Alguien, o algún rincón, al que llamar "hogar", que los niños pequeños nos sigan sonriendo porque nos ven un espacio seguro, encontrarnos con muchos gatitos y perritos en toda excursión que hagamos, que nos agarren el pelo para vomitar o que nos dejen su hombro para llorar, que nos sigan viendo bonitos y especiales cuando los focos y la música desaparezcan, que nos ayuden a mirar aquí dentro y que no se vayan, encontrar nuevos lugares en los que poder ser, que nuestra madre venga a nuestra habitación a darnos las buenas noches y ese beso en la frente, éramos ricos y no lo sabíamos.
Hecho de menos cuando el dolor más fuerte que sentía era el de mis rodillas al tirarme por el césped, pero no, tenía que aparecer el corazón en escena y todas estas emociones y sentimientos.
Me cuesta no dejarme deslumbrar por quienes tienen mucho capital social, olvidando que son los que más solos se sienten por la noche.
Me cuesta, a veces, que mis pensamientos no me coman y que los miedos no me bloqueen. He logrado parar, descansar y mirar hacia dentro, y esto es importante.
Pero, me siento algo perdida; se hace más complicada esta sensación cuando me siento triste.
He dejado de temer a esta tristeza, ya no me hace tanto daño, pero, me sigue haciendo llorar con facilidad. Lo estoy haciendo como puedo, e intento confiar que ahora mismo con esto basta.
Aún así, y pese a todo, me siento muy orgullosa de mí misma, de haber apostado por mí y haber elegido la opción de no intentar aceptar o encajar en un molde y una vida que no eran para mí. "Valiente", me gusta como suena al decirlo en voz alta, me gusta repetirlo, aún sintiendo este temblor en el pecho.
No sé muy bien dónde estoy o hacia dónde voy, pero, lo iré descubriendo; paso a paso, poquito a poquito.
La vida parecía mucho más sencilla cuando nuestro mayor problema era descubrir que la de inglés había mandado deberes y los teníamos sin hacer.