sábado, 27 de marzo de 2021

Estamos hechos del mismo material que los sueños

Creces de sopetón, sin previo aviso y sin poder retroceder, y entonces te das cuenta de por qué Peter Pan no quería hacerlo, que ya lo dijo él mismo, es una trampa de la cual nadie puede librarse. 
Todo se queda congelado en una realidad de la cual ya no formamos parte; el sillón de la entrada ahora parece tan grande y espacioso que asusta observarlo, a simple vista está lleno de polvo, pero si te fijas con atención salen algunos destellos provocados por recuerdos que bailan una última canción; la puerta está cerrada y dentro sólo se escucha la voz de algún profesor o el sonido del tráfico llenando la sala de ruido y eliminando el sonido del silencio escandaloso de las risas, los llantos y las explosiones de emociones y sentimientos que ayer llenaban un lienzo de colores tan mágicos y brillantes que ni siquiera son fácilmente perceptibles por la mayoría de las personas de ahí fuera.
Hoy sobra espacio donde ayer faltaba, el poder colocar los bolsos y abrigos en distintos sitios lo invade todo de un sabor agridulce que te hace salir corriendo o quedarte inmóvil contemplando un escenario vacío que nada tiene de vacío y rezando a un dios en el que ni crees para que se vuelvan a encender las luces, aunque sólo sean cinco minutos más.
Los relojes controlan el tiempo y te obligan a despedirte de donde nunca quisiste irte, las calles son sólo calles que te observan caminar con prisas por una montaña de preocupaciones que no hace más que crecer, los paraguas te cubren de la lluvia y el semáforo en rojo te hace creer que hemos perdido todo lo que ayer parecía eterno.
Algunos lugares se han convertido en museos preciosos de los planes de futuro que, probablemente, no llegarán, o no de la manera en la que los habíamos imaginado, pero también contiene un pasado tan parecido a NuncaJamás que ni el tiempo ni el ruido de ahí fuera se atreve a aparecer. 
El presente se engaña a sí mismo y te hace creer que todo fue un sueño demasiado bonito para ser real, a veces la realidad es tan aplastante que puede durar varias meses esta sensación, te dicen que es cuestión de tiempo, que todo pasará y que la función no ha hecho más que empezar.
Mentiras, mentiras y más mentiras por parte de quien solo conoce este mundo al ritmo de un reloj que nunca para y controlado por una alarma que te recuerda cosas banales de una realidad superficial y aburrida.
Pero entonces ocurre, el mismo día que te rindes y que aceptas lo que venga por miedo a que no deje de doler nunca es cuando te das cuenta que lo lograsteis, aunque no fuera como lo habíais imaginado.
Escuchas tu nombre  pronunciado con alegría al salir de Lista, la última carcajada antes de girar la esquina, el olor a tabaco antes de entrar, la sonrisa de bienvenida, el abrazo de oso que te devuelve el amor y la confianza, los gritos de ilusión al fondo de todo, el sonido de las zancadas de alguien que sólo quiere estar a tu lado porque te echaba de menos, el sonido de la maquina de café entre conversaciones animadas de quienes no quieren volver todavía a la biblioteca, y un montón de hojas volando a nuestro alrededor y regalándonos los últimos cinco minutos antes de que la función empiece.
Todos estos lugares están vacíos y en completo silencio, ¿cómo es posible observarlos tan llenos de vida?.
A veces me da tanto miedo sentirlos con tanta intensidad que permanezco inmóvil pidiendo que no duela demasiado, que ya lo hizo ayer y que hoy no quiero volver a las mismas sensaciones.
Pero cada día lo hace un poco menos, te abraza con tanta fuerza y amor que parece que nada cambió, ojalá.
Permanezco abrazada a una realidad que ya se fue con los ojos cerrados y pidiéndole antes de soltar de nuevo que por favor no se vaya, que estoy muerta de miedo porque nunca me había sentido así y que no sé qué hacer ni que viene ahora, esta me abre el pecho de par en par mientras me seco las lágrimas con rapidez notando el nudo de mi garganta apretando.
-Todo sigue aquí pequeña, lo conseguiste, te permitiste sentirlo todo con tanta intensidad y valentía que ya no sé irán, los tienes aquí para siempre aunque no estén a tu lado, pero ahora debes irte de aquí, mírate, lo estás deseando, te prometo que vas volver a ser esa chica tan feliz que ni se creía que pudiera ser real lo que estaba viviendo.
No me sale la voz ni aún esforzándome y sólo permanezco abrazada cinco minutos más prometiendo que luego soltaré, beso con todo el amor del mundo el momento, observo todo desde lejos y me acurruco en ese sillón lleno de polvo.
Y después, con un nudo ahora en el pecho, agradezco el viaje, sin duda alguna una aventura inolvidable.
Tengo un puñado de ilusión que cada día es más grande y otro de miedos que me impide hablar en más ocasiones de las que me gustaría, salgo ahí fuera, respiro dos veces hondo y una niña con apariencia divertida me susurra desde dentro:
-Prepárate, que la función está a punto de empezar y  sé que nos va a salir bien, confía en mí.
No sé si me dice la verdad o no, pero no me queda otra opción que confiar en ella.

domingo, 21 de marzo de 2021

Mujer enredadera


Mujer enredadera.
Que baila tímidamente y que lo ve todo desde su espacio seguro.
Mujer enredadera que se ríe de la vida y que llora a escondidas cuando esta duele.
Mujer enredadera que agarra del corazón; a veces el de otros, a veces el suyo, con miedo a soltar por el frío que ya conoció.
Mujer enredadera que se ilusiona con facilidad y sueña con los ojos abiertos.
Mujer enredadera que tanto quiere a otros y que tan poco se quería a ella.
Mujer enredadera que escapó de la tormentas y al final no le quedó otra opción que aprender a respirar y bailar bajo ella.
Mujer enredadera que todavía fantasea con un pasado que ya se fue al no creer que el futuro lo pueda superar.
Mujer enredadera que decía conocerse, que aseguraba haber encontrado las respuestas, y fue entonces cuando cambiaron todas las preguntas.
Mujer enredadera que por no escucharse tuvo que aprender por las malas, y entonces observó un cuerpo físicamente agotado.
Mujer enredadera que tantas veces se sintió defectuosa o pequeña por sentir que le faltaba el manual de instrucciones, cuando en realidad sólo hace falta tiempo, para todo y para nada a la vez, o eso dicen.
Mujer enredadera que tiembla ante la ambivalencia de placer y dolor corriéndose juntos mientras un llanto incontrolable interrumpe el gemido deseado.
Mujer enredadera que baila y que se emociona paseando por esa calle perdida al verla abarrotada de personas, aún estando vacía.
Mujer enredadera que siente que todo lo está haciendo mal, olvidándose de que ayer era Domingo y no se quedó en la cama.
Mujer enredadera que escribe porque no conoce otra forma de respirar, de vivir, de ser.
Mujer enredadera que de fácil no tienes nada, pero brilla a distancia por el conjunto de rarezas y peculiaridades en las que no siempre supo apreciar la belleza.
Mujer enredadera que se coloca su escudo y sus "estoy bien" mientras que la chica del espejo no sabe decir casi ningún día cómo está.
Mujer enredadera que se deja morder, pero no atrapar.
Mujer enredadera que viaja a otros mundos cuando este no lo entiende.
Mujer enredadera que afirma que lo suyo es escuchar por miedo a hablar.
Mujer enredadera que se maquilla de colores unos ojos que sólo piden quedarse cinco minutos más en donde fue tan feliz.
Mujer enredadera que anda algo perdida la mayor parte del tiempo, pero descubriendo nuevos rincones de este lugar, tal vez sea el mismo de siempre o tal vez no tenga nada que ver.
Mujer enredadera que llena folios en blanco de pensamientos aleatorios sin encontrarles todavía sentido ni orden.
Mujer enredadera que se abre el pecho de par en par con curiosidad por saber que hay dentro y descubriendo que no está vacío ni mucho menos.
Mujer enredadera que descubrió en una madre la mirada miedosa de quien no quiere conocer, pero por primera vez también apareció cierto puñado de ganas de quien no quiere perderse a una hija.
Mujer enredadera que dice ser caótica cuando, en realidad, su orden y ritmo no es igual al resto, pero no por eso carece de ello.
Mujer enredadera que salta en cada charco que ve, que se emociona con facilidad y que se ilusiona cuando algún desconocido  le saluda por la calle cuando le pillan bailando.
Mujer enredadera que tiene tantas ganas de crear como de quemarlo todo.
Mujer enredadera que agarra con miedo esa hoja en blanco por miedo a la ausencia de inspiración.
Espera, sólo cinco minutos más, la función está a punto de empezar o de acabar, según por donde se quiera ver o se pueda ver.

domingo, 7 de marzo de 2021

Como de costumbre, Domingo


Tal vez los tristes seamos nosotros y no los Domingos, tal vez los Domingos no sean más que un recordatorio de que esa semana ya ha terminado, y tal vez en ella hayamos vivido las últimas veces de momentos en los que pedíamos siempre cinco minutos más, aún sabiendo que no serían suficientes.
Me asombra y envidio a la vez el ver como al resto de personas les cuesta, aparentemente, tan poco esfuerzo esto; vuestros últimos abrazos, vuestras últimas conversaciones sin formalismos de por medio, vuestro último concierto, vuestra última fiesta, vuestra última borrachera, vuestro último baile, vuestro último viaje en metro sin saber ni qué hora era, y vuestro último "quédate cinco minutos más".
Y luego todo eso desapareció como si nunca hubiera sucedido, como si hubiera sido un sueño demasiado bonito para ser verdad, y después de unos cuantos días aceptáis todo tal cual es y os emociona y tenéis ganas de los planes futuros aunque todavía ni los conozcáis...
¿Cómo coño lo hacéis?.
Es una gran mierda engañar a todos creyendo que estás mejor de lo que estás porque esto hace que ya no puedas hablar con nadie de todo esto por el miedo a volver a sentirte cómo te sentiste, así que aceptas todo tal cual venga con la ínfima esperanza de que así vuelvas a entender las normas del resto de personas, pero es que ni las entiendo ni las quiero entender, me falta un punto de información en el que me aseguren que no fue un sueño, que el ayer está bien guardado y que no desaparecerá aunque así lo sienta en ocasiones, me falta un manual de instrucciones al que acudir cuando nada me funcione.
¿Nunca os ha pasado que teníais tanto miedo a que terminase algo que cuando terminó, aunque os duela muchísimo, habéis sentido cierto alivio por sentir que así ya no podíais cagarla de lleno?
Es algo así como una bomba llena de dementores que escondes bajo tu pecho al creer que no tienes derecho a hablar de ello y creyendo que podrás mantenerla mucho tiempo ahí escondida; pero la bomba explota y tienes dos opciones, o muestras lo que hay en su interior al resto de personas mientras buscas alguna excusa para justificar el no haberlo hecho antes o huyes tan lejos como puedas creyendo que así no te alcanzarán, esta es la opción fácil, pero es la que más duele.
¿A quién coño queremos engañar?.
Somos una panda de cobardes que escribe en sus redes sociales una lista de sueños e ilusiones, pero cuando las están viviendo no se creen merecedores de ello y hacen todo lo que esté en su mano para confirmar sus creencias de que no saldrá bien, y joder no, ahora no me abraces que ya me conozco; te abraza esa amiga que siempre sabe cómo estás aunque no se lo hayas dicho y sientes un montón de alfileres en el pecho y en el cuello destrozándolo todo con rabia por no haberlos liberado cuando te pidieron por primera vez algo de oxígeno.
"Te prometo que en un tiempo pensarás en todo, lo verás desde fuera y entenderás que todo esto era necesario para poder avanzar".
Menuda mierda de frase me acaban de soltar, aunque yo tampoco sabría que decirme para que duela menos, voy a ser sincera, estoy muerta de miedo por muchas razones, me siento tan perdida o tan desubicada que por no saber, no sé ni que viene ahora, permanezco intentando llegar a todo y a veces siento que sí, que avanzo, pero no sé exactamente hacia dónde.
Me paso casi media hora delante del espejo intentando que las emociones, sentimientos, sensaciones o el caos de cosas sinsentido de aquí dentro no me abrumen a la hora de hablar, como si fuera el último ensayo antes de empezar una obra que ni me he leído.
En el espejo me sale de puta madre, pero ahí fuera todo se desmorona como un castillo de naipes gobernado por el miedo a ser capaz de lograrlo, de conseguirlo y de tener entonces que cambiar mis esquemas previos de qué todo esto es el nudo de la historia, en vez de los primeros capítulos de esta.
Ayer me dijeron que observo y pienso demasiado, pero que hablo muy poco y que molaría saber que hay aquí dentro, me dieron ganas de soltar un "no quieras saberlo", pero fui capaz de disfrutar de la sensación de creer que querían saberlo de verdad y que, esta vez, yo sabría hablarles de todo, eso sí que sería una fantasía, pero las fantasías son eso, simples fantasías que todavía no me imagino capaz de llevar a cabo.
Y sí, hoy es Domingo y no sé si el triste es él o yo. 

viernes, 5 de marzo de 2021

Los abrazos siempre serán el mejor lenguaje


Hoy era el día de las fotos de la orla, me hacía ilusión ya que es la primera vez en mi vida que me hago este tipo de fotos, aunque a la vez, el no creerme del todo que pueda lograrlo me impedía disfrutar las sensaciones del todo, aún así tenía ganas de hacerlo.

Me abrió una chica con un rostro lleno de pecas, me colocó la toga oscura y me sonrío de manera simpática; no pasaron más de dos minutos hasta que por la puerta se escuchó la voz grave y cansada de quien se había pegado un viaje de varias horas sólo por estar hoy aquí, poco después una esfera de dulzura e ilusión apareció por la puerta abarrotándonos de abrazos y, por último, los gritos de emoción de esa amiga que se ilusiona más que tú ante las cosas buenas que te pasan hizo de ese pequeño gran reencuentro algo realmente bonito.

Nadie decía con claridad nada a lo largo de la sesión de fotos, no sé por que nos tiene que costar siempre tanto decir que nos echábamos mucho de menos, pero ninguno parábamos de sonreír como idiotas y hablar de las cosas más absurdas, a la vez y como ya era de esperar cierta nostalgia saltaba de pecho en pecho y de mirada en mirada al darnos cuanta en algunos momentos que esto se estaba acabando, daba un poco de vértigo ser conscientes de ello, y sobre todo el pensar en qué momento había pasado ya todo lo que habíamos vivido de largo para dar paso a un futuro que todavía observo como un folio en blanco al desconocer qué hay al girar la esquina.

Después acabamos perdidos en el bar más cute de Madrid, por supuesto gluten free, y con el sabor de varias tartas y galletas como el mejor aperitivo para un reencuentro.

Uno de nosotros recordó uno de los muchísimos momentos increíbles de estos últimos años, después de ese vinieron muchos más, y a través de ellos las miradas empezaron a crear estrellas fugaces en el centro de las pupilas que se movían con rapidez, me declaro fan absoluta de los rostros de las personas cuando hablan de instantes en los cuales fueron muy felices, me parecen tan preciosos...

Y por eso mismo, y para que nadie pensara que estoy loca (más de lo que ya lo puedan pensar), escondí una de mis manos bajo la mesa, cruce el dedo índice con el del medio y repetí tres veces en mi cabeza:

"Por favor que no pase muy rápido este momento"

"Por favor que no pase muy rápido este momento"

"Por favor que no pase muy rápido este momento"

Obviamente ya todo había cambiado lo suficiente para dejar de seguir creyendo que seguía igual y que este tiempo sólo era una pausa intermedia, pero todos llevábamos mucho echándonos de menos, cada uno lo manifestaba de diferentes formas y, aunque sabíamos que no eran suficientes unas cuantas horas, nos sirvieron para recuperar parte de la energía y alegría cuya ausencia era notable otros días.

Las despedidas como siempre volvieron a sacarnos de esa esfera mágica y ser un desagradable recordatorio de que cada uno se tenía que ir ya o antes de tiempo como producto de cómo estaba todo aquí y ahora, pero pese a todo fue una mañana sencilla y especial en la que durante unas horas retrocedimos en el tiempo y fantaseamos con la realidad dándole la forma y colores que nosotros quisiéramos.

Y no sé, es cierto que a veces todo puede doler en exceso, pero otras veces abraza con fuerza y ganas haciéndote sentir de nuevo en familia unos minutos; y por supuesto que nunca serán suficientes si lo que quieres es una eternidad imposible de alcanzar en un momento concreto del pasado o del presente, pero aún así fueron bonitos esos minutos. 

martes, 2 de marzo de 2021

No vengo a hablar de nada en concreto


Hoy el pasado apareció de golpe y sin previo aviso, mordió con tanta fuerza y agresividad que el dolor sólo me permitió el llanto como la única forma de coger aire, odio cuando me pasan estas cosas y pierdo todo el control que creía estar adquiriendo, aunque, al menos, ya no caigo mientras duran estos momentos en la falsa idea de creer que no he avanzado nada, entiendo que las recaídas a veces son inevitables, pero me produce mucho miedo estas situaciones por no saber si desaparecerán estas sensaciones en algún momento o simplemente me acostumbraré o aprenderé a gestionarlas, muchos ahí fuera me han dicho que sólo es tiempo, pero eso no es suficiente para que deje de asustarme.
Empieza como una tormenta, al comienzo es una lluvia leve, pero justo en el centro del pecho sientes como va aumentando su intensidad y rabia, va creciendo y empiezas a temblar por las experiencias pasadas de este tipo de momentos, intentas tranquilizarte con alguna de esas frases típicas que nadie se cree cuando se dice a sí mismo y ante su ineficacia cierras los ojos y pides a un dios en el que ni crees que pase rápido o, al menos, que no duela mucho. 
Me cuesta todavía entender el por qué nos puede hacer daño recordar momentos en los que éramos muy felices, ¿no deberíamos sentirnos bien al pensar en ellos por el hecho de haberlos vivido?.
Sería una verdadera fantasía que así fuera, pero para eso creo que es necesario un nivel de introspección y trabajo interno que todavía no soy capaz de realizar, o no en la medida en que me gustaría.
Molaría mucho algún día alcanzar el suficiente nivel de confianza para verbalizar con alguien cómo nos sentimos en este tipo de momentos, y cuando digo alguien me refiero a alguien más que a tu psicóloga.
Pero no, no lo hacemos porque ni sabemos cómo hacerlo ni nos sentimos capaces de ello, así que decidimos como buenamente se pueda respirar profundo y dejar que pase o fantasear con que es la última vez que te sentirás así.
Y al día siguiente...¡magia!, no sé explicar cómo lo hacemos porque a veces lo he hecho sin saber cómo lo había logrado, pero conseguimos sentirnos de nuevo mejor y ser conscientes de que lo de ayer fue una recaída y no una pérdida de todo lo que llevamos logrado.
Y entonces, sintiéndonos mejor con nosotros mismos y viendo de nuevo el futuro sin tantos miedos hablamos de nuestros planes futuros, de nuestros avances personales, de aquellos aspectos bonitos del pasado, y de lo que te gustaría encontrarte en un futuro cercano, pero no mencionamos nunca que los mismos recuerdos del pasado que tan felices nos hicieron tienen también la capacidad de ponerse a saltar justo donde llevas algún que otro rasguño curando todavía.
Eso nos lo guardamos para nosotros porque cuando ni nosotros mismos somos capaces de gestionar el dolor y/o el miedo en esos momentos nos asusta reconocerlo abiertamente por lo vulnerables que nos hace sentir. 
No sé, yo lo escribo como siempre hago para que de alguna forma no quede dentro de mí y no pese tanto, y así, aunque siga doliendo, no me olvido de respirar. 

domingo, 28 de febrero de 2021

Cajas de cartón


La mariposa no puede volar cuando llueve y vuelve a sentirse la oruga de una caja de zapatos olvidada, unas manos torpes y pequeñas la agarran sin cuidado y reza a un dios en el que ni cree por salir de ahí, por no tener tanto miedo a la vida, por mantener en pie la idea de que hay vida fuera de esta caja de zapatos.
La mariposa vuela, la mariposa baila, la mariposa aprende a aterrizar con el paso del tiempo y tras muchas caídas, la mariposa viaja tan lejos como puede y conoce a otras mariposas con tantos sueños como ganas de cumplirlos.
Ella permanece cerca de ellas al sentirse la mariposa más preciosa de todas, se siente tan invencible que no deja de bailar, y su admiración por la mariposa que ve reflejada en los charcos no deja de aumentar.
Hasta que un día llueve, hay una tormenta y pierde el rumbo del camino que antes visualizaba con tanta claridad, observa que cada mariposa escoge una trayectoria distinta y en un comienzo siente rabia, se siente estúpida por creer que todo esto ha sido un sueño y que la realidad sigue siendo la de esa oruga escondida bajo una hoja que le sirve de refugio.
No sabe si se trata de un ángel de la guarda, una energía misteriosa e invisible ante sus ojos o la pequeña y remota posibilidad de que no haya sido un sueño... algo dentro de ella le hace volar tan alto que hasta las nubes se quedan por debajo, y entonces es consciente por primera vez de que ella decide el rumbo, descubriendo así que el resto de mariposas por las cuales sentía gran admiración son un claro reflejo de ella, le cuesta creerlo pero así es, que una mariposa no pueda ver sus propias alas no significa que no las tenga.
No es miedo exactamente lo que siente, es algo así como nerviosismo, incertidumbre, ilusión, tristeza entremezclada por lo que atrás quedó y cierta confusión ya que es la primera vez que no tiene un plan, un mapa, una ruta que seguir.
Observa en una clase abarrotada de niños y niña que chillan sin parar una caja al descubierto con varias orugas en su interior, una de ellas le mira con admiración y asombro y no sabe exactamente la razón, pero siente que este momento ya lo vivió antes.

viernes, 19 de febrero de 2021

Soplé mientras el deseo que acababa de pedir me daba un último abrazo


Sopló las velas teniendo el deseo delante de sus ojos, lo hizo tan fuerte que los pétalos de incontables flores salieron volando, llevándose con ellas justo al deseo que acababa de pedir y que hasta hace unos segundos le llenaba de mariposas el alma.
Volvió a encender las velas con rapidez, cerró los ojos, volvió a pedir lo mismo, un deseo que ahora no estaba a su alrededor, sopló con un puñado de mariposas revoloteando algo confundidas en su interior y después abrió los ojos muy despacio, nada.
No sabía lo que hacer, llevaba unos años pidiendo el mismo deseo y nunca se lo confesaba a nadie por miedo a que dejara de cumplirse; su alrededor lloraba la ausencia de quien se fue demasiado pronto, pero ella no lo hacía, ni siquiera sentía dolor, pues unos miligramos de esperanza le hacían creer que en cualquier momento se despertaría y comprobaría que su deseo seguía cumpliéndose como tiempo atrás.
Pero no fue así, esta vez no ocurriría y empezaba, con temor, a sospechar que le había perdido, empezó a creer que ese: "seguiré muy cerca" escondía un "adiós" que ninguno de los dos se atrevió a pronunciar.
Él siempre hacía de las suyas para no irse del todo, para quedarse a su lado, pero esta vez no estaba, ella no lloraba y ni siquiera le dolía sentir esa ausencia, ¿acaso no le quería lo suficiente para que no le afectase que ya no siguiera a su lado?.
Cada noche permanecía unos minutos repitiéndose que se había ido, casi ninguna de las veces se lo creía del todo, y aquellas en que lo hacía sentía un vacío ahí dentro que ocupaba todo su ser, impidiendo cualquier otro tipo de sentimiento o emoción.
Su alrededor lloraba y en sus miradas perdidas se apreciaba el dolor de una pérdida que fue demasiado temprana, en ella empezó a nacer un dolor intenso y constante al comprobar que estaba esperando un regreso que no tendría lugar, o verse en la obligación de aceptar que no quedaba nada de él que pudiera abrazar.
Pasaron varias semanas y el dolor aumentaba por momentos, pero sus lágrimas sólo invadían su interior de un sabor amargo y salado que humedecía las alas de las mariposas que tantas otras veces le habían hecho sentir tan especial.
Pasados unos meses, tiempo en el cual se había generado un vacío dentro de ella que había ido reduciendo el número de veces que sonreía, decidió escribir sobre aquel deseo que había pedido al soplar las velas durante años.
Esa noche había soñado con él y quería dejar una prueba de que aún era posible encontrarle de nuevo algún día en algún rincón perdido.
Nunca había probado a escribir por voluntad propia, siempre lo había hecho por cuestiones académicas o dirigiéndose a otra persona.
Observó la hoja blanca con curiosidad y empezó a escribir, según lo iba haciendo se iba alejando de este mundo, viajando a otro desconocido hasta entonces, y una sensación de paz, felicidad y libertad iba apoderándose de unas mariposas que en un pasado habitaron su interior.
Según lo iba haciendo más y más, sentía que aquello que había pedido al soplar las velas hace unos años se estaba cumpliendo igual que años pasados, algo que hizo que se emocionase y se liberase de todo lo que no había podido hasta entonces.
Seguía escribiendo, estas sensaciones aumentaban en su interior y una enorme alegría le hacía mostrar una sonrisa mezclada con cierta incredulidad por lo que estaba ocurriendo.
- "Ya te dije que yo me iba a quedar cerquita de ti siempre"
- "¿Abuelo?"
- "¿Qué feixes pichuleira?" le dijo con voz cariñosa.

Y ahí se dio cuenta que su deseo al soplar las velas sí se había cumplido, él seguía a su lado y seguiría siempre porque, sin ella haberlo sabido, su abuelo le había hecho un último regalo, el mejor de todos, la escritura.
En ella podría encontrarle y abrazarle siempre que lo necesitase, podría viajar y crear nuevos mundos, podría contarle todo lo que quisiera y, sobre todo, podría recuperar su camino siempre que lo hubiera perdido y, con ello, su libertad para decidir cuál sería su historia.
Mi abuelo se fue demasiado pronto, porque todos estamos de acuerdo en que los abuelos y abuelas deberían ser eternos, pero mi abuelo esto lo logró, jugueteó con el tiempo y lo abrazó con fuerza para que no se fuera tan rápido, acarició los corazones que latían cerca de él con tanto amor que hasta emocionó a la muerte, negoció con ella y peleó hasta el final por quedarse 5 minutos más antes de que las estrellas, envidiosas como nadie, quisieran besarle.
Pero mi abuelo era mágico, logró burlarse de las normas y del tiempo y me hizo un último regalo para estar juntos para siempre; me regaló un poder, un poquito de su magia, y un muchito de su amor, me regaló un refugio, un salvavidas y un espejo para conocer a la persona más importante de mi vida, me regaló un mundo nuevo e infinidad de seres mágicos que me prometió que siempre los tendría si los cuidaba con esmero, me regaló un puñado de valentía y otro de ilusión, me regaló la despedida más preciosa del mundo dentro del reencuentro más especial de todos, prometió quedarse a mi lado y, por si caso, yo lo pedí durante años al soplar las velas.
Lo logró, lo logramos.
Mi abuelo me dejó una hoja en blanco que siempre la había visto en blanco hasta que se fue y,  desde entonces, ya nunca más volví a ver sólo una hoja en blanco.
Gracias abuelo, gracias por quererme y cuidarme tan bien, pero sobre todo, por no haberte ido del todo, por haberte quedado a mi lado, y por ese último gran regalo que me hiciste.
Te llevo siempre conmigo 🖤🐘🐿

martes, 16 de febrero de 2021

Ya dejó de llover, ya podemos salir y volver a jugar


Juguemos a que te echo de menos.
Juguemos a que te lo digo.
Juguemos a que las lágrimas o el miedo no me impiden hablar esta vez.
Y hablemos, hablemos como antes.
Juguemos a que te digo que te quiero,
que para mí eres importante y que no te lo digo porque sé que me sentiré incomoda por tu reacción.
Juguemos a que apareces de repente.
Juguemos a imaginar que te quedas, que no existe una despedida planificada, que tienes una habitación y que quieres quedarte en ella.
Juguemos a que se nos olvide el paso del tiempo.
Juguemos a que todo vuelve a ser fácil, aunque sólo sean 5minutos antes de despertar.
Juguemos a que me abrazas, a que te abrazo, y por favor que no sea el último.
Juguemos a que hay sitio para todos y esta vez no falta nadie.
Juguemos a que te digo que lo conseguí, que te quiero, que eres especial y lo vas a ser el resto de mi vida, pero no eres para mí.
Juguemos a que se nos vuelve a quedar pequeño ese sillón.
Juguemos a viajar a nuestro propio mundo y conocer a todos los seres mágicos que allí habitan.
Juguemos a que sean el sonido de las voces el que llene el espacio.
Juguemos a que algún día sostengo un libro entre mis manos y dentro de él sí que somos eternos.
Juguemos a que esa no es la última canción.
Juguemos a que aún queda otra ronda de chupitos.
Juguemos a que nadie se tenga que ir antes de tiempo.
Juguemos a que de pronto, entre el barullo, suena una carcajada.
Y ahí estás, sosteniendo las llaves de un piso como producto de haber deseado con tanta fuerza verte volver, ya sé que no pasará.
Pero, al menos, el de volver a verte sí se ha cumplido.
Juguemos a que ahí fuera llueve y aquí dentro cada día lo hace con menos frecuencia.
Juguemos a ser los personajes de una película de Domingo con final feliz, o mejor, sin final.
Juguemos a que entro de nuevo en una sala cualquiera y ya nunca más volvió a ser una sala cualquiera.
Juguemos a que los kilómetros se pueden quitar con una pala igual que la nieve.
Juguemos a que a las buenas personas no les puede pasar nada malo.
Juguemos a que no existen las despedidas.
Juguemos a vivir juntos en medio del campo.
Juguemos a que dejamos las pantallas de lado.
Juguemos, un poco más, al juego peligroso de creer que esto era para siempre.
A veces ves el muro y sientes la necesidad de acelerar por la pequeña posibilidad de romperlo esta vez.
Juguemos a tantos juegos como se nos ocurran.
Juguemos a que el dolor de nuestras rodillas raspadas al caernos de pequeños es el mayor dolor que podemos sentir.
Juguemos a que las luces del escenario no se apagan y, por tanto, no nos vamos.
Juguemos a ser valientes y reconocer nuestros miedos.
Juguemos con los miedos y que sean ellos los que se escondan bajos las sábanas.
Juguemos a que te echo de menos.
Juguemos a que no me asusta decírtelo.
Juguemos a que os echo de menos.
Juguemos a que no me asusta decíroslo.
Juguemos a lo que queráis,
pero juguemos a lo que sea ya,
que ya me voy a despertar. 

martes, 26 de enero de 2021

Domingo por la noche


Un WhatsApp de la chica más guapa del mundo y que aún así algo falte, pero algo estarás haciendo bien cuando acabas de sonreír como una idiota delante de la pantalla.
El frío de Diciembre como la mejor excusa para justificar el color rosado de nuestras mejillas, dos cervezas en el bar más perdido de Madrid y ganas de llorar al ser consciente de que hacía demasiados meses que no me reía de verdad, un "te odio" entre risas que esconde un "sé que no saldrá bien, pero ojalá que sí", varios bailes camino de tu portal y confundir las luces de las farolas con estrellas porque fueron más de dos cervezas, tal vez por eso no te dejan de brillar los ojos y tal vez por eso yo no quiera dejar de mirarlos intentando averiguar donde está la trampa.
Que me hables de que todo es una mierda, que nada te sale bien, mostrarte la salida de emergencias acompañado de un "ha sido divertido, pero mañana es Lunes" y que me llenes la carita de besos porque todavía no te quieres ir a dormir.
Sonrío y lloro a la vez, ¿cómo es posible experimentar sensaciones tan contrarias a la vez?, les suplico al conjunto de miedos que me dejen disfrutar un ratito más antes de que hagan acto de presencia, mientras, tú me das un beso de esquimal y tus ojos empiezan a humedecerse al recordar ambas que mañana es Lunes y que esto no va a salir bien.
Una cita de película, dos entradas de cine y que la película sea lo de menos, varias cervezas para justificar tu exceso de ilusión o el que yo no pueda dejar de hablar, una exposición cualquiera, el bar que acaban de abrir hace poco y el micrófono como testigo de aquello que duele, el beso que prometimos no darnos, estampar el reloj contra la acera por quedarnos 5 minutos más, los acordes de tu guitarra, emocionarnos a la vez por querer que sí, pero saber que no, y el polvo de después mientras me pides que me quede un ratito más.
Fantaseamos durante un rato, hablamos de planes de futuro que sabemos que no ocurrirán y nos acabamos quedando dormidas sin despedirnos.
Llega el temido Lunes, "ha sido divertido"; me das un beso en la frente y me sonríes de forma graciosa, beso tu boca con ganas de que sí, pero sabiendo que no, es Lunes y los miedos vuelven a hacer acto de presencia.
"Ha sido divertido", al menos si te va el rollo masoquista sin control. 

viernes, 15 de enero de 2021

Segunda estrella, todo recto y hasta el amanecer 🌅


Desde mi ventana se sigue viendo todo cubierto de blanco y es realmente preciosa la imagen cuando anochece.
Las nubes se maquillan con un colorete rosado y los últimos rayos de sol calientan mi habitación y la transforman en mi pequeño gran refugio.
A través de mi ventana se ven distintas aves en varios momentos a lo largo del día, permanecen en uno de los árboles desnudos que hay cerca observándome con curiosidad y con su canto habitual sin importar la estación del año en la que nos encontramos. 
A veces cuando me pongo soñadora o cuando ya son demasiadas las horas que llevo estudiando me gusta considerarlas pequeñas mensajeras de mi mundo en sustitución de Lola cuando esta no ha podido venir, dispuestas a llevarme de nuevo a él aunque sólo sea un ratito. 
A veces acepto, viajo muy lejos de aquí sin separar los pies del suelo y descubro al llegar todo lo que ha aumentado a lo largo de este tiempo y la infinidad de seres fantásticos y mágicos que han decidido quedarse a vivir aquí; de pequeña recuerdo que me daba mucho miedo perder todo esto, dejar de creer en las hadas y en la magia y no poder regresar nunca más a este mundo, pero no fue así, todo lo contrario.
Procuro regresar de vez en cuando, visitar todos los pequeños reinos y a los seres que los habitan, contarles todos y cada uno de mis nuevos descubrimientos, decirles con asombro que he conocido a personas mágicas que desean conocerles y que hasta en algunos momentos he sentido como "hogar" lugares increíbles, que nunca son lugares, fuera de aquí.
Por últimos siempre hacemos una PinkyPromise de que nunca dejaré de visitarles, al fin y al cabo durante muchos años yo viví aquí.
Ellos respiran aliviados y Lola me regaña cariñosamente por haber tardado tanto en volver. 
Luego nos quedamos solas y le hablo de las partes menos bonitas de mis aventuras; que los miedos me han controlado en ocasiones, que sigo sin mejorar en algunos aspectos y me duele, que creo que me he despedido sin saber que era una despedida lo que estaba viviendo, que a veces no consigo encontrar el camino para regresar a mi mundo y que me asusta pensar que no pueda volver a él nunca más.
Ella me da un beso de esquimal y me susurra que todo lo que ha crecido este mundo ha sido gracias a lo que yo he logrado ahí fuera, y que está orgullosa de mí, me dice en voz bajita mientras apresuradamente se seca alguna que otra lágrima.
Ninguna de las dos nos habríamos imaginado nada de esto hace unos años, que no sabe cómo lo hago pero que siempre encuentro las formas para regresar con ella, y que no me preocupe, que si algún día no logro hacerlo será ella quien me encuentre y me traiga de vuelta.
Toca regresar, vuelvo a mi habitación y a centrar la mirada en unos apuntes demasiado extensos para el poco tiempo que tengo.
Desde fuera puedo parecer algo solitaria, algo aislada y algo encerrada, cuando los miedos van ganando hasta yo creo que esa es la realidad, pero desde mi ventana varios pájaros cantan y me observan con curiosidad.
- "Son sólo pájaros" dice un cualquiera.
Yo sonrío para mis adentros como si no quisiera desvelar lo que hay aquí dentro todavía, y recuerdo gracias a esos "pájaros" el camino para volver a mi mundo siempre que lo necesite. 




domingo, 10 de enero de 2021

En reconstrucción


Los finales felices solo ocurren en las películas, porque en la vida si hay finales no se experimentan nunca como felices, nadie quiere abandonar los sitios donde fue muy feliz por miedo a no poder regresar después y, sobre todo, por un temor irracional a no encontrar nuevos lugares en los cuales alcanzar esos niveles de felicidad.
La vida es esa montaña rusa de emociones, sentimientos, situaciones y personas que nunca deja de cambiar hasta el último de tus días, y en algún momento por mucho que lo evites debes enfrentarte a ello, a los cambios.
Empiezas por pequeños cambios que te dan algo de vértigo y un día, sin simulacro previo y sin ningún paracaídas a tus espaldas, debes aceptar el cambio que más miedo te provocaba.
Sentir como todo se desmorona a tu alrededor, como vuelves a sentir que todo desaparece y que aún estado ocurriendo delante de tus ojos te quedas ahí con unas ganas inmensas de dentrozarlo todo y de gritar tanto que hasta se rompan los cristales, pero solo se escucha silencio, un silencio lleno de ruido.
Dentro de un tiempo mirarás hacia atrás y te darás cuenta de que todo esto era necesario...
¿Necesario para que?
Necesario para comprobar que ese no era el fin del mundo, aunque así lo experimentases, que el dolor cuando no te mata te hace más fuerte, y necesario para aprender a relativizar todas las etapas en las que te sientes perdida, pues, al fin y al cabo, tal vez tengan razón en que hace falta perderse varias veces para encontrarse después.
Comenzamos etapas y terminamos otras, conocemos personas, muchas pasajera, un puñado que te dejan una parte de ellos ahí dentro y alguna que otra cuidándote hasta cuando creas que no lo están haciendo.
Este momento tiene sabor amargo a despedida y no sé como se abrazan este tipo de instantes, no sé como se hacen estas cosas y mucho menos como les parece tan fácil al resto.
Hay etapas y etapas, y todas pasarán de largo mucho antes de lo que nos imaginamos, ¿por qué solemos olvidar esto en las noches complicadas?
Y por supuesto, en esa película de Domingo los personajes acabarán juntos porque como buena película es lo que debía ocurrir, y porque joder, se merecen ser felices.
Y yo ahora estoy así, algo perdida, demorándome en muchos momentos, llorando en tantos otros por el miedo que siento en ocasiones e intentando adaptarme a eso mismo, a la vida.
Pero sigo creyendo y recordando que esto es una mala etapa, pero no una mala vida.
Que volveré, volveré a bailar por las calles, volveré a cantar aunque lo haga de pena, volveré a ilusionarme por cada pequeña tontería que no es una tontería, volveré a hacer que todo vuelva a encajar y volveré a escribir, sobre nuevos lugares, nuevas personas, nuevas historias dentro de la misma historia, volveré a ser muy feliz y tal vez, sólo tal vez ahí descubriré que todo esto era necesario.
Esto no tiene nada que ver con las películas, aquí las personas somos mucho más difíciles y más complejas, aquí no todos los finales son felices, pero son reales, esto que esta sucediendo es real y las despedidas y finales son imprescindibles para nuevos reencuentros y comienzos, nos merecemos volver a ser felices, nos merecemos sentirlo todo tanto como podamos, nada es para siempre y esto también pasará, pero leí una vez que somos lo que dejamos en los corazones de los demás y lo que los demás dejan aquí dentro, así que por favor, sentid tanto como podáis y descubrir nuevos lugares y nuevas personas.
Estoy muerta de miedo, yo no había sentido con tanta intensidad esto antes y no sé como se hacen estas cosas, pero escribo, escribo lo que sucede aquí dentro y algo me hace sentir mientras lo hago que es una mala etapa, pero no una mala vida, y que todo esto sólo es el puente a una nueva aventura, a una nueva historia, todavía no estoy lista, pero sé que lo estaré en algún momento.