martes, 27 de mayo de 2025

Puñado de fantasías

Ayer soñé que bailaba una balada lenta, estaba con los ojos cerrados, me asustaba abrirlos y descubrir que no era real; pero, de manera real o imaginaria, bailaba sin parar, mi sonrisa volvía a ser columpio de sueños y fantasías apoderándose de mí, y mi niña interna se rompía a llorar al verme, al vernos, de nuevo como si todavía no le tuviéramos miedo a nada.

Recuerdo que no me costaba hacerlo, que hasta me permitía, con mayor facilidad de la habitual, dejarme llevar por esa canción que tantas otras veces me había hecho tan sólo llorar. Mi cintura jugaba en el espacio a dibujar círculos y pequeños recorridos de colores, mis pies fantaseaban a ser bailarina y dragón a la vez, y mis manos creaban historias emocionantes que solo yo sentía por dentro.

Me gustaba la sensación de sentirme capaz de hacerlo sola, hacía tiempo que no lo lograba y lo echaba de menos; no sé si lo hago bien o mal, no creo que lo haga demasiado bien, pero me divierto jugando a ser distintas personas y seres mágicos sin dejar de ser yo. Parecía tan real que hasta me sentí estúpidamente ridícula al pensar en los meses anteriores, en que creía que no volvería a encontrarme; pero ahí estaba, en mitad de ese campo, respirando profundamente, ahora que la tristeza me había dado una tregua o me había dejado salir de casa un rato.

De pronto, un sonido molesto interrumpió el baile, intenté abrir los ojos, pero la luz me dificultaba los pobres intentos, cuando logré hacerlo me encontré tumbada en mi cama con cierta tristeza durmiendo bajo ella, no sé cuánto tiempo lleva aquí, pero a veces lo siento como quinientas noches. Es demasiado pronto para ponerme a llorar, así que me he tomado este sueño como una especie de señal mística de que las cosas van mejor de lo que parece.

Luego, medio dormida aún, extendí mi mano y recorrí mi cama con ella, durante unos segundos fantasee con la idea de encontrarte en algún rincón, no te negaré que me hubiera gustado hacerlo, pero sonreí pensando en ti y en la ridícula idea de que tú estuvieras pensando en mí en ese instante.

A veces un puñado de fantasías hacen que todo lo malo pese un poquito menos.

miércoles, 21 de mayo de 2025

Soledad rutinaria


Me gustaría sentirme más cuidada, más acompañada y más visible cuando estoy triste o apagada; me gustaría poder romperme más en manos que sean expertas en sostener y acariciar.
Y sé que es contradictorio, porque es en estos momentos cuando más esfuerzos solía invertir en ocultarlo ante todos, haciéndoles creer que lo tenía todo bajo control o que yo sola podía, pero no es verdad, no tengo apenas nada bajo control, o así lo siento, y yo sola no puedo con todo esto de aquí dentro; necesito y quiero del otro, y esto me asusta mucho, pero también me hace sentir más humana, más real.
Quiero que me sorprendan a la salida de mi trabajo con un ramo de flores, que me pregunten qué tal me fue el día y que me escuchen sin importar si se hace tarde. Quiero que me pidan uno de mis audios eternos tan solo porque les gusta escucharme, que me confiesen que ellos también estuvieron así de perdidos, y que eso no implica haber perdido todas aquellas cosas que me gustaban de mí, quiero un beso en la frente, por favor. Quiero que se sienten a mi lado si todavía no soy capaz de volver a bailar, quiero que me pregunten si he comido, quiero que me tapen con cariño cuando me quede dormida en el sofá, que les merezca la pena el viaje por verme 5minutos, que me sujeten el pelo al vomitar, que no teman mostrarse intensos porque saben que yo soy igual o peor. Que si tengo pesadillas o hay tormenta me abracen aún más fuerte, que me inviten a ese ColaCao los días negros, y hacer de cada día bueno una fiesta de colores, que me hagan sentir que este espacio también es mío, que durante unos minutos me hagan sentir que acabo de llegar a casa, por mí y por todas mis versiones anteriores, aquellas que aún, a veces, me hacen sentir que soy demasiado complicada o que no sirvo ni para conectar ni para recibir ese amor y cuidados. Me niego a darles la razón, que mis ritmos y procesos sean distintos no hace que no merezca la pena el camino.

En definitiva, quiero que alguien siga aquí cuando las luces se hayan apagado y el evento haya terminado, ¿hola?, ¿hay alguien ahí?.

Y no me niego a reconocer que parte de toda esta movida, de todo este proceso, sea más solitario, últimamente me cuesta lo de estar conmigo misma, sé que hay bosques en los que sólo yo puedo entrar, pero me gustaría sentir más, en el día a día, que cuando salga de ese bosque habrá personas deseando cuidarme y quererme. 

Se siente como si mi mayor miedo y mi mayor fantasía se acabaran de besar, no sé exactamente como describirlo, pero lo siento todo el rato aquí dentro.

Me acaban de volver a hacer la maldita pregunta, "¿cómo estás?", y yo lo que quiero es no tener tanto miedo a lo que vendrá después si contesto algo distinto a ese rápido y sencillo, pero hipócrita, "bien".


domingo, 18 de mayo de 2025

Luces de colores para iluminar(te) en la oscuridad


Me revienta que aquellas personas mágicas o especiales sean, a veces, quienes más pequeñitas se sientan ante el mundo y ante el resto de personas; sin duda alguna, les regalaría mis ojos si pudiera para que se vieran a través de ellos, alucinarían con el mundo tan precioso que se encontrarían al verse. 
Vivimos en una sociedad en la que se observa con admiración a quien tenga el grupo de personas más grande y, aparentemente, más increíble; y en la que se alaba de manera constante cuestiones físicas que nos hacen creer que seguro que esa persona tiene tras de sí una lista interminable de fans, olvidando siempre que en unos años todo esa fachada desaparecerá, pasando a ser esta más real, más humana.

¿Qué pasa con lo de dentro?, ¿por qué no nos paramos a observar lo realmente importante?...

Tiene en su interior un mundo tan bonito, tan lleno de amor, ternura y tan puro que me duelen esos días en que parece olvidarlo. Suele protegerse, más de lo que debería, bajo esa coraza de evitación o con una sonrisa artificial, con la que intenta que los problemas o el dolor le resbale; pero, algunos días me deja entrar ahí dentro y observar toda esa luz y magia que lleva, ojalá tengáis la suerte de coincidir con este tipo de personas. 
Creo, fielmente, que tiene un corazón que cada vez es más grande; porque estoy segura de que le crece un poquito el corazón cada vez que me ha sostenido con sus abrazos salvavidas, cada día que me pregunta cómo va mi semana, le crece el corazón cuando está pendiente de si has llegado a casa, cuando te cuida desde cerquita, y también desde lejos, cuando su mirada dibuja corazones donde veías rayajos, y sus ojos se llenan de luciérnagas para iluminar tu camino, aún sintiéndonos personas diminutas en un mundo demasiado grande y hostil en ocasiones. 

Toma, coge mis ojos, mírate un ratito a través de ellos, y descubrirás que la palabra "suficiente" se te queda pequeña y corta, que eres demasiado para una palabra tan corriente y superficial.
Tienes una fachada preciosa, aunque a veces no te lo creas; pero es que hablando de ti eso es lo que menos valor tiene. Porque, cuando entras dentro, tiene esa habitación acogedora con sus mantas para días de frío, ese sofá en el que acurrucarse, y esa esfera llena de luces y olor a comida recién hecha que hace sentir que sí, que ya estás en casa. 

No quiero ni puedo librarte del dolor, solo quiero regalarte mis ojos algún día de estos para que veas todo lo que llevas ahí dentro, y que vuelvas a descubrir que eres ese tipo de personas que son como si te hubiera tocado la lotería, el euromillón y el gordo a la vez, no todo el mundo se dará cuenta de ello, pero procura no olvidarlo tú. 
Si se te olvida llámame por favor, no siempre tienes que poder con todo tú, déjame hacerte un huequito aquí dentro, obsérvate desde aquí. Y, aunque el dolor siga haciendo acto de presencia, te prometo que pesará un poquito menos. 

lunes, 12 de mayo de 2025

Rabia atragantada


No era tristeza, era rabia.

De pequeña siempre fui una niña llorona, muy llorona; a veces, ni siquiera yo misma lograba identificar con claridad qué me hacía llorar, pero a mi alrededor todos solían formular sus hipótesis. "Es una niña muy emocional", "está demasiado mimada", "es una niña con tendencia a la tristeza"... Lo que pocos sabían, es que también era una niña con una aparente alta necesidad de afecto, y esto me hacía experimentar un alto temor a que los de ahí fuera me dejaran de querer, empezando por mi familia y terminando por aquellos más lejanos. 

Por lo que, de manera inconsciente en aquel momento, me esforzaba mucho en cumplir con exactitud las normas y expectativas.
En temas académicos, hasta la universidad, iba de suspenso en suspenso hasta llegar a ese costoso aprobado bajo, pero las normas asociadas a mi género para ser merecedora de afecto las sentí sobre mí a muy temprana edad. Ya que en los estudios era decepción tras decepción, en las segundas debía hacerlo de diez.

"Una niña muy buena", "siempre ayudaba a sus iguales", a los que a veces cuidaba y dedicaba más tiempo que a mí misma, "dulce", "cariñosa", "tímida" y que "nunca nunca se enfadaba", incluso si le tratabas mal, ella te diría con voz calmada que no pasaba nada, que te perdonaba o que ni le había molestado. De pequeña recuerdo a muchas personas alabar estas cualidades, sobre todo, la de no enfadarse y ser tan buena, a día de hoy me parecen unas enormes señales de alerta de las que alguien debería haberse percatado, pero no fue así. 

No digo que, parte de estas cualidades, no existan en mí y sean reales y parte de mi ser, pero otra parte de ellas se vio durante años alimentada por el: "Si me salgo de aquí, me dejarán de querer". 
Y da igual lo que te esforzaras, siempre pedían más, nunca era suficiente, la maldita palabra esa: "suficiente"... cuanto daño me hizo y me sigue haciendo todavía ahora cuando mis versiones anteriores me cargan sus miedos.
Me recuerdo en muchos momentos de esos y observo a una niña que, algunos días, sostenía una sonrisa artificial mientras por dentro le quemaba la rabia, por dentro esa niña sí se enfadaba y había cosas que le dolían y le enfurecían, tanto que muchas veces deseaba prenderle fuego a todo, destrozar las paredes, gritar sin parar y acabar agotada, pero el miedo a perder el afecto de los de ahí fuera le atemorizaba tanto que no hacía más que llorar al sentirse sin escapatoria.

Sentía rabia, no tristeza, sentía mucha rabia porque muchas cosas a mi alrededor no estaban bien y nadie parecía percibirlas. Lo que ocurría, en esa aparente normalidad y entre esas normas tan rígidas, era que una niña se pasaba horas mirándose en el espejo preguntándose si lograría seguir siendo suficiente siempre, para garantizar así que nunca le faltasen unos brazos dispuestos a quererla y cuidarla. 

Nos metieron, queriendo o sin querer, mucha mierda en la cabeza. Ahora, descubro que mi llanto era ese puñado de gritos que no pude emitir hasta alejarme de los sitios que me vieron crecer. 
Sigo teniendo muchas dificultades para expresar mi rabia, pensamientos del pasado me siguen persiguiendo; a veces, aparece en mí ciertas ansias de querer venganza, ser yo quien grite en nombre de esa niña que se cuestiona si es suficiente o si es merecedora de amor y cuidados. 

Algunos días siento rabia, mucha. Ganas de destrozar las paredes de esa habitación y mostrarle que hay vida más allá de las fronteras... todavía no sé muy bien ni sentirla ni gestionarla del todo, pero está bien sentir esto que siento. Está bien que llorase tanto, fue mi manera de sacarla fuera en aquellos años, eso me permitía sobrevivir y respirar mejor, así que está bien y es válida la rabia que sentí y siento. 

Si os gusto así bien, y sino también. No solo era una niña tímida y dulce, era mucho más que eso, muchas más emociones que no siempre me permitieron mostrar bien o del todo.

Ahora que puedo, voy a permitirme sentirlo todo bien adentro e ir aprendiendo a sacarlo bien afuera. 

jueves, 8 de mayo de 2025

Más allá de las murallas


Había una vez una niña valiente que jugaba cada día a ser alguien distinto; la princesa de ese baile real, una dragona sin miedos, un hada jugando con el amor, una ardilla aventurera o una guerrera con ansias de ponerlo todo patas arriba.

La niña corría, saltaba sin parar y se divertía con los nuevos amigos que hacía en cada aventura, muchos de ellos solían encontrar en esa niña grandes cualidades, pero ella siempre quitaba importancia a estas alabanzas, al creer que no eran más ni mejores que las que ella veía en el resto.
Pero, la diferencia estaba en que los de ahí fuera no solían pararse a observar la infinidad de reinos que llevaban dentro, algo que le parecía curioso, ya que ella lo hacía hasta sin darse cuenta cada vez que este mundo le parecía demasiado pequeño, demasiado injusto o demasiado tenebroso.

Fueron varias las noches en las que sus amigos le proponían jugar al escondite en el bosque, buscar figuras preciosas entre las estrellas, o escuchar la infinidad de sonidos misteriosos de alrededor. Ella, de manera sutil, pero firme, rechazaba siempre estas propuestas y aprovechaba estos momentos para viajar a nuevos reinos, algo distintos, pero igual de especiales. Solía imaginarse siendo ese hada brillante que siempre lograba escapar de los miedos, mientras se permitía un poco más jugar a eso del amor. 

Una noche, voló tan lejos de sus bosques habituales, que algo cambió. No sabría decir si sucedió fuera o dentro de ella, pero desde ese nuevo rincón todo se veía distinto, y las estrellas parecían estar más cerca de ella; durante largas horas se divirtió jugando y aprendiendo las nuevas constelaciones que veía desde ahí, era la primera vez que observaba muchas de ellas y, aunque dudaba de si todo esto era real o un sueño precioso de cómo sería atreverse a viajar al otro lado de la luna, disfrutaba siendo la única niña de aquella gran ciudad capaz de viajar hasta las estrellas.

Tras semanas de continuas aventuras y exploraciones nocturnas, cierta nostalgia se coló en su interior e hizo que tuviera ganas de volver a jugar con esos amigos que le solían acompañar en sus primeras expediciones. Una vez con ellos, parecía que el tiempo se había detenido y que todo permanecía en el mismo punto en el que lo habían dejado, pero se sentía muy distinto. Sus amigos le abrazaban, le escuchaban con interés todas sus hazañas y le recibieron con grandes sonrisas, pero esto no hacía más que aumentar su culpabilidad y malestar por no sentirse como cree que debía hacerlo. Se esforzó durante días por sentirse una más y que nada había cambiado, pero, tras numerosos y agotadores esfuerzos, la pequeña aventurera optó por volver a sus fieles estrellas.

Esa noche ni las estrellas le sirvieron de consuelo, parecía, incluso, que hasta estas brillaban menos. La niña lloraba asustada, mientras la soledad y los miedos le castigaban con dureza el haber viajado más lejos de lo que debía. Todo permanecía en silencio, pero su interior no hacía más que rugir, impidiéndole conciliar el sueño, dudaba varias veces de si había sido buena idea salir tan lejos de su casa y de sus habituales bosques. A veces, incluso se arrepentía de no haber pensado más o mejor las consecuencias de estos actos, pero todo este ruido se esfumaba cuando veía desde ahí las impresionantes vistas y constelaciones. 

Eran preciosas y, aunque todavía ahora sigue cierta nostalgia y tristeza habitando en su interior, también hace poco que un puñado de luciérnagas le han empezado a hacer sonreír sin querer y a pintar nuevas ilusiones y fantasías entre esas constelaciones distintas, pero especiales. 

lunes, 5 de mayo de 2025

Capital Social

 

¿Quién se quedará a tu lado cuando las luces se hayan apagado y la noche se haya echado?. 

Cuando el evento haya terminado, cuando esta sea la última canción, y con ello el último baile, cuando te hayas desmaquillado, cuando te hayas puesto el pijama o ropa de estar por casa, cuando los miedos aprieten y los pensamientos te hagan ver el vaso medio vacío.

¿Quién te espera en casa para escucharte, o quién te pregunta si has llegado ya a esta?. Quien te haga la cena entre diario cuando el cansancio pueda contigo, quien se acueste a tu lado cuando no puedas levantarte, quien se acuerda del día de tu cumpleaños o de que hoy tenías médico, quien te acompañe en ese café con leche o con ese ColaCao, y no tanto quién te acompañe en las cervezas, quien te quiera neurótica y despeinada, quien te bese el recorrido de cada lágrima, quien te abrace cuando la alegría brille por su ausencia, quien te haga setir que aquí no debes esconder ninguna parte de ti para poder entrar y recibir todos esos cuidados y amor. 

Me hago todas estas preguntas cuando aparece la soledad en mí, al observar en eventos a personas reírse y mostrar abiértamente todo ese afecto que parecen sentir unos por otros, en muchos momentos envidio esas redes de apoyo. Siento que yo últimamente he dejado de encajar en muchos espacios en los que se encontraban mis redes de apoyo, y ahora cierta soledad y tristeza son mis fieles y malditas compañeras de exploración de este nuevo reino, que parece externo, pero tiene mucho que ver con lo que aquí dentro está sucediendo. 

La ansiedad no suele tardar en hacer acto de presencia, el distanciarme de todo ese ruido me hace descubrir que yo tampoco quiero estar en el centro de esos grupos de personas, que aunque se vean muy bonitos desde fuera, dudo de si serán de verdad así cuando los focos no les estén alumbrando. 

(Re)conecto con mi vulnerabilidad, con aquellas partes que me hacen más humana; hacía tiempo que solo permitía su existencia ante mi mirada, pero ahora tengo ganas de que sean vistas por nuevos ojos, nuevas miradas, también me parece algo arriesgado tal y como están las cosas ahí fuera, pero igualmente me gustaría... me sigue costando entenderme del todo o permitirme sentir lo que siento, pero cada vez me esfuerzo menos en bloquearlo, aunque no sé si lo hago por querer sentirlo del todo o por el agotamiento de no poder seguir manteniendo esta sonrisa artificial en aquellos espacios en los que me sigo sintiendo sola. Son muchos los duelos y muchas más las emociones que estos me generan.

Yo no quiero un grupo enorme de personas, que agobio; yo sólo quiero unas poquitas que me sigan cuidando y queriendo sin necesidad de esconder ninguna parte de mí, que alguien me pregunte cómo va mi semana o si he llegado ya a casa, que me vean preciosa sin maquillaje, y que me abracen por la noche, que me abracen mucho, se siente como haber encontrado un refugio en mitad del desierto en el que ser feliz y sentirse acompañada.

¿Quién se quedará a tu lado cuando las luces se hayan apagado y la noche se haya echado?.

Cuida bien a esas personas en quienes acabas de pensar, son las mismas personas que dan valor y significado a palabras como "familia" o "amor"; esto es lo realmente importante, y no el capital social que puedas creer tener los sábados por la noche, y que desaparezca el domingo por la mañana. 


viernes, 2 de mayo de 2025

Ser valiente es agotador


Estoy volviendo a conectar con una parte de mí tan humana como vulnerable, el miedo y cierta soledad que me acompañan en el día a día me dejan agotada, y cierta culpabilidad se apodera de mí por no hacer más, aún sabiendo que aquí dentro está ocurriendo de todo.
Cierro los ojos; esa canción de fondo me saca a bailar, sueño en cómo lo hacía a solas hace meses, recuerdo esa parte de mí que solo existía en los escenarios  y me emociono al hacerlo, mis amigas me intentan convencer de que esas partes siguen aquí, pero hace tiempo que no las siento.
Y parece contradictorio, pero, aún en los días en que el miedo y la soledad se sienten más dolorosos, no diría que las cosas vayan mal o que yo esté mal. Están ocurriendo una infinidad de cosas aquí dentro, todo está cambiando mucho y en muy poco tiempo, y son varios los duelos en los que me encuentro, sin lugar a dudas el más complicado es el de soltar a quien creía que era o quien fui ayer y confiar en que me estoy convirtiendo en alguien que también tendrá un lugar merecedor de cuidados, amor y ternura. 
Me cuesta tolerar tanta incertidumbre a mi alrededor y dentro de mí, pero más me cuesta compartir todo esto; me rompo a llorar cuando más ganas tengo de gritar, cierro murallas cuando esto pasa creyendo que me estoy protegiendo, pero lo que hago es todo lo contrario.
Sigo pensando que me falta un manual de instrucciones, ojalá las cosas fueran así de fáciles... hace tiempo que siento lejos a la niña de aquí dentro, tal vez debería empezar por ella, pero últimamente me resulta agotador el ritmo que llevo, a veces es cansado obligarse a ser siempre valiente, me gustaría ponerlo todo un poco más fácil, pero no sé ni por dónde empezar.
Me gusta que me abracen sin parar y con ganas, en mitad del caos se siente como quedarse un ratito en silencio, ojalá durase algo más este momento.

¿Dónde estás?, ¿quién eres?... echo de menos sentirme acompañada, tal vez lo estoy, pero me siento tan lejos de todo, incluso de quien era o quien creía ser. 

miércoles, 30 de abril de 2025

Yo creo, sí creo.


Yo creo, sí creo, en la ternura y en el amor como armas políticas y sociales capaces de ponerlo todo patas arriba; cambiar absolutamente todo el mundo de ahí fuera, y comprender así que el de dentro no estaba mal, que nunca le sobró ni intensidad ni colores, y mucho menos que le faltó maldad.
Creo en los besos de esquimal y en la frente, creo en las personas que te desnudan sin tocarte el cuerpo, creo en el "avísame cuando llegues a casa", creo en quienes aún siguen regalando flores o quienes te llevan a campos repletos de ellas, creo en las miradas en las que se lee "no me voy a ir a ningún lado sin ti", creo en las caricias suaves y en los besos pasionales, creo en los "vamos a sentarnos y hablar de esto, no quiero perderte", creo en las sonrisas en las que te puedes quedar a dormir. 
Los ojos achinados cuando alguien es muy feliz, y no tiene miedo a compartirlo con el resto, cocinar para muchos por si alguien tiene su plato vacío, las manos que sostienen y que acarician, las cartas escritas a mano, las familias que el día de Navidad colocan los regalos bajo el árbol aún sin tener apenas nada que llevarse a la boca, las voces de quienes defienden a sus familias elegidas, los sueños de quienes creen que las cosas se pueden hacer de una manera distinta, la comunicación entre vecinas y que no quede ningún piso sin familias. 
Creo en quien está en el barro, y no en quien observa todo desde su gran sillón de privilegios, creo en quienes limpian suelo y paredes cuando la función se ha acabado, en quienes guían y nunca reciben el reconocimiento que merecen, creo en los menores que comparten su merienda, sus colores y hasta el folio en el que pintan, creo en quienes se atreven a llorar con la cara al descubierto, en quienes no le temen a pronunciar o escuchar ese "te quiero", en quienes se permiten sentirlo todo bien adentro, en quienes deciden quedarse hasta el final, en quienes saben cerrar la puerta con el mismo cuidado y amor con el que la abrieron.
Por esto y mucho más, creo en mí, porque creo en la ternura y en el amor que siento y que me guía, creo que la niña que fui sí se atrevería a acercarse a alguien como yo para confesarle que se ha perdido, y esto creo que es una muy buena señal de que lo estoy haciendo bien, o al menos, lo suficiente como para sentir que estoy convirtiéndome en la adulta que admiraba y deseaba tener cerca de pequeña.

Yo creo, sí creo... ¿cómo no lo voy a hacer?.

De pequeña creía en las hadas, todavía lo sigo haciendo, sin ellas no habría llegado hasta aquí; ahora cada vez más creo en el amor y en la ternura... sin ellos tampoco habría llegado aquí. 

domingo, 27 de abril de 2025

Un rato más, nada más


Me hubiera gustado tener una despedida, si era irte lo que querías; tal vez para ti no era importante, porque, tal vez, sentías que todavía nada había ocurrido, que todavía no habías estado de verdad como para tener que despedirte después, pero me hubiera gustado tener una despedida. 
Lo malo de la ausencia de estas es que me cuesta mucho más procesarlo todo, se queda conmigo la duda de si esperas un "adiós" o un "hasta pronto", y yo ya sé que no debería esperarte de más cuando tú te has ido hace rato, pero aún sigo aquí, esperando un maldito mensaje de WhatsApp que no llegará.
Quizás no me debes esto ni mucho menos, no soy una persona ni importante ni cercana en tu vida, pero soy una persona igual que tú, y me hubiera gustado que fueras un poco más consciente de cómo puedes influir en el resto. 
Sigo pensando que eres de esas personas que tiene algo bonito en su interior que merece ser descubierto, me gusta coincidir con este tipo de personas y, mucho más, que me dejen descubrir(les). 
Esto no es una carta de orgullo, ni mucho menos de rencor, es más, me atrevería a decir que es una carta de amor; sí, es una carta de amor propio y amor hacia ti. 
De amor propio porque, si tú no te despides, ya me encargo yo de tener en mi mente y en mis folios en blanco esa despedida necesaria, y de amor hacia ti porque quiero seguir respondiendo de la misma forma a tu sonrisa y abrazos cada vez que decidas dármelos, por eso escribo esto, por eso intento crear esa despedida, que hubiera esperado de ti si me hubieras visto de verdad. 
Y te repito; tal vez no tengas porqué darme nada de lo que te pido ni mucho menos despedidas innecesarias, pero para mí era importante tenerla o, al menos, saber si de verdad querías volver a estar aquí, aunque ya no fuera igual, aunque fuera de un modo distinto.
Sigo teniendo ganas de coincidir contigo, de ese café y de descubrir(te) por dentro, me siento algo desconcertada.

¿Me voy o te espero un rato más?...

Pero, ¿sabes qué?, es mejor así, dejarlo todo como está; no todas las personas tienen porqué estar preparadas para todos los colores y magia que llevo aquí dentro. Soy complicada, te lo aseguro, pero si me dan razones y pruebas entrego corazón e infinidad de cuidados a manos que sepan acariciar y sostener cuando las cosas se pongan difíciles. No todas las personas tienen porqué saber hacer esto, y está bien, no es tarea sencilla, pero es una forma de conocer a personas que te hagan sentir vivo de verdad. Viendo tus últimos movimientos, yo creo que no tardaría mucho en caer al vacío, así que si esto es una muestra de ti y de lo que vendría, gracias por haberte ido antes de tiempo.
Me hubiera gustado que te despidieras antes, saber salir es igual de importante que saber entrar.
Te voy a esperar un rato más porque yo sigo con ganas de conocerte mejor, pero no prometo seguir aquí si decides regresar, o no de la misma forma en que coincidimos la primera vez.



sábado, 19 de abril de 2025

Granadas de besos y miedos


Se me están rompiendo todos los esquemas, y tengo tanto miedo... que nunca llego a disfrutar del todo cada instante. 
No obstante, durante unos minutos, corrí y volé tan rápido y alto que los miedos no me encontraron, pude observar entonces unas vistas preciosas mientras me columpiaba desde su nariz hasta una boca que me pedía un ratito más de libertad y valentía, estoy descubriendo que soy mucho más valiente de lo que pensaba, gracias por confiar.
Me mira de una forma tan especial que me cuesta creer que todo esto sea real o que de verdad me esté mirando a mí, me quedaría mil noches más a dormir en el interior de esos ojos oscuros, ahí dentro ni los miedos ni el ruido me alcanzan, y es una sensación alucinante la de perderme en ellos, no quiero salir todavía.
Quiero más, aún sin saber a dónde vamos; quiero más valentía explotando en mi interior, escribir sobre su cuello esa carta que no me atrevo a recitar, llenar de besos su rostro y sentir que estoy en el rincón más especial del mundo, sus manos sosteniéndome como la única línea de vida visible, el sonido de nuestras respiraciones entrelazadas como la canción más hermosa de todas. Que se pare el tiempo justo aquí por favor, no creo que esto sea real todavía, pero me hace feliz que siga estando a mi lado observándome como lo hace. 
Estoy muy asustada, lo estoy gran parte del tiempo, y esto me genera altos niveles de ansiedad y que mi cuerpo me duela mucho cuando estoy sola de nuevo, pero también me siento realmente feliz porque nunca me había permitido seguir tanto lo que decían mis tripas y corazón, no tengo ninguna prueba, más que lo que siento, de que lo estoy haciendo bien, aunque aún sean muchos los momentos en los que crea lo contrario.
Tiene en el interior de sus ojos todo un universo de colores preciosos, me cuesta no perderme en ellos, allí dentro no llega ni el ruido ni los miedos, y supongo que por eso no quiero salir todavía. 
Me siento como si volase sin paracaídas ni arnés, no sé cómo lo hago, pero es una sensación que me genera tanto miedo como adrenalina; hace rato que la niña de aquí dentro se ha empezado a soltar de esa cuerda y, aunque no deja de llorar, le he pillado sonriéndome sin creer lo que estaba pasando.
Me gusta tenerle a centímetros de distancia, sentir su calor, su cuerpo, sus manos sosteniéndome, con seguridad y ternura, y su sonrisa como la perfecta cama en la que pasar la noche, ¿todo esto es real?. No tengo ni idea, pero ven y bésame otra vez, mírame y no dejes de hacerlo ni hasta cuando te lo pida, es como saltar de un  precipicio sin arnés y salir volando; tengo mucho miedo, me duele, me duelo, pero estos ya no me impiden sentir lo que siento; algún día de estos os quedaréis sin escenarios terroríficos que mostrarme y podré entonces ser libre del todo, ojalá pronto.
Mientras, ven y bésame, aún tengo muchas ganas de ti y de mí jugando a ser más valientes de lo que, probablemente, seamos en realidad. 

jueves, 17 de abril de 2025

Por mí y por todas mis compañeras


Hay días que el mundo da asco, y cuesta ver el vaso medio lleno; y si yo a veces estoy cansada de tantas injusticias y violencia a mi alrededor, ni me imagino como deben de sentirse aquellas personas que están a pie de cañón, ojalá poder abrazarles y decirles que todo irá a mejor, no siempre creo en ello de verdad, pero siempre seguiré alzando la voz y estando en el lado en el que cabemos todas, y todas somos todas, no creo en otro feminismo, no existe otro feminismo posible. 
Pero, lo que me encuentro a mi alrededor son mujeres ejerciendo la misma violencia sufrida  sobre otras mujeres, acentuando diferencias y olvidando las distintas escalas de violencia que sufrimos todas y todes. No es justo ni comprensible que ahora seamos nosotras las que invisibilizamos a compañeras que también son víctimas del sistema cis-heteropatriarcal en el que vivimos, compañeras que fueron las que estuvieron  pie de cañón desde el comienzo, luchando por un feminismo en el que no debe ni puede faltar ninguna. 
Nos necesitamos a todas frente a una sociedad machista, capitalista y cada vez más polarizada en la que la ultraderecha avanza a pasos de gigante, mientras intentan hacernos creer que el problema o el peligro está entre nuestros propios espacios y círculos, cuando en estos el único problema es quien se intenta infiltrar siendo alguien que no es.

¿Qué coño estamos haciendo?, ¿cómo nos hemos dejado engañar tanto?, ¿en qué momento hemos confundido tanto el peligro ante el que defendernos?. 
Que no, que lo estamos haciendo muy mal y estamos atacando a quienes más necesitan que les escuchemos, que no consiste en ningún trato de favor, sino es respetar su existencia, porque tienen tanto derecho a existir como nosotras y, aunque a algunas les moleste esto, seguirán naciendo y existiendo, y no es justo que le demos la espalda a compañeras que nos ayudaron a alzar nuestra propia voz tiempo atrás. 

No sé como es la realidad de una persona trans; les he escuchado y lo sigo haciendo para intentar no formar parte del problema, poder garantizarles que aquí tienen un espacio seguro, aunque ahí fuera todo vaya a peor algunos días. He sufrido otro tipo de violencias, pero nunca nadie me ha llamado "marimacho", tampoco me han preguntado por mis genitales ni he tenido nunca miedo de ir sola al baño... y todo esto siguen siendo privilegios, porque no todas las mujeres tienen estos derechos básicos, siento rabia y tristeza porque no es justo que yo sí y ellas y elles no.

Las mujeres trans son tan mujeres como lo soy yo, y ni su existencia ni sus derechos tachan o eliminan los míos, nos necesitamos juntas y fuertes, y me da pena que no todas lo veamos así. Ojalá poder abrazarles fuerte, decirles que aunque no sé que pasará ahí fuera, yo estaré justo detrás, a pie de cañón, porque no existe otro feminismo posible, no puede faltar nadie y mucho menos ser nosotras quienes decidamos quién sí y quién no.

A toda la peña trans: lo siento, lo estamos haciendo realmente mal, no nos merecemos todo lo que hacéis por nosotras.

Creo en un mundo en el que se pregunta antes de herir, en el que se dedica más atención a reparar que a castigar, en el que los baños no son divididos en dos absurdas puertas, en el que hacemos de nuestras diferencias nuestra mayor fuente de aprendizaje, en el que mis amigas son mis amores y mis amores son mis amigas, porque el amor se multiplica, y yo solo quiero cuidar y amar a todas las que un día tuvimos miedo a alzar la voz. 
Creo en un mundo en el que la ternura es revolucionaria, en el que no se teme pedir perdón cuando descubres que eres parte del problema, en el que todos, todas y todes tenemos derecho a existir en libertad y sin miedo a ser. 

Supongo que aún queda muy lejos ese mundo, y sé que las cosas ahí fuera no pintan bien, pero prometo seguir a pie de cañón a vuestro lado siempre porque ya lo dijo Audre Lorde:

" No seré una mujer libre mientras siga habiendo mujeres sometidas, incluso cuando sus cadenas sean muy diferentes a las mías." 

Os abrazo fuerte, no lo estamos haciendo bien, lo siento.