viernes, 24 de octubre de 2025

Mis amigas, el amor y las emociones a flor de piel


Cuando te conocí no me imaginaba que serías una persona tan importante como ahora eres en mi vida... con el tiempo pasamos de conocidas a amigas y de amigas a familia, así es como te he sentido estos últimos meses, y así es como sé que seguiremos sintiéndonos juntas. 
Según voy descubriendo y aprendiendo de las relaciones, y con ello de mí misma, me reafirmo en lo que ya sentí hace tiempo y sigo sintiendo ahora: algunas de mis amigas son también el amor de mi vida.
Creo firmemente en el amor y en que la vida nos depara muchos amores e historias de amor diferentes... y yo me muero de ganas de vivirlas y sentirlas bien adentro todas.
De esta forma, cuando todo esto no sea más que un puñado de recuerdos, nos quedará para siempre lo que sentimos aquí dentro.
Cierta tristeza sigue acompañándome cerquita, pero ya ha dejado de hacerme tanto daño como antes, aceptar su existencia y escucharle han sido pasos duros, pero necesarios para sentir que lo estoy haciendo bien. 
Gracias por cuidarme tanto y tan bien, por estar ahí cerquita abrazándome, escuchándome y queriéndome, por querer descubrir(me) más y más, por querer acompañarme en el proceso y no estar solo en los resultados finales; para mí es importante contar contigo, con vosotras. 
Un puñado de soledad, a veces, me hace llorar con facilidad, pero he dejado de sentirla tan intensamente cada vez que tengo un whatsApp tuyo proponiéndome una nueva aventura.
No sé porque siempre me pasa... cuando quedan meses o semanas para que te vayas lejos de aquí es cuando más y mejor nos conocemos y conectamos, te voy a echar tanto de menos... pero te aseguro que seguirás teniéndome ahí cerquita siempre que me necesites, en nada subiré al norte para volver a llenarnos de abrazos que siempre seguirán pendientes, independientemente de los que ya nos llevemos dados. 

Te quiero, te quiero mucho, y me gusta sentirte tan refugio y hogar; estos últimos meses he descubierto mucho de mí misma, de mí misme, y sentirme acompañada por algunas de mis amigas más especiales ha sido algo muy bonito. A veces, odio los kilómetros que nos separan o que nos separarán, pero cuando os veo con tanta luz, colores, emociones preciosas y amor siento que estoy haciendo las cosas mucho mejor de lo que a veces siento. Recuerdo que, cuando éramos pequeñas, nos solían preguntar a menudo qué queríamos ser de mayores; yo ahora os veo, emocionada y con un corazón repleto de amor, y me conformo con llegar a parecerme un poquito a cada una de mis amigas, son tan preciosas...

Gracias por estar ahí cerquita, por ser refugio, hogar y sostenerme corazón y cuerpo cuando la vida se pone gris o complicada. 

Te quiero, os quiero ♡ 

miércoles, 15 de octubre de 2025

Bailes en la cocina y nuevas perspectivas


No quiero irme, te prometo que no lo haré, salvo que algún día quieras que lo haga o quiera hacerlo yo, pero tampoco quiero hacer(nos) esto; no quiero exigirte nada que no quieras o puedas darme ahora, ni tampoco quiero esperar un "tengo ganas de verte" o una llamada contándome tu día cuando, tal vez, esto no ocurra. 

Me gustaría que supieras que me tienes ahí, que puedes contar conmigo, que muchos días me muero de ganas de contarte todo lo que me ha pasado o he sentido, volver a observar de cerquita como brillan tus ojos cuando algo te hace muy feliz o como te salen esas arrugas alrededor de la nariz cuando algo te incomoda. Pero, si hoy no puedes estar aquí, si hoy no puedes venir, está bien, quiero que sepas que puedes contar conmigo, pero no quiero obligarte ni insistirte en que lo hagas. 

Las cosas siempre son más sencillas cuando uno de los dos hace las cosas mal. Cuando esto pasa puedes, al comienzo, refugiarte en lo mal que lo ha hecho el otro; pero este no es el caso, este es el caso de dos personas preciosas en mitad de diferentes tipos de caos intentando hacer las cosas lo mejor que saben con lo que tienen a su alcance; está siendo un proceso algo doloroso, en los días de bajón la tristeza me hace llorar con facilidad y me gustaría sentirte más cerca o sentir más seguridad de que puedo contar contigo al pensar en ti, ojalá en algún momento. No obstante, tengo a personas aquí cerquita que me cuidan; estoy triste, pero también estoy cuidándome, y eso me hace sentir bien. 

Vengo a decirte todo aquello que no te digo cuando te tengo a centímetros de distancia; me gusta tenerte en mi vida, eres todo un descubrimiento lleno de colores y emociones preciosas y, a veces, me gustaría prestarte mis ojos para que te vieras a través de ellos, alucinarías. Me gusta la manera en que observas el mundo, es una mirada curiosa, algo triste pero brillante cuando algo le hace muy feliz o mucha ilusión, me gusta la curva de tu nariz y la infinidad de arrugas preciosas que a veces la rodean, la manera en que acaricias y sostienes lo que te importa, y el sonido de tu risa cuando se te olvida aparentar ser frío y distante, me gusta el color de tu puñado de energías internas y, en ocasiones, fantaseo con sentir que lo que observo en otros es una parte de lo que llevo dentro, quien sabe...

Está bien no poder con todo, está bien necesitar parar, está bien intentarlo cada día, y mirar hacia dentro o hacia lo que necesitamos antes de pretender estar para otros, está bien comunicarlo y está bien querer quedarse sin saber todavía como estar sin hacer(nos) daño, está bien estar algo triste, yo también lo estoy, pero también me permito sentirlo aquí dentro como consecuencia inevitable de las ganas inmensas de seguir decubriéndo(te), despacito y con buena letra, ojalá. 

Estoy aquí, pero también estoy aprendiendo a no esperar ni esa llamada ni ese mensaje, me muero de ganas de verte (da igual cuándo leas esto), pero antes de estar para ti debo estar para mí y, poco a poco, lo estoy volviendo a hacer. Quiero personas que cuando les pase algo muy bueno o muy malo se mueran de ganas por contármelo, no solo quiero encontrar casa en otros, también quiero ser casa para otros.

Ya no te espero con ansia, he puesto la radio y bailo en la cocina, a veces sola y otras con mis amigas, los miedos a veces golpean fuerte, pero llorar y escribir me ayuda a ver el vaso medio lleno. Si te apetece venir recuerda que la puerta la tendrás siempre abierta, ojalá te pases algún día, mientras espero que te estés cuidando bien y, por favor, que también te dejes cuidar. 

Estoy triste, pero también me siento bien porque pasito a pasito siento que voy haciendo las cosas mejor que ayer; estoy orgullosa de ti y también lo estoy de mí.

Ojalá vernos pronto. ♡


viernes, 3 de octubre de 2025

Noches de Madrid por los tejados


A veces odio mi mente por ser especialista en crear catastróficos escenarios que no están ocurriendo o por fijarse de más en lo que falta o en los riesgos, en vez de disfrutar el vuelo y observar todo lo bueno que sí existe, que sí está ocurriendo.
A veces me sigue asustando mi propia mente por la velocidad a la que va y la capacidad que algunos días tiene de hacerme daño, de hacerme sentir mal, demasiado pequeña o invisible ante el mundo, olvidando que no puedo ser vista sin ni siquiera levantar la voz o hacer algún pequeño gesto hacia fuera de que existo, de que estoy aquí, de que necesito cosas, siento cosas, deseo cosas del otro... supongo que es algo inevitable de ser humana y real.
Unos ojos chocolate me observan con ternura, tiene unos ojos preciosos llenos de luciérnagas saltarinas, y eso dificulta mantener la calma, pero también me permite deshacerme de todas esas preocupaciones y miedos que cargaba, me siento estúpida al recordarme llorando pensando en la infinidad de veces que he sentido que todo iba a salir horrible y luego ocurrió todo lo contrario... tengo a los miedos algo confusos buscando un sentido a su existencia en estos momentos. 

Estoy aprendiendo mucho últimamente de mí misma y de las relaciones, nunca creí que este proceso pudiera hacerlo acompañada; por lo general, suelo ser yo misma siempre quien escapa antes de que el otro lo haga o quien se encierra a solas cuando hay que mirar aquí dentro, pero esta vez es distinta. Me observo por dentro, sin dejar de estar a su lado, y mis mejillas enrojecen cada vez que aparece algo en mí que me hace más humana o real de lo que me permito, el sinvergüenza que tengo enfrente se echa a reír sin el más mínimo atisbo de que esto le preocupe y me sonríe de una forma especial...
Que sonrisa más bonita tiene... me quedo embobada colgada a ella y por dentro escucho esas voces procedentes de los malditos miedos: "Laura por favor, estabas mirándote a ti misma, no a su sonrisa", "¿pero se puede saber de qué te ríes?, esto es serio, puede suponer el fin de vuestra relación", "ya hablaremos nosotros contigo en casa y verás como no te sientes ya tan bien".
Me gustaría controlar mejor a mis miedos, pero me cuesta; no obstante, recuerdo las palabras de mi psicóloga: "aléjate de tu mente un ratito, escucha a tus tripas y cuerpo, ellos también saben y muestran mucho de cómo van las cosas".

Siempre noto cierto puñado de nervios que me genera vergüenza, pero que también me gusta sentir al perderme en esos ojos chocolate; he descubierto que me gusta mucho que me cuiden, que me escuchen, que me intenten entender y que cuenten conmigo. Sinceramente, no sé si voy bien o mal, pero algo debo de estar haciendo bien cuando ya no siento cada abrazo como el último, aún así (y por si acaso) lo doy siempre con el pecho abierto y los ojos cerrados. 

Llego a casa, escucho varios audios de mis amigas validando todas mis emociones, riéndose de la infinidad de escenarios catastróficos que les he descrito antes tal película de terror o repitiéndome de nuevo que respete mis ritmos y necesidades, en otro de mis chats de WhatsApp leo un "Te quiero preciosa, me voy a la cama, mañana hablamos" y un "Lo estás haciendo muy bien".

Me doy una ducha que mi cuerpo agradece relajándose por fin, sonrío y lloro a la vez y escribo en la mampara de mi ducha: "No estoy sola".

Intentaré no olvidarlo ni hasta cuando los miedos saquen la artillería pesada.

Gracias. 



martes, 23 de septiembre de 2025

Ventanas y puertas nuevas abiertas por fin


Están sucediendo muchos "click" aquí dentro y a mi alrededor, y estoy volviéndome a ilusionar al ver todo lo que tengo entre mis manos, diría que una nueva parte de mí está naciendo, pero creo que mucho de esto ya vivía en mí desde hace tiempo.
No tengo nada terminado ni demasiado claro, tengo un puñado de colores y de rabia mezclados con sacos de amor e ilusión que me genera una infinidad de ganas de probar, jugar, experimentar y, sobre todo, sentir y sentir(me).
Los miedos me han dado cierta tregua temporal, tal vez ya hayan dejado de esforzarse tanto en pararme los pies, al ser conscientes de que ninguno de ellos podrá lograr que vuelva a encerrarme ni en mi habitación ni en unos moldes ni normas asfixiantes. No quiero pecar de utópica, a veces estos temores me vuelven a hacer tropezar o sentir que retrocedemos, pero cada vez les observo con más compasión y menos odio, les dedico ese ratito de atención y luego vuelvo a salir volando por mi ventana deseando seguir jugando con mis propias ilusiones, sueños y colores. 
Ea curioso, porque en realidad es mucha la incertidumbre que existe a mi alrededor, pero algo dentro de mí me hace no tenerle tanto miedo y querer ser vista, oída por todas las personas que me rodean. 
Algo aquí dentro se enciende, parece chiquitito, pero se siente como los segundos anteriores a unos fuegos artificiales o a un beso. Todo parece muy nuevo, como si acabara de nacer, pero mucho de todo esto ya habitaba en mí mucho antes de ser nombrado. 
Los miedos, de manera temporal, se han rendido, es mi momento para calentar motores y ganar distancia y ganas de ponerlo todo patas arriba, de pintar con nuevos colores, jugar a existir sin miedo, jugar a bailar sin vergüenzas, jugar conmigo misma y ser yo quien ocupa su propio espacio, su propia verdad y realidad. 
No sabría explicaros exactamente qué está sucediendo, pero sonrío al sentir que deseaba todo esto, que quería descubrir la vida de los márgenes y el poder y la fuerza de encontrar conexión y semejanzas con quienes también creyeron estar soles.
Quiero ir paso a paso, hacer las cosas bien, seguir cuidándome y tolerando cierta incomodidad, malestar y puñado de miedos, pero con la seguridad también de que lo estoy haciendo bien, aunque no siempre me encuentre o sea sencillo seguir. 

¿Hay alguien ahí? 

Sé que sí; sé que aún me quedan sillas vacías por descubrir en nuevas mesas en las que descansar un rato de la vida y del mundo cuando estos se pongan feos o complicados.


viernes, 19 de septiembre de 2025

Cuando cierta soledad te pincha, un poquito, por dentro


¿Es elegida tu soledad o es una soledad impuesta por una aparente imposibilidad de compaginar tu vida con una red estable de cuidados o de poder crearla poco a poco?
Desde que somos pequeños se nos anima siempre a conseguir las cosas por nosotros mismos; intentarlo, intentarlo e intentarlo... y únicamente ser legítimo pedir ayuda si ya has perdido la cuenta de las veces que lo has intentado, momento en el que se justifica esta ayuda con frases como "es pequeño todavía para poder solo", "a él le cuesta más", "todavía tiene que aprender", etc.
Crecemos y, con ello, también crece la presión por poder con todo de manera individual y sin necesitar mucho del otro, las excusas desaparecen y nos vemos inmersos en una sociedad capitalista, individualizada y violenta en la que hasta se potencia el visualizar al otro como una vía a través de la cual conseguir diferentes intereses (propios obviamente), y no como lo que es: una persona real con sus miedos, sus inseguridades, sus heridas, sus sueños, sus preocupaciones y su vida, en definitiva, una persona mucho más parecida a nosotros de lo que creemos.

Pero no, esto a la sociedad no le interesa, no quiere que veamos estas semejanzas con el otro, ni que tengamos la posibilidad de compartir demasiado tiempo e intereses con el resto, porque esto puede provocar algo muy peligroso para una sociedad capitalista e individualizada: la autogestión, la creación de fuertes conexiones y redes, y la fuerza de la colectividad. Tenemos mucho más poder y capacidad de acción de la que creemos, fijémonos sino en qué sucedió en el tramo final de la vuelta ciclista.

A la sociedad le interesamos más como personas aisladas, solas, viendo en el otro "competición" o "peligro" y siendo un eslabón más en un gran juego de máscaras e hipocresía, en la que hasta nosotros mismos podemos llegar a replicar las bases del sistema con frases como: "No importa que no tengas a nadie, vete sola", "antes de nada ni nadie tienes que cuidarte tú", "si no te quieres y aprendes a estar solo nadie podrá luego estar bien contigo", "hay que disfrutar y abrazar tu soledad".
¿Y cómo se hace todo esto?, pues a través de trabajos precarios y de largas jornadas laborales, llenando nuestras calles de tráfico, y aniquilando cualquier atisbo de naturaleza o vida, vendiéndose lo rápido y atrayente como mejor opción y, sobre todo, generándonos en nuestra cabeza tal exceso de estímulos, ruido, preocupaciones y malestar que no tengamos tiempo de frenar, y por tanto, tampoco de cuestionarnos nada.

Por supuesto que no podemos depender de alguien para hacer cosas que queramos hacer, ni mucho menos perder(nos) o perder nuestra libertad por sentir que sin el otro no queda nada de nosotros; es importante tener esos espacios a solas y esos (auto)cuidados. El problema es que llevamos tanto tiempo mirándonos en el espejo, y cuestionándonos si somos aptos, que se nos ha olvidado que a nuestro lado hay otra persona haciéndose las mismas preguntas con los mismos miedos.
No nos falta nada; ni formación para un trabajo explotador, ni kilos de más o de menos, ni ser más o menos atractivos, ni tener unas u otras cualidades... lo que nos falta es mirar a nuestro lado y preguntar, mirando a los ojos y sin temor a la vulnerabilidad (propia y ajena):

"¿Cómo estás?"
"¿Necesitas algo?"
"¿Puedo ayudarte?"

La sociedad y el sistema capitalista nos lo pone complicado, pero hoy más que nunca necesitamos la autogestión, la lucha y cuidados colectivos, cuidar de quien cuida, y no temer al de nuestro lado, tiene tanto miedo como nosotros aunque ambos juguemos a hacernos los fríos o precavidos.
Sé que puedo ir al cine sola, al museo o de viaje sola también... pero, yo es que ahora lo que quiero es ir con personas que quieran acompañarme, exponerme a esa incomodidad de sentir los riesgos de mostrar(me) y aprender a disfrutar el deseo de sentirme vista, cuidada y valorada, yo lo que quiero es conectar con el otro, tocarnos las heridas y descubrir que, en esa autogestión y en esa colectividad, reside la clave de absolutamente todo este juego diabólico de ser adultos.
Protejamos los centros sociales; desde hace semanas se está intentando desalojar el EKO, espacio sociocultural liberado autogestionado en Carabanchel, y seguir así con la destrucción de aquellos espacios que son nuestros y para todos y todes. ACAB

Cuidemos de estos y de todas las personas que nos rodean, somos seres sociales y necesitamos del otro, crear redes sólidas y estables con un apego seguro que nos cuide en mitad de esta sociedad enferma; escucho a veces eso de "desapego", a este paso hasta nos desapegaremos cualquier día también de nosotros mismos, si es que no lo hemos hecho ya.
Repito: somos seres sociales, no temamos al otro, no tengamos miedo a necesitar de él, atrevámonos a compartir esa vulnerabilidad y verdad... no puedo ni quiero prometeros que siempre vaya a salir bien, pero es la única vía para dejar, de verdad, de estar solos.

Suerte a todos, si necesitáis cualquier cosa me tenéis a un "click" de distancia.

sábado, 30 de agosto de 2025

Minutos antes de volar (y confiar)


Cuando toca hacer frente a un miedo, a uno de los grandes, siempre me siento una impostora en temas de valentía, me siento diminuta y me tienta la idea de escapar antes de que los daños sean demasiado grandes o dolorosos. No quiero irme, tampoco me apetece pasarlo demasiado mal o romperme a llorar en aquellos momentos en que debería sentirme bien, pero de seguro no quiero irme; quiero quedarme hasta el final y seguir encontrando las formas de sentirme segura, ilusionada y feliz. 
Siento que esto ya lo he vivido antes, tiempo atrás solía darme a la fuga cuando lo de aquí dentro empezaba a temblar demasiado, creyendo que así los daños serían menores. Siempre me arrepentía de mi elección, pero pocas veces hubo un "no te vayas todavía", me hubiera gustado escucharlo, aunque seamos sinceros... soy experta en despedirme con cuidado y hacerles creer que no hay otra opción.

No me quiero ir, pero quiero sentirme vista, deseada, cuidada... quiero sentir que se mueren de ganas de verme, que me han echado de menos, que se acuerden de mí y que busquen la excusa más absurda para justificar el tener que vernos ya y no poder esperar a mañana. Me gustaría que piensen en mí al ver esa silla vacía, que me pregunten qué tal el día, la semana y la vida... Algunos días mí madre me enfada por la infinidad de veces que me pregunta si he comido, si he dormido bien o el tiempo que me queda para llegar a casa... nunca le reconoceré que fantaseo a menudo con conocer a personas ahí fuera que me hagan las mismas preguntas.

Siento ternura y tristeza cuando pienso  en algunas etapas de la adolescente que fui; se miraba horas al espejo, analizando cada parte de su cuerpo y preguntándose si alguien querría algún día acostarse con ella, si su cuerpo podría llegar a ser deseado. Si le tuviera ahora de frente le daría un beso en la frente, le cogería de las manos, y le haría la promesa de que yo estaría siempre abrazándole desde su espalda, y que ahí fuera le esperan personas deseando mucho más que un polvo de una noche con ella. Me gusta el equipo que hacemos juntas, hemos vuelto a descubrir muchas  cosas nuevas de nosotras y empiezan a resultar(nos) bonitas de mostrar.

Me siento como el protagonista de E.T. con su bicicleta a punto de saltar al vacío, estoy muerta de miedo y me tiembla hasta el corazón cuando miro hacia abajo, esta mierda está muy alta, y yo hace dos días que me quité los ruedines. Vuelvo a mirar al frente, la tristeza me hace sentir mal cuando empieza con sus mensajes de despedida y de "ha sido bonito el viaje hasta aquí"... le contrasto mostrándole las veces en que parecía el final y no lo fue, los monstruos de mi cabeza me gritan y me zarandean advirtiéndome los posibles daños.... respiro hondo, intentando que no me dominen, y les repito la misma frase: 
"No quiero irme antes de tiempo, solo debemos coger carrerilla y confiar en todo esto que siento, no es tan complicado. "

Tristeza y miedos se observan entre sí con desconfianza; cojo carrerilla, mis amigas me abrazan tan fuerte y tan de verdad que durante unos minutos vuelvo a ser la persona más valiente e imparable del mundo. Creo que nunca serán conscientes de todo lo que me provocan aquí dentro cada verano. Hemos venido a sentirlo todo intensamente, incluso miedo y tristeza. Algún día, todo esto no será más que un puñado de recuerdos... así que quiero guardar cada instante con todos estos colores y emociones que no dejo nunca de sentir; a veces es agotador ser así, pero gracias a ello me está quedando una historia preciosa que me emociona observar como protagonista.




viernes, 22 de agosto de 2025

La tristeza de cada fin de verano


Abrazo la tristeza; conocida, pero igual de dolorosa y solitaria que cada año al terminar el verano. Le pido, con miedo, que no me haga mucho daño, que me deje ratitos de libertad, y que entonces yo prometo no cerrarle le puerta cuando aparezca. 

Me refugio en recuerdos preciosos, me columpio desde el recuerdo de una sonrisa especial, y me emociono con facilidad al recordar(me) siendo muy feliz en miradas llenas de colores; los miedos a veces siguen pisándome los talones, y más al pensar en los cambios que habrá más adelante, pero a su lado todo parece más sencillo.
Y, por eso ahora, abrazo esta tristeza que me hace llorar, porque es el precio a pagar por la infinidad de emociones y colores que me he permitido sentir hasta el último momento.

Ser y sentir así cada verano... con tanta intensidad, verdad y ganas es algo que me hace sentir muy orgullosa; ver el muro al final de la carretera y no frenar, sino cerrar los ojos y cantar sonriendo la última canción... duele el impacto final, pero esos últimos días bailando y siendo felices me hacen sentir realmente viva y mucho más valiente de lo que soy en realidad. No me preocupa esta tristeza, ya la he sentido anteriormente, ambas estamos en la misma habitación, sabemos que ninguna podrá escapar de la otra hasta que no nos miremos y nos quedemos juntas varias noches; le esperaba temblorosa y algo miedosa, ahora que ha llegado siento que todo duele demasiado y que toda mi energía se ha escapado por la ventana, sé que no es así. 

Respiro hondo, me abrazo mucho y fuerte cuando lo necesito; una niña aquí dentro observa el columpio vacío que hay junto al suyo, intento asegurarle que no está vacío, pero que debemos volver a aprender a mirar de una forma distinta para sentir que ella sigue ahí sentada; una mezcla de tristeza y rabia se cuela en su mirada, me pide retroceder en el tiempo y quedarnos cinco minutos más ahí, le abrazo fuerte e intento con ello cumplir su deseo.

Me dan miedo las noches siempre que estoy muy triste porque siempre son algo complicadas de sentir, por eso procuro no olvidarme nunca de respirar y de recordar que esto, como cada año, pasará cuando deje de pedirle a la tristeza que se largue. La pequeña de aquí dentro queda dormida por agotamiento en mis brazos, le llevo volando hasta la luna, le canto una nana y le leo cuentos preciosos cuando se desvela. Desde ahí arriba, todos los miedos se ven con su tamaño real y esto nos hace sentir mejor, más libres y valientes. Las distancias también parecen y se sienten más pequeñas, esto nos hace sonreír. Le indico, entonces, que observe atenta dentro de sí misma, descubre que ese columpio no está vacío, nos emocionamos a la vez y me pide quedarnos allí arriba a dormir. 

Hay tanta ternura y amor en la escena que hasta la tristeza deja de arañar durante unos minutos y nos abraza agradeciéndonos el huequito de la cama que le guardábamos sabiendo que, antes o después, vendría. 

Frenar, respirar, sentir todo lo que siento y volver a mirar bien para descubrir que sigues justo aquí, a mi lado, lo estoy haciendo paso a paso, intentando que los miedos no me ganen mucho terreno.

Te echo muchísimo de menos, pero sé que sigues aquí cerquita, te siento cada vez que la luna me cuenta cuentos para dormir, no quiero bajarme todavía de ella, aquí arriba parece todo más sencillo y silencioso que ahí abajo. 

Te quiero ♡ 

lunes, 18 de agosto de 2025

Instrucciones ante una incertidumbre molesta

Si me quieres, si te importo...
despídete antes de irte.

Acompáñame cuando me enrede en mi propio caos.
Escúchame las palabras que no son bonitas...
pero sí necesarias.
Siéntate conmigo a buscar las formas...
de seguir cuidando y avanzando.
Quédate...
cuando los fuegos artificiales hayan terminado,
cuando la fiesta haya terminado, 
cuando me haya desmaquillado y quedado desnuda.
Que cinco minutos sean suficientes...
para el viaje hacia aquí, 
para horas de transporte,
para que compense los "peros" y horas sin dormir.
Acaríciame entera...
cuando no sea un polvazo el destino,
cuando los miedos a veces aprieten,
cuando sean las ganas de cuidar lo que premie.
Bésame de verdad...
cuando la pasión no sea la protagonista,
cuando sea otro tipo de conexión el motivo,
cuando te mueras de ganas por hacerlo.
Abrázame fuerte...
cuando la incertidumbre arañe,
cuando la tristeza muerda,
cuando me sienta diminuta o perdida.
Cuídame y déjate cuidar...
cuando estemos insoportables,
cuando creamos no saber hacerlo,
cuando te pida que no lo hagas porque soy muy complicada.
Háblame claro...
de tus miedos,
de tus mierdas,
de todo lo que (me) pueda doler, 
de todo lo que (nos) cueste hablar.

Si me quieres, si te importo...
despídete antes de irte,
dime si te vas o te quedas, 
si querrías seguir bailando cuando la música termine,
si el domingo también estarás, o el sábado a media noche te irás. 

¿Me quedo o me voy?
Me muero de ganas por quedarme un rato más.
Pero, no quiero quedarme si tú ya no estás,
si tú no deseas que me quede de más. 

Ojalá te quieras quedar, 
ojalá los miedos no me hagan escapar.
Ojalá seguir encontrando las formas de quedarnos un rato más.


sábado, 16 de agosto de 2025

Brillos y destellos de nuevas puertas que abrir

Algo está cambiando; bueno no, llevan meses cambiando muchas cosas aquí dentro y a mi alrededor, sería mejor decir: algo está brillando.

Eso es, tras meses de aparente vacío, caos y oscuridad estoy viendo puertas brillar y ventanas nuevas abrirse. No quiero pecar de ilusa, ni transmitir una imagen de control o gran seguridad cuando ambos siguen destacando por su ausencia, pero, sí siento que las cosas están yendo bien y que vuelvo a ser más fuerte, valiente y grande que mis miedos. Es mucha la incertidumbre que sigue existiendo a mi alrededor, así como los miedos que muerden cuando ando con las defensas bajas, soy consciente de que aún queda mucho por trabajar y limpiar aquí dentro, mucho por aprender, romper, sanar, sentir y volver a construir, pero me estoy permitiendo el frenar, y el tolerar la incomodidad de algunos momentos desde cierta tranquilidad que me da el saber que, poco a poco, estoy volviendo a mí.

Pronto sé que deberé hacer frente a nuevos retos, saltar desde nuevos precipicios que me asustan, plantar cara a grandes miedos, de los cuales hasta ahora escapaba, volver a conectar con partes dolorosas, con cierta tristeza punzante, y seguir avanzando en procesos y sanando cosas que, a veces, fantaseo con que ya no requieran más atención ni energía. Me da rabia llevar unos ritmos tan lentos a veces, pero son mis ritmos y son válidos.

Estoy aprendiendo y descubriendo mucho de mí misma, pero también estoy (re)conectando con mi propia vulnerabilidad, con mi rabia en ocasiones y con mis propias necesidades y reinos internos; a saber cómo se me ve desde fuera, pero me parece precioso todo lo que llevo aquí dentro. Estoy volviendo a mí, y esto me ayuda mucho a ver el vaso medio lleno de nuevo. Tengo miedo, claro que lo tengo, siempre lo tendré a unas u otras cosas, pero, también tengo una valentía aquí dentro con la que estoy volviendo a sentirme fuerte y dispuesta a darlo y sentirlo todo, no  conozco otra manera de ser y de estar. Me da miedo que las cosas me vayan mal, autosabotearme y perder lo que me hace feliz o ilusión, sentir mucho dolor o tristeza, sentirme pequeña o invisible de nuevo... pero tengo claro que ni el mundo ni yo misma termina ahí, y que es necesario, a veces, pasar por ese malestar e incomodidad para descubrir nuevos reinos preciosos por dentro y por fuera. 

No quiero una vida siempre cómoda por no haberme atrevido a salir de mi habitación y espacios seguros, quiero cuidar y potenciar mi capacidad de salir tan lejos como quiera o necesite, y descubrir así nuevos rincones especiales en los que sentirlo todo tanto como pueda. Sé que la ansiedad, probáblemente, volverá en cuanto comience el curso, que volveré a veces a pasarlo mal, los pensamientos negativos, alimentados por distorsiones, ganarán terreno, y correré el riesgo de creer que todos estos colores y puertas brillantes que veo ahora no son más que un puñado de fantasías o ilusiones ficticias.

Pero sé que no lo son y que, pase lo que pase mañana, hay cosas que están yendo bien, que me muestran pequeños brillos y posibilidades de descubrir nuevas cosas que todavía no puedo ni imaginar. No tengo el control sobre todo y cierta incertidumbre existirá siempre, no puedo garantizar(me) que las cosas vayan a ir bien siempre, pero, pase lo que pase, estoy volviendo a mí, a confiar más y sentirme más fuerte y valiente que estos últimos meses. 

Me basta para sentirme mejor y con más energía para abrir todas esas nuevas puertas y ventanas que me piden ser abiertas. 


jueves, 14 de agosto de 2025

Nostalgia anticipatoria


Como cada verano ya siento el maldito tic-tac de un reloj anunciando la cuenta atrás; coge aire, tanto como puedas, observo ya el muro al final de la carretera y yo solo quiero cantar una última canción a tu lado, como si el verano acabase de empezar, como si ese tic-tac no existiera.

Dentro de poco, vienen curvas, puñados de tristeza y nostalgia, procedentes de nuevos recuerdos que ya viven aquí dentro, y la maldita despedida para la cual nunca me siento suficientemente preparada. No quiero esto, no quiero volver a poner distancias ni llorar más al pensar en que este sí es el último abrazo hasta dentro de demasiado tiempo.

Como cada verano, solo quiero cinco minutos más, después otros cinco, y así sin final. Quiero más abrazos, más colores, más emociones y sentimientos, más vida explotando en nosotras, en cada carcajada, y en cada sonrisa en la que columpiarnos siendo esas niñas felices capaces de sacarle la lengua hasta a los miedos, quiero más de ti, de mí, de nosotras... y de toda esta esfera tan especial en la que vivimos cuando te tenemos a centímetros de distancia. 

Lo que se siente es brutal, jamás me cansaré de seguir saltando si estás a mi lado; no me arrepiento de nada, es más, me siento muy orgullosa de mí, de hacer caso a las ganas, a la emoción, y optar siempre por saltar y descubrir después un nuevo mundo especial. Nos está quedando una historia preciosa, siento tantas cosas aquí dentro que, a veces, lo único que puedo hacer es abrazarte fuerte mientras me divierto un rato en el fondo de esos ojos llenos de magia y luciérnagas preciosas. 

Hay instantes tan mágicos que me cuesta creer que sean reales; no necesito más, vuestras risas de fondo son mi canción preferida, el amor entre miradas me hace temblar y sonreír a la vez, algo muy bueno debí hacer en otra vida para coincidir en esta contigo. Me pierdo observando la luna llena un ratito con los ojos de una niña ilusionada al ser muy feliz, una pizca de realidad se cuela y me hace llorar con facilidad. Le pido a la luna solo un ratito más, esta me sonríe con ternura concediéndome el deseo.

Último abrazo, adelante, saltemos una vez más y luego viaja al otro lado de la luna si quieres, que yo te prometo que sigo aquí, a tu lado, dispuesta a saltar contigo siempre de la mano.

Te quiero, muchísimo ♡ 

domingo, 3 de agosto de 2025

Intentos de evitar el autosabotaje


¿Y si saliera bien?, ¿y si se te dieran las personas mejor de lo que crees?, ¿y si fueras capaz de que los mayores miedos no te frenasen?, ¿y si estás solo a un salto de distancia (y de fé) a todo eso que deseas?, ¿y si siguen queriéndote y queriendo estar  tu lado cuando destroces tantas normas como puedas, cuando descubras que no eres la chica perfecta y el ser de luz que siempre decían ver en ti?...
Con diferencia, hacerme todas estas preguntas es lo que más miedo me da de todo, plantearme la posibilidad de que pueda salir bien; me paso horas y días a veces preparándome para que las cosas vayan mal, a veces hasta procesando duelos que todavía no han ocurrido o poniéndome en la peor situación y sintiendo un gran dolor y tristeza cuando por fuera todavía no está ocurriendo nada de eso. 
Me da mucho miedo ser yo misma quien mande las cosas buenas o que me ilusionan a la mierda por creer que así dolerá menos o que son demasiado buenas para ser reales o para ser yo merecedora de ellas. Invierto una gran cantidad de energía y esfuerzos en intentar no autosabotearme, es como una lucha continua contra mi propia cabeza, controlada a veces por miedos e inseguridades.

No sé cómo lo hago, pero por ahora sigo siendo capaz de seguir avanzando y no huir de aquellas cosas que me hacen feliz o ilusión, pese a los miedos que las acompañen. Me gustaría sentirme a veces algo más acompañada y cuidada, no sé... creo que a veces los miedos me pesarían menos si los compartiera con el resto, pero menuda movida esto de compartir tanta vulnerabilidad con otra persona... me paso horas imaginando todo lo que podría salir mal y sintiéndome como si todo eso ya estuviera sucediendo.

Pero, ¿y si saliera bien?, ¿podría salir bien?, eso supondría descubrir que gran parte de mis inseguridades y miedos no son reales, soltar la mayoría de miedos y darme la posibilidad de ser como soy, incluido con fallos y partes feas, y que las cosas salgan bien.

Con diferencia, este es uno de mis mayores miedos.