viernes, 15 de marzo de 2024

Niñas guerreras


La niña grita, y no sólo eso, ruge.
La niña intenta acariciar y araña sin querer, queriendo aún así que le quieran bien.
La niña defiende, lo suyo y a los suyos, contra viento y marea sin haber perdido todavía el miedo a la oscuridad. 
La niña es rebelde y revolucionaria ante cualquier injusticia o cosa que no entienda del todo. 
La niña llora en el baño y se besa con un cualquiera en público. 
La niña patalea cuando algo le duele y muestra la rabia como el eterno disfraz de la tristeza.
La niña juega a sentirse deseada en brazos expertos en agarrar y en bocas expertas en morder, pero a ella lo que le gustaría es algún día recibir una caricia y un beso en la frente. 
La niña escribe en su piel una carta de auxilio que nunca llega a enviar. 
La niña es la marioneta de adultos que nunca tuvieron tiempo para ser niños.
La niña es la moneda de cambio de dos adultos que mucho saben de sexo y de facturas en común, pero que poco saben de ellos mismos y del amor. 
La niña es la superviviente de una casa que nunca fue hogar. 
La niña es la tirita de una herida no desinfectada.
La niña es el reflejo de una realidad aplastante sobre una lista de sueños de una madre a la que nunca le dejaron ser niña. 
La niña es fuerte y protestona, y eso incomoda a una sociedad que la quiere muda y sumisa.
La niña es la promesa fallida de un padre que ya no está aquí.
La niña es muchas cosas que no debería ser.
Pero, sobre todo, la niña es niña, y como niña que es, sólo quiere jugar y que, por la noche, unos brazos gorditos y grandes le lleven del sofá a su cama por arte de magia. 

jueves, 29 de febrero de 2024

Estrellas fugaces


Hay personas que son, cómo diría una de mis primas pequeñas, más mágicas que la Navidad. 
Son como las hadas de las que habla una de las canciones de Rozalen, a veces pueden pasar por tu lado y no darte ni cuenta, pero en otras ocasiones, y si tienes suerte, puedes identificarlas.
Son personas que te sacan, durante un ratito, del caos de tu día a día, y a veces también del de tu mente, haciéndote reír por los motivos más absurdos, reconectar con las cosas más sencillas, y sentirte a su lado un poco como el instante en que llegas a casa después del trabajo, te descalzas y te acuestas por fin a ver cualquier serie, por fin...
Hazme caso y aprovecha, disfruta y aprende mientras puedas tanto como puedas de estas personas, nunca sabemos cuando estamos dando un abrazo o un beso por última vez, y es algo que me sigue dando mucho miedo en ocasiones.
Voy a hablarte, o mejor dicho, a escribirte ahora a ti, perdóname por hacerlo, pero es mi manera de sentir, curar y procesar todo lo que ocurre en mi mundo emocional, no es fácil en ocasiones gestionar el sentir tanto por todo. 
Me he sentido realmente cómoda y segura a tu lado, y es algo que apenas suelen conseguir las nuevas personas que conozco; la mayoría de personas llegan a la superficie, luego o se van o me voy yo, y no siento en exceso su ausencia porque es como que no llego a sentirme del todo yo o no llego a sentirlo realmente lugar seguro, pero contigo sí me he sentido así y, aunque me hubiera gustado que te quedaras un poquito más a mi lado, te agradezco mucho que me hayas hecho sentir que soy alguien fácil de conocer y tener cerca, me has ayudado un poquito a curar zonas que aún están sensibles, en definitiva, me ha gustado mucho tener la suerte de haberte conocido, ojalá volver a coincidir más adelante.
Hay que estar muy atentos, pues no siempre nos damos cuenta que las personas mágicas las tenemos mucho más cerca de lo que creemos; descúbrelas, disfruta con ellas y de ellas, aprende de su capacidad de hacerte sentir en calma durante esos ratitos y no tengas miedo a cuando toque aceptar su ausencia, recuerda que cada persona tiene su camino y su historia, no podemos obligar a nadie a elegirnos como una de sus A.A o a pedirle que se quede, pero podemos, mientras quieran estar aquí, dejarnos querer y cuidar y sentirlo todo tanto como podamos, no existe mejor manera de pintar recuerdos preciosos que esa, no tengas miedo. 
Y a ti, gracias por pasarte por aquí, me hizo ilusión que me dejaras conocer un poquito qué había debajo de esa coraza.

miércoles, 28 de febrero de 2024

Reconciliaciones y pañuelos usados


Hace muchos muchos años una de mis profesoras del colegio escribió en mi agenda una nota a mi madre diciéndole que quería reunirse con ella para contarle que tal iba en el curso. 
Esa fue la primera reunión en la que le dijeron a mi madre de manera clara que su hija lloraba demasiado y que tenía que hacer que dejase de llorar para ser una mujer fuerte en el futuro; mi madre, como buena madre que quiere lo mejor para su hija, me dijo esa tarde que no podía llorar por tonterías porque sino cuando llorase por algo verdaderamente importante nadie me haría caso, en ese momento la conversación quedó ahí, pero por dentro me quedé con ganas de preguntarle quien se encargaba de decidir qué temas eran importantes y cuáles no lo eran. 
Con el paso del tiempo fui aprendiendo, de diversas formas y a través de distintas personas de manera más o menos directa, estrategias para protegerse y ser fuerte; no llorar, o no delante de otros, fue la primera lección que nunca llegué a comprender del todo ni se me daba demasiado bien. Otras lecciones eran no mostrar demasiado las cosas que te hacían ilusión, sobre todo si era una persona la que te generaba esa ilusión, ni ir detrás de nadie pidiendo atención o afecto ya que lo importante eras y eres tú y tu prioridad debes ser siempre tú.
Hay infinidad de eslóganes que hacen referencia a esa individualidad que te hace llegar a tu mejor versión, a cuidar de ti, a no necesitar nada de nadie, a potenciar el amor propio y tu propio camino ante todo y ante todos, y está bien todo esto, no debemos olvidarnos de nosotros nunca, pero tampoco debemos olvidarnos del otro. 
¿Dónde están los eslóganes y libros que hablan de acompañar al otro, de sostnerle cuando lo necesite, de ayudarle sin pedir algo a cambio y de celebrar, incluso más de lo que lo hace el otro, cada triunfo que logre?.
Necesitamos del otro, y esto no es malo, es malo el extremo de sentir que sin el otro nos morimos, que no somos nadie sin él o que valemos menos sin su presencia en nuestras vidas, cuidadito con esto, pero es que entre el blanco y el negro hay una escala de grises que no son negativos, sino que dom naturales, necesitamos del otro, necesitamos la paz de saber que podremos contar con esa persona en las malas, necesitamos la estabilidad que nos permita seguir creciendo individual y colectivamente y necesitamos el amor hacia nosotras, y también hacia el otro, que nos haga sostenerle en las malas y ayudarle a seguir avanzando hasta las estrellas en las buenas.

Otra de las ridículas lecciones que me dieron cuando era pequeña fue la de guardar toda información íntima o demasiado personal dentro de nosotras y no poner fácil su acceso por parte de los de fuera; de este modo, la persona tendría menos herramientas con las que hacerte daño si lo intentaba o no dolería tanto su ausencia si en algún momento se marchaba.

Un día, en unas vacaciones en la casa de mi abuela, esta me abrazó con tanto amor que me sacó alguna que otra lágrima, esta me miró preocupada y me preguntó la razón por la que lloraba, yo le dije, sin pretender ser distante ni aparentemente "fuerte" que lloraba porque le quería mucho. 
Mi abuela entonces me miró con orgullo y con esa sonrisa tan dulce que tenía y dijo señalando mi pecho con su dedo índice:
- tienes aquí dentro un corazón muy grande capaz de sentir cada emoción intensamente, está bien que llores, que rías, que ames, que te ilusiones... estamos aquí de paso, así que siéntelo todo tanto como puedas. 

Mi abuela acarició ese día la superficie de una herida que empezaría a desinfectar y curar durante dos años en terapia. Uno de los mayores regalos que me hizo mi abuela antes de marcharse fue el de enseñarme a querer con todo el corazón, ella también lo hacía muy bien, y en terapia, sin lugar a dudas, uno de los mayores regalos fue el de reconciliarme con mi vulnerabilidad, con mis emociones y encontrar en ellas mi mayor superpoder.

Lo he pasado muy mal y he sufrido mucho desde que decidí empezar a vivir el día a día sin corazas, pero también he vivido momentos e historias preciosas en los que el amor y la felicidad no me cabía en el pecho, no me arrepiento de mi manera de sentir, es más, estoy orgullosa de ser capaz de sentir tanto cada emoción y sentirme, en definitiva, viva a través de ellas. 

Me gusta ilusionarme hasta cuando veo flores nuevas en el campo, me gusta romperme a llorar siempre que lo necesite (aunque me siga dando miedo hacerlo), me gusta abrazar, acariciar y besar con los ojos cerrados y con puños repletos de amor y de ganas de cuidar y de dejarme cuidar, me gusta cuando conozco a alguien que me hace sentir bien anotar que cosas le gustan para regalárselas en su cumpleaños si sigue aquí, me gusta emocionarme con las canciones de siempre y con la última que acaba de salir, me gusta creer en el amor y usarlo para acercarme a la mejor versión de mí misma, me gusto mucho, aunque aún quede aquí dentro mucho que limpiar, trabajar y seguir construyendo. 

Soy capaz de llorar con la cara al descubierto, reconocer mi dolor, permitirme sentirlo y acunarlo por las noches y transformarlo en ganas de volver a querer vivir nuevas aventuras ahí fuera con el amor y la ilusión como mis mayores fortalezas. 

Siempre he sido una niña muy llorona y, después de todos estos años, menos mal que lo era y lo soy. 

miércoles, 14 de febrero de 2024

Hoy es San Valentín y yo tenía ganas de escribir acerca del amor

Creo en el amor, yo creo, sí creo. 
Creo en el amor porque sé como yo soy capaz de querer, y por eso mismo creo y creeré en el amor hasta el último aliento. 
Pero no estoy hablando de un tipo de amor concreto o de esas historias de amor de película que poco parecido tienen con la realidad; estoy hablando del amor como esa energía capaz de acercarte a la mejor versión de ti misma y llegar a cambiar el mundo de muchas personas.
Mi manera de querer no siempre ha sido fácil de entender, pero a mí me parece una manera preciosa de hacerlo. Formo parte de muchas historias de amor a la vez y me siento realmente afortunada por ello, estoy enamorada hasta las trancas de una persona que me enseñó que el amor siempre gana, y también tengo amigas con las que voy escribiendo día tras día historias de amor preciosas, dicen que hay amigas que son el amor de tu vida, pero en amigas, estoy de acuerdo, tengo amigas con las que ojalá poder envejecer hasta el último suspiro.
Es un amor precioso el que siento aquí dentro por cada una de ellas, pero lo mejor es que es un amor real que nos permite acercarnos a ser cada una de nosotras la mejor versión de nosotras mismas.
Y no, por mucho que quiera no quiero prometernos ese "para siempre" idílico y ficticio, nosotras creemos más en el "mientras sea sano y mientra nuestros caminos puedan estar cercanos".
No sé si seguiré al lado de ellas el resto de mi vida (me gustaría), pero si algún día toca separarnos nos quedaremos con el consuelo de que nos quisimos lo mejor que supimos y que, al final, el verdadero "para siempre" es lo que dejamos en el corazón de otras personas, tengo el enorme privilegio de poder decir que hay algunos corazones en los que ya me he vuelto inmortal.
Creo en el amor, así como en que la ternura es revolucionaria, pero creo en el amor real, el que siento cuando veo a la niña de aquí dentro bailar cuando supera un miedo, el que siento cuando veo a esa mujer preciosa acurrucarse en mi pecho cuando duerme, el que siento cuando me abrazan mientras lloro, el que siento cuando me besan o me acarician zonas de mi cuerpo que me asusta dejar al descubierto, el que siento cuando me invitan a una cerveza los días de mierda, el que siento cuando me piden que les avise cuando llegue a casa, el que siento cuando se alegran más ellas de mis éxitos que yo misma, el que siento cuando confían en mí, el que siento por quien está los domingos y no tanto los sábados.
Estoy escribiendo muchas historias de amor a la vez que me hacen realmente feliz y que no necesitan ni flores ni bombones un 14 de febrero, porque son de ese otro tipo de amores que me regalan en cada abrazo, en cada beso y en cada mimo un "sal ahí fuera y cómete el mundo, yo te prometo que seguiré aquí por la noche para que me cuentes emocionada todo lo que has vivido".
A todas las personas que quisieron averiguar qué había en el lado izquierdo de mi pecho y que siguen queriendo descubrirlo día tras día:
Os quiero con todo el Corazón, gracias por estar ahí cerquita siempre.
Y a vosotros, abuela y abuelo, gracias porque no pude tener mejores maestros en temas del amor que vosotros dos, os echo de menos.

Feliz día, que viva el amor, hoy y siempre. 

martes, 30 de enero de 2024

La magia de los detalles

Me da igual que estés o no cualquier Sábado, quiero más que estés conmigo el domingo. 
Quiero que estés los domingos a mi lado, cuando me toca soportar la resaca, preparar el trabajo de la semana o abrirle la puerta a cierta tristeza, procedente de una dulce nostalgia, o a una ansiedad, procedente de una mente que ya tiene la lavadora puesta. 
No quiero flores ni bombones un 14 de Febrero, quiero verte a la salida de mi trabajo o en mi portal un día cualquiera que se vuelva especial con tu presencia; no quiero un gran regalo en mi cumpleaños, quiero que me reserves ese finde para celebrarlo conmigo; no quiero conciertos caros, quiero cantar canción tras canción en tu coche camino de un viaje a través del cual escapar de todo; no quiero un testamento por WhatsApp o que me lleves de fiesta cuando esté de bajón, quiero que aparezcas en mi casa con un paquete de pipas dispuesta a escucharme el tiempo que necesite en cualquier banco; no quiero que me lleves a la ciudad más brillante y ruidosa del mundo, quiero que me lleves a cualquier campo lleno de flores y que me hables de ti mientras las estrellas nos observan; no quiero un "eres la persona más increíble que he conocido", prefiero un "avísame cuando llegues a casa, te quiero"; no quiero ir a ese nuevo restaurante que cuesta más por lo que aparenta que por lo que es, quiero ir a alguno menos lujoso y en el que se coma mejor.
No quiero fuegos artificiales ni grandilocuentes ni que te esfuerces por estar en las buenas, te prefiero en las malas y en los momentos más cotidianos del día a día.
Todo el mundo es capaz de brillar y hacerme brillar rodeada de luces, pero no todos son capaces de lograrlo cuando todo está a oscuras. 
Acompáñame en mitad de la oscuridad, aprendamos juntas a crear luces aquí y ahora, ese será nuestro superpoder, esas son las personas con las que quiero envejecer. 

lunes, 29 de enero de 2024

Tolerancia a la incertidumbre

 Si nadie nos enseña a recibir amor o cuidados cuando estamos rotos o sanando todavía, ¿por qué deberíamos saber hacerlo?, ¿y si todo el amor que ofrecemos a otros en realidad es lo que nosotros mismos estamos necesitando?, ¿Se puede ofrecer a otros y sentir que al mismo tiempo te lo estás dando a ti misma?, ¿es esta una prueba de que estamos en un lugar seguro en el que podemos desnudarnos?, ¿por qué las personas están tan obsesionadas en quitarse la ropa y la hipersexualización de los vínculos y temen/evitan tanto el desnudarse ante la mirada del otro?, ¿Qué es lo que me está removiendo en realidad; la exposición a la desnudez/vulnerabilidad o a mis propios miedos?, ¿acaso no es lo mismo?. ¿Cómo se apaga durante un rato tu propia cabeza?, ¿seguirían mis amigas llamándome valiente si pudieran verme por dentro?, ¿estoy siendo valiente o suicida?; acabo de recibir un abrazo en donde aún duele, en donde aún se percibe el rastro de una herida, entonces, ¿es este un espacio seguro?, ¿aquí se puede descansar de los problemas de ahí fuera?, ¿y todo esto como se lo explico a la niña de aquí dentro?, la tía es una cabezota de mucho cuidado y demasiado miedosa en ocasiones.

Echo de menos a demasiadas personas importantes para mí, algunas están demasiado lejos, otras andan más cerca, ando algo sensible y todavía no sé exactamente la razón por la que estoy así, pero me permito sentirlo, sentirme.

Abrazo el dolor y a los miedos mientras le susurro a la niña de aquí dentro que lo está haciendo bien, que estoy orgullosa de ella y que le quiero mucho. Pese a no tener ni idea de casi nada me sigue encantando ser tan intesita pese a las llorera de esta mañana. No pasa nada por improvisar un poco, este es un espacio seguro, respira, confía, todo irá bien.



jueves, 25 de enero de 2024

A mis niños y niñas perdidos de NuncaJamás


Mi nombre es el mismo siempre, pero no suena siempre igual, ellos lo pronuncian de una forma más bonita, tal vez sea por el puñado de ilusión con el que van descubriendo el mundo, o por el puñado de inocencia y verdad con el que aún tienen la suerte de contar. 
Sus ojos me observan, y la niña de aquí dentro, esa que cuida y mantiene mi luz intacta, se cuela en el corazón de cada uno de ellos dispuesta a enseñarles la magia y el superpoder de ser ellos mismos y de cuidar siempre, ante todo y ante todos, esa ilusión y ganas de descubrir el mundo desde el amor y la bondad, ojalá advertirles que crecer no siempre será fácil, que habrá momentos en los cuales todo se desmorone, pero yo creo en cada uno de ellos y de ellas, y por eso mismo disfruto tanto verles crecer agarraditos, cuando lo necesitan, de mi mano.
Sus miradas son limpias, claras y brillan tanto como las luciérnagas en la noche; unas manos chiquititas me agarran de mi jersey para que vaya a su sitio, otras rodean mi cuello encontrando refugio en mi hombro derecho mientras les abrazo fuerte para transmitirles que estoy a su lado, que no me moveré de aquí ni hasta cuando toque despedirnos. Otras manos acarician mi rostro con ternura mientras conocen y juegan con mi niña interna.

Al terminar la jornada termino con un rostro repleto de besos y caricias, que tienen el mismo olor que una cama con las sábanas recién cambiadas, y con un corazón lleno de amor, ternura e ilusión.  Algunos de ellos tienen la suerte de tener en sus casas hogares en los que crecer bien y a su ritmo, otros tienen a su alrededor o dentro de ellos historias más complicadas, pero cada uno de ellos está empezando a descubrir el mundo desde la mayor curiosidad e ilusión posible, aprendo mucho más yo de ellos que ellos de mí, lo estoy haciendo bien, lo estamos haciendo bien.

Tengo un trabajo que me permite cuidar cofres repletos de amor, ilusión, inocencia, emociones y ternura; sé que no todo será de color de rosa, que la propia vida les irá enseñando por un camino u otro el significado de la fortaleza, la resiliencia y el esfuerzo, pero también sé que juntos somos imparables y que, mientras no pierdan nunca al niño o a la niña que hoy son, todo irá bien. 

Les quiero, sí, les quiero muchísimo. A comienzos de curso prometí que tendría cuidado con los sentimientos ya que el año que viene, probablemente, tenga nuevos grupos de menores, pero siendo sincera, ya me han robado el corazón entero con cada abrazo de oso y cada beso de esquimal que me dan.

Son ellos mismos siempre y, poco a poco, irán descubriendo que ese es su mayor superpoder. 

Ya quisiera Batman, Spiderman o la patrulla canina parecerse a cada uno de ellos, algún día se darán cuenta que los mayores y mejores superhéroes siempre fueron ellos mismos. 

lunes, 22 de enero de 2024

Lunes de nuevo


Es curioso, se me da realmente bien y disfruto mucho cuidando a otros, sobre todo, si son personas a las que quiero; me encanta escucharles con atención, sentir en mi propio cuerpo cada una de sus emociones, abrazarles, mimarles y acompañarles durante un rato intentando hacerles ver el vaso medio lleno; me gusta hablarles y tratarles desde el más absoluto amor incondicional y desde la ternura y el cariño como mis mayores cualidades frente a los miedos y problemas de ahí fuera o de aquí dentro, no sé si aprendí a cómo hacer esto en algún momento concreto, pero me recuerdo desde muy pequeña siendo quien más y mejor cuidaba a sus personas importantes.
El problema, como ya me descubrió mi psicóloga hace años, viene cuando me tienen que cuidar a mí. Mi psicóloga me dijo que había muchísimas personas que debían aprender a cuidar al otro ya que les resultaba algo complicado de hacer, y más en una sociedad tan individualizada como esta, pero me dijo que yo estaba en el otro grupo, en el que les cuesta dejarse cuidar y querer llegando, a veces, a preferir hundirse y romperse en completo silencio y a solas para que el resto no se enterase. 
Pasado el tiempo descubrí que gran parte de la dificultad en estos temas procedía de un temor inmenso, y a veces irracional, a que me hicieran daño, no sé muy bien de qué manera, pero me asusta mucho que el otro me hiera o sentirme vulnerable ante unos ojos que no sean los míos.
Pero en el fondo, justo lo que más miedo me da es lo que más me gusta experimentar, mostrarme ante unos ojos nuevos, dejar al descubierto la vulnerabilidad y recibir un abrazo donde aún se perciben ciertas heridas en proceso de curarse, me dan pánico esos momentos, pero a la vez sé que la única manera de superar un miedo es exponiéndose frente a él.
Lo intento, lo hago... pero la manera en que me hablo a mí misma en ciertos días es muy diferente a como hablaría a cualquiera de mis amigas, a veces soy mi peor enemiga y siento un montón de granadas cargadas de odio, reproche y etiquetas explotando dentro de mí; con el tiempo he aprendido a reducir los momentos en que me hablo de esta forma, pero aún lo sigo haciendo cuando estoy asustada, pero al menos sigo aquí, frente al miedo, dispuesta a superarlo, ¿esta mierda cómo se hace?, ¿voy bien?.
Intento no autoboicotearme y cada vez consigo más, en mayor o menor medida, callar las voces de aquí dentro, pero acabo realmente agotada, que complicado es a veces tocar lo de dentro y dejarse cuidar, lo hago/intento y, a veces, recibo un abrazo en donde aún se percibe la señal de un disparo.
Estoy algo cansada y con los miedos a flor de piel ciertos días, pero creo que voy bien, aunque sea a un ritmo más despacio de lo que me gustaría. Mi mejor amiga me llena de mimos, aunque sea a distancia, y me llama valiente mientras me mira con cariño, como le echo de menos, pero menos mal que me decía la verdad cuando me prometió que estaríamos juntas hasta ser dos viejas riéndose de la vida, hay personas que me quieren y cuidan como lo hago yo con otros, tal vez por eso merezca la pena seguir siendo valiente. 

martes, 2 de enero de 2024

Valientes de sofá de fondo


La única manera de curarse del dolor que te haya provocado alguien es volviendo a salir ahí fuera y permitirte temblar, de miedo y emoción, entre los brazos de una nueva persona, confiando en que ella sí sabrá sostener, cuidar y acompañarte durante el proceso de volver a confiar en los otros. 
Tiene unos ojos preciosos, son como un rincón secreto y especial con un pequeño lago en el interior de un profundo bosque en el que jugar sin parar a tantos juegos como queramos; me gusta ver mi reflejo en ellos, me veo más bonita en su interior que lo que soy, probablemente, en realidad. 
Intento que no se me note desde fuera el puñado de nervios, miedo y atracción que siento por ella, pero acaba de acercarse más de la cuenta y me siento como en la parte más alta de una montaña rusa a punto de caer al vacío; jugueteo con sus ojos, con su cabello o empiezo a hablar de cualquier tontería sin parar intentando esconder un poco lo que siento, pero entonces en su rostro aparece una sonrisa que aumenta su tamaño muy despacio tentándome a subirme, como si esa sonrisa fuera un nuevo columpio y como si esto no fuera más que un inocente juego de niñas pequeñas. 
Jolín, ¿por qué tiene que tener una maldita sonrisa tan bonita?, así es imposible hacerle creer que  aquí dentro esté todo en calma.
Pero me da igual; durante unos minutos me han dado igual el torbellino que tengo aquí dentro, el color de mis mejillas, probablemente ya enrojecidas, mis nervios incontrolables o mi dificultad para sostener esa mirada llena de estrellas; me siento cómoda, segura y contenta mientras me escondo en su hombro entre beso y beso; me gusta, me gusta mucho, pero sin lugar a dudas una de las cosas que más me gusta es haberme permitido ser yo de nuevo con lo bueno, lo malo y mi vulnerabilidad, medio al descubierto, y haber recibido un abrazo en el que sentirme más valiente de lo normal en esto de abrirme el pecho ante nuevas personas realmente preciosas.
Sigo temblando, me cuesta controlar estos nervios cada vez que se acerca o me mira más de la cuenta, pero me encanta sentirme entre sus brazos como si estuviera en el sofá de mi casa descalza viendo alguna de mis películas preferidas. 
Ven y vuélveme a besar, lo estoy deseando. 

miércoles, 27 de diciembre de 2023

Respira y mírame


Hoy me ha estado acompañando durante el día cierto nivel de ansiedad que hacía tiempo que no tenía; no he profundizado en ella, estaba cansada y no me apetecía meterme en esa movida, pero creo que una parte procedía de las emociones desagradables de un menor con el que traté en el trabajo y que se me acabaron pegando más de la cuenta.

Al comienzo sentí culpa por haberme implicado tanto y por los respectivos pensamientos saboteadores, los cuales yo misma he alimentado. Ahora, por la noche, estoy intentando hablarme más desde el amor y menos desde el juicio mientras recuerdo que a veces estas cosas, como ser humano que soy, pasan y no pasa nada. La ansiedad no es que haya disminuido demasiado tras esta especie de tregua conmigo misma, pero me ha ayudado un poco a reconciliarme con esta imagen de mí.

La que tiene ansiedad en exceso en ocasiones, la despeinada, la de las ojeras marcadas en ese pálido rostro y la que a veces pierde el control quedándole como única vía de escape confiar en ella misma y en que todo irá bien. 

Me sigue, a veces, asustando esa pérdida de control, ese "fluir", por alguna que otra mala experiencia pasada, y mirarme al espejo en estos días, pero me hace sonreír verme sonreír en el espejo hasta en estos días, me recuerda un poco la importancia de seguir siendo capaz de ver la belleza que hay en mí y a mi alrededor hasta en el día más caótico.

A veces la "vida adulta" se me hace bola y la ansiedad hace mayor acto de presencia del que me gustaría, en verdad yo sé que esto no es más que una sana señal de mí para mí pidiéndome, por favor, que mire para dentro, lo haré, de verdad, tengo ganas de tener una cita conmigo misma. 

Buenas noches, espero que mañana sea un día más tranquilo. 


viernes, 1 de diciembre de 2023

Abuela, abuelo, os quiero muchísimo, feliz navidad.


Hola Abuela, te escribo con el pecho lleno de felicidad, supongo que ya sabrás las razones. 
Te echo de menos, eso siempre me seguirá ocurriendo, y lo seguiré sintiendo en ese rincón de mi corazón en el que hay una puerta en la que se lee: la casa de la abuela. Pero, una de las cosas buenas del paso del tiempo es que tu ausencia ya dejó de doler, y ahora te recuerdo desde el más profundo amor, ese con el que siempre me recibías y me tratabas en vacaciones. 
Abuela, lo he conseguido, estoy trabajando de psicóloga con distintos grupos de menores que no han tardado en robarme el corazón, pese a que aún les cuesta eso de dejar de hablar cuando les pido silencio; y seguro que no me lo reconoces, pero estoy segurísima de que desde ahí arriba has movido algunos de tus hilos mágicos para que esté hoy donde estoy, a ti hace años se te daba muy bien hacer punto, hacías verdaderas obras de arte, así que es imposible que no hayas hecho de las tuyas en este tema, sin duda alguna es el mejor regalo de navidad que podría haber recibido, gracias.

Estas son las segundas navidades sin ti, tu ausencia sigue arañando por dentro cuando en los anuncios de la tele hablan de reunirse con la familia o cuando alguno de ellos nos toca la fibra sensible, en este momento del año siempre fantaseo con como eran las navidades contigo: subir a Galicia, el olor de tu perfume el día de la comida familiar, el sonido de tus manoletina por el pasillo, tus abrazos, tan calentitos y tan refugio, y tu sonrisa de felicidad al estar con los tuyos. Este año mamá ha decidido que no subiremos a Galicia, no he querido presionarla mucho porque sé que el momento en que volvamos al norte y ya no haya una "casa de la abuela" esperándonos será duro, pero aún así me gustaría ser capaces de volver a juntarnos en la tierra que tantos años ha sido y sigue siendo hogar, volveremos en algún momento, te lo prometo.
¿Qué tal las cosas por ahí?, ¿qué tal el abuelo?, ojalá estéis bien y felices, os lo merecéis más que nadie por todo el corazón que entregasteis por aquí. Te quiero mucho abuela, tú y yo siempre hemos sido algo reacias a decírnoslo por vergüenza o por sentirnos demasiado vulnerables, pero ambas sabíamos que lo sentíamos, y así nos lo decíamos a través de los abrazos de bienvenida y despedida en vacaciones, me parece que también es una forma bonita de expresarlo.
¿Sabes?, a lo largo de la formación académica y personal de cada persona se nos muestran distintas figuras referentes que destacaron en distintas áreas como la psicología, el deporte, la música, etc... todas ellas hicieron grandes cosas para llegar a ser quienes fueron, pero nunca se habla de quienes estuvieron cuando todavía no eran conocidos, sus padres, sus abuelos, sus amigos de la infancia y de la adolescencia... me parece injusto que no sean ni nombrados.
A mí de mayor me gustaría poder tener un corazón como el tuyo y sentir y hacer sentir tanto amor como tú nos hiciste sentir a cada una de tus nietas, es verdad que, como buena intensita y activista de causas sociales, siempre intentaba flexibilizar tu forma de pensar en referencia al colectivo LGTB, al feminismo o a personas y colectivos que se salieran de la norma social, pero sé que la mayoría de tus pensamientos fueron otorgados por otros y por la época que viviste y que no nacieron en ti. 
Tú, abuela, siempre has tenido el pecho lleno de amor y sé que ese amor es infinito, independientemente del camino que tomemos cada una de tus nietas, ya nos lo decías a veces: "yo lo que quiero es que os vaya bien y seáis felices".
Pues abuela, gracias porque lo soy, he cogido a esos miedos de la mano y he salido ahí fuera con ellos y con sacos llenos de ilusión, mientras me decía por dentro: Soy mucho, valgo mucho y merezco mucho. 
Gracias abuela, las vacaciones en la casa de la abuela siempre fueron hogar, refugio, y el lugar donde me convertí en la adulta que hoy soy, una fiel creyente del amor en todas sus formas y manifestaciones que fantasea, a veces, con llegar a tener el corazón que tenían sus abuelos maternos, fuisteis y siempre seréis mis mejores maestros en temas del amor.

Os quiero y os echo de menos, feliz navidad, nos vemos dentro de una vida de la que siempre seguiréis formando parte.