"Todo irá bien" me repito como una nana, en el fondo quiero pensar que sí, que sabré seguir avanzando por este nuevo mundo que descubrí en mí a través de sus preciosos ojos, pero tengo tanto miedo...
Mis amigas me miran con preocupación preguntándome cómo estoy, yo intento fingir que está todo controlado, ¿a quién pretendo engañar?; abrázame fuerte por favor, y ni se te ocurra volver a hacerme esa pregunta, estoy cansada de ella y de todo.
Sé que esto también pasará, pero me duele mucho todo aquí dentro. Ojalá dejara de hacerlo un ratito nada más, solo necesito cinco minutos de descanso, cinco minutos de libertad de esta tristeza que me asusta tanto sentir.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)