martes, 28 de noviembre de 2023

Procesando


De alguna manera, algunas piezas van encajando con otras desprendiendo cierto brillo, a la vez se abren las ventanas de par en par para mostrarme nuevas tierras que ahora observo con algo de temor, pero también con ilusión. 
Hay mucho por descubrir; voy trazando un camino con pasos indecisos pero con la seguridad de que es mi propio camino y con la alegría de haber empezado a caminar aunque desconozca el destino, ¿y si no lo hay?... conozco a muchas personas que mueven tierra y cielo por encontrar el camino que les lleve a un destino concreto y, al final, es tanto el temor y la presión a no encontrarlo que terminan sin atreverse a dar un solo paso.
Pero yo lo he hecho, observé ese abrirse la ventana justo cuando la puerta se cerró y decidí empezar a caminar por un camino nuevo para vivir una nueva aventura. La vida a veces puede generarte tanta ilusión como vértigo por vivirla, estoy volando sobre un nuevo bosque lleno de misterios, retos y nuevas historias por escribir, me tiemblan las manos y las piernas a causa de una emoción mezclada con unas gotitas de miedo, respiro hondo y decido seguir caminando, lo voy a hacer bien, confío en mí. 
Acabo de aterrizar, todavía estoy descubriendo mi alrededor, observándolo y sintiéndolo, estoy aprendiendo a bailar al ritmo de nuevas melodías y a emocionarme al ver a mi propia niña interna entrar segura de sí misma en este colegio, quien lo diría...
Las piezas van encajando, al juntarlas empiezo a distinguir algunos colores, algunas nuevas emociones y, aunque hoy ha sido un día en el que nada sale como quieres, sigo recordando sobre todo en estos momentos que las piezas van y seguirán encajando, y que sino siempre podré deshacerlo todo y volver a empezar para descubrir nuevos caminos. 

jueves, 19 de octubre de 2023

Rumbo a ninguna parte


Llueve, no sé todavía si dentro, fuera, o en ambos a la vez, pero lleva horas lloviendo y parte del frío externo ya se me ha colado entre los huesos. A veces me da miedo que se quede en silencio mi alrededor porque eso significa escuchar el ruido de aquí dentro, y me da miedo, tal vez por eso llevo este último mes escapando de ese ruido a través de no parar y de que haya el suficiente ruido externo como para creer que el de dentro ya no existe.
Pero existe, está aquí, lo siento en los momentos más bonitos y felices de este último mes, y lo odio, porque por su culpa ya no son bonitos y felices del todo, o tal vez sea yo la que no anda bonita y feliz del todo, pero... ¿para qué querría estar bonita y feliz si ni siquiera sé exactamente dónde estoy?, ¿estoy en algún rincón?, ¿dónde estoy?, ¿hacia dónde voy?.
Que sí, que estoy en la edad perfecta para perderme una y mil veces, para fallar, para cambiar y para empezar de cero en una hoja nueva, pero que esté en el momento idóneo para ello no reduce la incomodidad y complejidad de estas sensaciones, intento tolerarlas o que ellas toleren la desorganización de mis movimientos, pero no nos llevamos bien y acabamos con pequeños reproches que esconden grandes miedos.
Me he empezado a mover, es algo, no suficiente ya que me gustaría ser capaz de moverme más, pero me he empezado a mover, todavía desconozco la dirección de mis pies o los posibles destinos a los que estos me llevarán, pero me vuelvo adicta a la sensación de sentirme realizada, aunque solo sea unos minutos, es como escapar de todo.
No se me da muy bien hablar de esto con nadie o casi nadie, a veces creo que apenas he mejorado en el tema de socializar con las personas, pero no es eso, es únicamente que a veces no sé cómo se hace, no sé cómo salir de esa sonrisa y aparente constante ilusión que otras personas tienen tan asociadas a mi persona, me gusta los lugares en los que puedo abandonar toda careta y ser real, es más, me gusta estar con personas con las que pueda ser real, me ayuda a ver las cosas con algo más de claridad en ocasiones.
Joder, y ahora lloro, y lloro más, aumenta mi ritmo cardíaco y me viene la maldita de la ansiedad a besarme sin aviso ni permiso. Necesito parar de nuevo y volver a mirar aquí dentro, y me da rabia porque apenas siento que me haya desplazado del punto de partida de hace unos meses, pero me siento perdida y a veces esto me hace llorar cuando menos quiero hacerlo, bueno, en verdad me siento también un poco sola, tengo a mi lado a personas que me quieren, pero no sé... a veces me siento a kilómetros de distancia de absolutamente todo mi alrededor.
¿Dónde estoy?, ¿hacia dónde voy?, menuda puta mierda esto de la incertidumbre, nunca se me ha dado bien gestionarla ni tolerarla, no sé cómo se hace, hay muchas cosas últimamente que no sé cómo van.
A veces me pongo nostálgica y triste a la vez; pienso en cuando mi única preocupación era llevar los deberes hechos o volver a casa a las ocho y media y sonrío de recordarme con mis dos o tres amigas incondicionales siendo feliz, tal vez lo recuerdo con aún más cariño por cómo estoy ahora. A la vez pienso en el mismo instante y cierta tristeza emerge desde mi interior al ver a una niña muy atenta al resto de personas para cumplir todas las normas, sociales y de otros, y que así le quisieran. Con el tiempo me liberé de cadenas impuestas y de esa aparente felicidad constante y me permití una mayor libertad de experimentar y compartir mis emociones, todas sin excepción, quité el veto a alguna que otra y les di paso a todas. 

Siento muchas cosas a la vez, miedo también, pero no sé exactamente hacia qué, supongo que a la incertidumbre de no saber si estoy o no caminando o hacia dónde estoy yendo, y vuelta a llorar, cláramente tengo un día tonto... ya lo tengo, bueno tengo una ínfima parte de lo que tendré que seguir explorando, tengo miedo a quedarme en silencio y escuchar lo que hay aquí dentro, me necesito de nuevo, aunque a penas me haya movido, necesito volver a mirarme bien y decirle con cariño a la niña de aquí dentro que todo irá bien, que estoy con ella a muerte, y que su ritmo y ella misma están bien y son válidos, aunque hoy nos cueste creérnoslo.

Menuda movida esto de crecer. 

sábado, 23 de septiembre de 2023

Estrella fugaz

Suena "el fin del mundo" y me parece una buena excusa para ponerme intensa y una inevitable razón por la que volver a echarte de menos, a ti y a toda tu maravillosa esfera de colores especiales.

Como si de una estrella fugaz se tratase apareces de pronto en el mismo rincón de siempre como si nada hubiese cambiado, es entonces cuando nuestras niñas internas vuelven a ser realmente felices mientras te abrazan sin parar sintiéndose de nuevo en casa. Es una casa preciosa con paredes llenas de dibujos y en los que el amor se siente en cada abrazo haciéndote sentir invencible y realmente feliz entre esos brazos que abrazan, cuidan y reconstruyen durante unos minutos. 
Te quiero mucho, y te he echado y te echo de menos mucho más de lo que me gustaría hacer, recuerdo los últimos días a tu lado con un sabor dulce por tenerte a nuestro lado, pero también con cierto sabor amargo porque no te habías ido y ya te echaba de menos, todo es cuestión de volver a acostumbrarse, lo sé, pero siempre cuesta alejarse de nuevo de quien te hace tanto bien.
Sabía desde el primer día que en estos contextos hay dos opciones, puedes disfrutar de los reencuentros manteniendo cierta distancia de seguridad para cuando toque alejarse de nuevo o puedes entregarte y vivir intensamente hasta los más pequeños y fugaces instantes porque sabes que estás viviendo un constante de primeras y últimas veces hasta el verano siguiente. Yo, obviamente y como buena persona intensita y emocional , debía y quería la segunda opción aún sabiendo que las primeras semanas después de que te fueras serían algo durillas, te echo de menos, pero es raro porque también echo de menos cosas que no ocurrirán, como poder quedar contigo cualquier día del año, obligarte a cumplir tu promesa de que por una vez seas tú quien vengas hasta Torrejón y no al revés, celebrar la Navidad y cumpleaños juntas, o celebrar la vida a tu lado porque merece ser vivida y celebrada intensamente.
Verte de nuevo en persona, poder abrazarte y poder tenerte a nuestro lado ha sido, con diferencia, el mejor regalo de este verano, gracias por seguir estando con nosotras independientemente de los kilómetros.
Eres una amiga increíble y una persona maravillosa, no lo olvides nunca por favor, lo has hecho bien, lo estás haciendo bien de verdad, te admiro y te quiero mucho por ser capaz de viajar al otro lado de la luna y no dejar de mirarnos, mimarnos, cuidarnos y querernos. 
Gracias por todo, por hacer de este tiempo un verano eterno repleto de recuerdos preciosos que ya tengo en el lado izquierdo de mi pecho, a veces te miro siendo tal y como eres, tu mirada color chocolate espeso, tu facilidad para reírte hasta en las situaciones más serias, tu dulzura cuando abrazas y cuidas a alguien que te importa, tu impuntualidad desesperante, pero imposible de hacernos enfadar por todo lo que te queremos, y me digo: jo, que suerte tengo; he debido de hacer las cosas muy bien tiempo atrás o en otra vida para ahora poder tener a mi lado a una persona que nos llena de tanto amor, emoción, colores preciosos e historias en los que el final siempre es un abrazo especial que nos hace un spoiler acerca del futuro indicándonos que este no es el final y que aún nos quedan muchísimas más historias que escribir y que vivir. 
Ojalá tenerte toda mi vida a mi lado, me haría realmente feliz, pero, por si acaso te guardaré también aquí, entre estas palabras, para poder sentirte un poquito más cerca ahora que te echo de menos más de lo que me gustaría y para dejar reflejado de alguna forma la infinidad de colores preciosos de esa estrella fugaz que acaba de pasar. Cierro los ojos, me pierdo y sonrío en el interior de ese abrazo sanador, durante unos segundos olvidé que se trataba de una despedida, y pido un deseo. Aquí dentro aún se ve y se siente el efecto de esa estrella que acaba de sobrevolar todo nuestro cielo, así que ya está, deseo cumplido. 
Gracias por ser tal y como eres y, sobre todo, gracias por volver a casa y por ser hogar a la vez, te quiero mucho y, aunque te eche de menos, sé que sigues aquí, muy cerquita de mí, muy cerquita de nosotras, demostrándonos que el poder de un abrazo llega incluso hasta el otro lado de la luna.

Gracias por todo y hasta pronto. 

martes, 12 de septiembre de 2023

Últimos días a contrarreloj


Hay algo precioso y a la vez duro en las decisiones que sabes que conllevan cierta cantidad de dolor inevitable al final. 
Tiene un componente precioso desde el punto, masoquista y poético, de que son decisiones que te llevan por caminos de sentirlo todo tanto como puedas, abrazar cada instante con tanto amor como te quepa en el pecho, y jugar con la ternura y la felicidad sin miedos ni precaución alguna, hay unas vistas preciosas desde aquí de hasta los detalles más insignificantes, es como vivir en el interior de una película en la que hasta los silencios te hacen sonreír y en los que vives, o intentas vivirlo, todo intensamente porque estás en un constante de primeras y últimas veces hasta dentro de mucho tiempo, que según pasa el mismo se transforma en una amarga cuenta atrás que me hace llorar cuando estoy sensiblona.
Y es aquí justo donde se encuentra el componente duro, en que según se va acercando el momento de despedirse vas teniendo más dificultades en seguir centrándote únicamente en disfrutar, jugar y abrazarlo todo tanto como puedas y vas esforzándote más en memorizarlo todo mental y emocionalmente mientras el nudo de tu garganta te hace un spoiler de lo que se viene, a la vez que escuchas las manecillas del reloj girar velozmente, hace unas semanas ni me había parado a escuchar el sonido de su movimiento, es más, es como si nos hubiesen concedido el deseo y se hubieran detenido unos minutos.
¿qué cómo me siento?, pues no lo tengo demasiado claro; me siento como si llevara horas a toda velocidad en un coche asomada por la ventanilla; he sentido el viento en toda mi cara, he cantado temazo tras temazo a pleno pulmón, he disfrutado de las vistas y me ha encantado el viaje, pero ahora he visto en mitad de la carretera un muro de cemento y el miedo empieza a acechar. 
Sabía desde el primer día que ese muro estaba ahí, pero verlo de nuevo siempre vuelve a imponer y asustar un poco. 
En verdad como me gusta meterme de lleno tal dramaqueen en toda zona sensible o en obras, pero este no va a ser uno de esos golpes mortales ni mucho menos, es más, es el resultado de haber sido muy feliz y haberme sentido muy cuidada y querida, pero aún así también me da miedo, he soltado el volante y relajado mis pies y ahora tan sólo me intento tapar bien y quedarme un ratito más en cada recuerdo guardado aquí dentro intentando que el tictac del segundero no me haga llorar. 

Se avecina la temida y esperada colisión, pero sé que estaré bien, todo volverá a estar bien, aunque la nostalgia apriete demasiado el nudo de mi garganta cuando piense en este verano que ojalá fuera eterno. 




lunes, 11 de septiembre de 2023

La escurridiza hora del recreo

¿En qué momento acepté todas estas aparentes rígidas normas, estos "debería" y estos "elimina esta sensación ya"?, no lo sé. 
Pero me encuentro en ocasiones tan atada a ellas que ni siquiera soy capaz de ejecutar movimiento o palabra por fuera, es como un mecanismo de sobreprotección ineficaz que al final acaba oprimiendo más de lo que aparentemente debería proteger. Le pido, como si fuera mi niña interna la que hubiera cogido el control, un recreo entre tanta exigencia interna y estúpida, que me dejen hoy probar a jugar un poco más con mi libertad escurridiza, a veces lo consigo, aunque sean tiempos muy breves. 
Disfruto de la velocidad con la que se eriza mi piel, el sonido y ritmo de mi respiración, mi imaginación haciendo de las suyas, el tacto de mis labios cortados con mi lengua, y cada mayor y menor sensación desde la curiosidad de alguien tentado a descubrir un nuevo lugar especial. 
Pero la tregua finaliza rápido, y como si se tratara de un desproporcionado castigo por haberme escapado de mi caparazón durante un rato, los miedos, los "deberías", la vergüenza, la culpa y alguna que otra inseguridad atacan de nuevo. Muerden, en ocasiones duele, y me obligan a volver a mi caparazón sin darle espacio a lo que he sentido y vivido ahí fuera, ¿por qué lo siento como algo tan negativo si no lo es?, ¿por qué yo no puedo jugar con mi libertad, disfrutarla y sentirla sin represalias?.
Aún queda mucho por hacer aquí dentro, pero a veces estoy harta, agotada, y solo miro al resto de personas con cierta envidia de lo libres que parecen ser olvidando que tal vez alguna de esas personas también fue como yo tiempo atrás.
En fin... ya tendrás más tiempo y calma para la introspección, pero ahora, en la recta final, más te vale tatuarte bien adentro cada instante y sensación, pues todos estos son los recuerdos con lo que tendrás que construir lazos y puentes cuando la distancia vuelva a interponerse. 
Ojalá los recreos fueran algo más largos, ojalá cinco minutos más de libertad, ojalá no sentirme tan prisionera y dejar de tapar con tantas ansias lo que merece incendios, ojalá no tener miedos, o mejor aún, ojalá convencer a estos temores de que no hay nada malo ni peligroso en sentir, que esto no es nada más ni menos que estar viva. 



lunes, 4 de septiembre de 2023

Pequeña gran revolución


Tal vez el truco es ponerle más corazón a todo y no tanto cabeza, tal vez está justo ahí, en ser lo suficiéntemente valiente como para decir lo que sentimos mirando a los ojos y no tanto a una pantalla, quitarnos escudos y máscaras y mostrar esa vulnerabilidad, esa sensibilidad y esas áreas de nuestro cuerpo cuya piel es de gallina y decir(nos): estamos vivos, esto es lo que me hace sentir y estar viva. 
Y claro que da miedo, todos tenemos a personas en nuestro pasado que decidieron arañar cuando lo que necesitábamos era una caricia, a veces puede parecer un acto suicida desnudarse ante otro, y no hablo de ropa. 
Pero, ¿ y si ese aparente acto suicida termina con esa caricia deseada, con ese "todo está bien" necesitado o con ese abrazo salvavidas?, ¿acaso no merece la pena jugárnosla por esta posibilidad?, pues sinceramente, aunque no siempre haya sido capaz de dar ese salto de fé en nombre del amor y de la vida creo que la respuesta es que sí, que quiero que mi vida esté repleta de eso, de actos de amor y de valentía en los que, orgullosa, muestre mi desnudez, mi verdad, y jugármela por todo y todos aquellos que me enseñen a sentir la primavera dentro de mí.
Y es que Rozalén tiene razón y es aquí justo donde reside la mayor y verdadera belleza, en este acto de valentía que no es más que el intentar ser uno mismo entre tantos espectáculos de títeres, emprender ese viaje, aparentemente, hacia la nada y tener la certeza de que la mayor belleza siempre nacerá y habitará en el fondo de aquella mirada que ante nuestra propia desnudez consigue hacernos sentir en mitad de un eterno verano. 

Estoy viva, lo sé, lo siento, lo ves. No hay prueba más fiable que esta, sentir lo que siento al bailar ante otros con los ojos cerrados y atreverme a descalzarme como si acabara de llegar a casa. 

Pequeña Laura de mi corazón, aún nos queda mucho que aprender, caminar y volar, toda una vida nos queda, pero lo estás haciendo bien. ¿Ves?, te lo dije, que hayamos sido el campo de batallas de otros y de sus ausentes o malos cuidados no implica que no podamos coincidir por el camino con otras manos, otras miradas, otras historias y otras personas que vean en nosotras campos de flores en los que quedarse a descansar y quien sabe si a vivir. 

Gracias por atreverte a salir de tu madriguera, ojalá lo hicieras más, confía en nosotras mi pequeña gran revolución, todo irá bien.


domingo, 3 de septiembre de 2023

Domingo de resurrección


Hoy me he despertado con algunos miedos mordiéndome por aquí dentro y no he podido evitar llorar ante su presencia mientras me quedaba cinco minutos más en la cama que han acabado siendo más de cinco.
Aún así en momentos he sido feliz al ser consciente de que han disminuido mucho su tamaño y su fuerza desde que les dedico cierto espacio y tiempo a escucharles y mostrarles que el mundo no es un lugar tan peligrosos como ellos se imaginan, pese a esto siguen intentando inhibir mis bailes, mis actuaciones improvisadas y mis ganas de ser real. Así, sin más, permitirme ser sin importar el lugar o las personas que me rodean y disfrutar, aunque solo sea unos minutos, de apagar la mente y entregarle el control a corazón y cuerpo, como me gustaría poder hacerlo más. 
He tocado con las yemas de mis dedos zonas de mi cuerpo que aún están curando, y al llorar he sentido como me escocía al desinfectarlas un poco más a fondo, he acariciado el borde de mi ropa interior y he disfrutado unos segundos la libertad de sentir sin censuras y sin prohibiciones, he abrazado mi almohada con fuerza y he imaginado con puñados de amor que abrazaba a quien tanto echo de menos o a quien echaré de menos en un futuro cercano, pero los miedos volvían a colarse entre mis sábanas haciéndome sentir pequeña y asustada o haciéndome creer que no debería sentir lo que siento, que es mejor esconderlo y mantenerse fría y distante.
Pero es que estoy cansada, es agotador sostener tantas falsas prohibiciones y la careta de alguien racional cuando yo siempre he sido más emocional, a veces entre mis mayores fantasías está la de poder alargar un poco más el tiempo en que soy libre y en que me permito jugar y disfrutar con todo lo que siento, que envidia me dan las personas que saben hacer esto con otras personas, ojalá fuera tan fácil...
Esta mañana lo he conseguido, he encontrado bajo mis sábanas un escondite suficiéntemente bueno como para que a las inseguridades y temores les costase más encontrarme, durante este tiempo he sido libre, me lo he permitido y he acabado llegando al orgasmo a la vez que me rompía a llorar, no sé si esto último ha sido por un exceso de felicidad o por haber coincidido con el instante en que los miedos me habían descubierto, pero me ha gustado la sensación experimentada. 
El temblor de mis piernas y el sonido del nudo de mi garganta deshaciéndose ha sido una manera bonita de sentirme viva y repleta de colores preciosos bajo este cielo gris y oscuro que amenazaba, también, con romperse en cualquier momento. 
Tenía ganas de más, de más libertad, más colores, más vida y más muestras de valentía ante ese puñado de miedos temblorosos, pero de pronto un pitido ensordecedor procedente de mi móvil me ha traído de nuevo a la realidad anunciándonos la emergencia de unas tormentas torrenciales como si se tratase del fin del mundo.
Al final del día ese puñado de miedos seguía ahí dificultándome el tema de las relaciones interpersonales e interfiriendo en mi propia libertad y sentir, pero ni yo me he privado del placentero derecho de seguir intentando ser completamente libre ni el mundo se ha acabado, como de costumbre los miedos siempre tan exagerados y dramáticos, y más los Domingos, menos mal que yo soy más real, más valiente y más grande que ellos. 

miércoles, 30 de agosto de 2023

Familia de girasoles


Te admiro mucho y desde hace tiempo, creo que nunca te lo he dicho, pero lo hago en silencio y mientras sonrío escuchándote hablar en tus días buenos y abrazándote, si me dejas, o mimándote en tus días no tan buenos. 
Te admiro y aprendo de ti cada vez que te comprometes con algo que te importa dándolo todo; corazón, entrañas, sentimiento y sacos repletos de emoción e ilusión, aunque a veces intentes aparentar que no das tanto como realmente das. Eres intensidad en todas sus formas y manifestaciones, eres abrazos regalados, sonrisas que son como cunas en las que mecerse cuando algo te preocupa, mimos reales y cargados de amor, estrellas fugaces que viajan de unas miradas a otras y un montón de melodías preciosas que llevas dentro de ti.
Y es por esto por lo que te admiro, porque estás dispuesta a darlo todo sin olvidar cómo se hacía eso de soltar, porque es hora de soltar y tú eres la primera y la mejor que sabe esto, ya está compañera, es hora de soltar, no puedes quedarte en un lugar en el que ya se han ido, es hora de soltar, agradecer y curar, pero ni se te ocurra pensar que hay algo malo en darse por aquellas personas y razones que nos hagan sentir vivos y en las que creamos, lo has hecho muy bien amiga mía, lo haces muy bien amiga mía, pero es hora de soltarnos de nuevo de quien ya dejó de sostener. 
Ahora toca cuidar y dejarse cuidar, respetar tus propios tiempos y aceptar el dolor como una parte inevitable de la vida y como consecuencia de estar vivos. 
Amiga mía, no te puedo librar del dolor ni de sentirlo, pero te prometo desde el más absoluto amor y admiración que, aunque haya momentos en los que hasta por dentro sientas que se acerca la Navidad yo siempre intentaré llenar todo nuestro mundo del color de la primavera. 
Te admiro y te quiero amiga mía ♡. 


jueves, 24 de agosto de 2023

Real como la vida misma


Escucho el barullo de voces de las personas de mi alrededor mezclándose, el ladrido de felicidad de varios perros siendo libres durante un rato, el sonido de las ruedas de los vehículos pasando por la carretera, la brisa del viento que, pese a ser caliente, disminuye un poco la sensación de calor del ambiente. Miro a lo lejos el centro comercial de Madrid Río, a estas horas ya es de noche y es lo que está más iluminado junto a la terraza de varios bares. 
Bajo volumen externo y empiezo a mirar hacia dentro sin dejar de ver todas las luces del centro comercial que tengo enfrente. 
Ojalá encontrara silencio, no lo hay, hay ruido compuesto por múltiples sinfonías difusas; miedo, vergüenza, amor, deseo, rabia y algo de curiosidad encerrada en las mazmorras de mi castillo queriendo explorar lo desconocido.
¿Cómo va esto?, ¿cómo se hace?, no tengo ni la menor idea y tengo miedo a que, por querer mirar más allá, pierda lo realmente importante y lo que de verdad me hace feliz tener, cuidar y querer, no sé cómo va ni qué hacer, el miedo en ocasiones me paraliza y se transforma en una rabia amarga por inhibir ese abrazo, ese beso o esa caricia por temor a que todo se desmorone o a encontrarme desnuda frente a la verdad, ¿es posible vivir este momento de vulnerabilidad sin dolor o en realidad somos nosotros los culpables del mismo por la infinidad de películas mentales que nos montamos en vez atrevernos a abrirnos las ventanas que nos hacen visibles ante los de ahí fuera?.
Pero, al menos, cuando ese dolor viene de nuestros miedos e inseguridades, nosotros somos quien lo controla (o quien cree que lo controla); la maldita falsa necesidad de tener el control como mecanismo de defensa, que complicado es...
Y es que lo que realmente me asusta de esta situación es eso, no tener el control, tengo un puñado de emociones haciéndome en ocasiones llorar y en otras lo contrario, pero siento que van por delante de mí y que cuanto más las intento silenciar más jaleo armán aquí dentro para que no me olvide de su existencia, ¿qué hago?, el tema de fluir nunca ha sido mi punto fuerte, necesito como cierta organización, cierta protección o arnés en el que agarrarme si me tiemblan las piernas.

Mira que es guapísima la idiota, ya le vale desequilibrar mi estantería así sin ni saber yo en qué momento exacto empezó a tambalearse la misma, tiene una niña interna realmente preciosa, bueno, en realidad varias de mis amigas tienen dentro de ellas niñas preciosas, jamás me cansaré de verlas jugar entre ellas, me da cierta envidia la facilidad con la que parecen hacerlo, ojalá apagar la mente durante un rato y usar únicamente cuerpo y corazón, a veces todo sería más fácil así.

¿Pero por qué narices le doy tantas vueltas a todo?, ¿qué importancia tiene esto?, al final estamos hablando de algo púramente físico, lo realmente valioso y especial para mí sigue intacto e igual que siempre, pero me da miedo que pueda verse influido y/o alterado de algún modo.
Ojalá se me diera hablar con las personas, por lo menos, la mitad de bien que lo que se me da escribir, aún así sigo pensando en que soy capaz de conectar, cuidar y querer a las personas, así me lo he ido demostrando estos últimos años. 
En fin, que no sé que coño me pasa exactamente ni lo que hacer al respecto, y sé que esto no ha sonado muy poético que digamos, pero ha sonado como es, real, y a veces con eso es suficiente. 

lunes, 21 de agosto de 2023

Redes irrompibles


Que mal se me da a mí esto de soltar el timón, perder el control y confiar en que las olas nos acaben llevando a buen puerto, me cuesta todavía esto de confiar. 
Confío, en general, poco en todo proceso que me obligue a dejarme llevar y bailar con los ojos cerrados, pero, a la vez me encantan las veces en que he conseguido hacerlo y he podido comprobar que no morí, que seguí respirando tras él. 
Es literal como saltar de un avión en marcha sin haber comprobado si llevaba en la mochila el paracaídas; el corazón a tres mil por hora, el temblor de mis manos, mi respiración agitada, el dolor de mi mandíbula, todo el ruido de mi mente deseando ser expresado y ese puñado de ganas de llorar por lo lejos que me siento de mi zona segura, mi zona de confort; una amiga mía llama a este pequeño gran salto "un salto de fé", nombre muy apropiado ya que, a veces, es eso justo lo que hay que hacer, confiar, respirar y seguir confiando. 
Pero a mí me sigue costando horrores a veces, se me llena la cabeza de "y si..." que tal vez ni ocurran o de "a ti esto no se te da bien" como frontera a tierras desconocidas que, aunque me atemoricen, me encantaría poder pisar y tumbarme sobre ellas.¿Cómo se hace?, voy pasito a pasito en un constante modo de alerta por si algo me indicara que no es una buena opción la de lanzarse, a veces siento que estoy deseando encontrar una excusa para huir o no deshacerme de mi caparazón.
Pero, últimamente a mi alrededor encuentro todo lo contrario, encuentro ojos brillantes, abrazos, sonrisas, amor y cofres enteros de ternura en la entrada de mi habitación cuando decido deshacerme temporalmente de mi escudo o abrir la puerta a los de ahí fuera, gracias. 
Aquí dentro aún queda mucho por hacer, una niña de mirada color caramelo y con una ilusión especial no deja de observarlo todo atenta tapada con la colcha de su cama como si fuera su mayor y mejor arma ante nuevos ataques. Me acuesto muchas veces a su lado acariciando su cabello oscuro y le hablo con sacos llenos de ilusión y amor de las nuevas personas en quienes encontré familia y casa, de reojo le veo sonreír y emocionarse, pero sigue prefiriendo estar gran parte del tiempo callada, aunque se muera de ganas de expresar lo que lleva dentro, lo que siente y lo que piensa, ojalá lo vaya haciendo cada vez más, se merece ser escuchada, ¿me escuchas?, te lo mereces, que en alguna otra ocasión hayamos dejado nuestro cuerpo en manos con más experiencia en morder la carne que en querer no significa que otras manos, otras personas y otras niñas no vayan a saber dibujar flores en esas marquitas de tu pecho que aún te acomplejan, la ternura es revolucionaria, no lo olvides. 


jueves, 10 de agosto de 2023

Tolerancia al dolor y a una tristeza con apego ansioso


Dicen que, a veces, el dolor continuado de una situación y las acciones no muy limpias de una persona pueden hacer tambalear tus valores, tus creencias en torno a las personas, tu visión del mundo y, en definitiva, a ti misma.
Reconozco que estuvo cerca de lograr algunas de estas cosas, durante unos meses lo consiguió hasta que vi en otros miradas y palabras de odio, de rencor y de ganas de venganza; no les faltaba razón en el afecto que ahora mostraban hacia ti, pero no quise ir por el camino fácil. Quería reafirmar y confirmar en que tú y yo somos personas muy diferentes y eso suponía un esfuerzo mayor que el que conllevaba pensar cómo devolver mayor dolor del que a ti te han causado.
¿Qué se hace con el dolor cuando no quieres devolverlo ni pasárselo a otros?, transformarlo, el dolor al igual que el amor se transforma y, por paradójico y complicado que parezca, puede ser transformado en cosas y aprendizajes preciosos, sólo que el esfuerzo que este proceso implica es mucho mayor que el necesario para devolverlo o pasárselo a otro, supongo que por esto gran parte de personas eligen la opción fácil en vez de la que de verdad podría transformarles en personas mejores, o al menos, en personas más sanas.

Dejaste aquí dentro, en la habitación de la niña que habita el lado izquierdo de mi pecho, cajas de cartón llenas de odio, rabia, rencor, miedo y tristeza; al comienzo me abrumé ver tanta oscuridad en las mismas manos de quien me había dejado percibir algo de luz, algo de ganas de querer y dejarse querer. Después fui entendiendo que esta era tu manera de mostrar tus miedos, tu pérdida de control y tu tristeza, no por ello te estoy justificando, pero esto me ayudó a reducir parte del odio y rabia que me habías enviado. Sentí algo extraño, mitad lástima, mitad ganas de dejarte ganar para que, aunque fuera con ciertas trampas, te sintieras por primera vez la protagonista de esa historia de amor y la niña ilusionada que podría seguir guardando más detalles preciosos en sus cajas de cartón.

Cogí todas esas cajas de odio, rencor y rabia que me habías dejado y que me fuiste dejando los meses siguientes creyendo que podría con ello, y fue el contenido de esas cajas el que durante un tiempo se apoderó de mí, me quitó la ilusión, las ganas de moverme, algunas de mis creencias en el amor e hizo tambalear mi idea de que las personas, en su gran mayoría, son buenas personas. 

Me asusté y me dio tanto miedo que las escondí en el trastero confiando en que ellas solas acabarían desapareciendo sin necesidad de que yo les dedicase mayor atención que la de un par de visitas de vez en cuando, me equivocaba. He vuelto a subir todas estas cajas a mi habitación, ha sido doloroso, pero tuve la suerte de que cuando las subí por primera vez dos de mis amigas más especiales me abrazaron fuerte para que no tuviese tanto miedo, escuché el contenido de estas cajas, intenté comprenderlo, conocer su verdadero origen, lo abracé intentando que no tuviesen tanto miedo, pero acabé yo haciéndome más daño, por lo que decidí escribir acerca de todo lo que encontré y del dolor que generó en mí, decidí bailar encima, inspirarme para mis propios proyectos y aprendizajes y, tras todo esto, dejo desde hace unas semanas la puerta abierta con un montón de cajas de cartón vacías que van desapareciendo sucesivamente, lo estoy consiguiendo y estoy realmente feliz, no me acordaba de lo fuerte que era, que soy. 
He transformado un montón de oscuridad en luz y arte para quienes saben o están preparados para contemplarlo, no sé exactamente cómo lo estoy haciendo, pero lo estoy consiguiendo.
De nuevo, espero que todo te vaya bien, aquí ya no quedan apenas cajas de cartón de las que me dejaste. Reconozco que golpeaste muy fuerte, tambalearon hasta mis rincones más íntimos y tesores más preciados, pero no, no lo conseguiste.  

Sigo creyendo en las personas y en el amor tanto o más de lo que ya lo hacía; al final esto es una de las pocas cosas buenas que nos ofrecen las malas personas o las personas con mucho más miedo que valentía, enseñarnos en quienes no queremos convertirnos y a qué lugares no queremos volver.

Me queda mucho por limpiar, curar y trabajar aquí dentro, pero lo estoy haciendo bien, lo estamos haciendo bien, tengo a mi lado a unas amigas que me quieren y cuidan bien y muchísimo, y eso siempre ayuda bastante, sobre todo para volver a atreverse a dejarse querer y cuidar sin morir en el intento, os quiero. 

Y a ti, que decirte... no vuelvas por favor, pero de corazón espero que todo te vaya muy bien.