Te diría que esta es la última vez que voy a escribirte, pero sé que no es verdad, así que te diré que intentaré que esta sea la última vez que te escribo este año.
Siento tantas cosas y tan contradictorias dentro de mí que suelo necesitar parar y descansar en muchos momentos; intento cuidar con cariño y esmero la imagen que tenía de ti, agradecer a menudo todo lo bueno y lo importante que, consciente o inconscientemente, me has dado y has significado para mí.
Me esfuerzo, paso a paso, en aprender a soltar todo lo que siento, sin caer en el odio o en el reproche fácil; no quiero odiarte, ni mucho menos colocarte como el villano, cuando ni siquiera estoy segura de si alguna vez me has visto de verdad, es complicado cuidar del otro sin antes haber levantado la cabeza, y eso es algo que ni yo ni nadie puede hacer por ti.
Me gusta pensar que no supiste hacer las cosas mejor, que suficiente ruido, dolor y batallas arrastras contigo mismo como para poder acompañar el de otra persona, es una manera de seguir cuidando y protegiendo parte de la belleza que observé en ti, pero me duele, ostia que si me duele... me duele porque todo en lo que creía, en referencia a ti, se tambalea y me hace culpabilizarme por esperar de ti que estuvieras cuando, en realidad, llevabas meses pidiéndome irte, lo siento por no haberte escuchado, yo también lo hice mal esperando de ti los cuidados que necesitabas más tú que yo, pero no te negaré que esperaba una carta de despedida, un "lo siento, no he sabido hacerlo mejor", ojalá te hubieras despedido en el primer momento en que sentiste que ya no querías estar aquí.
Sigo llorando a menudo, la maldita tristeza sigue acompañándome todo el día, aparece también en esos momentos que deberían ser felices, y esto me duele de una manera que me asusta volver a sentir, las navidades y todos sus artificios no ayudan en este proceso, intento tomármelo con calma, mi psicóloga me asegura que todo irá bien y que está orgullosa de mí.
Me cuesta gestionar la rabia, así como muchas otras emociones, pero pensar en cómo fui yo me calma; sentí un gran cariño por ti desde un lugar limpio, acogedor y con las manos abiertas, siempre dispuestas al abrazo fuerte o a las caricias especiales para espantar a la soledad durante un ratito, me siento tan feliz de haberte regalado esos ratitos de paz o los colores que tanto te cuesta observar fuera; conocía los riesgos desde el primer día, pero esa mirada preciosa y triste pedía un refugio en el que descansar, y yo no dudé en tirar escudo y espada por dártelo, o intentarlo. Me faltó una despedida por tu parte, me faltó la valentía de preguntarte si querías seguir estando, yo no la tuve para preguntártelo y tú no la tuviste para soltar lo que ya no podías o querías sostener.
Cuida mejor a las personas, por favor. Hay personas a tu alrededor que estoy segura de que moverían tierra y mar por ti, pero, esas personas también necesitan que hoy seas tú quien les abraces, quien les preguntes por su día, quien des el primer paso o quien les des la mano cuando tengan miedo, en vez de soltársela, no tienes que hacer nada grandioso, basta con estar. Y si no, por favor, despídete con el mismo cariño y amor que tú antes has recibido, sé que cuando la tristeza y el dolor aprietan puede ser muy complicado estar para el otro, pero por favor no les dejes solos, estoy segura que si lo haces nunca te lo echarán en cara, pero ellos también necesitan ser escuchados y abrazados, y no solo ser quienes escuchan y abrazan.
Me voy con un corazón repleto de cariño, con manos llenas de caricias y mimos dados y recibidos, con los brillos preciosos de la mirada de quien, a veces, intentó creer de nuevo en la magia, con la seguridad de quien sabe que lo hizo con el corazón temblando, pero deseando un ratito más de paz junto a ti antes de la tormenta, con la ternura que encontró en esa mirada triste, con los maullidos de fondo de quienes me robaron el corazón, y con el calor de ese refugio en el que nuevas partes de mí se atrevieron a salir, no me debes nada, lo hice todo con amor y por amor.
Obviamente, la parte de ir soltando ahora no es que me haga mucha gracia, yo quería quedarme todavía un ratito más, pero cada día me vuelvo a mirar con más paciencia, con más amor, me libero de la culpa, abrazo mi intensidad, mi vulnerabilidad y mi manera de sentir, le lanzo un beso a la persona del espejo y le llamo valiente, estoy tan orgullosa de ella, te prometo que todo irá bien.
Le doy un último beso a tu recuerdo, deseando que sirva como una especie de escudo protector cuando la tristeza o el dolor no te hagan ver más allá de esa habitación oscura, después recojo con extremo cuidado y ternura la persona que fui contigo, prometiéndole todo el amor y todos los colores que tú siempre creíste no tener y no poder dar, ojalá algún día te des una oportunidad de que salga bien.
A veces hay que jugársela, podrías empezar por ti, a ver qué pasa...
Ojalá te vaya todo muy muy bien, ojalá te des una oportunidad y ojalá te pasen todas esas cosas buenas que ni te crees que puedes vivir.
Te deseo todo el amor y todos los cuidados del mundo, ojalá los sepas recibir, ojalá sientas que es un abrazo y no un disparo lo que, a veces, el otro te quiere dar; conlleva sus riesgos, por supuesto, pero es una sensación alucinante la de ponerte frente al otro y recibir un abrazo cuando esperaban un disparo.
Ojalá no hubieras disparado, Ojalá me hubieras abrazado
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