viernes, 3 de octubre de 2025

Noches de Madrid por los tejados


A veces odio mi mente por ser especialista en crear catastróficos escenarios que no están ocurriendo o por fijarse de más en lo que falta o en los riesgos, en vez de disfrutar el vuelo y observar todo lo bueno que sí existe, que sí está ocurriendo.
A veces me sigue asustando mi propia mente por la velocidad a la que va y la capacidad que algunos días tiene de hacerme daño, de hacerme sentir mal, demasiado pequeña o invisible ante el mundo, olvidando que no puedo ser vista sin ni siquiera levantar la voz o hacer algún pequeño gesto hacia fuera de que existo, de que estoy aquí, de que necesito cosas, siento cosas, deseo cosas del otro... supongo que es algo inevitable de ser humana y real.
Unos ojos chocolate me observan con ternura, tiene unos ojos preciosos llenos de luciérnagas saltarinas, y eso dificulta mantener la calma, pero también me permite deshacerme de todas esas preocupaciones y miedos que cargaba, me siento estúpida al recordarme llorando pensando en la infinidad de veces que he sentido que todo iba a salir horrible y luego ocurrió todo lo contrario... tengo a los miedos algo confusos buscando un sentido a su existencia en estos momentos. 

Estoy aprendiendo mucho últimamente de mí misma y de las relaciones, nunca creí que este proceso pudiera hacerlo acompañada; por lo general, suelo ser yo misma siempre quien escapa antes de que el otro lo haga o quien se encierra a solas cuando hay que mirar aquí dentro, pero esta vez es distinta. Me observo por dentro, sin dejar de estar a su lado, y mis mejillas enrojecen cada vez que aparece algo en mí que me hace más humana o real de lo que me permito, el sinvergüenza que tengo enfrente se echa a reír sin el más mínimo atisbo de que esto le preocupe y me sonríe de una forma especial...
Que sonrisa más bonita tiene... me quedo embobada colgada a ella y por dentro escucho esas voces procedentes de los malditos miedos: "Laura por favor, estabas mirándote a ti misma, no a su sonrisa", "¿pero se puede saber de qué te ríes?, esto es serio, puede suponer el fin de vuestra relación", "ya hablaremos nosotros contigo en casa y verás como no te sientes ya tan bien".
Me gustaría controlar mejor a mis miedos, pero me cuesta; no obstante, recuerdo las palabras de mi psicóloga: "aléjate de tu mente un ratito, escucha a tus tripas y cuerpo, ellos también saben y muestran mucho de cómo van las cosas".

Siempre noto cierto puñado de nervios que me genera vergüenza, pero que también me gusta sentir al perderme en esos ojos chocolate; he descubierto que me gusta mucho que me cuiden, que me escuchen, que me intenten entender y que cuenten conmigo. Sinceramente, no sé si voy bien o mal, pero algo debo de estar haciendo bien cuando ya no siento cada abrazo como el último, aún así (y por si acaso) lo doy siempre con el pecho abierto y los ojos cerrados. 

Llego a casa, escucho varios audios de mis amigas validando todas mis emociones, riéndose de la infinidad de escenarios catastróficos que les he descrito antes tal película de terror o repitiéndome de nuevo que respete mis ritmos y necesidades, en otro de mis chats de WhatsApp leo un "Te quiero preciosa, me voy a la cama, mañana hablamos" y un "Lo estás haciendo muy bien".

Me doy una ducha que mi cuerpo agradece relajándose por fin, sonrío y lloro a la vez y escribo en la mampara de mi ducha: "No estoy sola".

Intentaré no olvidarlo ni hasta cuando los miedos saquen la artillería pesada.

Gracias. 



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