sábado, 16 de julio de 2022

Búscate amigas que te recuerden que eres libre

Todavía ahora mi madre en ocasiones me sigue diciendo como reprimenda que tengo la cabeza en las nubes, yo observo mi alrededor algo desconcertada y asustada ante lo que veo y me  agradezco el tener la cabeza en las nubes. 

Me niego a que los miedos, de otros o propios, sean las manos que controlan mis movimientos y, en definitiva, mi vida, que no quiero perder mi visión curiosa, ilusionada hacia lo desconocido, no quiero que los prejuicios intoxiquen la libertad para avanzar, conocer y ser. 
Quiero romper las fronteras, los despertadores, el sonido del tráfico, la máquina de café de tu oficina y salir volando, me niego a aceptar una rutina estable que me hace infeliz por miedo a que no haya otra opción, si la hay, sé que la hay; cuando todos creían que la tierra era plana nadie se atrevía a llegar con su barca a la línea del horizonte por miedo a caerse hacia abajo cuando llegasen, pero hubo alguien que fue lo suficientemente valiente como para querer ir hasta allí, y eso es lo que quiero yo, comprobar que hay vida allí también.

Prepararse para el futuro dicen, ¿qué futuro?, el futuro que nos espera a todos antes o después es el de comvertirnos en polvo y ser las semillas de las plantas que guardábamos en nuestro interior, no quiero estar en un constante proceso de preparación para el futuro, de alerta o de supervivencia, para mí la vida no tiene que ver nada con eso. 

Yo sólo me someto, cuando deseo, en la cama y únicamente ante quien me quiera libre fuera de ella, porque es así como quiero vivir, libre y sin miedo a la vida. No me vais a engañar y por tanto yo no voy a seguir vuestras aparentes recomendaciones que esconden más veneno y temores que ganas de ayudar de verdad, yo no quiero renunciar a mis sueños, ni poner los pies en el suelo ni mucho menos acostarme pronto porque mañana madrugo.

Yo no quiero tropezar, yo quiero estamparme contra el muro si es eso lo que necesito, quiero madrugar solo por ver el amanecer, quiero emocionarme con la cara al descubierto, quiero besarme con todas aquellas personas que me renuevan cositas aquí dentro, quiero bailar descalza y no preocuparme por el qué pensarán, quiero enamorarme sin miedo a que pueda salir mal, quiero que los acordes de una guitarra me acaricien por dentro, quiero recitales de poesía, manifestaciones en las que lleve la voz cantante quien estuvo obligado a estar en silencio durante años, quiero creer en el amor y en las personas, en mí y en mis amigas, emborracharnos, cuidarnos y querernos, aprender cómo se hace, mirar a la chica del espejo y sacarle los colores, quiero celebrar la vida con ellas y quiero vivirla como queramos y no como nos recomiendan hacer, quiero ser libre y quiero serlo de verdad. 

La vida es algo más que tenerle miedo a la propia vida, y yo quiero eso, coger a los miedos de la mano, besarles en la frente con cariño y demostrarles que ya no hace falta que me protejan tanto, que ya he estado en el lodo, que ya me he estampado contra el muro, que ya he dicho te quiero a quien tenía las maletas en la puerta, que ya he llorado hasta quedarme dormida y que ya me he sentido invisible y sola al pedir ayuda, y no he muerto, sigo aquí, decido vivir, decido acostarme con la vida, correrme cada vez que esta me lance por los aire y llegar al orgasmo cuando lea este relato como señal de victoria o, al menos, como señal de que lo estoy haciendo bien, aunque no sea como me recomendaban esos monstruos a los que llamábamos adultos de pequeños y en los que ahora nos intentan transformar si no estamos lo suficientemente atentos como para evitarlo.

Elijo la vida, elijo vivir sin miedo, me elijo a mí ante que a nada, elijo ser feliz siendo tal y como soy. 

Mi psicóloga me sigue observando algo emocionada, mi abuelo me admira desde ahí arriba asombrado y sonriente y ambos me dicen a la vez:

Sal ahí fuera y arrasa con todo, tú puedes.

Último beso a esos miedos con la esperanza de que se vayan haciendo pequeños, –mirar lo que voy a hacer–, les digo sonriendo.

Y ahí salgo, a la vida que quiero vivir y no a la que me aconsejaron vivir, es mía, y voy a disfrutar del derecho de hacer con ella lo que desee, que ganas tenía de volver a encontrarme. 

domingo, 3 de julio de 2022

Esquivarnos la mirada ya no funciona más


He descubierto algo tan terrorífico como comprensible y es que no siempre ayudo o estoy ahí para las personas porque me sienta realizada por ello, en muchas ocasiones es así y disfruto mucho estando disponible para las personas que me necesiten, pero en otras ocasiones estoy para escapar de mí misma, para no tener que reconocer mis heridas por miedo a la frustración que sentiría al observar que no todas están tan curadas y desinfectadas como creía en un principio.
Actuó como en las oficinas en las que estoy de prácticas, a toda velocidad, sin parar, pienso y actúo rápido para dar respuesta a todas las emergencias que nos lleguen y hablo mucho con quienes necesitan palabras de aliento, de esperanza o de alivio, lo importante es que haya el suficiente ruido externo como para no escuchar el interno. 
Cuando salí de terapia recuerdo que aprendí muy bien a estar sola y a permitirme escuchar ese ruido interno, pero estos últimos meses han sido toda una montaña rusa emocional y he dejado de practicar eso de cómo era escucharse a una misma también.

Permanezco atenta al ruido externo a la vez que me tiemblan las piernas ante el miedo de las consecuencias de estar descuidando a la niña asustadiza e ilusionada que habita en el lado izquierdo de mi pecho. Llega el silencio mientras voy en el bus con una canción lenta de Andrés Suárez y entonces escucho una voz procedente de aquí dentro que pregunta con cierta tristeza: "¿A mí cuando me toca?".

Entonces ambas nos ponemos a llorar, le confieso que me da miedo y me confiesa que ella también lo tiene, pero aún así no podemos seguir esquivándonos  cada vez que coincidimos, así que decidimos sentarnos juntas en esa mesa del fondo y ponernos a hablar, hacía mucho tiempo que no lo hacía y hay muchas cosas que necesitan ser limpiadas o arregladas. 

Menos mal que se acerca el verano y tendremos más tiempo para nosotras, ambas lo necesitábamos urgentemente. 

domingo, 19 de junio de 2022

Exilio


Hay ocasiones en las que debes abrirte el pecho de par en par y sentirlo todo tanto como puedas, aunque en verdad no sé si debes o es que no tienes opción de elegir al ser las emociones tan intensas que explotan todas a la vez convirtiéndote en su marioneta a través de la cual mostrarse al exterior, pese a tus intentos de esconderlas bajo una sonrisa algo forzada y un nudo en la garganta que empieza a provocar que se humedezcan esos ojos grandes y preciosos como estrellas. 
A veces, cuando todo está en silencio, puedes escuchar dentro de ti esa explosión y sentirlo, sentir como te tiemblan las piernas y el corazón, la gota de sudor deslizándose por tu espalda, el nudo en la garganta que contiene cierta tristeza apretando y dificultandote, como de costumbre, decir más de dos o tres palabras con sentido, la nostalgia asomándose a través de tu mirada y un puñado de mariposas abrazándose en el interior de tu pecho como si estuvieran viendo una película que ya han visto antes y de la que no les gustó el final. 
Y ocurre que ese instante en el que creías que te ibas a morir llega y no te mueres, pese a todo lo que haya que limpiar y ordenar de nuevo el Domingo, ocurre que todo ha cambiado tanto que hasta ya no recuerdas exactamente cómo eran las cosas antes, pero descubres feliz que lo vivido ya lo tienes para siempre, que en el fondo perder no era tan horrible como nos lo habían mostrado, y que ahora eres algo más feliz, aunque no haya sido fácil el camino hasta aquí. 
A veces fantaseo con que nada cambió aún sabiendo que es una sutil y agresiva forma de hacerme daño a mí misma, luego vuelvo al presente y descubro unas voces nuevas que me acunan con cariño, unas miradas nuevas que intentan acercarse un poco más a mí con cuidado y unos brazos nuevos en los que sentirse hogar, y me quedo ahí, en ese abrazo salvavidas que necesitaba, y tomo aire varias veces intentando que las olas del fondo de mis pupilas no rompan brutalmente contra el presente.
Termina la obra y empiezan los aplausos, entre ellos están los de muchas personas que nos quieren y que quieren vernos felices, están ahí, han venido, nos sonríen como si nada hubiera pasado desde el último ensayo del que formaron parte y nos felicitan felices por la obra; me había imaginado una infinidad de veces como sería ese momento, tenía tanto miedo como ganas de vivirlo, y aunque la nostalgia no me ha soltado de la mano todavía, aunque todavía siga con la mirada algo risueña y a la vez algo triste, me quedaría en ese instante cinco minutos más antes de volver a la realidad de nuevo. 
Disfruto y siento intensamente aquí dentro el tornado de emociones del que ya he perdido el control hace rato, observo a todas las personas que forman la escena, ojalá decirles que les quiero, ojalá abrazarles bien y fuerte, ojalá quedarme cinco minutos más aún sabiendo el daño que me hará después, pero me voy porque tengo que volver a mi vida y al presente, dejar de abrazar ese cactus por muy bonitas que sean sus flores y soplarme después los rasguños para que no se me infecten.

Unos brazos nuevos me rodean y me miman con cariño, no digo nada porque las miradas ya lo dicen todo, me siento querida y me siento algo liberada, al final a veces hay instantes en los que la tristeza y la felicidad dejan de competir por ver quien sobrevive y empiezan a bailar juntas, este es uno de esos instantes y quiero sentirlo bien, aunque el Domingo me toque ordenar todo este caos. 


viernes, 10 de junio de 2022

Miedo

Estoy muerta de miedo, intento coger aire pero las lágrimas vuelven a amontonarse de nuevo en el borde de mis ojos y corro al baño para que nadie me vea llorar, abrazo a mi madre y tiembla de miedo entre mis brazos mientras llora, su voz se quiebra cuando habla con mi tío por teléfono y el silencio se siente como alfileres que van apretando cada segundo un poco más.


Abuela no estoy preparada para esto así que más vale que abras los ojos, no estoy preparada ni yo ni nadie de la familia, familia... eres quien da valor y significado a esa palabra y lo sabes, abre los ojos abuela por favor.

Joder tío, esto no, ahora no, quiero un poquito más de tiempo aunque ninguna de las dos nos atrevamos a mostrarnos demasiadas muestras de afecto, quiero sentarme en el sofá que hay a la derecha de tu sillón y escuchar tu respiración y los comentarios tan tuyos que haces de cada programa de televisión, con eso es suficiente, con eso basta... dios, me imagino ese instante ahora y lo visualizo como el plan más increíble de todos.
Hoy por la tarde has acompañado a Leonor, una de mis primas pequeñas, a recoger su título de bachillerato en su graduación, seguro que estabais ambas brillantes.
Dios abuela, no te vayas todavía, por favor, te necesitamos, te juro que te necesitamos, necesitamos que estés ahí porque necesitamos una casa a la que volver cuando todo agobie o se ponga feo, y tú eres esa casa, esos brazos gorditos que te achuchan, y ese olor a empanada gallega recién hecha.
Intento coger aire y no me sale, según van pasando los minutos y las horas se acentúa el dolor y el miedo, es como una soga que aprieta cada vez más fuerte.
Abuela quiero que te quedes, conmigo, con nosotros, pero por encima de eso quiero que estés bien y que no sientas ni una pizca de dolor, te mereces todo lo bueno de este mundo y de los siguientes.
No sé qué pasará de aquí a unas horas, días o semanas, pero pase lo que pase me gustaría decirte que eres una abuela ejemplar.
Te quiero muchísimo, sé que apenas nos lo hemos dicho entre nosotras, pero sé que ambas lo sabemos de sobra.

Abuela, no sé qué va a pasar, no sé si sigues aquí o no, pero pase lo que pase:
Gracias por todo.

Te quiero mucho, de verdad.








lunes, 6 de junio de 2022

Descubriéndo(me)


Y ahora descubro que los mejores instantes que vivimos son los que no tienen fotografía porque no hace falta para recordarlos, basta con cerrar los ojos y ahí lo tienes.
La torpeza para empezar a hablar de lo que sea, pero las ganas de no despedirnos todavía, el sonido de tu voz temblorosa diciéndome que me quieres más de lo que te imaginabas que eras capaz de hacer, mi mirada ilusionada dejándome llevar después de todo este tiempo de miedos e incertidumbre, tu sonrisa preciosa y tu manera de morderte el labio inferior cada vez que me quieres besar, el movimiento rápido de mis manos mientras hablo sin para para intentar ser algo más sociable de lo poco que suelo ser, tu manera de juguetear con mis marquitas y lunares como si intentaras descifrar un mensaje secreto, mi manera de intentar acercarme y quedarme descansado en tu cuello mientras me río nerviosa por lo mal que se me dan estas cosas, tus ojitos humedeciéndose cuando te sonrío y que me llames preciosa mientras a mí ya me empiezan a arder las mejillas. 
Que te descubra agarrada de mi mano ilusionada y descubrirme a mí misma sin querer soltarme nunca de ti, conocer tus miedos y descubrir que son más parecidos a los míos de lo que creía. 
Atrevernos a abrirnos el pecho y quedarnos un ratito ahí tumbadas y abrazadas, cuidarnos y querernos y contar los segundos que quedan para que me vuelvas a dar un beso de esquimal, y no sé como pero tengo más ganas de eso que de cualquier otra cosa.
Y entonces me descubro enamorándome de nuevo, ilusionandome de nuevo, bailando de nuevo delante del espejo y sonriendo sin una razón concreta o que pueda identificar claramente.

Me descubro siendo feliz, me descubro siéndolo a tu lado, y descubro entonces las razones por las que no hace falta captar estos instantes en fotografías, no hace falta, ya me encargo yo de guardarlo todo aquí dentro. 

Te quiero ♡

jueves, 12 de mayo de 2022

No me preguntes


Me echo de menos, echo de menos a la persona que soy cuando soy feliz porque hace tiempo que los días no son más que una tediosa rutina que llevo a cabo por compromiso u obligación, pero no por autorrealización o disfrute.
Y lo siento, esto lo siento, siento la ausencia prolongada de motivación, de refuerzos positivos o de ganas de moverme y me duele porque recuerdo a la persona que soy cuando soy feliz,  y es muy distinta a la persona que ahora veo reflejada en el espejo. 
Intento contestar algo diferente a "bien" cuando me preguntan cómo estoy pero la mayoría de veces no me sale por miedo a que el mar de miedos y preocupaciones se desborde desde mi mirada hasta el lado izquierdo de tu pecho, mi mirada es algo más apagada según mi opinión y algo más realista según la opinión de los adultos que perdieron a su niña interior. 
Intento coger aire y me siento tranquila cuando lo consigo, supongo que es un pequeño refuerzo positivo de las personas que convivimos con ansiedad.
Tengo un papel que asegura que soy psicóloga, todavía no me lo creo del todo y ni siquiera tengo ganas de ir a por ese papel; me hablan de hipotecas, de contratos laborales, de licencias y permisos, de una rutina que yo no quiero tener, pero, ¿acaso sé que quiero?, ¿qué pasa si no lo sé?, ¿qué pasa si el tiempo pasa?, ¿por qué debo llevar el mismo ritmo que otros si cada uno somos diferentes?.
Me tumbo en el suelo del baño, está frío y me ayuda a respirar y a llorar sin control sin saber exactamente por qué lo hago. 
Me siento perdida de cojones, pero sobre todo me echo de menos porque me acuerdo mucho de cómo soy cuando soy feliz. 
Ojalá que el tiempo se parase de golpe y poder tumbarme en la hierba, escuchar mis canciones preferidas, escribir sin parar y jugar con las mariposas y las flores, con eso os juro que bastaría, con eso sería suficiente. 

jueves, 5 de mayo de 2022

¿En qué abrazo nos dijimos adiós?


Tengo miedo a estar abranzando a alguien por última vez y no saber que es la última vez que lo haré.
Me acojona la idea de las despedidas y de las pérdidas porque es una tarea pendiente que tengo desde hace tiempo aún sabiendo que la vida desde que nacemos son ganancias, pero sobre todo, son pérdidas, siendo la vida lo último que perdemos. 
A veces nuestra mente es tan protectora o neurótica que nos autosabotea los mejores momentos con ideas catastróficas acerca del futuro en vez de limitarse a disfrutar el presente. 
Tiene cierto componente doloroso y precioso a la vez estar viviendo un instante tan mágico y especial que acabamos recordando sin querer que algún día esto que vivimos será ya un recuerdo del pasado, y este pensamiento a veces nos impide disfrutar del todo del presente que tenemos en nuestras manos, pero al mismo tiempo nos hace ser conscientes de lo felices que somos ahora mismo y nos permitimos en mayor o menor medida dejarnos llevar aunque los miedos sigan haciendo acto de presencia en más ocasiones de las que nos gustaría.
Yo no sé que pasará en un futuro, a veces visiones catastróficas acerca de él me vuelven a hacer sentir muy pequeña e insegura, pero ahora mismo estoy aquí riéndome a carcajadas o emocionándome por sentirme tan feliz, echaba tanto de menos sentirme así que no voy a permitir que ni hasta el miedo más grande me robe este instante, es mi momento, nuestro momento, y nos merecemos vivirlo y sentirlo tanto como podamos.
Ojalá algún día sea más fácil este tema de las despedidas, de las pérdidas y, en definitiva, de saber soltar de la misma manera en que sabemos agarrar. 





martes, 3 de mayo de 2022

Si te digo la verdad no me quiero ir

La sonrisa tontorrona después del beso y la mirada que te confirma los sentimientos que llevas ahí dentro, mitad escondidos, mitad al descubierto.
Intentas pisar el freno, tener cuidado con el objetivo de evitar futuros daños colaterales, pero por dentro observas a una niña pequeña ilusionada bailando hasta con la radio apagada.
Dibujas corazones en la última hoja de tu libreta y una sonrisa te hace un spoiler de lo que viene.
Pero, a la vez, varios miedos te impiden disfrutar de este momento como te gustaría y te ves en la necesidad de mirar aquí dentro de nuevo e intentar gestionar esta montaña rusa de emociones que ahora funciona sin apenas control, no tengo ni la menor idea de cómo va esto, pero tampoco quiero privarme de la oportunidad de aprender a averiguarlo despacio y con cuidado.
No quiero perderme a mí por miedo a perderte  ti, no quiero sentir esto como el comienzo del fin, no quiero olvidarme de mí y colocarte a ti en la posición en la que debo estar yo, hasta ahora no sé exactamente como lo hacía, pero conseguía quererte y abrazarte fuerte sin olvidarme de hacerlo conmigo también, me asusta la idea de pensar que no soy válida para esto de querer y dejarse querer, pero también procuro no olvidar que puedo aprender a dejarme llevar, a querer sin olvidarme de mí y a ser algo más valiente para ser capaz de asumir riesgos sólo por verte feliz, vernos felices, estamos preciosas ahí sentadas en la hierba reconociéndonos nuestros miedos. 
Beso unos labios que no pueden dejar de sonreír, me pierdo un ratito más en esos ojos oscuros pero que brillan sin parar y nuestros "te quiero" colisionan a la vez como si acabáramos de saltar juntas al vacío y de la mano.
No sé exactamente cómo se hace esto o cómo va, pero no quiero irme de aquí, quiero seguir a tu lado un ratito más. 




lunes, 4 de abril de 2022

¿Cómo se pide perdón antes de haberla cagado?

Y ahí estabas, sonriéndole a la pantalla del móvil como hacía tiempo que no lo hacías, eligiendo la lista de canciones románticas que tantas otras veces dijiste que eran demasiado ñoñas para ti, y sonriendo a la nada sin saber exactamente el motivo, o sin querer saberlo del todo ante el riesgo de que los miedos asaltaran las murallas de tu castillo como ya habían hecho en historias pasadas que aún duelen alguna que otra noche si las acaricias sin el cuidado suficiente.
Hay muchas personas que antes de que les hagan daño prefieren hacer daño para sentir que siguen teniendo el control de algo, aunque sea del dolor que se genere; tú siempre dijiste que no eras así, pero tampoco criticaste nunca con demasiada dureza a este tipo de personas al saber, en el fondo, que tenías más cosas en común con ellas de lo que te quisieras.
Me gustaría creer que fueron los miedos los que te obligaron a huir a media noche, me gustaría creer que luchaste contra ellos intentando que esta vez ganara el amor sobre el miedo, me gustaría creer que si no me pediste ayuda es porque creíste que podrías vencerles y no por orgullo, me gustaría creer que te fuiste porque te hice lo suficientemente feliz como para que la niña que llevas ahí escondida bajo ese caparazón se asustara al sentirse realmente querida por ser tal y como eres, me gustaría creer ahora que estás volviendo, que no te has ido del todo.
Pero no estás, te busco entre las sábanas manchadas de sexo y ausentes de valentía y amor y le grito a la almohada que debería haber protegido tus sueños e ilusiones para hacerlas fuertes y grandes en la batalla contra esa montaña de temores que tanto te cuesta mostrar del todo; perdieron el enfrentamiento y saliste a media noche dejándome el cuerpo lleno de besos y el interior lleno de un ruido ensordecedor.
Me quedé con tu último "te quiero" plácidamente dormido sobre mi clavícula y el dibujo de un corazón realizado con tus manos sobre mi espalda.
Es por esto por lo que estoy segura de que tu ausencia hoy en esta cama no se debe a la falta de amor, sino a un exceso de miedos. 
Duele, y sé que según vayan pasando las horas dolerá más, pero ¿sabes qué?, al menos esta vez puedo sentirme orgullosa de no haber sido yo la presa de los miedos, la que se dio a la fuga, yo me quedé aquí en nombre del amor que siento por ti, el mismo que me hubiera gustado que a ti te hubiera servido de razón más que suficiente para quedarte, no fue así, pero eso ya da igual. 
Duele y siento una tristeza amarga e intensa acomodándose en mi interior dispuesta a quedarse a mi lado de nuevo durante los próximos meses, pero también experimento cierta alegría o consuelo por mi avance, arriesgado pero valiente, de haber decidido pasar la noche en esta cama fantaseando, mientras me besabas, con la disparatada idea de encontrarte a mi lado abrazándome hoy por la mañana.
No te encuentro, no estás, pero eso ya es lo de menos, siento que los miedos te hayan capturado de nuevo.
Se acerca la Navidad, pero aquí dentro es primavera incluso sin que el dolor haya desaparecido todavía.

lunes, 28 de marzo de 2022

Con los miedos a contracorriente


Ayer vi a un puñado de miedos desparecer de golpe mientras hacían todo el ruido que podían para poder quedarse un ratito más. 
Es curioso, pero había establecido ya cierto apego con algunos de ellos y aún estoy esforzándome para que se queden, aún habiendo deseado durante mucho tiempo su ausencia, supongo que es porque los miedos, aunque te impidan disfrutar de muchos momentos, también te protegen de posibles situaciones dolorosas y al final sin ellos ahora me siento desnuda del todo.
Pataleo durante horas, lloro, golpeo y rompo las paredes de mi habitación asegurando que no quiero esto, que estoy bien cómo estoy, maldita zona de confort, como cuesta despegarse; he descubierto hace poco que salir de tu zona de confort también puede ser permitirte sentir de una forma en que te estabas prohibiendo hasta el momento y esto me genera tanto miedo como entusiasmo. 
Yo ya he estado aquí, en otro momento y en otra pequeña historia de las muchas que me componen, recuerdo a una niña pérdida haciendo las cosas del peor modo posible por la falta de conocimientos y de valor, recuerdo a esa niña llorando en su cama contra la almohada para que nadie la escuchase y recuerdo como se prometía frente al espejo que nadie más nos volvería a hacer sentir un día la persona más especial del mundo y al día siguiente la pieza más prescindible de todas. 
Pero, ¿quién te dice que vaya a pasar lo mismo?, han pasado muchas cosas y esa niña ha crecido mucho en muy poco tiempo; seré sincera, todo este tiempo por las noches fantaseaba con estos sentimientos, sobre cómo sería sentirse así, como sería entonces el día a día y qué pasaría.
¿Y si saliera bien?, que no pienses en eso, no va a salir bien y lo sabes; otra vez los miedos chillan sin parar para evitar su extinción, pero ya he tenido el suficiente contacto con ellos como para no creerme todo lo que me digan.
Cierro los ojos frente a esa vela de cumpleaños, observo a mis miedos temblorosos y les digo: no voy a morirme, tranquilos, seguiréis estando ahí, pero no me voy a prohibir sentir intensamente por vuestra existencia.
Soplo la vela, sonrío al contemplarme rodeada de personas que me quieren y me pierdo un ratito más en esa curva de su rostro mientras hasta los miedos se emocionan viéndome feliz. 

miércoles, 23 de marzo de 2022

Miedos olvidados bajo el colchón


Me escondí bajo la cama y me abracé a varios miedos fieles que seguían estando ahí. 
Me quedé muda bajo el colchón y empecé a contar despacio hacia atrás para evitar el llanto y con la esperanza de que cuando llegase a cero me sentiría mejor. 
Los miedos de vez en cuando me pellizcaban, me mordian o me abrazaban con la suficiente intensidad como para dificultarme la tarea y yo volvía a empezar; a veces, algunos días, creía llegar a cero y observar que estaba sola bajo mi cama, pero no era así, siempre notaba la presencia de algún temor, ahora algo más pequeño.
Recuerdo estar jugando al escondite bajo mi cama y pensar emocionada en que la única persona que podría encontrarme sería otra niña como yo con más miedo a la vida que a la muerte.
Ya no escuchaba las voces ni los pasos de mis amigos y uno de mis miedos creció de golpe al sentirme sola en esa casa vieja, pero familiar.
De pronto unas manos torpes levantaron parte de las sábanas que me protegían del exterior.
- Quedaros aquí, así nadie os encontrará –pronunció una voz femenina y nerviosa.

Cuando quise pronunciar palabra alguna volvía a estar a oscuras, ahora me rodeaban más miedos y juntos lograban pellizcar con más ganas y morder más fuerte, lo suficiente como para que acabara en más ocasiones de las que me hubiera gustado llorando o sintiendo que me faltaba oxígeno.
Según iba pasando el tiempo me preocupó menos que nadie se parara a mirar bajo la cama pero me ponía muy nerviosa sentir mi pequeño espacio como un campo de batalla en el que sólo podría quedar uno, ellos o yo, uno de los dos tendría que desaparecer.

A veces chillaba la palabra "mamá" como cuando era pequeña esperando que ella me diera la solución como una llave mágica, pero lo único que hacía era abrazarme, algo que me reconfortaba, y pedirme que saliera de la cama, que no era difícil.

-No puedo– pronunciaba con voz temblorosa, pero volvía a encontrarme a oscuras.

A veces intentaba negociar con ellos, pedirles cinco minutos de libertad a cambio de no volver a alejarme, siempre que lo hacía me lo recriminaban con dureza, pero ellos no aceptaban ninguna de mis propuestas y se limitaban a saltar sobre distintas partes de mi cuerpo como si fuera una cama elástica que empleasen para hacerse fuertes y grandes con cada salto. 

Hasta que un día busqué a una mujer y esa mujer me encontró, era una mujer de avanzada edad y cabello canoso, se asomó y sonrío con seguridad.
- No quiero salir – le dije con una aparente firmeza que escondía el rostro de una niña atemorizada.
- Tampoco te he pedido que lo hagas. 

Los miedos en aquel momento ya eran tan numerosos que era imposible esconderlos a todos, pero a ella no parecía preocuparle su existencia, es más, me pidió que le contase cuando y cómo les había conocido, les dejó hablar a ellos también y, para sorpresa mía, estos se sentían muy solos a menudo al haber estado siempre lejos de otras personas.

Las visitas de la mujer de cabello ceniza se fueron repitiendo y llegó un día en que decidimos salir de nuestro escondrijo; hacía un sol brillante y los miedos que ayer mordían hoy se limitaban a pellizcos suaves cuando pasaba varias semanas obligándoles a volver a nuestro viejo escondite.

Con el tiempo me hice fuerte, aumenté mi valentía y con ello llegué a ser más feliz hasta en los días más cotidianos de la semana, había dejado de esconderme, ahora era visible y me gustaba la sensación, era novedosa pero estoy aprendiendo a sentirla y disfrutarla.

Ahora ya no me escondo, y ahora cada noche me siento más libre sin dejar de estar acompañada por los de debajo de mi cama.