lunes, 25 de noviembre de 2024

Tonos grises

Hoy el tiempo está triste, los miedos feroces y la tristeza cariñosa conmigo, por si esto fuera poco he decidido que ponerme Samuraï de fondo era buena idea, en este modo melancólico llevo toda la mañana de hoy, día en el que me prometí que adelantaría cosas del trabajo. 

Me relaja el sonido de la lluvia, pero el color grisáceo de las nubes me hace llorar con facilidad, sonrío sin querer cuando me imagino siendo, en mi cama, abrazada por alguna de esas personas que me hacen sentir de todo sin ponerme un dedo encima.

Los días tristes también son importantes y, de alguna forma, necesarios y bonitos para después volver a salir ahí fuera y disfrutar los días felices. Pienso en las mismas dos o tres personas que están a kilómetros de distancia cuando deberían estar a centímetros, me escucho de nuevo sus audios y veo las fotografías que tenemos juntas como buena DramaQueen, puede sentirse algo doloroso a veces, pero soy una experta en sacar la tristeza fuera de mí, prometo que en unas horas vuelvo a ser persona. 

Fantaseo también con que en algún momento se me den mejor las personas, que me de menos miedo eso de quitarme la coraza frente a unos ojos nuevos y disfrutar de la sensación de recibir una caricia o un beso en zonas en las que otros golpearon, me parece complicado hacerlo y los miedos son los perfectos guionistas de tramas de terror en los que nada sale bien; sé que la cosa es exponerse, mis amigas me miman y me quieren muchísimo y me prometen que estarán a mi lado por si acaso, a su lado todo es más fácil. 

Hay días tristes que contienen cierta belleza en su interior, no sabría muy bien cómo describirla, pero la siento, siento tanto en mi interior que a veces me abruma y necesito frenar y respirar. La música es una buena forma de sacar esto que siento fuera, me evita tener que pronunciar palabra alguna y me permite centrarme únicamente en sentir, al menos hoy la ansiedad todavía no ha hecho acto de presencia.

Respiro hondo, siento el aire entrando y saliendo de mis pulmones, está dejando de llover, pero aún se escuchan las gotas de agua aterrizando en el suelo, me gusta el sonido, me relaja y me ayuda a bajar el volumen de esta maldita culpabilidad que siento por no estar haciendo cosas del trabajo.

Siempre me da cierto miedo sentir los días tristes en mí, pero a la vez me siento una persona realmente valiente cuando freno y me escucho, a veces es algo que suelo evitar hacer demasiado, pero ahora lo estoy haciendo y, aunque los miedos me sigan mordiendo, me siento mejor. 

Ahora suena "Los días raros" de Vetusta Morla, parece que alguien me estuviera espiando. Y ahora sí, ahora lloro, ahora respiro de nuevo encogida en mi cama fantaseando con esos abrazos de quienes no pueden dármelos ahora. 

Hoy es un día triste y no me esforzaré por hacer que deje de serlo, estos días también son necesarios y, de alguna forma, bonitos también. 

Cuando termina la canción me llama una de mis amigas preferidas y me hace sonreír el hablar con ella, menos mal que me ha llamado, gracias. 

sábado, 23 de noviembre de 2024

Resaca emocional

Hice un pequeño gran clic en el momento en que dije en voz alta: "No voy a pedirte que te quedes, es más, ni se te ocurra volver si te vas". Esto también tiene mucho que ver con los límites y el amor propio.
No quiero pedirte que te quedes, no quiero darte ninguna razón para ello, ni mucho menos pedirte nada que tú no quieras darme.
No quiero que sientas ataduras, cadenas o compromisos forzados, quiero que la puerta siempre la tengas abierta y que si quieres salgas por ella.
No soy un opción más, yo soy una tremenda oportunidad, un viaje precioso sin retorno, y un "ojalá volver a coincidir, aunque ya no sea igual, aunque ya no sea lo mismo", al menos para mí misma lo soy.
Entonces, si yo soy capaz de verme así, independientemente de mis miedos feroces, mis inseguridad invasiva, mis pensamientos rumiativos y mi ansiedad desbordante, no espero menos de los de ahí fuera.
Durante mucho tiempo solía agradecer a las personas comportarse como personas conmigo, les agradecía hasta que me besaran después de ese polvo salvaje y me sentía afortunada por tener ese beso y ese "avísame cuando llegues", esto me hizo normalizar su ausencia y demasiadas sutiles violencias que hacían sentirme diminuta en un mundo de gigantes. 
Quiero que me trates, me cuides y me quieras de manera extraordinaria, porque soy extraordinaria, y porque si no va a ser así prefiero que ni lo intentes. 
Nadie ofrece nada que no tenga en su interior, y por esto mismo sigo creyendo en mí y en el amor, porque sé como soy, porque sé como soy capaz de querer.
En un mundo individualista y agresivo yo sigo procurando sonreír a todos los perritos que me encuentro, jugar a pisar a veces solo las líneas blancas de los pasos de cebra como si fuera un videojuego y no olvidarme nunca de dar las gracias a los camareros y conductores de autobuses, y tal vez para ti esto no tiene sentido, pero a mí me valen como pruebas de que merezco no tener que darte razones para que te quedes si tú no las encuentras.
Me considero adicta a todo lo que me haga recordar que estoy viva, que soy real, y que mi vulnerabilidad y sensibilidad se sientan en el rincón más seguro e inspirador del mundo.
La ternura es revolucionaria, me encanta sentir esa frase en mi propia piel. 
 

jueves, 21 de noviembre de 2024

Ausencia de gritos ante lo que merece incendios


De pronto noto su mano sobre mi cuerpo; es una mano grande que me sujeta con firmeza y con cierta prepotencia y autoritarismo, me quedo paralizada, mi ritmo cardíaco se acelera de golpe y todo mi cuerpo intenta alejarse de esa mano, pero permanece inmóvil dejándose tocar y mover por quien tengo frente a mí. Mi mirada recorre veloz el espacio en el que estamos y, sobre todo, el rostro del resto de personas para comprobar si alguien nos está observando, me atemoriza la idea de que alguien se haya dando cuenta de lo que está pasando, ¿por qué soy yo quien siente vergüenza a qué alguien me esté viendo?...
Intento pensar, buscar alguna herramienta o algo que me pueda ayudar aquí y ahora, empoderarme y actuar frente a él colocándole los límites que, probablemente, nunca le hayan puesto. 
No hago nada, permanezco callada y hasta sonrío a veces como si me sintiera culpable por sentir lo que siento o como si no existieran razones para sentirse así; en mi mente empiezo a contar del uno al diez, al comienzo despacio, luego más rápido, abandono mi cuerpo mientras bailamos.
"Haz algo estúpida", "normal que te pasen estas cosas siendo así", "no está ocurriendo nada grave, no seas así"...
Me duele el decirme estos comentarios, me duelo cuando siento la culpa y vergüenza que debería sentir él... me está tocando una parte de mi cuerpo alguien que no conozco y a quien no le he dado ningún tipo de señal ni de comodidad ni, mucho menos, de consentimiento.
Tengo derecho a sentirme así, tengo derecho a no saber cómo actuar frente a una agresión y que mi cuerpo intente protegerme emocionalmente contando hasta diez, tengo derecho a tener miedo y a no querer exponerme a más violencia.
Termina el baile; me siento rara, desnuda y vulnerable, tengo un nudo en mi garganta que me hace no poder dejar de mirar el suelo y las paredes evitando cualquier tipo de contacto visual, me duele mucho algo dentro de mí y tengo ganas de llorar, la persona que tengo frente a mí me sonríe con aires de superioridad y me guiña un ojo como si supiera todo lo que está ocurriendo aquí dentro y no sólo no sintiera ni una pizca de culpabilidad sino que disfrutase con ello, me siento sucia, algo rota y como una tierra conquistada a la fuerza por la persona que tengo frente a mí.
Otra vez la culpabilidad llamando a la puerta, "eres una exagerada, vale que te hayas sentido incómoda, pero no es para ponerse ni sentirse así", puta mierda de sistema y de sociedad, me siento así y es válido, ¿en qué momento hemos normalizado tanto cierta violencias que hasta seamos nosotras quienes nos sentimos culpables por sentirnos atacadas frente a ellas?, ¿por qué soy yo quien siente vergüenza?, ¿por qué soy yo quien no volverá aquí y no él?.
Estoy muy enfadada conmigo y con todas las personas que me rodean, tengo tanta rabia que me imagino varias veces gritando, rompiéndolo todo y pegando a esa persona que me ha hecho sentir así, no hago nada, permanezco inmóvil y con una sonrisa artificial que pretende esconder todo lo que siento. 
Vuelvo con ojos llorosos a casa y pienso: "jo, que rabia, con lo que a mí me gustaba bailar"; me niego a que esto me quite mis ganas de bailar, ya soy yo quien se va a ir de aquí, quien siente una culpa y vergüenza que no le pertenecen, no quiero que nada ni nadie me arrebate mis ganas de seguir bailando. 

Me meto en las redes sociales para silenciar mi mente durante un rato, varias publicaciones ya hablan de las distintas manifestaciones por el 25N, día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, muchos comentarios son corazones morados, otros manifiestan que no saben de qué nos quejamos, que ahora ellos son quienes tienen que tener cuidado con nosotras y no es justo, que esto solo divide más a la sociedad...

Pienso que si algún día tuviera un hijo me gustaría que fuera una niña, pero a la vez me daría tanto miedo que fuera niña...

¿En serio creéis que ya no hay nada por lo que alzar la voz?

Menudo día de mierda.

domingo, 17 de noviembre de 2024

Entre las nubes


Desde aquí arriba todo se ve muy pequeño; cuidades, campos, miedos y preocupaciones, el ruido continuo y agotador que existe allí abajo no se escucha desde aquí arriba, y esto permite disfrutar del silencio y de sonidos más bonitos como el de una canción familiar, las voces animadas y entremezcladas de distintas personas, y la risa de esa amiga que ojalá tenerla más cerquita de ti durante el año.
Escucho los motores del avión, es un sonido grave e intenso que va en aumento según vamos cogiendo velocidad, en pocos segundos las ruedas dejan de estar en contacto con el suelo, y entonces nos quedamos en completo silencio volando entre las nubes, se siente como estar en el interior de una bola de nieve, una cápsula del tiempo en la que poder frenar y disfrutar tan sólo de las vistas que se aprecian desde tu ventana. 
Allí abajo las cosas suceden demasiado rápidas y algunos días el ruido es ensordecedor, pero desde aquí arriba se aprecia el tamaño real de las cosas y cuesta menos soltar preocupaciones, miedos y pensamientos. 
En ocasiones creo que no es más que esto lo que necesitamos, despegar pies del suelo y mente del ruido, (re)descubrir el tamaño real de las cosas y poner, de nuevo, mente y corazón en lo que de verdad importa. 

domingo, 27 de octubre de 2024

Feroz y preciosa energía


Ocurre así, de manera natural y sin previo aviso. 
El viento se vuelve algo más salvaje, escucho el sonido de las hojas caídas de árboles rodando por el suelo, el sonido de las voces de otras personas disminuye y mi piel siente como una caricia maternal que me envuelve con dulzura mientas me permito sentir esto que siento. 
Dura solo unos segundos, pero es como si algo en mi interior dejase de estar dentro de mí y pasase a fusionarse con la naturaleza, me genera como una paz a la que pocas veces consigo llegar por mí misma, tal vez por eso siempre quiero que duren algo más estos instantes, algo desconcertantes, pero también reconfortantes.
Es como estar unos segundos en el interior de una esfera mágica, experimento diferentes emociones y sensaciones que me hacen viajar a un rincón algo desconocido, pero también es un lugar al que los miedos no llegan.
El viento eriza mi piel, cierta caricia me estremece y me hace sonreír y, durante unos segundos solo, me siento como si tuviera unas alas enormes y preciosas a mi espalda que me hacen sentir invencible.
¿Qué acaba de pasar(me)? 

sábado, 26 de octubre de 2024

Disculpas y culpabilidad indomable


Perdón por haberte presionado a ir a un ritmo que no era el tuyo, sobre todo, en cuanto a abrirse a las personas.

Perdón por insultarte.

Perdón por haberte prohibido llorar en momentos en los que lo necesitabas.

Perdón por haberte hecho sentir insuficiente/ poca cosa.

Perdón por decirte que no te merecías ese amor y cuidados.

Perdón por no creer en ti.

Perdón por hacerte ver, en algunos momentos, tu sensibilidad como algo malo.

Perdón por exigirte cuidar de otros cuando eras tú quien necesitabas esos cuidados.

Perdón por hacerte creer, con algunas personas, que no eras merecedora de esos cuidados si no había algo físico de por medio.

Perdón por haberte culpado de que algunas personas se fueran de tu vida.

Perdón por haberte exigido llegar a todo siempre.

Perdón por enfocarme más en la meta que en el proceso.

Perdón por dejar que otros o yo misma sobrepasáramos tus límites.

Perdón por no priorizar nunca tus deseos y necesidades.

Perdón por no haberte escuchado más.

Perdón por reprimir tu emoción del enfado y no haberte dejado mostrarla del todo ante otros.

Perdón por obligarte a seguir al resto cuando tú querías un camino diferente.

Perdón por no haberte querido bien.

Perdón por haberte dejado sola en momentos en los que me necesitabas. 

Perdón por hacerte creer los comentarios negativos de otros sin pararnos a analizar si eran ciertos o no.

Perdón por los momentos en los que te abandoné ante la ansiedad y el miedo.

Perdón por culparte por sentir emociones y sensaciones que son naturales.

Perdón por decirte que no podías conseguirlo e insistirte en dejarlo o huir, gracias por no hacerlo.

Perdón por hacerte sentir que había algo mal en ti que impedía a los demás conocerte/quererte.


Gracias por seguir aquí, conmigo, a mi lado. 

viernes, 18 de octubre de 2024

La danza de las margaritas silvestres

A veces no es nada fácil ser como soy, ni mucho menos tratar y existir con esta sensibilidad. A veces un gran poder, otras un martirio. Pero sigo respirando, intento no olvidarme nunca de eso.

He leído una frase que decía: 

<<Quédate donde puedas vivir, no sobrevivir>>.

El problema viene cuando ni yo misma me encuentro, cuando me exijo de más, cuando me escucho de menos, cuando me encierro de más, cuando me quiero de menos. 

La ternura y el amor siempre serán mis dos líneas de vida, son mis pruebas de que sentir de más no es ni malo ni peligroso, mis pruebas de que las caricias y mimos siguen existiendo, al igual que las personas que te besan antes la frente que los labios como una manera preciosa de pronunciar ese "te quiero". Ven y vuélveme a besar y a mirar, me gusta sentirme aún más deseada, querida, valiosa y real a través de esa mirada curiosa y dulce que me obliga a confesarle mis verdades.

Quiero margaritas en el pelo.

Quiero flores sobre mi cuerpo.

Quiero besos, caricias y mimos.

Quiero que te quedes a dormir.

Quiero un nuevo abrazo y que jamás sea el último.

Quiero emocionarme de alegría con la cara al descubierto.

Quiero perder el control.

Confiar en que alguien ahí fuera sabrá qué hacer.

Sacar a los miedos fuera y que les de el sol.

Leerles un cuento a los monstruos de debajo de mi cama.

Respirar, respirar, respirar. Darle un beso en la frente a la niña de aquí dentro, decirle que estoy aquí, que esto es parte del proceso. Quiero un abrazo fuerte que me rompa y reconstruya, quiero un "te quiero a mi lado", pero, sobre todo, quiero creerme que me lo merezca.

Ese abrazo y ese "te quiero".

Quiero no olvidarme de respirar, sentarme en la incomodidad de verme rota, verme desnuda, y tener ganas de quedarme esta noche conmigo. Quedarme a mi lado y confiar en que pronto todo irá mejor. Me gustaría no tener miedo, pero aceptando ya su existencia, me gustaría demostrarles del todo que hay vida después de este instante al que tanto temen, que por favor confíen algo más en mí. 

Quiero margaritas en mi pelo y campos eternos en los que correr y bailar, sentirlo todo bien adentro y jamás frenar ante un puñado de malas hierbas o zarzas, quiero aprender a confiar en el proceso, sentirme merecedora de ese abrazo, de ese "te quiero" y de ese "hoy quiero quedarme abrazada a ti", creerte, creerme y que juntas sigamos bailando y corriendo como si nuestra única preocupación fuese que llueva y no tener donde refugiarnos.

¿Qué más da?, que llueva, que llueva bien, y que limpie y me ayude a sanar todo aquello de lo que hace un tiempo que no hablo. 

Quiero vivir, no sobrevivir. 

Elijo vivir, no sobrevivir. 

Confía en el proceso. 



miércoles, 16 de octubre de 2024

Galaxias llenas de estrellas

A la suerte no siempre la tengo de mi parte, pero a ellas sí, ellas siempre están conmigo, y por eso siempre acaban yendo las cosas bien hasta en los días de mierda.
Me cuesta confiar en el proceso de las cosas, sobre todo en el de esas cosas que están ocurriendo aquí dentro, me suele ayudar pensar en ellas y sentirlas a mi lado, siempre están muy cerquita de mí, aunque a veces me siga sintiendo algo sola en una habitación demasiado grande, pero sé que están aquí.
Me imagino el sonido de sus risas entremezcladas y, durante unos minutos, todo parece realmente sencillo.
La vida siempre me resulta mucho más preciosa cuando les escucho reír o cuando nos pasamos días jugando, descubriendo nuevos lugares y queriéndonos de esa forma tan natural y bonita, cada una tiene en su interior una galaxia de colores preciosos, y yo me siento realmente afortunada cuando tengo la oportunidad de conocer un poquito más cada uno de sus reinos.
Una de ellas es también la persona que me tiene enamorada perdida desde hace años, tiene algo tan bonito en su interior... a veces sigue consiguiendo, con tan sólo una mirada, ponerme esa tonta sonrisa que nos sale cuando somos muy felices y que me encanta que me bese a cámara lenta, como si estuviéramos en la película más romántica de todas.
Todas ellas me han ayudado a construir nuevos castillos aquí dentro, me he emocionado al verlas a ellas con más ilusión que yo en sus ojos ante el resultado, me encanta la infinidad de cuidados y formas diferentes de decirnos "te quiero", hacemos un buen equipo cuando estamos juntas, y por eso escuchar sus risas hasta el último suspiro siempre será una de mis más bonitas fantasías, uno de mis mayores sueños.
Les quiero mucho; no sé muy bien cómo lo hacen, pero siempre me ayudan a acercarme a la mejor versión de mí misma. Cuando les echo de menos recuerdo que por muy lejos que estemos seguimos viendo la misma luna y eso, de alguna forma, me hace sentirlas un poco más cerca de mí. A veces en los días de bajón recuerdo sus mágicos abrazos antes de quedarme dormida y, entonces, sonrío sin querer porque sé que, aunque no todos los días vayan a ser buenos ni la suerte vaya a estar siempre de mi parte, ellas siempre van a estar muy cerquita de mí, a la izquierda de mi pecho y besando y queriendo sin parar a una niña ilusionada que no deja de saltar y a una mujer emocionada al sentir tanto amor y ternura en su interior.


martes, 15 de octubre de 2024

Cuando las voces vuelven...


Me tiemblan las piernas de vez en cuando, se me acelera el corazón, noto la presión del nudo de mi garganta, y mi parpadeo es continuo para contener ese puñado de lágrimas; como de costumbre, no estamos en el momento para ponernos así. 
Pronuncio un "bien" con un hilo de voz, pero con rotundidad para que no vengan más preguntas después, ni me lo creo yo misma, sé que en algún momento deberé mirar aquí dentro, pero no ahora.

En mi interior no dejan de suceder cosas, algunas ciudades se derriban, otras nuevas se crean, el ruido es ensordecedor en algunos momentos del día, y yo no dejo de subir el ruido de aquí fuera para evitar oír el de dentro.
"No es suficiente" me repito varias veces al día, en momentos yo misma me vuelvo mi peor enemiga haciéndome llorar; las noches, por lo general, son los peores momentos cuando aquí dentro no están las cosas estables o bien, intento centrar toda mi atención en mi respiración, en momentos como estos siempre me atemoriza la idea de volver a tener la ansiedad descontrolada, me reprocho que llevo ya algún tiempo sin mirar hacia dentro, tengo razón, debería hacerlo.
En ocasiones me consuela el pensar que todo lo que aquí dentro está pasando me llevará a una versión más libre y real de mí misma, el problema está en que a mí esto de valorar y respetar mi propio proceso y ritmos siempre me ha costado, con los de otros no tengo dificultad alguna en cuidar, respetar y acompañar los mismos, pero conmigo misma no soy tan buena compañía.
Me siento culpable varias veces al día por demasiadas cosas por las que soy consciente de que no debería sentirme culpable, pero sobre todo lo siento cuando percibo en esta habitación a una niña encogida llorando sobre su cama y diciéndome que no sabe cómo hacerlo mejor, me hace sentir mal el pensar que yo soy quien, a veces, le ha hecho sentir así; algunos días de tregua me acuesto detrás de ella, le abrazo fuerte y le susurro que lo estamos haciendo bien, no siempre nos lo creemos, pero siempre nos hace sentir algo mejor.

Me he tatuado hace unos días nuestras siluetas de la mano, el proceso de hacerlo fue realmente bonito, mi niña interna se emocionó varias veces y la adulta que soy le miraba con orgullo sonriendo. Te quiero, quiero tenerte el resto de nuestra vida conmigo.
Están siendo semanas algo complicadas, y como de costumbre yo me alejo de todo y de todos para evitar molestar o preocupar, los mismos pensamientos obsesivos con sus mismas distorsiones cognitivas, en el fondo conozco a varias personas que querrían también poder acompañarme en estos momentos, pero me sigue costando dejarles estar cuando pierdo el control.
Respiro, lo vuelvo a hacer de manera más profunda e intento respetar y confiar en mi propio proceso y en que de aquí saldré algo distinta, pero también saldré viva y algo mejor de lo que estaba antes de todo este tornado.

Confía, confía, confía...

lunes, 7 de octubre de 2024

Hazlo todo, siéntelo todo


Yo no sé si la vida es una noria o más una montaña rusa sin arnés, pero quiero más vueltas, más emoción, más verdad y vida estallando entre mis manos, solo así bajaré de aquí sintiendo que ha merecido la pena, que he vivido sin pensar en que esta, tal vez, fuera la última vuelta. 
Me aburre el "sí, pero no", el desinterés, las medidas de precaución, las distancias innecesarias y el esfuerzo por aparentar neutralidad cuando dentro de nosotros están ocurriendo cosas preciosas.
No cariño, a ti no te sobra intensidad o ganas de abrazar, querer o sentir, es al resto al que, en muchas ocasiones, le falta valentía, ganas, emoción y verdad; no podemos pretender pasar de puntillas o con la armadura siempre puesta, pues eso es sobrevivir, y nada tiene que ver con vivir de verdad. Si quieres llegar a otros debes permitir que otros también lleguen a ti, y claro que entiendo tus miedos a esto, no siempre serán caricias, besos o cuidados lo que recibas, pero te diré algo. 
Tras muchos llantos, miedos, introspección y reflexión he vuelvo a la misma conclusión que la que ya he llegado en varios momentos pasados; no quiero una piel intacta por cobarde, prefiero un cuerpo vivo, real y con algunas que otras cicatrices por valiente, nunca he destacado por mi valentía, desde pequeña siempre he sido una niña muy miedosa, sobre todo a las personas externas, pero aún con este puñado de miedos, difíciles de gestionar a veces, quiero seguir atreviéndome a saltar al vacío un millón de veces más. 
Quiero tanto amor que explote en mi interior, quiero besos, muchos besos, quiero no olvidar nunca cómo se salta en los charcos, quiero abrazos que me salven algunos días y que me lancen hasta las estrellas en otros, quiero un polvo salvaje, un mordisco deseado y una caricia que me haga sentir de todo por dentro, quiero querer y que me quieran, mucho y bien, quiero bailes con mis amigas, el sonido de sus risas de fondo el resto de mi vida, quiero jugar al escondite con mis propios miedos y aprovechar para salir corriendo por un campo lleno de flores, igual que Amaia en la serie de "La Mesías", quiero cuidar y cuidarme, y nunca olvidar que estoy viva, que sigo viva y que soy libre, mi libertad será la prueba de vida más real que tenga.
Hay algo precioso, y con cierto grado de adicción, en salir ahí fuera sin armadura ni arnés y pronunciar un "te quiero", llorar al descubierto o dejar que otros vean lo que llevas por dentro; tengo miedo, pero quiero seguir siendo así, como soy.

Aún queda mucho que trabajar aquí dentro, algunos días los miedos me ganan terreno y consiguen hacerme llorar muy fácilmente, últimamente la ansiedad me roba mucha energía y por las noches no puedo dormir sin imaginarme a alguien abrazándome o sin pensar en algún momento bonito, pero no pasa nada, porque sigo viva, sigo creyendo en él amor y deseando que me saque a bailar de mil formas distintas, voy bien.

Baila pequeña, si se pone a llover sal ahí fuera y baila mientras saltas en los charcos, solo así, si esta es la última vuelta, te llevarás una historia preciosa llena de amor, emociones y vida, este es uno de tus superpoderes, cuídalo.

jueves, 26 de septiembre de 2024

Dulce noltalgia


Creo que no hay mejor manera de gestionar el dolor, la tristeza y la nostalgia, procedentes de momentos felices, que dejándose, a veces, hacer y sentir; creo que tan malo es dejar que te devore como tratar de encerrarlo dentro de ti o negar su existencia. 
Aún así, y pese a todo, es una sensación que en ocasiones se me hace cuesta arriba, pero también me hace sonreír al pensar en la infinidad de momentos preciosos y felices que guardo aquí dentro, supongo que esta no es más que una manera algo distinta de volver a experimentar aquellos instantes en los que fuimos muy felices. 

Os echo de menos; a ti, al verano, y a quien soy cuando estoy a vuestro lado, sois más mágicas que la Navidad, os echo de menos bastante algunos días; echo de menos vuestras ideas disparatadas, vuestras miradas llenas de amor y cariño, vuestros abrazos hogar, vuestra manera de sacarme a bailar, vuestras sonrisas en las que columpiarse hasta las nubes, el sonido de vuestras risas... ¿cómo se puede echar tanto de menos un sonido?, os juro que pagaría por escucharos reír el resto de mi vida, sois las mejores compañeras de vida que podría tener.

Me resulta imposible no sonreír sin querer cuando pienso en cada una de vosotras y en este verano, tengo aquí dentro a una niña ilusionada saltando de estrella en estrella mientras una adulta se emociona observándola con ternura, me encanta el equipo que formamos, me encanta la persona que soy cuando estoy a vuestro lado, cada día me cuesta un poquito menos creerme del todo que sigo siendo esa persona siempre.

Y lo sé, sé que seguís aquí cerquita, a mi lado, ¿quién sino acaba de hacerme sentir tan arropada y querida en mitad de toda esta gente que corre veloz por el metro?, seguís aquí en tantos momentos que acabo volviendo al presente siendo una persona realmente valiente que siente que puede con todo, tenéis algo tan mágico en vuestro interior que ni la distancia ni el tiempo logran cambiar, gracias. 

No es tanto dolor lo que siento, él solo aparece en el momento del impacto, en el momento de volver a la realidad; ahora lo que siento es más una tristeza y una nostalgia, tan mezcladas entre sí y con un sabor tan dulce, que cuesta identificarlas como tal, pero sé que voy bien. Me dejo en momentos hacer y sentir, agradezco todo lo vivido con un corazón tembloroso y una niña bailando esa canción que le emociona, y juntas volvemos a casa a prepararnos un Colacao hablando de todo lo que queremos hacer y lograr esta semana. 

Buenos días.