Me revienta que aquellas personas mágicas o especiales sean, a veces, quienes más pequeñitas se sientan ante el mundo y ante el resto de personas; sin duda alguna, les regalaría mis ojos si pudiera para que se vieran a través de ellos, alucinarían con el mundo tan precioso que se encontrarían al verse.
Vivimos en una sociedad en la que se observa con admiración a quien tenga el grupo de personas más grande y, aparentemente, más increíble; y en la que se alaba de manera constante cuestiones físicas que nos hacen creer que seguro que esa persona tiene tras de sí una lista interminable de fans, olvidando siempre que en unos años todo esa fachada desaparecerá, pasando a ser esta más real, más humana.
¿Qué pasa con lo de dentro?, ¿por qué no nos paramos a observar lo realmente importante?...
Tiene en su interior un mundo tan bonito, tan lleno de amor, ternura y tan puro que me duelen esos días en que parece olvidarlo. Suele protegerse, más de lo que debería, bajo esa coraza de evitación o con una sonrisa artificial, con la que intenta que los problemas o el dolor le resbale; pero, algunos días me deja entrar ahí dentro y observar toda esa luz y magia que lleva, ojalá tengáis la suerte de coincidir con este tipo de personas.
Creo, fielmente, que tiene un corazón que cada vez es más grande; porque estoy segura de que le crece un poquito el corazón cada vez que me ha sostenido con sus abrazos salvavidas, cada día que me pregunta cómo va mi semana, le crece el corazón cuando está pendiente de si has llegado a casa, cuando te cuida desde cerquita, y también desde lejos, cuando su mirada dibuja corazones donde veías rayajos, y sus ojos se llenan de luciérnagas para iluminar tu camino, aún sintiéndonos personas diminutas en un mundo demasiado grande y hostil en ocasiones.
Toma, coge mis ojos, mírate un ratito a través de ellos, y descubrirás que la palabra "suficiente" se te queda pequeña y corta, que eres demasiado para una palabra tan corriente y superficial.
Tienes una fachada preciosa, aunque a veces no te lo creas; pero es que hablando de ti eso es lo que menos valor tiene. Porque, cuando entras dentro, tiene esa habitación acogedora con sus mantas para días de frío, ese sofá en el que acurrucarse, y esa esfera llena de luces y olor a comida recién hecha que hace sentir que sí, que ya estás en casa.
No quiero ni puedo librarte del dolor, solo quiero regalarte mis ojos algún día de estos para que veas todo lo que llevas ahí dentro, y que vuelvas a descubrir que eres ese tipo de personas que son como si te hubiera tocado la lotería, el euromillón y el gordo a la vez, no todo el mundo se dará cuenta de ello, pero procura no olvidarlo tú.
Si se te olvida llámame por favor, no siempre tienes que poder con todo tú, déjame hacerte un huequito aquí dentro, obsérvate desde aquí. Y, aunque el dolor siga haciendo acto de presencia, te prometo que pesará un poquito menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario