martes, 30 de diciembre de 2025

La magia de después


El año está a punto de terminar, vuelvo a intentar reconectar con las cosas más especiales y bellas que sigo contemplando a mi alrededor y en mí y, como por arte de magia, vuelvo a creer en el amor que habita en cada rincón confiando en que todo irá bien. Abrazo cada vez mejor a mis miedos, les miro todavía con ojos llorosos, temblando ante ellos, y les digo: "ya os he visto, gracias por las advertencias, pero, voy a seguir saliendo ahí fuera, y si las cosas salen mal volveré y me dedicaré el tiempo y los cuidados necesarios para curar y sanar, sin caer en el odio o reproche fácil, ni hacia mí ni hacia otros, ni tampoco dejar de creer en el amor, eso nunca". 

No creo en el amor de película, ni en el comercial, ni en el que crees sentir cuando los fuegos artificiales explotan y brillan sin parar, no creo en un amor simple ni mucho menos un amor sin cuidados ni ternura como bases esenciales. 

Creo en el amor que encuentro en mi madre cada vez que se esfuerza por escucharme sin juicio, el que vive en el interior de los ojos que se emocionan cuando algo muy bueno te sucede, en el que se envía junto a ese mensaje de "avísame cuando llegues a casa", el que se siente cuando lloramos con la cara al descubierto frente a alguien recibiendo un abrazo, en vez de un disparo. El que encuentro en todos los animales que, con ansias, esperan un mimo y una mirada por nuestra parte para ser aún más felices, el que siento cuando mis amigas me abrazan fuerte, prometiéndome quedarse a mi lado, el que te ayuda a volver a hablar las cosas mil veces más si no han quedado claras para que nada ponga en riesgo todo lo construido, el que acompaña ese "vamos a ver qué podemos hacer porque no te quiero perder". El que hace que los coches frenen cuando no hay semáforo para dejar pasar al peatón, el que junta a personas desconocidas frente a un portal para evitar que arrebatan la casa de quien lleva toda una vida en ella, el amor de quien te ayuda a romper normas y moldes, asegurándote que hay mucha más gente que ya lo hizo y que también creían que nadie más lo haría. El que contienen las manos de mis pequeños tesoros cada vez que acarician mi rostro pronunciando ese "te quiero" que jamás me cansaré de escuchar, las videollamadas infinitas con quien está demasiado lejos, y que si no podemos salvar el mundo, al menos, salvémonos entre nosotras. 
Creo en el amor de quien comparte parte de su verdad en cada micro abierto o ante miradas que buscan en otras la conexión real, sin protegerse entre pantallas o artificios, el que contenía mi abuela en cada centímetro de su cuerpo y compartía con cada abrazo fuerte y cada beso especial, el de todas las personas que se la juegan aún sin soltar a los miedos, el que te hace preferir tener algún rasguño antes que lanzar al otro al vacío. El que permanece cuando los fuegos artificiales se han acabado y empieza a hacer frío, el que te hace, aún así, quedarte un ratito más al lado de esa persona solo por escucharle hablar. El que contenían los ojos de mi abuelo, el de quienes te tratan con amabilidad siempre o quien llena el plato de quien lo tiene vacío, aún sin haber comido todavía. El de encontrar un táper con tu nombre en la nevera sin importar las horas a las que llegues a casa, el de llamar a una puerta y que se abra, el que se siente cada vez que alguien te pregunta mirándote a los ojos cómo estás, pidiéndote la verdad después de ese "bien, aquí".

Mi sensibilidad es uno de los regalos más poderosos que esta vida me dio, me hace ver el amor y la belleza en tantas partes que me emociono con facilidad, es una forma mágica, y algo mística, de recibir un mensaje tipo: "lo estás haciendo bien, seguimos aquí contigo". 
El ruido ahí fuera es ensordecedor, y las fechas en las que nos encontramos no ayuda, pero, si te apartas un poco de todo eso se puede llegar a sentir algo realmente especial por dentro, si se tiene la valentía y el mimo suficiente. 

Se habla mucho de qué le pedimos al nuevo año y a la vida; yo, por si acaso, le sigo pidiendo algunas cosas... que no sea por no intentarlo. Pero, nunca se habla de qué estamos nosotros dispuestos a darle a ella, yo le voy a seguir dando tanto amor y emoción como pueda, que haga lo que quiera con ello, pero yo de aquí me voy a ir con un corazón repleto de toda esa magia en la que nos intentan que dejemos de creer al crecer, eso lo tengo claro. 

Cuidaros bien y, por favor, no dejéis nunca de creer en ello.

Todo irá bien, y si no, es que no es el final. 





jueves, 25 de diciembre de 2025

La maldita tristeza de siempre


Te diría que esta es la última vez que voy a escribirte, pero sé que no es verdad, así que te diré que intentaré que esta sea la última vez que te escribo este año.

Siento tantas cosas y tan contradictorias dentro de mí que suelo necesitar parar y descansar en muchos momentos; intento cuidar con cariño y esmero la imagen que tenía de ti, agradecer a menudo todo lo bueno y lo importante que, consciente o inconscientemente, me has dado y has significado para mí. 
Me esfuerzo, paso a paso, en aprender a soltar todo lo que siento, sin caer en el odio o en el reproche fácil; no quiero odiarte, ni mucho menos colocarte como el villano, cuando ni siquiera estoy segura de si alguna vez me has visto de verdad, es complicado cuidar del otro sin antes haber levantado la cabeza, y eso es algo que ni yo ni nadie puede hacer por ti. 

Me gusta pensar que no supiste hacer las cosas mejor, que suficiente ruido, dolor y batallas arrastras contigo mismo como para poder acompañar el de otra persona, es una manera de seguir cuidando y protegiendo parte de la belleza que observé en ti, pero me duele, ostia que si me duele... me duele porque todo en lo que creía, en referencia a ti, se tambalea y me hace culpabilizarme por esperar de ti que estuvieras cuando, en realidad, llevabas meses pidiéndome irte, lo siento por no haberte escuchado, yo también lo hice mal esperando de ti los cuidados que necesitabas más tú que yo, pero no te negaré que esperaba una carta de despedida, un "lo siento, no he sabido hacerlo mejor", ojalá te hubieras despedido en el primer momento en que sentiste que ya no querías estar aquí. 

Sigo llorando a menudo, la maldita tristeza sigue acompañándome todo el día, aparece también en esos momentos que deberían ser felices, y esto me duele de una manera que me asusta volver a sentir, las navidades y todos sus artificios no ayudan en este proceso, intento tomármelo con calma, mi psicóloga me asegura que todo irá bien y que está orgullosa de mí.
Me cuesta gestionar la rabia, así como muchas otras emociones, pero pensar en cómo fui yo me calma; sentí un gran cariño por ti desde un lugar limpio, acogedor y con las manos abiertas, siempre dispuestas al abrazo fuerte o a las caricias especiales para espantar a la soledad durante un ratito, me siento tan feliz de haberte regalado esos ratitos de paz o los colores que tanto te cuesta observar fuera; conocía los riesgos desde el primer día, pero esa mirada preciosa y triste pedía un refugio en el que descansar, y yo no dudé en tirar escudo y espada por dártelo, o intentarlo. Me faltó una despedida por tu parte, me faltó la valentía de preguntarte si querías seguir estando, yo no la tuve para preguntártelo y tú no la tuviste para soltar lo que ya no podías o querías sostener. 

Cuida mejor a las personas, por favor. Hay personas a tu alrededor que estoy segura de que moverían tierra y mar por ti, pero, esas personas también necesitan que hoy seas tú quien les abraces, quien les preguntes por su día, quien des el primer paso o quien  les des la mano cuando tengan miedo, en vez de soltársela, no tienes que hacer nada grandioso, basta con estar. Y si no, por favor, despídete con el mismo cariño y amor que tú antes has recibido, sé que cuando la tristeza y el dolor aprietan puede ser muy complicado estar para el otro, pero por favor no les dejes solos, estoy segura que si lo haces nunca te lo echarán en cara, pero ellos también necesitan ser escuchados y abrazados, y no solo ser quienes escuchan y abrazan. 

Me voy con un corazón repleto de cariño, con manos llenas de caricias y mimos dados y recibidos, con los brillos preciosos de la mirada de quien, a veces, intentó creer de nuevo en la magia, con la seguridad de quien sabe que lo hizo con el corazón temblando, pero deseando un ratito más de paz junto a ti antes de la tormenta, con la ternura que encontró en esa mirada triste, con los maullidos de fondo de quienes me robaron el corazón, y con el calor de ese refugio en el que nuevas partes de mí se atrevieron a salir, no me debes nada, lo hice todo con amor y por amor. 

Obviamente, la parte de ir soltando ahora no es que me haga mucha gracia, yo quería quedarme todavía un ratito más, pero cada día me vuelvo a mirar con más paciencia, con más amor, me libero de la culpa, abrazo mi intensidad, mi vulnerabilidad y mi manera de sentir, le lanzo un beso a la persona del espejo y le llamo valiente, estoy tan orgullosa de ella, te prometo que todo irá bien.
Le doy un último beso a tu recuerdo, deseando que sirva como una especie de escudo protector cuando la tristeza o el dolor no te hagan ver más allá de esa habitación oscura, después recojo con extremo cuidado y ternura la persona que fui contigo, prometiéndole todo el amor y todos los colores que tú siempre creíste no tener y no poder dar, ojalá algún día te des una oportunidad de que salga bien. 
A veces hay que jugársela, podrías empezar por ti, a ver qué pasa...

Ojalá te vaya todo muy muy bien, ojalá te des una oportunidad y ojalá te pasen todas esas cosas buenas que ni te crees que puedes vivir. 

Te deseo todo el amor y todos los cuidados del mundo, ojalá los sepas recibir, ojalá sientas que es un abrazo y no un disparo lo que, a veces, el otro te quiere dar; conlleva sus riesgos, por supuesto, pero es una sensación alucinante la de ponerte frente al otro y recibir un abrazo cuando esperaban un disparo. 

Ojalá no hubieras disparado, Ojalá me hubieras abrazado 






martes, 16 de diciembre de 2025

El (re)nacimiento de alguien especial


¿De verdad lo vamos a hacer?, estoy tan nerviosa y tengo tantos miedos... llevamos meses teniendo citas preciosas en nuestro local de siempre, conocerte ha sido y es uno de los mayores viajes que jamás me habría imaginado; no sé cómo lo consigues, pero cuando estoy a tu lado siento que los miedos pesan algo menos y que un puñado de ganas por ser visible rugen con fuerza aquí dentro. 
Está siendo un proceso brutalmente doloroso, pero también realmente precioso...
Cierta tristeza sigue habitando aquí dentro, pero ya no le tengo tanto miedo, intento cada día dedicarle un tiempo en el que dejarle viajar al pasado y volver a agradecer todo lo bueno, que no fue poco, me siento tan privilegiada de haber vivido algunos momentos tan mágicos y especiales... esos ya los llevo aquí dentro bien guardados y calentitos.
La soledad, a veces, desaparece de golpe cuando quien menos me imaginaba me suelta un: 
"lo estás haciendo bien, cuéntame más".
Lo que ayer era un secreto inconfesable, hoy nace ante nuevas miradas llenas de ganas de ver(me); me sigue dando mucho miedo poner el cuerpo y la voz frente al otro, incluso más que antes, pero me suele ayudar que me abracen cuando los miedos aprietan o que les brillen los ojos cada vez que (me) abro un poquito el lado izquierdo de mi pecho.
Mi madre últimamente se esfuerza por entenderme y escucharme sin juicios, no siempre lo consigue, pero valoro mucho el intento. 
La Navidad también puede tener muchos momentos bonitos, aún existiendo una ola de tristeza y nostalgia dolorosa en todo mi alrededor, intento disfrutar de las cosas pequeñitas que me hacen sonreír, y refugiarme en esa persona con quien tengo citas preciosas cada Lunes, todavía no me creo que vayamos a hacerlo. ¿De verdad lo vamos a hacer?.
Aquí dentro están sucediendo tantas cosas y siento tanto que, a veces, me abruma la intensidad y necesito descansar; mi psicóloga me sigue observando con preocupación por las últimas recaídas, pero también me llama valiente en infinidad de momentos, me gusta como suena. 
Tengo una infinidad de miedos arañando aquí dentro, pero también siento una infinidad de mimos por dentro de quien ya ruge por poder salir. Me dice que todo irá bien, me cuesta creerle, pero supongo que no queda otra que confiar en el proceso. 

domingo, 7 de diciembre de 2025

Nuevos mundos por descubrir


Estoy muy nerviosa, los miedos aprovechan muchos momentos de debilidad para hacerme retroceder, y la tristeza me hace sentir diminuta frente a todo; pero, también me siento muy ilusionada según descubro más y más de todo el mundo, aparentemente nuevo, que llevo aquí dentro.
Tengo miedo, muchísimo, pero, lo estoy haciendo; estoy preparándome para atreverme a saltar, estoy intentando disfrutar cada segundo, sentir bien adentro cada emoción, siento que ese salto será el último día de un proceso tremendamente doloroso y precioso a la vez, pero, también será el primer día de una nueva versión de mí, más real, más libre.
¿De verdad lo voy a hacer?; no soy capaz de imaginarme todavía ahí, quiero hacerlo, aún sin saber si saldrá bien, lo que empezó como sutiles pensamientos o ganas de salirse de la norma ahora ruge con ansias de jugar y explorar sin parar, me gusta lo que siento cuando me permito experimentar esta libertad e ilusión, es como viajar a un nuevo mundo, más bonito y amable.
La soledad y la tristeza siguen siendo mis peores enemigas, me siguen haciendo mucho daño y a veces aparece la culpa ante pequeñas y mayores recaídas, les tengo mucho miedo, pero intento creer a mi psicóloga cuando me dice que no estoy en el punto de partida, aunque sí sienta que he retrocedido varios pasos importantes. 
Las cosas van muy rápido, son demasiados los cambios por dentro y por fuera, y yo a veces sólo querría quedarme tapada en la cama y que me abrazaran durante horas asegurándome que todo irá bien. 
A veces la vida adulta se me hace bola; no sé... todo se me va de las manos y sigo sin apenas cuidarme en el día a día, lo siento, lo estoy intentando... tengo muchos miedos a flor de piel y lloro con mucha facilidad, pero también me ayuda a liberar mucho de aquí dentro.

Paso a paso, intento confiar en que todo irá bien.

domingo, 30 de noviembre de 2025

La magia de la casa de la abuela


Cuando era pequeña no había navidad que no subiéramos al norte, a la casa de la abuela. 

Para mí siempre será uno de los lugares más espaciales del mundo. Hace unos años que ya no hay, físicamente, ni abuela ni casa de la abuela; pero, durante muchos años ese lugar y mi abuela eran el mejor refugio en el que descansar de todo el ruido y cosas feas del mundo; ella tenía ese superpoder de hacer más bonito hasta el día más negro, de liberarte, por dentro y por fuera, de todos los miedos y curar con esmero e infinito cariño las heridas que tuvieses, cuando las de tus rodillas fuesen ya las menos preocupantes. 

Esa casa era mágica, hermosa, y en ella ocurrían tantas muestras de amor que costaba, a veces, no dudar de si lo que estabas viviendo era real o un sueño precioso. "Abuela, ya estoy en casa", no acababa de terminar la frase y ya estaba escuchando el sonido de sus manoletinas por el pasillo acercándose, su alegría se sentía incluso antes de fundirme en ese abrazo, que tanto anhelaba durante el curso y que tanto sigo anhelando los días en que la tristeza aprieta. 

El día en que mi abuela nos dejó se fue por la puerta grande, una dama como ella no podría haberlo hecho de otra forma, ella siempre decía que había que saber cuándo irse, ella lo hizo con un corazón repleto de amor, tanto que incluso consiguió que una pequeñita y especial parte de ella se quedara en nuestro interior para ayudarnos siempre a saber el camino. "Lo que hagas, hazlo con mucho amor", ese era uno de los muchos secretos que mi abuela compartió conmigo cuando creía que ya no estaba aquí; yo siempre he creído y creeré en la magia, ¿cómo no iba a hacerlo teniendo unos abuelos como ellos?.

Fantaseo mucho, desde entonces, con encontrar algún día nuevas casas que se parezcan a la casa de mi abuela. Han cambiado mucho las cosas desde entonces, y yo a veces sigo recordando la casa de mi abuela con infinito amor. Ese amor que olía por el pasillo a empanada recién hecha, ese amor que hacía que siempre despertara en mi cama bien tapada, cuando la noche anterior me había quedado dormida en el sofá, el amor con el que mi abuela tejía a punto siendo una verdadera artista, el amor de unos brazos gorditos apretándote contra su pecho y, en definitiva, el amor que vivía en el interior de mi abuela, que sentía sin frenos y que compartía hasta en la forma en que pedía el pan cada mañana en esa tienda de abajo. 

Estoy segura de que no todas las cosas que he vivido estos últimos años mi abuela las entendería, pero sé que allá donde esté sigue deseando verme feliz; a ambas siempre nos costó el compartir(nos) demasiados gestos de cariño o palabras de afecto, pero nos queríamos de otra forma más especial. Nos queríamos a través de la forma en la que nos mirábamos en las reuniones familiares, en la ilusión con la que jugábamos a darle golpecitos a ese globo, en la manera de abrazarnos, en las comidas compartidas, en las tardes comentando cada concurso de la televisión, en la manera en la que me subía la cremallera del abrigo cuando hacía frío, en su forma de agarrar mi brazo al caminar para no separarse de mí... a la izquierda de mi pecho, piel con piel, corazón con corazón.

Mi abuela logró ese superpoder de seguir caminando a la izquierda de mi pecho siempre, aunque, no negaré que echo de menos sus abrazos blanditos en los que todo parecía estar bien.

Desde entonces, las navidades adquirieron cierta tristeza que siempre acompaña, hasta cuando nos estamos riendo a carcajadas; algunas navidades son mejores y otras peores, con el tiempo volví a descubrir cosas que me gustaban de estas fechas, e incluso ser capaz de aceptar mejor cada navidad como era y no como quería que fuese... algo que me reconcilia con la tristeza que siento es saber que ella no impide la existencia total de experimentar, también, cosas bellas o pequeñas dosis de ilusión, creo firmemente en que crecer no es negar la existencia de la magia, sino aprender a verla y sentirla de una manera distinta. 

La mirada de mi madre sabiendo, sin preguntarme, cómo estoy, ofreciéndome ver una película hoy con ella, las videollamadas con esas amigas que están lejos y que deberían estar a centímetros, los abrazos fuertes con la excusa del frío, churros con chocolate entre risas, los besos de esquimal y cogernos de la mano, ver los puestos de los mercadillos juntas, los "te echaba de menos" de quien ya tardaba en volver, las visitas sorpresas de la familia del norte y, en definitiva, seguir haciéndolo todo con mucho amor. 

Abuela te echo de menos, en estas fechas es imposible no fantasear con uno de tus abrazos. Ya lo hacía antes, pero, desde que te fuiste intento darlos aún mejor y con más amor, me sigue dando mucho miedo no saber cuando le estoy dando el último a alguien. No te mentiré, estoy triste por varias razones, pero te prometo que estoy intentando cuidarme y dejarme cuidar; a veces, antes de darse varios cambios importantes, parece que todo se tambalea y se derrumba. Pues ahí estoy, viendo y pidiéndo(te) tumbada a las estrellas antes de volver a levantarme. No estoy bien abuela, pero no quiero preocuparte, porque sé que volveré a estar bien poco a poco. Crecer a veces es una movida complicada. Mamá también te echa de menos, pero cada navidad siento que lleva tu ausencia un poquito mejor, ojalá algún día volvamos al norte, ya no hay una "casa de la abuela", pero sé que tú seguirás estando por todas partes, siempre lo estás. 

Te quiero mucho abuela, gracias por todo el amor que me dejaste bien guardadito aquí dentro, es uno de los regalos más especiales, eso y la escritura, el regalo que me hizo el abuelo tras irse. ¿Cómo no voy a seguir creyendo en la magia y en el amor teniendo unos abuelos como vosotros?.

Yo creo, sí creo. Feliz navidad, ojalá estéis siendo muy felices allá donde estéis, es lo mínimo que la vida podría hacer para agradeceros todo lo bonito que aquí (nos) disteis. 

Os quiero mucho, gracias por todo. 

lunes, 24 de noviembre de 2025

Habitación desordenada


Me siento tan perdida... todo a mi alrededor parece estar igual, el ruido algunos días es ensordecedor y yo solo quiero cinco minutos de calma antes de salir de nuevo. Pero, aquí dentro está todo tan  desordenado y caótico... todo se tambalea o se derrumba, y me cuesta confiar en que sepa luego construir nuevas ciudades y mundos, a veces siento que ya existen, que siempre han existido en alguna parte oculta de mí, aunque todavía no logre observarlos del todo con mis ojos.
Tengo mucho miedo, tanto que en ocasiones me asusta mucho sentir como he perdido mi brillo y parte de esas ganas de ser valiente; llevo horas en la cama y me cuesta hasta vestirme, no quiero sentirme así, no con la Navidad tan cerca, haz que pare por favor, estoy agotada.
Mis amigas me aseguran que no los he perdido del todo, que siguen ahí, aunque de una forma distinta. Me cuesta confiar, pero me hacen sentir bien sus abrazos y su amor, me cuidan haciéndome reír hasta en los baños de los bares cuando la tristeza golpea, gracias. 
Quiero atreverme a dar ese paso hacia delante, dar ese salto de fe, y ser yo esta vez quien pise el escenario, siento mucha rabia cuando los miedos me impiden hacerlo, pero sigo moviéndome; ensayo tras ensayo, pruebas de maquillaje, vestuario casi listo y la tentación de darle a "enviar" al formulario que acabo de rellenar, nunca le acabo dando. 
Hace unos días me dijo alguien a quien admiro que me esperaba al otro lado, me gustó el sentir que cuando me atreva habrá quien entienda mi juego y mi sentir, me hace sentir menos sola y más valiente, ¿de verdad están ahí?. El día que lo haga siento que será un antes y un después, cada vez que intento imaginarme el momento tiemblo de miedo y emoción, pero cierta parte de mí respira mejor y me agradece la valentía. 
Mi psicóloga me observa con preocupación, me siento horrible cuando le prometo cuidarme y acabo haciendo todo lo contrario, lo siento. Me preocupa las dificultades que estoy teniendo para hacerlo; de verdad que lo intento, pero siento que no tengo apenas energía, la tristeza es una emoción que te roba hasta los colores que creías que no volverías a perder, me dan mucho miedo las recaídas, pero intento confiar en que sigo estando muy lejos del punto en el que empecé. 
No estoy bien, estoy triste, pero he dejado de esforzarme por dejar de estarlo en poco tiempo, ahora intento pasar tiempo con esa tristeza escuchando sus miedos y necesidades; seguimos haciéndonos daño algunos días la una a la otra, pero al menos luego sabemos disculparnos de verdad. 
En fin... todo cambia muy rápidamente aquí dentro y me cuesta tolerarlo bien, pero intento cuidarme, de verdad que lo estoy intentando. 

lunes, 17 de noviembre de 2025

No es un buen momento

Hay un tipo de tristeza que me asusta mucho volver a sentir; es la que no me hace llorar, la que se queda a la altura del pecho bien pegada a ti haciéndote que te duela hasta respirar, es una tristeza que te ataca de manera tan fulminante que te roba toda la energía, permaneciendo inmóvil frente a ella como diciéndole: " Haz ya lo que quieras, pero dame una tregua por favor".
"Venga tía, ya has estado antes aquí y sabes que pasa" me repito; pero, cada vez que me lo repito algo vuelve a doler aquí dentro haciéndome, esta vez sí, llorar con facilidad y respirar algo mejor.
Tengo a una niña pequeña suplicándome aquí dentro cinco minutos más, prometiéndome que será ella misma la que se irá después; me arrodillo para mirarle a los ojos, grandes y marrones, le agarro de las manos y le abrazo, siento que llevábamos tiempo pidiéndolo y aquí lo tenemos. 
Intento no llorar delante de ella y asegurarle que todo irá bien, acabamos llorando a la vez, pero a ambas nos ayuda a sentirnos algo mejor durante un ratito.
Los miedos aprovechan para golpear en las zonas más sensibles y me cuesta hacerles frente, me siento tan diminuta y cansada, hace días que no duermo bien.
"Todo irá bien" me repito como una nana, en el fondo quiero pensar que sí, que sabré seguir avanzando por este nuevo mundo que descubrí en mí a través de sus preciosos ojos, pero tengo tanto miedo...
Mis amigas me miran con preocupación preguntándome cómo estoy, yo intento fingir que está todo controlado, ¿a quién pretendo engañar?; abrázame fuerte por favor, y ni se te ocurra volver a hacerme esa pregunta, estoy cansada de ella y de todo.
Sé que esto también pasará, pero me duele mucho todo aquí dentro. Ojalá dejara de hacerlo un ratito nada más, solo necesito cinco minutos de descanso, cinco minutos de libertad de esta tristeza que me asusta tanto sentir.

viernes, 14 de noviembre de 2025

Tristeza cotidiana y ternura combativa


Me duele el pecho de llorar; la tristeza es una emoción que, cuando aparece intensamente, me quita gran parte de mi energía, pero también me ayuda a frenar e intentar cuidarme más y mejor, supongo que por eso me he detenido en seco, porque no quería seguir sintiéndome así, tan invisible, tan fácil de olvidar y soltar. Me duele mucho todo aquí dentro, pero hoy mi psicóloga me ha dicho que estaba orgullosa de mí, de cómo lo estoy haciendo; nos hemos emocionado las dos, y cierta ternura me ha hecho sonreír y respirar algo mejor. 

Quiero mucho a mis amigas, a veces parece que nos separan distancias enormes, pero les tengo justo a mi lado; me escuchan durante horas, besan y abrazan sin parar todas mis versiones y me tapan con cariño cuando me quedo dormida por las esquinas, me gusta mucho tenerles bien cerquita y mostrarnos de tantas formas distintas y especiales el amor que nos tenemos, son tan especiales para mí... gracias por estar a mi lado.
Me daba, y me da, mucho miedo seguir sintiendo esta tristeza y dolor cerca de la Navidad, este es un momento en que un puñado de nostalgia siempre se cuela aquí dentro y me asustaba que este año me hiciera aún más daño. Pero, estoy aprendiendo a soltar todos los tópicos y expectativas acerca de estas fechas, aceptando así a esa tristeza como una niña pequeña pidiéndome algo de cariño y atención. Cuando yo no puedo se lo dan algunas de mis amigas, esto me hace sonreír mucho, es una escena preciosa. La Navidad también puede ser muy bonita con ellas, os quiero muchísimo.

Hoy mi psicóloga me ha preguntado por mis pronombres, al comienzo he sentido vergüenza, luego he sonreído y se me ha escapado un "gracias" intentando no llorar más delante de ella. Sigo descubriendo mucho de mí misma y sintiendo de todo aquí dentro, cada día me da un poquito menos de miedo esta tristeza que me acompaña, la ternura me ayuda a cuidarme mejor, y también a sentir que lo estoy haciendo bien. Me gustan los momentos en que celebro con mis amigas mi fortaleza, mi valentía o mi capacidad de quedarme con lo bueno, sin perder ninguna pizca de todo lo bonito que he sentido y vivido, estos ya son recuerdos preciosos que guardo con extremo cuidado y cariño en el lado izquierdo de mi pecho, lo volvería a vivir todo una vez más sin dudarlo.

No estoy bien, pero intento cuidarme y compartir parte de esta tristeza y dolor para que pese algo menos, a veces funciona y otras no, pero siempre consigo respirar mejor. 
Miedos sigo teniendo una infinidad, siempre tendré, pero también tengo ganas de escuchar a cada uno de ellos, y demostrarles que no hay tanto que temer. Soy una persona muy fuerte y valiente, mis amigas me lo recuerdan cada día, mientras me piden que les avise cuando llegue a casa para que puedan luego irse a dormir ellas también.

¿He dicho ya lo tanto que os quiero?, gracias por estar a mi lado, no sabéis lo tanto que significa para mí que estéis. 

domingo, 9 de noviembre de 2025

Juegos de niños a la luz del día


Cuando creía que todo saldría mal, o que esto no iría a ninguna parte, empecé a sentir miradas curiosas sobre mí y a recibir palabras celebrando el salto que acababa de dar; lo hice, lo hicimos.
Todavía no me creo nada de esto, siento que en cualquier momento despertaré y volveré a estar en mi cama tumbada valorando si hacerlo o no hacerlo.

Existe mucha incertidumbre a mi alrededor y dentro de mí, pero también he dejado de sentirme sola durante un rato; gracias a esta especie de energía colectiva que siento vuelvo a creer que soy mucho más valiente de lo que pensaba, sí lo soy, y me lo repito y observo cada día para no olvidarlo. También, siento ese puñado de tristeza, ya habitual, apretándome el pecho mientras me esfuerzo por no llorar delante del resto. Sigo fantaseando en ocasiones con compartir contigo todo esto que está sucediendo dentro de mí y a mi alrededor, pero no estás a mi lado, me lo repito también cada día para no olvidarlo, ojalá algún día quieras volver a estar, echo de menos hasta los maullidos de fondo pidiendo atención.

No lo sé, se supone que debería sentirme súper orgullosa de mí misma, valiente y muy feliz por haberme atrevido a dar este salto de fe, así me siento en muchos momentos y lo celebro bailando, cantando o llenándome la cara de colores... también, siento otras emociones contrarias a estas. Me siguen doliendo aquí dentro, pero, he dejado de pedirles que se vayan y he empezado a dedicarles tiempos concretos para escucharles y abrazarles. El miedo es mutuo, pero las ganas de sentirnos escuchadas y cuidadas también, así que ya me he rendido en intentar que su estancia aquí sea breve, ahora intentamos convivir juntos sin hacernos demasiado daño.

Voy paso a paso, no quiero correr, quiero respetar mi propio ritmo, aprender y sentir todo lo que pueda (como siempre), y seguir jugando a esto que juego. Ahora ya más a la luz, ahora ya sin esconderme tanto. Soy valiente y fuerte, no debo olvidarlo nunca; esto que siento, y estos pasos hacia delante, merecen ser celebrados, así lo hago siempre que la vida me da un ratito de libertad. Todavía sigo fantaseando con ese momento en el que me ponga frente a vosotres, poner cuerpo y emoción frente al foco y mostrar(os) algo más de este juego de niños; quiero hacerlo y, antes o después, lo haré, aunque todavía no sea capaz ni de imaginarme ahí.

La vida, a veces, parece un lugar mucho más bonito de lo que, probablemente, sea en realidad. 
Siento el cariño y el calor de muchas personas nuevas observándome con curiosidad, tengo mucho miedo, pero también me siento algo ilusionada frente a elles; intento controlar a la niña de aquí dentro pidiéndole que no hable demasiado, pero la muy sinvergüenza ya está enviando audio tras audio. 

Siento un tornado de emociones aquí dentro y me da miedo cometer algún error o hacerlo mal, pero, a la vez siento a algunas de mis amigas muy cerquita abrazándome y prometiéndome quedarse, pase lo que pase.

Pues ya está, en verdad no necesito más.

Allá voy; a seguir siendo valiente, mientras me divierto en este nuevo juego al que creo haber jugado ya antes. 


martes, 28 de octubre de 2025

Re(descubrir)

 

Me echo de menos; aquí dentro parece que todo sigue igual que siempre, pero casi nada lo es, todo ha y está cambiando, a veces muy rápido, me asusta perderme en el proceso, también tengo algo de miedo a que los de ahí fuera no quieran seguir estando, sé que los importantes están ahí a pie de cañón, pero no sé... es raro porque no me esperaba todo esto, no me esperaba descubrir tantas cosas nuevas en mí. 

No me esperaba descubrir a una nueva especie de persona viviendo en mi interior, no sé cuanto tiempo lleva aquí, al comienzo tachaba su existencia, no quería saber nada de elle y le trataba con violencia obligándole a volver a esconderse bien, que nadie le pillase, que nadie me pillase. Poco a poco, por incontrolable deseo o inmenso agotamiento, dejé de hacerlo, y empezamos tener citas en nuestro local de ensayo de estos últimos meses, nos pasamos horas hablando y conociéndonos, me enseñó un mundo nuevo en el aparente mundo de siempre que creía conocer y me sacó a bailar de una forma distinta a como solía hacerlo. Lo nuestro empezó con una relación tóxica, nos gritábamos, nos criticábamos y nos enfrentábamos el uno al otro como si solo pudiera quedar uno. Hace unos meses decidí tirar escudo y espada al suelo temblando de miedo, me senté entonces por primera vez cerca de elle y le escuché, ambos nos descubrimos el uno al otro con miedos parecidos y sueños comunes, hemos empezado a crear algo bonito juntos a través del drag King, y mucho más grande y especial que una actuación, no se si esta algún día nacerá ante ojos diferentes a los nuestros, pero el proceso está siendo el salto más vertiginoso y emocionante que he dado hasta el momento. 

Intento controlar las cosas más de lo que puedo, me pasa siempre. No sé si está aquí de paso, si se irá algún día o se quedará a mi lado para siempre, pero he dejado de tenerle miedo y ahora disfruto su compañía y la infinidad de aprendizajes y emociones que me enseña a través de una nueva mirada, más real, más sincera. Ahí fuera sé que no todo el mundo entenderá esto de aquí dentro, pero sé que hay personas que sabrán de qué va todo esto, me lo muestran día a día a través de miradas llenas de amor y abrazos. Aún así, no negaré que cuando estoy bajita de ánimo siento a los miedos ganando terreno de nuevo. El "lo estás haciendo bien" de mi psicóloga y el "yo quiero seguir a tu lado" de mis amigas me ayuda a confiar en el proceso, gracias. 

La escritura para mí es algo importante, los pasos complicados siempre son más fáciles de dar a través de la escritura, a través de ella siempre me he permitido sentir, vivir y descubrir todo lo que podía y más, soy así de intensa, no puedo evitarlo y en el fondo me encanta. 

No sé si me echo de menos a mí misma o a esa seguridad que encontraba en un puñado de normas asfixiantes y en lo ya perfectamente conocido y controlado... creo que es más lo segundo, por eso sigo yendo a mi sala de ensayo, porque a través del Drag King siento que todo vuelve a ir bien, que todo vuelve a encajar, ojalá algún día poder mostraros una parte de lo que ando creando. 

En definitiva; cambios, descubrimientos infinitos y emociones llenándolo todo de colores algunos días mostrándoles a los miedos que no hay tanto que temer, aún así a veces los sigo sintiendo.

Yo que sé, si me entendéis genial, sino abstenerse preguntas incómodas. 

Gracias por escucharme, cuidarme, quererme o leerme, aunque de puertas hacia fuera sea mucho "yo puedo con todo sola", de puertas hacia dentro siempre me gusta este calorcito que siento cuando lo hacéis. 

Gracias 

viernes, 24 de octubre de 2025

Mis amigas, el amor y las emociones a flor de piel


Cuando te conocí no me imaginaba que serías una persona tan importante como ahora eres en mi vida... con el tiempo pasamos de conocidas a amigas y de amigas a familia, así es como te he sentido estos últimos meses, y así es como sé que seguiremos sintiéndonos juntas. 
Según voy descubriendo y aprendiendo de las relaciones, y con ello de mí misma, me reafirmo en lo que ya sentí hace tiempo y sigo sintiendo ahora: algunas de mis amigas son también el amor de mi vida.
Creo firmemente en el amor y en que la vida nos depara muchos amores e historias de amor diferentes... y yo me muero de ganas de vivirlas y sentirlas bien adentro todas.
De esta forma, cuando todo esto no sea más que un puñado de recuerdos, nos quedará para siempre lo que sentimos aquí dentro.
Cierta tristeza sigue acompañándome cerquita, pero ya ha dejado de hacerme tanto daño como antes, aceptar su existencia y escucharle han sido pasos duros, pero necesarios para sentir que lo estoy haciendo bien. 
Gracias por cuidarme tanto y tan bien, por estar ahí cerquita abrazándome, escuchándome y queriéndome, por querer descubrir(me) más y más, por querer acompañarme en el proceso y no estar solo en los resultados finales; para mí es importante contar contigo, con vosotras. 
Un puñado de soledad, a veces, me hace llorar con facilidad, pero he dejado de sentirla tan intensamente cada vez que tengo un whatsApp tuyo proponiéndome una nueva aventura.
No sé porque siempre me pasa... cuando quedan meses o semanas para que te vayas lejos de aquí es cuando más y mejor nos conocemos y conectamos, te voy a echar tanto de menos... pero te aseguro que seguirás teniéndome ahí cerquita siempre que me necesites, en nada subiré al norte para volver a llenarnos de abrazos que siempre seguirán pendientes, independientemente de los que ya nos llevemos dados. 

Te quiero, te quiero mucho, y me gusta sentirte tan refugio y hogar; estos últimos meses he descubierto mucho de mí misma, de mí misme, y sentirme acompañada por algunas de mis amigas más especiales ha sido algo muy bonito. A veces, odio los kilómetros que nos separan o que nos separarán, pero cuando os veo con tanta luz, colores, emociones preciosas y amor siento que estoy haciendo las cosas mucho mejor de lo que a veces siento. Recuerdo que, cuando éramos pequeñas, nos solían preguntar a menudo qué queríamos ser de mayores; yo ahora os veo, emocionada y con un corazón repleto de amor, y me conformo con llegar a parecerme un poquito a cada una de mis amigas, son tan preciosas...

Gracias por estar ahí cerquita, por ser refugio, hogar y sostenerme corazón y cuerpo cuando la vida se pone gris o complicada. 

Te quiero, os quiero ♡ 

miércoles, 15 de octubre de 2025

Bailes en la cocina y nuevas perspectivas


No quiero irme, te prometo que no lo haré, salvo que algún día quieras que lo haga o quiera hacerlo yo, pero tampoco quiero hacer(nos) esto; no quiero exigirte nada que no quieras o puedas darme ahora, ni tampoco quiero esperar un "tengo ganas de verte" o una llamada contándome tu día cuando, tal vez, esto no ocurra. 

Me gustaría que supieras que me tienes ahí, que puedes contar conmigo, que muchos días me muero de ganas de contarte todo lo que me ha pasado o he sentido, volver a observar de cerquita como brillan tus ojos cuando algo te hace muy feliz o como te salen esas arrugas alrededor de la nariz cuando algo te incomoda. Pero, si hoy no puedes estar aquí, si hoy no puedes venir, está bien, quiero que sepas que puedes contar conmigo, pero no quiero obligarte ni insistirte en que lo hagas. 

Las cosas siempre son más sencillas cuando uno de los dos hace las cosas mal. Cuando esto pasa puedes, al comienzo, refugiarte en lo mal que lo ha hecho el otro; pero este no es el caso, este es el caso de dos personas preciosas en mitad de diferentes tipos de caos intentando hacer las cosas lo mejor que saben con lo que tienen a su alcance; está siendo un proceso algo doloroso, en los días de bajón la tristeza me hace llorar con facilidad y me gustaría sentirte más cerca o sentir más seguridad de que puedo contar contigo al pensar en ti, ojalá en algún momento. No obstante, tengo a personas aquí cerquita que me cuidan; estoy triste, pero también estoy cuidándome, y eso me hace sentir bien. 

Vengo a decirte todo aquello que no te digo cuando te tengo a centímetros de distancia; me gusta tenerte en mi vida, eres todo un descubrimiento lleno de colores y emociones preciosas y, a veces, me gustaría prestarte mis ojos para que te vieras a través de ellos, alucinarías. Me gusta la manera en que observas el mundo, es una mirada curiosa, algo triste pero brillante cuando algo le hace muy feliz o mucha ilusión, me gusta la curva de tu nariz y la infinidad de arrugas preciosas que a veces la rodean, la manera en que acaricias y sostienes lo que te importa, y el sonido de tu risa cuando se te olvida aparentar ser frío y distante, me gusta el color de tu puñado de energías internas y, en ocasiones, fantaseo con sentir que lo que observo en otros es una parte de lo que llevo dentro, quien sabe...

Está bien no poder con todo, está bien necesitar parar, está bien intentarlo cada día, y mirar hacia dentro o hacia lo que necesitamos antes de pretender estar para otros, está bien comunicarlo y está bien querer quedarse sin saber todavía como estar sin hacer(nos) daño, está bien estar algo triste, yo también lo estoy, pero también me permito sentirlo aquí dentro como consecuencia inevitable de las ganas inmensas de seguir decubriéndo(te), despacito y con buena letra, ojalá. 

Estoy aquí, pero también estoy aprendiendo a no esperar ni esa llamada ni ese mensaje, me muero de ganas de verte (da igual cuándo leas esto), pero antes de estar para ti debo estar para mí y, poco a poco, lo estoy volviendo a hacer. Quiero personas que cuando les pase algo muy bueno o muy malo se mueran de ganas por contármelo, no solo quiero encontrar casa en otros, también quiero ser casa para otros.

Ya no te espero con ansia, he puesto la radio y bailo en la cocina, a veces sola y otras con mis amigas, los miedos a veces golpean fuerte, pero llorar y escribir me ayuda a ver el vaso medio lleno. Si te apetece venir recuerda que la puerta la tendrás siempre abierta, ojalá te pases algún día, mientras espero que te estés cuidando bien y, por favor, que también te dejes cuidar. 

Estoy triste, pero también me siento bien porque pasito a pasito siento que voy haciendo las cosas mejor que ayer; estoy orgullosa de ti y también lo estoy de mí.

Ojalá vernos pronto. ♡


viernes, 3 de octubre de 2025

Noches de Madrid por los tejados


A veces odio mi mente por ser especialista en crear catastróficos escenarios que no están ocurriendo o por fijarse de más en lo que falta o en los riesgos, en vez de disfrutar el vuelo y observar todo lo bueno que sí existe, que sí está ocurriendo.
A veces me sigue asustando mi propia mente por la velocidad a la que va y la capacidad que algunos días tiene de hacerme daño, de hacerme sentir mal, demasiado pequeña o invisible ante el mundo, olvidando que no puedo ser vista sin ni siquiera levantar la voz o hacer algún pequeño gesto hacia fuera de que existo, de que estoy aquí, de que necesito cosas, siento cosas, deseo cosas del otro... supongo que es algo inevitable de ser humana y real.
Unos ojos chocolate me observan con ternura, tiene unos ojos preciosos llenos de luciérnagas saltarinas, y eso dificulta mantener la calma, pero también me permite deshacerme de todas esas preocupaciones y miedos que cargaba, me siento estúpida al recordarme llorando pensando en la infinidad de veces que he sentido que todo iba a salir horrible y luego ocurrió todo lo contrario... tengo a los miedos algo confusos buscando un sentido a su existencia en estos momentos. 

Estoy aprendiendo mucho últimamente de mí misma y de las relaciones, nunca creí que este proceso pudiera hacerlo acompañada; por lo general, suelo ser yo misma siempre quien escapa antes de que el otro lo haga o quien se encierra a solas cuando hay que mirar aquí dentro, pero esta vez es distinta. Me observo por dentro, sin dejar de estar a su lado, y mis mejillas enrojecen cada vez que aparece algo en mí que me hace más humana o real de lo que me permito, el sinvergüenza que tengo enfrente se echa a reír sin el más mínimo atisbo de que esto le preocupe y me sonríe de una forma especial...
Que sonrisa más bonita tiene... me quedo embobada colgada a ella y por dentro escucho esas voces procedentes de los malditos miedos: "Laura por favor, estabas mirándote a ti misma, no a su sonrisa", "¿pero se puede saber de qué te ríes?, esto es serio, puede suponer el fin de vuestra relación", "ya hablaremos nosotros contigo en casa y verás como no te sientes ya tan bien".
Me gustaría controlar mejor a mis miedos, pero me cuesta; no obstante, recuerdo las palabras de mi psicóloga: "aléjate de tu mente un ratito, escucha a tus tripas y cuerpo, ellos también saben y muestran mucho de cómo van las cosas".

Siempre noto cierto puñado de nervios que me genera vergüenza, pero que también me gusta sentir al perderme en esos ojos chocolate; he descubierto que me gusta mucho que me cuiden, que me escuchen, que me intenten entender y que cuenten conmigo. Sinceramente, no sé si voy bien o mal, pero algo debo de estar haciendo bien cuando ya no siento cada abrazo como el último, aún así (y por si acaso) lo doy siempre con el pecho abierto y los ojos cerrados. 

Llego a casa, escucho varios audios de mis amigas validando todas mis emociones, riéndose de la infinidad de escenarios catastróficos que les he descrito antes tal película de terror o repitiéndome de nuevo que respete mis ritmos y necesidades, en otro de mis chats de WhatsApp leo un "Te quiero preciosa, me voy a la cama, mañana hablamos" y un "Lo estás haciendo muy bien".

Me doy una ducha que mi cuerpo agradece relajándose por fin, sonrío y lloro a la vez y escribo en la mampara de mi ducha: "No estoy sola".

Intentaré no olvidarlo ni hasta cuando los miedos saquen la artillería pesada.

Gracias. 



martes, 23 de septiembre de 2025

Ventanas y puertas nuevas abiertas por fin


Están sucediendo muchos "click" aquí dentro y a mi alrededor, y estoy volviéndome a ilusionar al ver todo lo que tengo entre mis manos, diría que una nueva parte de mí está naciendo, pero creo que mucho de esto ya vivía en mí desde hace tiempo.
No tengo nada terminado ni demasiado claro, tengo un puñado de colores y de rabia mezclados con sacos de amor e ilusión que me genera una infinidad de ganas de probar, jugar, experimentar y, sobre todo, sentir y sentir(me).
Los miedos me han dado cierta tregua temporal, tal vez ya hayan dejado de esforzarse tanto en pararme los pies, al ser conscientes de que ninguno de ellos podrá lograr que vuelva a encerrarme ni en mi habitación ni en unos moldes ni normas asfixiantes. No quiero pecar de utópica, a veces estos temores me vuelven a hacer tropezar o sentir que retrocedemos, pero cada vez les observo con más compasión y menos odio, les dedico ese ratito de atención y luego vuelvo a salir volando por mi ventana deseando seguir jugando con mis propias ilusiones, sueños y colores. 
Ea curioso, porque en realidad es mucha la incertidumbre que existe a mi alrededor, pero algo dentro de mí me hace no tenerle tanto miedo y querer ser vista, oída por todas las personas que me rodean. 
Algo aquí dentro se enciende, parece chiquitito, pero se siente como los segundos anteriores a unos fuegos artificiales o a un beso. Todo parece muy nuevo, como si acabara de nacer, pero mucho de todo esto ya habitaba en mí mucho antes de ser nombrado. 
Los miedos, de manera temporal, se han rendido, es mi momento para calentar motores y ganar distancia y ganas de ponerlo todo patas arriba, de pintar con nuevos colores, jugar a existir sin miedo, jugar a bailar sin vergüenzas, jugar conmigo misma y ser yo quien ocupa su propio espacio, su propia verdad y realidad. 
No sabría explicaros exactamente qué está sucediendo, pero sonrío al sentir que deseaba todo esto, que quería descubrir la vida de los márgenes y el poder y la fuerza de encontrar conexión y semejanzas con quienes también creyeron estar soles.
Quiero ir paso a paso, hacer las cosas bien, seguir cuidándome y tolerando cierta incomodidad, malestar y puñado de miedos, pero con la seguridad también de que lo estoy haciendo bien, aunque no siempre me encuentre o sea sencillo seguir. 

¿Hay alguien ahí? 

Sé que sí; sé que aún me quedan sillas vacías por descubrir en nuevas mesas en las que descansar un rato de la vida y del mundo cuando estos se pongan feos o complicados.


viernes, 19 de septiembre de 2025

Cuando cierta soledad te pincha, un poquito, por dentro


¿Es elegida tu soledad o es una soledad impuesta por una aparente imposibilidad de compaginar tu vida con una red estable de cuidados o de poder crearla poco a poco?
Desde que somos pequeños se nos anima siempre a conseguir las cosas por nosotros mismos; intentarlo, intentarlo e intentarlo... y únicamente ser legítimo pedir ayuda si ya has perdido la cuenta de las veces que lo has intentado, momento en el que se justifica esta ayuda con frases como "es pequeño todavía para poder solo", "a él le cuesta más", "todavía tiene que aprender", etc.
Crecemos y, con ello, también crece la presión por poder con todo de manera individual y sin necesitar mucho del otro, las excusas desaparecen y nos vemos inmersos en una sociedad capitalista, individualizada y violenta en la que hasta se potencia el visualizar al otro como una vía a través de la cual conseguir diferentes intereses (propios obviamente), y no como lo que es: una persona real con sus miedos, sus inseguridades, sus heridas, sus sueños, sus preocupaciones y su vida, en definitiva, una persona mucho más parecida a nosotros de lo que creemos.

Pero no, esto a la sociedad no le interesa, no quiere que veamos estas semejanzas con el otro, ni que tengamos la posibilidad de compartir demasiado tiempo e intereses con el resto, porque esto puede provocar algo muy peligroso para una sociedad capitalista e individualizada: la autogestión, la creación de fuertes conexiones y redes, y la fuerza de la colectividad. Tenemos mucho más poder y capacidad de acción de la que creemos, fijémonos sino en qué sucedió en el tramo final de la vuelta ciclista.

A la sociedad le interesamos más como personas aisladas, solas, viendo en el otro "competición" o "peligro" y siendo un eslabón más en un gran juego de máscaras e hipocresía, en la que hasta nosotros mismos podemos llegar a replicar las bases del sistema con frases como: "No importa que no tengas a nadie, vete sola", "antes de nada ni nadie tienes que cuidarte tú", "si no te quieres y aprendes a estar solo nadie podrá luego estar bien contigo", "hay que disfrutar y abrazar tu soledad".
¿Y cómo se hace todo esto?, pues a través de trabajos precarios y de largas jornadas laborales, llenando nuestras calles de tráfico, y aniquilando cualquier atisbo de naturaleza o vida, vendiéndose lo rápido y atrayente como mejor opción y, sobre todo, generándonos en nuestra cabeza tal exceso de estímulos, ruido, preocupaciones y malestar que no tengamos tiempo de frenar, y por tanto, tampoco de cuestionarnos nada.

Por supuesto que no podemos depender de alguien para hacer cosas que queramos hacer, ni mucho menos perder(nos) o perder nuestra libertad por sentir que sin el otro no queda nada de nosotros; es importante tener esos espacios a solas y esos (auto)cuidados. El problema es que llevamos tanto tiempo mirándonos en el espejo, y cuestionándonos si somos aptos, que se nos ha olvidado que a nuestro lado hay otra persona haciéndose las mismas preguntas con los mismos miedos.
No nos falta nada; ni formación para un trabajo explotador, ni kilos de más o de menos, ni ser más o menos atractivos, ni tener unas u otras cualidades... lo que nos falta es mirar a nuestro lado y preguntar, mirando a los ojos y sin temor a la vulnerabilidad (propia y ajena):

"¿Cómo estás?"
"¿Necesitas algo?"
"¿Puedo ayudarte?"

La sociedad y el sistema capitalista nos lo pone complicado, pero hoy más que nunca necesitamos la autogestión, la lucha y cuidados colectivos, cuidar de quien cuida, y no temer al de nuestro lado, tiene tanto miedo como nosotros aunque ambos juguemos a hacernos los fríos o precavidos.
Sé que puedo ir al cine sola, al museo o de viaje sola también... pero, yo es que ahora lo que quiero es ir con personas que quieran acompañarme, exponerme a esa incomodidad de sentir los riesgos de mostrar(me) y aprender a disfrutar el deseo de sentirme vista, cuidada y valorada, yo lo que quiero es conectar con el otro, tocarnos las heridas y descubrir que, en esa autogestión y en esa colectividad, reside la clave de absolutamente todo este juego diabólico de ser adultos.
Protejamos los centros sociales; desde hace semanas se está intentando desalojar el EKO, espacio sociocultural liberado autogestionado en Carabanchel, y seguir así con la destrucción de aquellos espacios que son nuestros y para todos y todes. ACAB

Cuidemos de estos y de todas las personas que nos rodean, somos seres sociales y necesitamos del otro, crear redes sólidas y estables con un apego seguro que nos cuide en mitad de esta sociedad enferma; escucho a veces eso de "desapego", a este paso hasta nos desapegaremos cualquier día también de nosotros mismos, si es que no lo hemos hecho ya.
Repito: somos seres sociales, no temamos al otro, no tengamos miedo a necesitar de él, atrevámonos a compartir esa vulnerabilidad y verdad... no puedo ni quiero prometeros que siempre vaya a salir bien, pero es la única vía para dejar, de verdad, de estar solos.

Suerte a todos, si necesitáis cualquier cosa me tenéis a un "click" de distancia.

sábado, 30 de agosto de 2025

Minutos antes de volar (y confiar)


Cuando toca hacer frente a un miedo, a uno de los grandes, siempre me siento una impostora en temas de valentía, me siento diminuta y me tienta la idea de escapar antes de que los daños sean demasiado grandes o dolorosos. No quiero irme, tampoco me apetece pasarlo demasiado mal o romperme a llorar en aquellos momentos en que debería sentirme bien, pero de seguro no quiero irme; quiero quedarme hasta el final y seguir encontrando las formas de sentirme segura, ilusionada y feliz. 
Siento que esto ya lo he vivido antes, tiempo atrás solía darme a la fuga cuando lo de aquí dentro empezaba a temblar demasiado, creyendo que así los daños serían menores. Siempre me arrepentía de mi elección, pero pocas veces hubo un "no te vayas todavía", me hubiera gustado escucharlo, aunque seamos sinceros... soy experta en despedirme con cuidado y hacerles creer que no hay otra opción.

No me quiero ir, pero quiero sentirme vista, deseada, cuidada... quiero sentir que se mueren de ganas de verme, que me han echado de menos, que se acuerden de mí y que busquen la excusa más absurda para justificar el tener que vernos ya y no poder esperar a mañana. Me gustaría que piensen en mí al ver esa silla vacía, que me pregunten qué tal el día, la semana y la vida... Algunos días mí madre me enfada por la infinidad de veces que me pregunta si he comido, si he dormido bien o el tiempo que me queda para llegar a casa... nunca le reconoceré que fantaseo a menudo con conocer a personas ahí fuera que me hagan las mismas preguntas.

Siento ternura y tristeza cuando pienso  en algunas etapas de la adolescente que fui; se miraba horas al espejo, analizando cada parte de su cuerpo y preguntándose si alguien querría algún día acostarse con ella, si su cuerpo podría llegar a ser deseado. Si le tuviera ahora de frente le daría un beso en la frente, le cogería de las manos, y le haría la promesa de que yo estaría siempre abrazándole desde su espalda, y que ahí fuera le esperan personas deseando mucho más que un polvo de una noche con ella. Me gusta el equipo que hacemos juntas, hemos vuelto a descubrir muchas  cosas nuevas de nosotras y empiezan a resultar(nos) bonitas de mostrar.

Me siento como el protagonista de E.T. con su bicicleta a punto de saltar al vacío, estoy muerta de miedo y me tiembla hasta el corazón cuando miro hacia abajo, esta mierda está muy alta, y yo hace dos días que me quité los ruedines. Vuelvo a mirar al frente, la tristeza me hace sentir mal cuando empieza con sus mensajes de despedida y de "ha sido bonito el viaje hasta aquí"... le contrasto mostrándole las veces en que parecía el final y no lo fue, los monstruos de mi cabeza me gritan y me zarandean advirtiéndome los posibles daños.... respiro hondo, intentando que no me dominen, y les repito la misma frase: 
"No quiero irme antes de tiempo, solo debemos coger carrerilla y confiar en todo esto que siento, no es tan complicado. "

Tristeza y miedos se observan entre sí con desconfianza; cojo carrerilla, mis amigas me abrazan tan fuerte y tan de verdad que durante unos minutos vuelvo a ser la persona más valiente e imparable del mundo. Creo que nunca serán conscientes de todo lo que me provocan aquí dentro cada verano. Hemos venido a sentirlo todo intensamente, incluso miedo y tristeza. Algún día, todo esto no será más que un puñado de recuerdos... así que quiero guardar cada instante con todos estos colores y emociones que no dejo nunca de sentir; a veces es agotador ser así, pero gracias a ello me está quedando una historia preciosa que me emociona observar como protagonista.




viernes, 22 de agosto de 2025

La tristeza de cada fin de verano


Abrazo la tristeza; conocida, pero igual de dolorosa y solitaria que cada año al terminar el verano. Le pido, con miedo, que no me haga mucho daño, que me deje ratitos de libertad, y que entonces yo prometo no cerrarle le puerta cuando aparezca. 

Me refugio en recuerdos preciosos, me columpio desde el recuerdo de una sonrisa especial, y me emociono con facilidad al recordar(me) siendo muy feliz en miradas llenas de colores; los miedos a veces siguen pisándome los talones, y más al pensar en los cambios que habrá más adelante, pero a su lado todo parece más sencillo.
Y, por eso ahora, abrazo esta tristeza que me hace llorar, porque es el precio a pagar por la infinidad de emociones y colores que me he permitido sentir hasta el último momento.

Ser y sentir así cada verano... con tanta intensidad, verdad y ganas es algo que me hace sentir muy orgullosa; ver el muro al final de la carretera y no frenar, sino cerrar los ojos y cantar sonriendo la última canción... duele el impacto final, pero esos últimos días bailando y siendo felices me hacen sentir realmente viva y mucho más valiente de lo que soy en realidad. No me preocupa esta tristeza, ya la he sentido anteriormente, ambas estamos en la misma habitación, sabemos que ninguna podrá escapar de la otra hasta que no nos miremos y nos quedemos juntas varias noches; le esperaba temblorosa y algo miedosa, ahora que ha llegado siento que todo duele demasiado y que toda mi energía se ha escapado por la ventana, sé que no es así. 

Respiro hondo, me abrazo mucho y fuerte cuando lo necesito; una niña aquí dentro observa el columpio vacío que hay junto al suyo, intento asegurarle que no está vacío, pero que debemos volver a aprender a mirar de una forma distinta para sentir que ella sigue ahí sentada; una mezcla de tristeza y rabia se cuela en su mirada, me pide retroceder en el tiempo y quedarnos cinco minutos más ahí, le abrazo fuerte e intento con ello cumplir su deseo.

Me dan miedo las noches siempre que estoy muy triste porque siempre son algo complicadas de sentir, por eso procuro no olvidarme nunca de respirar y de recordar que esto, como cada año, pasará cuando deje de pedirle a la tristeza que se largue. La pequeña de aquí dentro queda dormida por agotamiento en mis brazos, le llevo volando hasta la luna, le canto una nana y le leo cuentos preciosos cuando se desvela. Desde ahí arriba, todos los miedos se ven con su tamaño real y esto nos hace sentir mejor, más libres y valientes. Las distancias también parecen y se sienten más pequeñas, esto nos hace sonreír. Le indico, entonces, que observe atenta dentro de sí misma, descubre que ese columpio no está vacío, nos emocionamos a la vez y me pide quedarnos allí arriba a dormir. 

Hay tanta ternura y amor en la escena que hasta la tristeza deja de arañar durante unos minutos y nos abraza agradeciéndonos el huequito de la cama que le guardábamos sabiendo que, antes o después, vendría. 

Frenar, respirar, sentir todo lo que siento y volver a mirar bien para descubrir que sigues justo aquí, a mi lado, lo estoy haciendo paso a paso, intentando que los miedos no me ganen mucho terreno.

Te echo muchísimo de menos, pero sé que sigues aquí cerquita, te siento cada vez que la luna me cuenta cuentos para dormir, no quiero bajarme todavía de ella, aquí arriba parece todo más sencillo y silencioso que ahí abajo. 

Te quiero ♡ 

lunes, 18 de agosto de 2025

Instrucciones ante una incertidumbre molesta

Si me quieres, si te importo...
despídete antes de irte.

Acompáñame cuando me enrede en mi propio caos.
Escúchame las palabras que no son bonitas...
pero sí necesarias.
Siéntate conmigo a buscar las formas...
de seguir cuidando y avanzando.
Quédate...
cuando los fuegos artificiales hayan terminado,
cuando la fiesta haya terminado, 
cuando me haya desmaquillado y quedado desnuda.
Que cinco minutos sean suficientes...
para el viaje hacia aquí, 
para horas de transporte,
para que compense los "peros" y horas sin dormir.
Acaríciame entera...
cuando no sea un polvazo el destino,
cuando los miedos a veces aprieten,
cuando sean las ganas de cuidar lo que premie.
Bésame de verdad...
cuando la pasión no sea la protagonista,
cuando sea otro tipo de conexión el motivo,
cuando te mueras de ganas por hacerlo.
Abrázame fuerte...
cuando la incertidumbre arañe,
cuando la tristeza muerda,
cuando me sienta diminuta o perdida.
Cuídame y déjate cuidar...
cuando estemos insoportables,
cuando creamos no saber hacerlo,
cuando te pida que no lo hagas porque soy muy complicada.
Háblame claro...
de tus miedos,
de tus mierdas,
de todo lo que (me) pueda doler, 
de todo lo que (nos) cueste hablar.

Si me quieres, si te importo...
despídete antes de irte,
dime si te vas o te quedas, 
si querrías seguir bailando cuando la música termine,
si el domingo también estarás, o el sábado a media noche te irás. 

¿Me quedo o me voy?
Me muero de ganas por quedarme un rato más.
Pero, no quiero quedarme si tú ya no estás,
si tú no deseas que me quede de más. 

Ojalá te quieras quedar, 
ojalá los miedos no me hagan escapar.
Ojalá seguir encontrando las formas de quedarnos un rato más.


sábado, 16 de agosto de 2025

Brillos y destellos de nuevas puertas que abrir

Algo está cambiando; bueno no, llevan meses cambiando muchas cosas aquí dentro y a mi alrededor, sería mejor decir: algo está brillando.

Eso es, tras meses de aparente vacío, caos y oscuridad estoy viendo puertas brillar y ventanas nuevas abrirse. No quiero pecar de ilusa, ni transmitir una imagen de control o gran seguridad cuando ambos siguen destacando por su ausencia, pero, sí siento que las cosas están yendo bien y que vuelvo a ser más fuerte, valiente y grande que mis miedos. Es mucha la incertidumbre que sigue existiendo a mi alrededor, así como los miedos que muerden cuando ando con las defensas bajas, soy consciente de que aún queda mucho por trabajar y limpiar aquí dentro, mucho por aprender, romper, sanar, sentir y volver a construir, pero me estoy permitiendo el frenar, y el tolerar la incomodidad de algunos momentos desde cierta tranquilidad que me da el saber que, poco a poco, estoy volviendo a mí.

Pronto sé que deberé hacer frente a nuevos retos, saltar desde nuevos precipicios que me asustan, plantar cara a grandes miedos, de los cuales hasta ahora escapaba, volver a conectar con partes dolorosas, con cierta tristeza punzante, y seguir avanzando en procesos y sanando cosas que, a veces, fantaseo con que ya no requieran más atención ni energía. Me da rabia llevar unos ritmos tan lentos a veces, pero son mis ritmos y son válidos.

Estoy aprendiendo y descubriendo mucho de mí misma, pero también estoy (re)conectando con mi propia vulnerabilidad, con mi rabia en ocasiones y con mis propias necesidades y reinos internos; a saber cómo se me ve desde fuera, pero me parece precioso todo lo que llevo aquí dentro. Estoy volviendo a mí, y esto me ayuda mucho a ver el vaso medio lleno de nuevo. Tengo miedo, claro que lo tengo, siempre lo tendré a unas u otras cosas, pero, también tengo una valentía aquí dentro con la que estoy volviendo a sentirme fuerte y dispuesta a darlo y sentirlo todo, no  conozco otra manera de ser y de estar. Me da miedo que las cosas me vayan mal, autosabotearme y perder lo que me hace feliz o ilusión, sentir mucho dolor o tristeza, sentirme pequeña o invisible de nuevo... pero tengo claro que ni el mundo ni yo misma termina ahí, y que es necesario, a veces, pasar por ese malestar e incomodidad para descubrir nuevos reinos preciosos por dentro y por fuera. 

No quiero una vida siempre cómoda por no haberme atrevido a salir de mi habitación y espacios seguros, quiero cuidar y potenciar mi capacidad de salir tan lejos como quiera o necesite, y descubrir así nuevos rincones especiales en los que sentirlo todo tanto como pueda. Sé que la ansiedad, probáblemente, volverá en cuanto comience el curso, que volveré a veces a pasarlo mal, los pensamientos negativos, alimentados por distorsiones, ganarán terreno, y correré el riesgo de creer que todos estos colores y puertas brillantes que veo ahora no son más que un puñado de fantasías o ilusiones ficticias.

Pero sé que no lo son y que, pase lo que pase mañana, hay cosas que están yendo bien, que me muestran pequeños brillos y posibilidades de descubrir nuevas cosas que todavía no puedo ni imaginar. No tengo el control sobre todo y cierta incertidumbre existirá siempre, no puedo garantizar(me) que las cosas vayan a ir bien siempre, pero, pase lo que pase, estoy volviendo a mí, a confiar más y sentirme más fuerte y valiente que estos últimos meses. 

Me basta para sentirme mejor y con más energía para abrir todas esas nuevas puertas y ventanas que me piden ser abiertas. 


jueves, 14 de agosto de 2025

Nostalgia anticipatoria


Como cada verano ya siento el maldito tic-tac de un reloj anunciando la cuenta atrás; coge aire, tanto como puedas, observo ya el muro al final de la carretera y yo solo quiero cantar una última canción a tu lado, como si el verano acabase de empezar, como si ese tic-tac no existiera.

Dentro de poco, vienen curvas, puñados de tristeza y nostalgia, procedentes de nuevos recuerdos que ya viven aquí dentro, y la maldita despedida para la cual nunca me siento suficientemente preparada. No quiero esto, no quiero volver a poner distancias ni llorar más al pensar en que este sí es el último abrazo hasta dentro de demasiado tiempo.

Como cada verano, solo quiero cinco minutos más, después otros cinco, y así sin final. Quiero más abrazos, más colores, más emociones y sentimientos, más vida explotando en nosotras, en cada carcajada, y en cada sonrisa en la que columpiarnos siendo esas niñas felices capaces de sacarle la lengua hasta a los miedos, quiero más de ti, de mí, de nosotras... y de toda esta esfera tan especial en la que vivimos cuando te tenemos a centímetros de distancia. 

Lo que se siente es brutal, jamás me cansaré de seguir saltando si estás a mi lado; no me arrepiento de nada, es más, me siento muy orgullosa de mí, de hacer caso a las ganas, a la emoción, y optar siempre por saltar y descubrir después un nuevo mundo especial. Nos está quedando una historia preciosa, siento tantas cosas aquí dentro que, a veces, lo único que puedo hacer es abrazarte fuerte mientras me divierto un rato en el fondo de esos ojos llenos de magia y luciérnagas preciosas. 

Hay instantes tan mágicos que me cuesta creer que sean reales; no necesito más, vuestras risas de fondo son mi canción preferida, el amor entre miradas me hace temblar y sonreír a la vez, algo muy bueno debí hacer en otra vida para coincidir en esta contigo. Me pierdo observando la luna llena un ratito con los ojos de una niña ilusionada al ser muy feliz, una pizca de realidad se cuela y me hace llorar con facilidad. Le pido a la luna solo un ratito más, esta me sonríe con ternura concediéndome el deseo.

Último abrazo, adelante, saltemos una vez más y luego viaja al otro lado de la luna si quieres, que yo te prometo que sigo aquí, a tu lado, dispuesta a saltar contigo siempre de la mano.

Te quiero, muchísimo ♡ 

domingo, 3 de agosto de 2025

Intentos de evitar el autosabotaje


¿Y si saliera bien?, ¿y si se te dieran las personas mejor de lo que crees?, ¿y si fueras capaz de que los mayores miedos no te frenasen?, ¿y si estás solo a un salto de distancia (y de fé) a todo eso que deseas?, ¿y si siguen queriéndote y queriendo estar  tu lado cuando destroces tantas normas como puedas, cuando descubras que no eres la chica perfecta y el ser de luz que siempre decían ver en ti?...
Con diferencia, hacerme todas estas preguntas es lo que más miedo me da de todo, plantearme la posibilidad de que pueda salir bien; me paso horas y días a veces preparándome para que las cosas vayan mal, a veces hasta procesando duelos que todavía no han ocurrido o poniéndome en la peor situación y sintiendo un gran dolor y tristeza cuando por fuera todavía no está ocurriendo nada de eso. 
Me da mucho miedo ser yo misma quien mande las cosas buenas o que me ilusionan a la mierda por creer que así dolerá menos o que son demasiado buenas para ser reales o para ser yo merecedora de ellas. Invierto una gran cantidad de energía y esfuerzos en intentar no autosabotearme, es como una lucha continua contra mi propia cabeza, controlada a veces por miedos e inseguridades.

No sé cómo lo hago, pero por ahora sigo siendo capaz de seguir avanzando y no huir de aquellas cosas que me hacen feliz o ilusión, pese a los miedos que las acompañen. Me gustaría sentirme a veces algo más acompañada y cuidada, no sé... creo que a veces los miedos me pesarían menos si los compartiera con el resto, pero menuda movida esto de compartir tanta vulnerabilidad con otra persona... me paso horas imaginando todo lo que podría salir mal y sintiéndome como si todo eso ya estuviera sucediendo.

Pero, ¿y si saliera bien?, ¿podría salir bien?, eso supondría descubrir que gran parte de mis inseguridades y miedos no son reales, soltar la mayoría de miedos y darme la posibilidad de ser como soy, incluido con fallos y partes feas, y que las cosas salgan bien.

Con diferencia, este es uno de mis mayores miedos.



jueves, 31 de julio de 2025

La facilidad de olvidar(nos) de lo importante

 

Es tan tan fácil perderse en el mundo de las redes sociales, y en todas las peligrosas dinámicas que a veces conllevan, que me resulta complicado de creer que todavía no exista una mayor legislación y rechazo hacia ellas, sino todo lo contrario.

Somos adultos, o eso decimos, pero hemos vuelto a la etapa del instituto y a las violencias de la misma.

Nos pasamos horas observando los perfiles de redes sociales de distintas personas, a muchas de ellas solo les conocemos de vista, pero lo hacemos para tenerlas “fichadas” y no por un interés real en conocerles. Observamos el último viaje increíble que hicieron, el segundo máster que acaban de terminar, la infinidad de personas que querrían tener algo con ellas, el rollazo que llevan en el día a día (aparentemente sin pretenderlo), y todas las cosas que les da tiempo a hacer en el día a día… desde este punto las comparaciones son odiosas. 

Obviamente, estas personas también tienen días de mierda, conflictos que resolver, miedos que les paralizan, relaciones que no son como querrían y aspectos de mierda, pero todo esto da igual porque el contenido que recibimos a través de redes ya ha llegado directo a nuestra amígdala haciéndonos sentir la persona más mediocre e insuficiente de todas. Pasar mucho tiempo en las pantallas puede, incluso, hacer que nos alejemos demasiado de la realidad y que luego sea complicado restaurar una autoestima herida por haber entrado en unas dinámica donde brilla más una cara bonita y una vida de aventuras que lo que haya dentro.

Individualmente, parece que todos mostramos nuestro rechazo a formar parte de estas dinámicas, pero luego, de manera colectiva, acabamos entrando a este perverso juego del que quiero volver a alejarme o, al menos, cuidarme al respecto.

¿Y por qué os cuento todo esto ahora?... porque hace unos días que he sido capaz de frenar de golpe y volver a la realidad. Ocurrió cuando subí a instagram un instastories, no sé cuántas veces comprobé si una persona en concreto lo había visto. En una de esas veces lo vi, el nombre de su perfil entre las personas que habían visto el instastorie, entonces sentí una tristeza y una desilusión punzante cuando vi que no le había dado “me gusta” ni había reaccionado de ninguna forma.

“Con lo guapa que salgo ya me podría haber dicho algo”, “¿ves?, no le importas nada ridícula”, “estará haciendo mejores cosas que estar pendiente de ti”, “deja de intentar esto de relacionarte con otros que ya sabes que no vales”, “verás… se va a a escuchar la leche desde lejos”...

Una infinidad de pensamientos, alimentados por varios miedos hambrientos al ver que ya no consiguen frenarme, invadieron mi cabeza y entrañas haciéndome llorar y sentirme horrible. Hasta que, menos mal, frené… ¿Qué cojones estoy haciendo?, sentí tanta rabia por todo lo que acababa de pensar y sentir que fui corriendo a mi habitación y escribí en una de mis libretas lo siguiente:


Lista de cosas que no puedo ni debo volver a olvidar

  • Tú eres importante porque eres única y especial, no necesitas el visto bueno ni la aprobación de nadie.
  • Todo, absolutamente todo, lo que ocurra a través de pantallas es un juego de imágenes e ilusiones ficticias. 
  • Las relaciones se construyen fuera de estas. Las pruebas de lo importante que seas para alguien o de lo que significas en la vida de esa persona debes obtenerlas en la vida real, y que sean cosas importantes de verdad, no si alguien ha reaccionado a tu instastorie.
  • No lo sabes todo, y tus miedos e inseguridades mienten más que hablan, comunícate con el resto por favor, es la única forma de no alejarte de la verdad. Confía un poco más porfi, dales una oportunidad.
  • Tu vida y tus rarezas molan mucho y son especiales, no necesitas compartirlas todas como el resto por redes para que existan, ya existen y son bonitas, mí me gustan mucho.
  • Eres más que suficiente, y no sólo eso, eres un jodido partidazo y esto tienes que tenerlo bien claro sin importar lo que piense el resto.
  • No eres el centro de la vida de nadie, pero sí lo eres de tu propia vida, céntrate más en ti, vuelve contigo y tómate las redes como lo que son, un juego sin importancia.
  • Soy mucho, valgo mucho, merezco mucho. Debes exigir reciprocidad, pero amiga tienes 26 años, estás aprendiendo, tu ritmo está bien, no quieras dar pasos de gigante.


Me leí varias veces mi lista como si fueran los mandamientos de una biblia; me emocioné sentada en el suelo de mi habitación y sonreí al sentirme como me estaba sintiendo; la realidad, mi verdad, era más bonita que lo que había sentido antes perdida por instagram. He pasado unos días por el norte desde este momento; me quité mi reloj de muñeca, me alejé de mi móvil bastante y me centré de nuevo en mí. Hacía tiempo que no me dedicaba tanto tiempo y me está ayudando mucho hacerlo. He vuelto a Madrid, los miedos a veces me pisan los talones y me dicen cosas feas… no diría tanto que llevo una etapa mala, pero sí de muchos cambios internos y externos, y esto siempre lo hace tambalear todo.

No obstante, tengamos cuidado con ellas y con todos los espacios donde se valora más la fachada o lo instantáneo que lo que requiere esfuerzos, tiempo y mirar por dentro; podemos ocupar tantos espacios como queramos, por supuesto, jugar a tantos juegos como se nos ocurran y hasta jugar con fuego algún que otro día, pero cuidémonos bien y cuidemos bien lo de dentro y lo real, no olvidemos que es lo realmente importante en toda esta movida de ser como somos, la vida y las relaciones.


Palabras prohibidas


Te echo de menos. 

Algunas de mis amigas me dicen que no pronuncie estas palabras, que las encierre en mí, que de puertas hacia fuera haga como que estoy bien, que ya eres alguien más que superado, que no te mereces que te eche de menos todo lo que lo estoy haciendo.

Pero, yo no quiero entrar en ese peligroso y dañino juego de ver quien finge mejor, quien tiene el ego más grande, yo quiero poder sacar fuera esto que siento, reconocer(te) que para mí eras especial, y que aún sigo fantaseando con que me pidas que no me vaya, sé que no sucederá. 

Y me preocupa y asusta sentir esto sin ni siquiera haber empezado a compartir de nuevo espacios, me asusta imaginarme en los baños llorando cada vez que te vea, como ya ha sucedido, sentir(me) fácil de soltar y olvidar.

Sé que será complicado, te odio en momentos por no haber hecho las cosas mejor, por haberme obligado a salir de una habitación que no quería salir, y me odio por sentir esto que siento. 
Pero, no quiero encerrarlo en mí, quiero sentirlo dentro, permitir(me) esta tristeza y dolor, y reconocer que para mí sigues siendo alguien especial a quien me hubiera gustado descubrir más.

Te echo de menos, me dueles muchas más veces y con mucha más intensidad que la que me imaginaba que lo haría; es una sensación extraña, por un lado sé que no debo volver a acercarme a quien, probablemente, nunca quiso esforzarse de más por cuidar(me); pero, por otro lado sigo fantaseando con un último abrazo en el que, probablemente, acabaría llorando pidiéndote que me pidieras que me quede, sé que no sucederá.

Te echo mucho de menos, pero en un tiempo dejaré de hacerlo y ya no dolerás más, espero. 

martes, 29 de julio de 2025

Escritura de la esperanza


Necesito escribir, aunque ni siquiera sé de qué escribir. 

Necesito escribir porque cuando la tristeza aprieta es mi forma de intentar ver el vaso medio lleno.
Necesito escribir porque en la escritura siempre me he encontrado de nuevo.
Necesito escribir para descubrir(me) un poco más.
Necesito escribir para gritar, permitír(me) la rabia.
Necesito escribir para sacar fuera lo que quema por dentro.
Necesito escribir todas las palabras que no me atrevo a decir, todas las emociones que ya no caben aquí.
Necesito escribir que me cuesta entenderme, entender cómo es posible que ayer me sintiera tan bien y hoy tan perdida de nuevo.
Necesito escribir sobre mis miedos, intentando no darles con ello mayor fuerza.
Necesito escribir sobre mí, sobre quien fui y quien voy siendo.
Necesito escribir sobre el amor, la vida y las personas, porque de una forma u otra siempre me atraviesan el pecho. 
Necesito escribir sobre el arte, y con ello, sobre una nostalgia que pesa demasiado.
Necesito escribir rápido, sin pensar y sin control, porque lo de menos es lo que escriba, sino aprovechar estos minutos para coger oxígeno, valentía y ganas de seguir. 
Necesito escribir que siento que voy de cagada en cagada, que no se me dan bien las personas y que escribo para escapar de este mundo.

Lo escribo sin parar, intentando creerme lo que escribo, pero de pronto empiezo a llorar al fantasear en que alguien esté al otro lado de la pantalla o enfrente de mí deseando escuchar lo que he escrito. 

Porque esa es la verdad... empecé a escribir creyendo que lo hacía para escapar, pero siempre lo hice para que alguien me viera y me pidiera que no me fuese todavía, me gusta recordar las veces en que esa persona fui yo, pero últimamente fantaseo mucho con conectar con las personas que hay ahí fuera, me sigue dando mucho miedo permitir(me) la posibilidad de que salga bien.

Necesitaba sacar tristeza y volver a mirar(me), y para eso tenía que escribir, aunque ni siquiera supiese de qué escribir.

¿Hay alguien ahí?


jueves, 24 de julio de 2025

Calentando motores


He leído una frase que me ha gustado mucho, me ha hecho sonreír y he sentido algo bonito por dentro:

"Si te pierdes, búscate en las cosas que amas".

Creo que es una buena propuesta, así que he empezado a hacerlo, pasito a pasito; he aceptado con resignación ya que esto no es trabajo de unos meses, que esto es algo mucho más grande e importante que requiere tiempo, mimos, cuidados y valentía, quiero intentar dármelos bien.

Me he buscado en los abrazos de mis pequeños tesoros y en sus besos de algodón.
Me he buscado en miradas que me muestran el rostro de una persona preciosa, ¿esa soy yo de verdad?.
Me he buscado en el recuerdo de mis abuelos como una de mis mayores pruebas de que el amor existe.
Me he buscado en las videollamadas con mis amigas y en su capacidad de hacerme ver el vaso medio lleno.
Me he buscado en la zona de llegadas del aeropuerto, emocionándome con cada reencuentro que veía. 
Me he buscado en las canciones que, tras escucharlas una vez, ya nunca más volvieron a ser solo canciones.
Me he buscado en los perros y felinos que me robaron el corazón con una sola mirada, esto sí que es un flechazo.
Me he buscado en todas aquellas personas que ya no están aquí, y a quien ojalá la vida les trate igual que ellas me trataron a mí o si puede ser algo mejor.
Me he buscado en cada micro abierto en el que comparto mi verdad.
Me he buscado en el banco en que me di mi primer beso y en la cama en que me dieron ese deseado beso en la frente.
Me he buscado en las calles de mi barrio que me vieron crecer y en la pradera en la que jugábamos a ser más mayores de lo que éramos. 
Me he buscado en Galicia, porque Galicia siempre tendrá mucho que ver con la palabra familia.
Me he buscado en la mirada de mi madre y en sus ganas de esforzarse para que ni ella se perdiera la aventura de tener una hija ni yo la de tener una madre como ella.
Me he buscado en las sonrisas de amigas, que son mi rincón favorito en el que quedarme a dormir, y en la ternura y amor que siento cuando me pierdo en sus preciosos ojos.
Me he buscado en la persona que veo en el espejo ahora, no es la misma que ayer, pero me muero de ganas de conocerle.
Me he buscado entre campos repletos de flores, les he prometido, de nuevo, que nunca dejaré de bailar entre ellos.
Me he buscado en folios en blanco que escribo sin parar.
Me he buscado en el calor de dormir en el pecho de alguien sintiendo que no existía lugar más especial que ese.
Me he buscado en las arrugas del rostro de mi abuela, las curvas más bonitas del mundo las tenía ella.
Me he buscado en nuevos escenarios y suelos que pisar descalza, fantaseando con volver a jugar conmigo misma sobre ellos, dejándoles a todos boquiabiertos.
Me he buscado en todos los dulces con chocolate y en las tartas que cocino cuando la tristeza aprieta.
Me he buscado en las cervezas que son excusa para justificar el brillo de las miradas.
Me he buscado en los lienzos en blanco que llenar de colores, y las hojas de cuadernos que llenaba de corazones cuando me aburría en clase.

Me he buscado, y me sigo buscando, en los sitios más especiales que me fueron enseñando todo lo que se del amor; sigo perdida, los miedos aprietan y la tristeza me exige una sesión de mimos y cuidados.

Estoy cuidándome (o intentándolo) despacito, a paso lento, con buena letra y sin prisas. Acepto esta incomodidad, esta ansiedad desmedida, este dolor, esta tristeza, estas pérdidas... porque sé, aunque sienta que ya no sé nada, que todo se irá transformando en ganancias, aventuras, alegría, ilusión y nuevos sueños y mundos por descubrir.

Hace tiempo les aseguraba a todos los de ahí fuera que yo no era valiente, me equivocaba. 

Sí lo soy, mucho más de lo que creía serlo, es por eso por lo que voy a volver a salir al centro de la pista a bailar como si no existiese el miedo ni el dolor.

Nos vemos pronto ☆

martes, 22 de julio de 2025

Transición


Yo sí te seguiré queriendo cuando todo esto pase, cuando descubras que ya no eres la misma, pero que eso no significa haber perdido las cosas que te gustan de ti; todavía siento que hay un mundo por conocer, y tengo tanto miedo como ganas de descubrirlo... algunos días me encuentro a una niña llorando preguntándome si alguien nos seguirá cuidando y queriendo después de todo esto, respiro hondo intentando, malamente, confiar en el proceso.

- "Yo sí". Sé que esta respuesta no le es suficiente, pero a ambas nos ayuda a dejar de sentirnos solas durante un ratito. 

Se me acumulan los duelos, aunque el más duro y complicado es el que estoy realizando conmigo misma, la persona que fui, la vida que creí que tendría... abrazo con eterno amor a ambas, me emociono con facilidad y relajo mis manos y mi cuerpo soltando todo lo que con miedo y ansiedad agarraba, que se quede con amor y por amor todo lo que deba o desee quedarse. 

Me dijeron de pequeña que si era buena me querrían, que debía ser una niña buena, que sonriendo estaba más guapa, que debía ser cariñosa, dulce, educada, sentarme como una señorita, hablar bien, ni poco ni demasiado para no cansar al resto, expresar el enfado sin gritar y sin dejar de sonreír en ningún momento... ¿cómo cojones se hace eso?, perdonar a todos los que me hiriesen porque eso mostraría el gran corazón que tengo, cuidar de todos siempre, pensar en el otro antes que en mí, y pedir perdón cuando me centrase demasiado en mí, cuando hiciese demasiado ruido o cuando incumpliese cualquiera de las normas de la infinidad que existían en torno al concepto de mujer.

Darme la oportunidad de cuestionarme absolutamente todo mi ser está siendo uno de los viajes más vertiginosos, pero a la vez más emocionantes, de los que llevo. Tengo mucho miedo y también cajas llenas de tristeza y nostalgia, algunos días me esfuerzo por intentar volver a tener todo como antes, siempre acabo llorando al descubrir que eso es imposible. Otros, veo el vaso medio lleno, y abro corazón y entrañas a nuevas personas que parecen, por alguna extraña razón, querer quedarse aquí más tiempo del que creí que lo harían, también acabo llorando casi siempre, pero durante unos minutos siento como haber encontrado un refugio con agua en mitad del desierto y eso me hace también sonreír.

Respiro hondo, me corto el pelo en casa con las tijeras de la cocina para tener una excusa para ir a mi peluquero pidiéndole algo que me haga sentir más yo, me lavo la cara, me pongo mi rimel y me hago el eyeliner de colores.

No soy una persona vengativa, nunca lo he sido ni lo seré, pero no haber dejado de escribir y seguir queriendo avanzar y descubrir(me) será mi mejor y mayor venganza.

Ahora me toca a mí; destrozar tantas normas como pueda, jugar con el miedo, salir a bailar, y fantasear con seguir siendo querida y cuidada por más personas que la niña de aquí dentro cuando todo vaya cogiendo forma de nuevo.





domingo, 20 de julio de 2025

Noche de triunfos


Me gusta esto que siento, me gusta sentir tanto en los ratitos en que los miedos no están mirando, me gusta sentir como la vida explota en mi interior y como, cuando más pequeñita me siento, cuando creo haber perdido ya la partida, aparece en mí cierta valentía escondida que me hace volver a lanzarme sin miedo a las alturas. 
Te pediría un millón de veces más que bailaras a mi lado, que esta noche estás tan guapa que es imposible no perderse en tu mirada un ratito, y que sé que esto no es buena idea, pero me encanta sentirlo todo tan dentro de mí que hasta sigas estando de cierta manera mágica siempre aquí.
La magia siempre reside en los instantes más fugaces, en los más recónditos escondrijos de la cotidianidad... la encuentras en las miradas que son "casa", en las arrugas preciosas de rostros ilusionados o felices, en las manos que sostienen, acarician y cuidan sin necesidad de agarrar, en los bailes a solas, y también en los que son frente a alguien especial.
Hacía tiempo que no bailaba así, que no me sentía así; me siento cuidada, sostenida, sexy, deseada, amada y llena de colores mientras bailo; cierro los ojos para ver bien lo importante, cruzo los dedos y le suplico a cualquier dios que esto no sea un sueño.
Sé que ahí fuera aún queda mucho por curar, trabajar y sanar... pero aquí dentro siento que soy una persona nueva a la que me muero de ganas por conocer, a veces sigo echando de menos a quien fui tiempo atrás, pero cada vez soy más capaz de ver a esa versión pasada desde el amor y el agradecimiento por haberme cuidado tanto, no siempre escogió las mejores formas, pero todos sus pasos y decisiones siempre estuvieron encaminados a amarse o amar a otros y esto me hace sentir bien, creer tanto en el amor y haber sido suficientemente valientes como para ser hoy capaces de ir mirándo(nos) y descubriéndo(nos) de nuevo delante del espejo.
Los miedos siguen muy cerquita de nosotras, pero esta noche y durante estos bailes sólo me pierdo en miradas brillantes y preciosas mientras me abrazan o me observan con admiración y amor bailar sola como si nunca nadie ni nada nos hubiese herido.
Toda esta noche es importante, todos estos pasos son valiosos.

Confía, confía, confía...

Ojalá sea verdad eso de que hay sillas esperándote en mesas que aún ni conocemos.

Tengo amigas tan especiales que me emociona perderme en sus miradas y sentir que nunca fui una persona tan complicada como creía. 



jueves, 17 de julio de 2025

Ruido ensordecedor


Como una granada ensordecedora explotando en mitad de un completo silencio; ahí estaba, tu mirada nítida, formada por esos dos ojos color chocolate en los que tiempo atrás me gustaba perderme a distancia viendo como brillaban, son tan bonitos que siempre me era imposible no sonreír, mientras intentaba no dejar de mirar al suelo para que nadie me descubriera al hacerlo.
Pero esta vez era distinta, permanecí unos segundos solamente en ellos sabiendo que no era una buena idea, pero queriendo encontrar una última vez ese abrazo de despedida.
Algo aquí dentro se rompió un poquito más, es como si llevara por dentro unos puntos recién cosidos y acabara de respirar, la piel se tensa, siento un dolor punzante, y unas incontrolables ganas de llorar invaden mi mirada que ya acaba de soltarte, de nuevo.
"Ni se te ocurra llorar", "fría", "fría", "fría"... me repito continuamente mientras una lágrima acaba de deslizarse por mi mejilla. ¿Cómo cojones se supone que debo hacerlo si yo lo que quiero es ir a abrazarte una última vez?. Y es que me revienta la situación y el momento, porque mientras me alejo de ti, alguien aquí dentro no deja de gritar que no quiere irse, que quiere solo un ratito más... eres de ese tipo de personas que da igual el tiempo que pase, siempre querré quedarme cinco minutos más.

Me dicen mis amigas que este momento es el más doloroso, que luego ya va mejor, que es cuestión de acostumbrarse a la ausencia, yo sigo con la mirada fija en el suelo porque sé que si vuelvo a mirarte me pondré a llorar y me duele, joder que si duele, respiro como si estuviera bajo el agua y me quedara poco oxígeno.

Sácame de aquí, esto está a punto de saltar por las aires. 

Salgo caminando a ninguna parte por esa calle abarrotada de gente, el ruido de la misma regresa, pero sigo escuchando mi ritmo cardíaco acelerado, es como si el tiempo se hubiese detenido y ahora estuviera yendo más rápido de lo que recordaba. Mi amiga me coge de la mano y me la acaricia con ternura recordándome que ella sigue a mi lado. 

Juego con la tentación de darme la vuelta fantaseando con volver a coincidir con tu mirada, aún sabiendo que es una pésima idea, pero no sabes lo que me gustaría poder hacerlo una última vez como el día que te conocí, menudo brillo más bonito tenías. 

"No te des la vuelta", "no te des la vuelta", "no te des la vuelta"; consigo no hacerlo, pero algo aquí dentro vuelve a romperse un poquito más. Haz que deje de doler, me pide una niña asustada, no sé qué responderle, pero mis amigas me abrazan en silencio y eso me hace sentir algo mejor.

¿Qué acaba de pasar?

Te echo de menos, pero supongo que esto también pasará. 


miércoles, 2 de julio de 2025

Declaración de intenciones


Ahora mismo no estoy bien.
Ahora mismo no puedo con todo.
Ahora mismo me siento muy sola y triste.
Ahora mismo me siento perdida.
Ahora mismo me siento algo apagada
Y muy muy agotada.

Ahora mismo tengo miedo.
Ahora mismo mis miedos me controlan.
Ahora mismo mis inseguridades se hacen grandes.
Ahora mismo veo todo con un filtro blanco y negro.
Ahora mismo lloro más tiempo de lo que río.
Y me duele, me duelo en mitad de un duelo eterno.

Ahora mismo me cuesta tener energía.
Ahora mismo no duermo bien.
Ahora mismo no como bien.
Ahora mismo estoy en plena transición.
Ahora mismo me emociona cada muestra de amor.
Mis amigas me dicen "te quiero" y yo lloro porque me cuesta sentir que lo merezca.

Pero que ahora mismo esté así no significa que siempre vaya a estar así, esto también pasará y, aunque los miedos me dificulten tener una visión positiva acerca de muchos aspectos del futuro, me agarro a cierta esperanza o fuerza interna como mi faro en mitad de la oscuridad.
Lo único bueno de toda esta movida es que mi niña interna la he vuelto a sentir cerca de mí, me cuesta encontrar palabras de consuelo; intento decirle de manera convincente que todo irá bien, que ahí fuera encontraremos nuevos espacios y personas que nos querrán y cuidarán como nunca, pero que por favor no se olvide de quien lo está haciendo ya, que esta soledad molesta grita y miente mucho.



Ahora mismo mis miedos rugen.
Pero les demostraré que podré, como ya hice antes.

Ahora mismo mis inseguridades crecen.
Pero volveré a sentirme dragón, diva y reina.

Ahora mismo me siento sola.
Pero volveré del todo conmigo.

Ahora mismo siento que fuera no hay nadie.
Pero descubriré nuevos refugios y hogares.

Ahora mismo me odio por soltar.
Pero me agradeceré el haberlo hecho mañana.

Ahora mismo me siento rara.
Mañana volveré a sentirme especial.

Ahora mismo vuelvo a mi habitual segundo plano.
Pero volveré al centro, a ser la protagonista.

Ahora mismo cohibo mi rabia. 
Pero la usaré para volver al arte, o que él vuelva a mí.

Ahora mismo no puedo.
Pero te aseguro que podré.
Pero, esta vez, no me obligaré a poder sola.

Escucho ruido blanco al otro lado del teléfono...

¿Hay alguien ahí?