Recuerdo que no me costaba hacerlo, que hasta me permitía, con mayor facilidad de la habitual, dejarme llevar por esa canción que tantas otras veces me había hecho tan sólo llorar. Mi cintura jugaba en el espacio a dibujar círculos y pequeños recorridos de colores, mis pies fantaseaban a ser bailarina y dragón a la vez, y mis manos creaban historias emocionantes que solo yo sentía por dentro.
Me gustaba la sensación de sentirme capaz de hacerlo sola, hacía tiempo que no lo lograba y lo echaba de menos; no sé si lo hago bien o mal, no creo que lo haga demasiado bien, pero me divierto jugando a ser distintas personas y seres mágicos sin dejar de ser yo. Parecía tan real que hasta me sentí estúpidamente ridícula al pensar en los meses anteriores, en que creía que no volvería a encontrarme; pero ahí estaba, en mitad de ese campo, respirando profundamente, ahora que la tristeza me había dado una tregua o me había dejado salir de casa un rato.
De pronto, un sonido molesto interrumpió el baile, intenté abrir los ojos, pero la luz me dificultaba los pobres intentos, cuando logré hacerlo me encontré tumbada en mi cama con cierta tristeza durmiendo bajo ella, no sé cuánto tiempo lleva aquí, pero a veces lo siento como quinientas noches. Es demasiado pronto para ponerme a llorar, así que me he tomado este sueño como una especie de señal mística de que las cosas van mejor de lo que parece.
Luego, medio dormida aún, extendí mi mano y recorrí mi cama con ella, durante unos segundos fantasee con la idea de encontrarte en algún rincón, no te negaré que me hubiera gustado hacerlo, pero sonreí pensando en ti y en la ridícula idea de que tú estuvieras pensando en mí en ese instante.
A veces un puñado de fantasías hacen que todo lo malo pese un poquito menos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario