jueves, 16 de julio de 2026

Las formas de las nubes me recuerdan a ti

Al final del día, y siendo sinceros, todos queremos más o menos lo mismo.
Alguien, o algún rincón, al que llamar "hogar", que los niños pequeños nos sigan sonriendo porque nos ven un espacio seguro, encontrarnos con muchos gatitos y perritos en toda excursión que hagamos, que nos agarren el pelo para vomitar o que nos dejen su hombro para llorar, que nos sigan viendo bonitos y especiales cuando los focos y la música desaparezcan, que nos ayuden a mirar aquí dentro y que no se vayan, encontrar nuevos lugares en los que poder ser, que nuestra madre venga a nuestra habitación a darnos las buenas noches y ese beso en la frente, éramos ricos y no lo sabíamos.
Hecho de menos cuando el dolor más fuerte que sentía era el de mis rodillas al tirarme por el césped, pero no, tenía que aparecer el corazón en escena y todas estas emociones y sentimientos.
Me cuesta no dejarme deslumbrar por quienes tienen mucho capital social, olvidando que son los que más solos se sienten por la noche. 
Me cuesta, a veces, que mis pensamientos no me coman y que los miedos no me bloqueen. He logrado parar, descansar y mirar hacia dentro, y esto es importante.
Pero, me siento algo perdida; se hace más complicada esta sensación cuando me siento triste.

He dejado de temer a esta tristeza, ya no me hace tanto daño, pero, me sigue haciendo llorar con facilidad. Lo estoy haciendo como puedo, e intento confiar que ahora mismo con esto basta. 
Aún así, y pese a todo, me siento muy orgullosa de mí misma, de haber apostado por mí y haber elegido la opción de no intentar aceptar o encajar en un molde y una vida que no eran para mí. "Valiente", me gusta como suena al decirlo en voz alta, me gusta repetirlo, aún sintiendo este temblor en el pecho. 
No sé muy bien dónde estoy o hacia dónde voy, pero, lo iré descubriendo; paso a paso, poquito a poquito. 
La vida parecía mucho más sencilla cuando nuestro mayor problema era descubrir que la de inglés había mandado deberes y los teníamos sin hacer. 


domingo, 14 de junio de 2026

Noches largas y ojeras marcadas


Hoy te he echado de menos más de lo que lo suelo hacer en ocasiones.

He pensado en ti, me he reído a solas recordando algunos momentos, he vuelto a escuchar tus audios, emocionándome con aquellos en los que me decías "te quiero", y me he puesto a dormir con nuestra canción de fondo, deseando que esto sea una pesadilla y que mañana sigas estando a mi lado.

A veces, ciertos miedos o culpa aparecen en escena, me dicen que podría haberlo hecho mejor, esforzarnos un poco más para encontrar las formas... me repito como si de un mantra se tratase: lo hicimos bien, lo hicimos bien.

Tan bien y con tanto amor que, joder, como duele y arde todo aquí dentro; este duelo es ese proceso a través del cual ir desenamorándome, aprender a vivir sin ti y, algún día, coincidir contigo, escuchar todo lo que ha ido ocurriendo en tu vida y sentir, probablemente, otro tipo de dolor igual de punzante e intenso al ver que yo ya no estuve ni estoy aquí, como ayer estuve. 

Sigo teniendo mucho miedo muchos más días que los que me gustaría, en momentos pesan menos, pero siguen ahí; y junto a la tristeza resulta agotador seguir en pie "cumpliendo". 
Sé que una parte de mí se quedó contigo, creo que es algo inevitable cuando queremos mucho a alguien. Por un lado, me preocupa ante la incertidumbre de cómo volver a construir esa nueva parte de mí aquí dentro; por otro lado siento una gran ternura al saber que dejé esa parte en unas manos llenas de amor, sé que estará bien a tu lado, abraza mucho a esa parte por favor, ni te imaginas como el resto de partes que conservo de mí tiemblan, a veces, deseando otro último abrazo. 

Te echo mucho de menos, incluso cuando parezco feliz riéndome, siempre hay una pequeña maldita parte de mí sintiendo esa nostalgia punzante. 
A veces, vuelvo a pasar delante de tu urbanización y fantaseo con que en 5 minutos bajarás, otras me siento en uno de esos bancos metálicos de los andenes del metro y, sin querer, me quedo observando como van y vienen, como si estuviera esperando a que vengas a buscarme y me asegures que estás a mi lado, sé que ya no estás, o no como me gustaría, esta mierda es realmente dolorosa.

Quiero confiar en que algún día la tristeza se irá y tu recuerdo no dolerá tanto, quiero confiar en que algún día me contarás todo lo vivido, me hablarás de esa persona especial que ahora te besa al despertar, y yo solo me alegraré porque, joder, te mereces ser muy feliz. 
Pensar que yo durante un tiempo lo hice... te hice feliz, nos hicimos felices, es uno de los mayores privilegios y mejores regalos de la vida. 
Siempre que los miedos intentan acorralar mi amor y mis ganas de sentir pienso en ti. La tristeza cotidiana hace acto de presencia, pero medio sonriendo digo: El amor siempre gana. 

Ser capaces de aceptar que nuestros caminos se separaban es una de las muchas pruebas de ello.

Te quiero mucho.

Y sí, también, te echo mucho de menos.






martes, 2 de junio de 2026

Pequeñeces punzantes


Hoy aprobé el práctico de conducir.

Por un momento lo olvidé, busqué rápidamente tu contacto queriendo llamarte para contártelo, imaginando tus felicitaciones y tus palabras llenas de alegría, y cómo encontraríamos la excusa más tonta para vernos cuanto antes y celebrarlo.

Encontrar tu contacto, y seguir viéndolo bloqueado, fue una vuelta a la realidad de golpe algo dolorosa. Me quedé unos minutos mirando tu contacto concentrada, como si intentara que te llegara mentalmente todo esto. 

La tristeza en esta ocasión no golpeó tan fuerte como en otras ocasiones, se sentía como si el último día de ese campamento de verano tan increíble hubiera llegado y te acabaras de dar cuenta. 

Parecerá una tontería, pero hoy he aprobado el práctico de conducir, y ya no estábamos la una al lado de la otra para contarnos las cosas buenas que nos pasan. 

Te echo de menos, ojalá tu ausencia se vaya notando menos cada día. 

Te quiero 

domingo, 31 de mayo de 2026

Respirar y parar


Se acabó, nos llegó la temida despedida y tuvimos que atrevernos a soltar lo que tiempo atrás prometimos que nunca soltaríamos, pero es que el amor también es esto; saber soltar, saber cerrarlo bien, saber recoger las cosas con infinito cuidado y agradecer todo lo recorrido hasta aquí. 

Lo hicimos con tanto amor... para mí era importante que el final fuera tan bello y cuidado como fue el comienzo y cada uno de los momentos especiales vividos, lo hicimos amor, lo hicimos muy bien. 
Es un momento raro este, la tristeza entró golpeando fuerte, pero ahora ya esa compañera de piso constante que me acompaña en el día a día, odio que esté presente hasta cuando me estoy riendo; estoy permitiéndome sentir cada emoción como viene, no prohibirme ninguna ni que ninguna me culpabilice por la existencia de otras, son demasiadas y, a veces, me abruma en exceso, intento respetar mi ritmo y tener paciencia, aunque reconozco que me cuesta.  

Mi psicóloga me dijo hace unos días que las personas que hacen las cosas con amor y por amor siempre ganan, aunque a veces les toque soltar; la muy perra me hace llorar en cada sesión cuando me dice cosas de este tipo, pero también me ayuda a sentir más paz, tengo todo tan patas arriba, me siento como un cuaderno de hojas en blanco sin estrenar. Intento confiar en el proceso y lloro cada vez que veo algo que me recuerda a ti, pero, también siento paz cuando observo lo vivido, supongo que esta es buena señal; no sé exactamente dónde me encuentro ni qué hacer o hacia donde caminar, pero es que después de este mes tan heavy por fuera y por dentro estoy aceptando el parar, respirar, descansar y cuidarme. 
A veces, tengo ganas de seguir caminando, de descubrir y aprender más, adentrarme en nuevas aventuras e historias, pero no quiero correr, ahora necesito parar y sentir, con eso basta, lo estoy haciendo. 

A veces observo el mundo y no me parece tan bonito como era contigo, me faltan muchas cosas que tú tenías en ti, me falta esa mirada llenita de amor prometiéndome que estabas a mi lado, sé que nos seguimos teniendo, aunque de una forma distinta. Cuando me pasan cosas buenas sigo cogiendo el teléfono sin pensar deseando llamarte y contarte todo, me quedo luego unos minutos viendo la pantalla negra del teléfono intentando confiar que todo está bien, que todo irá bien. 
Siguen tus fotos pegadas en el armario y la caja de los recuerdos contigo en mi estantería, tal vez en algún momento esconda esta caja durante un tiempo, pero por ahora no me atrevo a volver a abrirla, me hizo mucho daño el intento que hice hace poco. 

Ojalá te esté yendo todo muy bien, ojalá te estés dejando cuidar y la tristeza vaya pesando un poquito menos cada día, ojalá que tu recuerdo vaya siendo menos protagonista poco a poco, me sigue haciendo mucho daño pensar en ti, fantaseo con el día en que hacerlo ya no duela, pero, sé que aún me queda un camino largo, intento no tener prisa, está todo bien como está. Te pienso mucho y te echo de menos, echo de menos como se veía el mundo desde tu mano, pero confío en que aún quedan muchos mundos que descubrir, aunque ya no sea como hasta ahora, aunque ya no sea contigo de mi mano.

Paso a paso, supongo que no queda otra. 

Te quiero mucho. 

lunes, 11 de mayo de 2026

Frentes abiertos y ausencia de oxígeno


Estoy agotada, realmente agotada. 
Siento que intento llegar, cuidar, gestionar y seguir respirando... pero, a veces, rompo a llorar sin querer, generando dolor en la mirada de enfrente, mientras tiemblo ante ella. 
Nace en mí la duda de si todo lo que toco lo rompo, de si hay algo malo en mí, de si debería alejarme de todos y no hacer daño a las personas a las que amo. Intento repetirme que no es así, que todo esto también pasará, que yo también merezco amor y cuidados, que en un tiempo todo será más sencillo, menos oscuro, ojalá.
Necesito soltar varias cosas, me asusta el dolor de hacerlo, pero, también necesito respirar y no herir a manos que se esfuerzan por sostenerme, no quiero hacer que se vayan, quiero hacerlo bien. 
Me vuelvo a sentir culpable por esforzarme por personas que no tuvieron problema en soltarme ante la primera dificultad, y más culpable me siento cuando veo tristeza y dolor en la mirada de enfrente, lo siento.
Lo estoy haciendo lo mejor que puedo, y probablemente eso no sea bien ni mucho menos, pero, no puedo más, de verdad que no.
Solo quiero llorar durante horas, que me abracen fuerte, que me digan "te quiero" y que me prometan estarán a mi lado cuando el impacto llegue. 
Tengo mucho frío, mucho miedo y me duele todo aquí destro; una niña llora tumbada en el suelo frío del baño pidiendo lo siento por todo, le intento decir que lo estamos haciendo lo mejor que podemos y que todo irá bien, me reconoce temblando que tiene mucho miedo, tiemblo ante ella y le reconozco lo mismo.
Necesito respirar, necesito un abrazo fuerte, necesito que se queden a mi lado, necesito quedarme a mi lado creyendo en que todo, pase lo que pase, irá bien. 

Está siendo un mes brutalmente doloroso y horrible; infinidad de cambios, puñados de emociones desbordantes y muchos miedos ganando terreno. 

Yo que sé, yo solo quiero que todo acabe ya y me abracen un poco más. 



viernes, 24 de abril de 2026

El amor


No sé qué va a pasar ni en qué momento exacto nos perdimos; sé que ambas hemos intentado varias veces volver a encontrarnos, conectar y encontrar las formas de seguir caminando juntas, no nos falta amor y no fue algo concreto lo que nos llevó aquí, supongo que fue el cúmulo de muchas cosas, muchos cambios y muchas emociones nuevas explotándonos en las manos y en nuestros respectivos mundos. 
Intento que ningún pensamiento negativo ensucie nada de esta historia, me repito que lo hemos hecho bien, o lo mejor que supimos y que el amor y las ganas de querernos hasta el final nunca nos faltó, que esto no va de que de pronto eso desapareciera o que alguna ya no estuviera, estuvimos y estamos, nos vemos, pero hace tiempo que no logramos mirarnos. 
Tenemos un mes, un mes para sentarnos de verdad, apagar el ruido e intentar volver a mirarnos como tiempo atrás hacíamos; es curioso, hemos estado alejadas tiempo, pero sigo enamorada de ti hasta las trancas, sé que nos hemos echado mucho de menos, no sé que exactamente qué nos pasó, pero sigo con las mismas ganas de besarte, abrazarte, que me saques a bailar en nuestro restaurante de siempre y que me hagas reír cuando estábamos a punto de llorar, es una de tus preciosas formas que tienes de enamorarme un poquito más. 
No sé qué va a pasar, pero pase lo que pase tú y yo ya hemos ganado. Me dices que yo te ayudé a volver a creer en el amor, tú me ayudaste a creer en mí a través del amor, y este es uno de los infinitos regalos que siempre voy a llevar conmigo, siempre voy a llevarte conmigo, ya te lo dije y así lo haré, aquí dentro siempre tendrás una habitación especial llena de todos esos instantes especiales que hemos vividos juntas. Obviamente, me encantaría este mes encontrar las formas de seguir caminando juntas, de seguir queriéndonos y cuidándonos a centímetros de distancia, pero, si no es así lo aceptaré con el mismo amor con el que te recibí en mi vida, el amor también es saber soltar, respirar hondo, agradecer lo vivido sin negarle el acceso también a la tristeza y seguir creyendo en el amor tanto como ya hacíamos antes de coincidir, mira hasta donde nos llevó hacerlo. 
Hay mucha vida, mucha belleza y mucho amor dentro de nosotras y a nuestro alrededor, es nuestro deber seguir permitiéndonos sentirla bien dentro y dejarnos llevar por ella, no conozco otra forma de existir en el mundo. Tengo mucho miedo a que esto sea una despedida, a abrazarte y temblar ante la posibilidad de que sea el último abrazo, ojalá que si ahora nos toca despedirnos podamos encontrarnos en unos años, aunque ya no sea igual, aunque ya no sea la misma historia de amor que llevamos escrita hasta ahora. 
Eres tan preciosa, tan especial... tan mágica... que afortunada soy de haber compartido estos años contigo, que suerte la mía de haberte podido querer y haber recibido tu amor también. 
No sabes lo tanto que me gustaría, tras este mes, encontrar las formas de seguir mirándonos y acompañándonos, pero es que influyen e influirán tantas cosas en ello que intentaré solo disfrutar de esos ojos chocolate que me miran ilusionados cuando son felices y saborear bien cada instante y cada "te quiero". 
Ya está amor, tenemos el ahora, tenemos una historia de amor preciosa a nuestras espaldas, nos tenemos a nosotras, pase lo que pase.

Pase lo que pase, te quiero mucho, siempre lo haré, de una forma u otra.

miércoles, 15 de abril de 2026

Miedos y recaídas salvajes


No hay nada más peligroso y violento que mi propia cabeza cuando tengo mucho miedo. 
Es tan bonito, es tan preciosa, que me muero de miedo al sentir todo lo que siento aquí dentro.
Mi cabeza y mis miedos, esta semana, han ganado partida tras partida y yo me rompo a llorar con facilidad escuchando en mi mente palabras de despedida de algo que no quiero soltar, de alguien en donde me gustaría quedarme a vivir.
Vuelven experiencias del pasado a golpear con una fuerza y vida que creía que ya no tenían, me tiembla el cuerpo, me duele todo por dentro, y llorando una niña en el pasillo les grita a los monstruos que dejen de mentirle, que no está pasando nada malo, que aquí esta segura... pero ni ella misma es capaz ahora de confiar en ello.
Me da mucho miedo cuando todo lo bueno parece haber dejado de existir ante mis ojos y son un puñado de feroces lobos los que hacen temblar y mostrar la opción de huir como la única opción de supervivencia.
Me repito que no quiero huir, que quiero quedarme hasta el final, que esta no es la misma historia que tiempo atrás nos hirió y que vinimos aquí a sentirlo todo en nombre del amor... pero todavía ando con mucho miedo, tanto que me asusta mi propia cabeza cuando parecía estar todo mejor. Quiero confiar, de verdad que quiero hacerlo, pero es tan grande y vertiginoso todo lo que me ocurre por dentro.
A veces no es tanto el miedo a salir herida lo que me da miedo, sino el verme en el espejo y verme transformada en ese monstruo capaz de destrozar o derribar las cosas bonitas y especiales por no creer que las merezca, que son demasiado bonitas para ser reales.
Intento respirar, no darme por vencida, confiar hasta el final y que los miedos no me hagan ver la realidad distorsionada, pero claramente voy perdiendo en el intento. 

Cuando dejo de llorar en mi mente empiezo a escuchar frases de mis malditos miedos cínicos como "gracias por todo", "hay sido bonito", "ojalá hubiese salido bien".

No quiero irme, quiero quedarme, confiar, encontrar las formas de mostrarme vulnerable, confiando en todo lo bueno que ya ha sucedido. No quiero un abrazo de despedida, lo quiero de bienvenida porque quiero quedarme a vivir aquí, aunque no sepa ni por dónde empezar a construir.

No sé... le quiero, te quiero, mucho más que un poquito. Esto no estaba entre mis planes