martes, 26 de enero de 2021

Domingo por la noche


Un WhatsApp de la chica más guapa del mundo y que aún así algo falte, pero algo estarás haciendo bien cuando acabas de sonreír como una idiota delante de la pantalla.
El frío de Diciembre como la mejor excusa para justificar el color rosado de nuestras mejillas, dos cervezas en el bar más perdido de Madrid y ganas de llorar al ser consciente de que hacía demasiados meses que no me reía de verdad, un "te odio" entre risas que esconde un "sé que no saldrá bien, pero ojalá que sí", varios bailes camino de tu portal y confundir las luces de las farolas con estrellas porque fueron más de dos cervezas, tal vez por eso no te dejan de brillar los ojos y tal vez por eso yo no quiera dejar de mirarlos intentando averiguar donde está la trampa.
Que me hables de que todo es una mierda, que nada te sale bien, mostrarte la salida de emergencias acompañado de un "ha sido divertido, pero mañana es Lunes" y que me llenes la carita de besos porque todavía no te quieres ir a dormir.
Sonrío y lloro a la vez, ¿cómo es posible experimentar sensaciones tan contrarias a la vez?, les suplico al conjunto de miedos que me dejen disfrutar un ratito más antes de que hagan acto de presencia, mientras, tú me das un beso de esquimal y tus ojos empiezan a humedecerse al recordar ambas que mañana es Lunes y que esto no va a salir bien.
Una cita de película, dos entradas de cine y que la película sea lo de menos, varias cervezas para justificar tu exceso de ilusión o el que yo no pueda dejar de hablar, una exposición cualquiera, el bar que acaban de abrir hace poco y el micrófono como testigo de aquello que duele, el beso que prometimos no darnos, estampar el reloj contra la acera por quedarnos 5 minutos más, los acordes de tu guitarra, emocionarnos a la vez por querer que sí, pero saber que no, y el polvo de después mientras me pides que me quede un ratito más.
Fantaseamos durante un rato, hablamos de planes de futuro que sabemos que no ocurrirán y nos acabamos quedando dormidas sin despedirnos.
Llega el temido Lunes, "ha sido divertido"; me das un beso en la frente y me sonríes de forma graciosa, beso tu boca con ganas de que sí, pero sabiendo que no, es Lunes y los miedos vuelven a hacer acto de presencia.
"Ha sido divertido", al menos si te va el rollo masoquista sin control. 

viernes, 15 de enero de 2021

Segunda estrella, todo recto y hasta el amanecer 🌅


Desde mi ventana se sigue viendo todo cubierto de blanco y es realmente preciosa la imagen cuando anochece.
Las nubes se maquillan con un colorete rosado y los últimos rayos de sol calientan mi habitación y la transforman en mi pequeño gran refugio.
A través de mi ventana se ven distintas aves en varios momentos a lo largo del día, permanecen en uno de los árboles desnudos que hay cerca observándome con curiosidad y con su canto habitual sin importar la estación del año en la que nos encontramos. 
A veces cuando me pongo soñadora o cuando ya son demasiadas las horas que llevo estudiando me gusta considerarlas pequeñas mensajeras de mi mundo en sustitución de Lola cuando esta no ha podido venir, dispuestas a llevarme de nuevo a él aunque sólo sea un ratito. 
A veces acepto, viajo muy lejos de aquí sin separar los pies del suelo y descubro al llegar todo lo que ha aumentado a lo largo de este tiempo y la infinidad de seres fantásticos y mágicos que han decidido quedarse a vivir aquí; de pequeña recuerdo que me daba mucho miedo perder todo esto, dejar de creer en las hadas y en la magia y no poder regresar nunca más a este mundo, pero no fue así, todo lo contrario.
Procuro regresar de vez en cuando, visitar todos los pequeños reinos y a los seres que los habitan, contarles todos y cada uno de mis nuevos descubrimientos, decirles con asombro que he conocido a personas mágicas que desean conocerles y que hasta en algunos momentos he sentido como "hogar" lugares increíbles, que nunca son lugares, fuera de aquí.
Por últimos siempre hacemos una PinkyPromise de que nunca dejaré de visitarles, al fin y al cabo durante muchos años yo viví aquí.
Ellos respiran aliviados y Lola me regaña cariñosamente por haber tardado tanto en volver. 
Luego nos quedamos solas y le hablo de las partes menos bonitas de mis aventuras; que los miedos me han controlado en ocasiones, que sigo sin mejorar en algunos aspectos y me duele, que creo que me he despedido sin saber que era una despedida lo que estaba viviendo, que a veces no consigo encontrar el camino para regresar a mi mundo y que me asusta pensar que no pueda volver a él nunca más.
Ella me da un beso de esquimal y me susurra que todo lo que ha crecido este mundo ha sido gracias a lo que yo he logrado ahí fuera, y que está orgullosa de mí, me dice en voz bajita mientras apresuradamente se seca alguna que otra lágrima.
Ninguna de las dos nos habríamos imaginado nada de esto hace unos años, que no sabe cómo lo hago pero que siempre encuentro las formas para regresar con ella, y que no me preocupe, que si algún día no logro hacerlo será ella quien me encuentre y me traiga de vuelta.
Toca regresar, vuelvo a mi habitación y a centrar la mirada en unos apuntes demasiado extensos para el poco tiempo que tengo.
Desde fuera puedo parecer algo solitaria, algo aislada y algo encerrada, cuando los miedos van ganando hasta yo creo que esa es la realidad, pero desde mi ventana varios pájaros cantan y me observan con curiosidad.
- "Son sólo pájaros" dice un cualquiera.
Yo sonrío para mis adentros como si no quisiera desvelar lo que hay aquí dentro todavía, y recuerdo gracias a esos "pájaros" el camino para volver a mi mundo siempre que lo necesite. 




domingo, 10 de enero de 2021

En reconstrucción


Los finales felices solo ocurren en las películas, porque en la vida si hay finales no se experimentan nunca como felices, nadie quiere abandonar los sitios donde fue muy feliz por miedo a no poder regresar después y, sobre todo, por un temor irracional a no encontrar nuevos lugares en los cuales alcanzar esos niveles de felicidad.
La vida es esa montaña rusa de emociones, sentimientos, situaciones y personas que nunca deja de cambiar hasta el último de tus días, y en algún momento por mucho que lo evites debes enfrentarte a ello, a los cambios.
Empiezas por pequeños cambios que te dan algo de vértigo y un día, sin simulacro previo y sin ningún paracaídas a tus espaldas, debes aceptar el cambio que más miedo te provocaba.
Sentir como todo se desmorona a tu alrededor, como vuelves a sentir que todo desaparece y que aún estado ocurriendo delante de tus ojos te quedas ahí con unas ganas inmensas de dentrozarlo todo y de gritar tanto que hasta se rompan los cristales, pero solo se escucha silencio, un silencio lleno de ruido.
Dentro de un tiempo mirarás hacia atrás y te darás cuenta de que todo esto era necesario...
¿Necesario para que?
Necesario para comprobar que ese no era el fin del mundo, aunque así lo experimentases, que el dolor cuando no te mata te hace más fuerte, y necesario para aprender a relativizar todas las etapas en las que te sientes perdida, pues, al fin y al cabo, tal vez tengan razón en que hace falta perderse varias veces para encontrarse después.
Comenzamos etapas y terminamos otras, conocemos personas, muchas pasajera, un puñado que te dejan una parte de ellos ahí dentro y alguna que otra cuidándote hasta cuando creas que no lo están haciendo.
Este momento tiene sabor amargo a despedida y no sé como se abrazan este tipo de instantes, no sé como se hacen estas cosas y mucho menos como les parece tan fácil al resto.
Hay etapas y etapas, y todas pasarán de largo mucho antes de lo que nos imaginamos, ¿por qué solemos olvidar esto en las noches complicadas?
Y por supuesto, en esa película de Domingo los personajes acabarán juntos porque como buena película es lo que debía ocurrir, y porque joder, se merecen ser felices.
Y yo ahora estoy así, algo perdida, demorándome en muchos momentos, llorando en tantos otros por el miedo que siento en ocasiones e intentando adaptarme a eso mismo, a la vida.
Pero sigo creyendo y recordando que esto es una mala etapa, pero no una mala vida.
Que volveré, volveré a bailar por las calles, volveré a cantar aunque lo haga de pena, volveré a ilusionarme por cada pequeña tontería que no es una tontería, volveré a hacer que todo vuelva a encajar y volveré a escribir, sobre nuevos lugares, nuevas personas, nuevas historias dentro de la misma historia, volveré a ser muy feliz y tal vez, sólo tal vez ahí descubriré que todo esto era necesario.
Esto no tiene nada que ver con las películas, aquí las personas somos mucho más difíciles y más complejas, aquí no todos los finales son felices, pero son reales, esto que esta sucediendo es real y las despedidas y finales son imprescindibles para nuevos reencuentros y comienzos, nos merecemos volver a ser felices, nos merecemos sentirlo todo tanto como podamos, nada es para siempre y esto también pasará, pero leí una vez que somos lo que dejamos en los corazones de los demás y lo que los demás dejan aquí dentro, así que por favor, sentid tanto como podáis y descubrir nuevos lugares y nuevas personas.
Estoy muerta de miedo, yo no había sentido con tanta intensidad esto antes y no sé como se hacen estas cosas, pero escribo, escribo lo que sucede aquí dentro y algo me hace sentir mientras lo hago que es una mala etapa, pero no una mala vida, y que todo esto sólo es el puente a una nueva aventura, a una nueva historia, todavía no estoy lista, pero sé que lo estaré en algún momento. 

sábado, 9 de enero de 2021

Almohadas rellenas de plumas

 

Yo estoy segura de ello, de que nuestros abuelos y abuelas tienen algo que ver con esto.

Admitámoslo, todos hemos estado últimamente algo tristes como si estuviéramos de resaca de lo que fue el 2020, algo apagados, algo alejados y algo raros que nos impide decir qué nos pasa con exactitud; y esto ellos lo saben, los abuelos lo saben todo como siempre y, obviamente, no se iban a quedar con los brazos cruzados al saber esto.

Así que empezaron a jugar todos allí arriba con almohadas rellenas de plumas y todavía siguen haciéndolo hasta asegurarse de que todos hemos perdido ya el número de veces que hemos sonreído estos días al ver nevar.

Y claro que hacía muchos muchos años que no nevaba tanto, pero este año ha ocurrido porque son muchos los abuelos y abuelas que se han ido antes de tiempo, pero al menos podemos estar seguros de que allí arriba están bien y que nos siguen cuidando y queriendo como siempre han hecho.

La nieve me pone feliz y últimamente son pocas las veces que me siento así, me pone muy feliz porque todas las personas vuelven a su ser; todos dejamos las pantallas en casa y salimos simplemente a jugar con la nieve, a hacer un muñeco de nieve o un ángel en el suelo.

Es como retroceder en el tiempo al momento exacto en que teníamos ganas de jugar con nuestros amigos, en que nuestra mayor preocupación era si habían mandado deberes para mañana y el mayor dolor el de nuestras rodillas raspadas por no haber aprendido a avanzar todavía sin ruedines; la nieve me pone feliz porque trae a este mundo muchos aspectos preciosos del mío.

Nuestros abuelos y abuelas siguen sacudiendo con fuerza esa almohada llena de plumas, con cada una de ellas va un "te quiero", un "sigo contigo", un "todo va a ir bien".

Los abuelos son más mágicos que la Navidad y este es su regalo, algo tan sencillo y tan especial como la nieve, disfrutémosla al máximo antes de que se vaya, pero quedémonos con lo que sentimos al jugar con ella; quedémonos con el recordatorio de que es/fue una mala etapa, pero no es una mala vida, quedémonos con la seguridad de que nuestros abuelos y abuelas están bien ahí arriba, y que aunque se fueron antes de tiempo nos siguen cuidando y queriendo como siempre han hecho, salgamos ahí afuera y hagamos tantos muñecos de nieve que consigan emocionarles haciéndoles llorar por lo orgullosos que están de nosotros, se lo debemos.

Gracias a todos los abuelos y abuelas por este regalo tan precioso y especial y, sobre todo, gracias a ti abuelo, que llevas años cuidándome y queriéndome desde ahí arriba como nadie ha hecho nunca, te echo mucho de menos en ocasiones, pero te siento aquí cerquita.

Gracias ❄💫

jueves, 7 de enero de 2021

Todo va a velocidad "rápida" y yo permanezco inmóvil.


Hay veces que nos quedamos congelados en el tiempo mientras todo a nuestro alrededor avanza y continúa, nos quedamos en el último lugar donde fuimos muy felices esperando que en algún momento todas aquellas personas que tanto se alejaron de aquí noten la ausencia de una parte importante de ellos que les obligue a volver.
Y ojalá saber cómo lo hace el resto o cuál es la fórmula mágica para no quedarse donde ya no hay nadie, pero no lo sé y me cuesta.
Me quedo sentada en la sala de baile en la cual sonó la última canción, me quedo encogida en un sillón que ahora me parece demasiado grande y espero, espero con la ilusión de qué mágicamente todo vuelva a encajar y con la mezcla de dolor y tristeza al saber que no ocurrirá.
Y te llevan a nuevos lugares, te presentan nuevas personas, te dicen que salgas por esa puerta asegurándote que esto sólo es el comienzo, que ahí fuera queda mucho que vivir, pero no lo hago, no todavía.
Me quedo viviendo un rato más en un pasado que, aunque sepa que no voy a perder, no puedo transformarlo en presente, me duele y me asusta.
Los miedos están apretando demasiado por las noches y prometieron dejar de hacerlo con el tiempo.
Permanezco callada observando todo mi alrededor a velocidad "rápida" y sintiéndome algo torpe ante la facilidad que parecen tener todos para seguir ese ritmo, algunos días me siento demasiado alejada de todo y sólo en mi mundo soy capaz de liberarme un poco de aquello que nunca menciono.
Hoy nieva por fuera y llueve por dentro.

viernes, 1 de enero de 2021

Metamorfosis


Hoy me sentía valiente, tanto que decidí darle al Play ▶️ de esa lista de canciones prohibidas que llevaba tiempo manteniendo en silencio con esfuerzo y con esmero.

Empezaron a sonar los primeros acordes de una guitarra, una voz limpia rompió el silencio y la canción me hizo llorar, pero también me provocó ganas de bailarla, de imaginarme en cualquier concierto escuchándola y sonreír porque esto sí que es un temazo; varios recuerdos felices se colaron entre medias y bailé en mi habitación con los rayos de sol acariciando mi piel, con una vecina demasiado aburrida observándome desde la ventana de enfrente, con el canto alegre de varias aves acompañándome y mirándome con curiosidad, y con unas ganas de bailar esa playlist de "Canciones tristes" que por alguna extraña razón hoy no me parecían tristes. Las sentí como si hubiera recuperado un pequeño tesoro que había perdido hace tiempo o que me negaba a encontrar por el miedo a cortarme si no tenía cuidado. 
Mientras bailaba con los ojos cerrados encontré cierta similitud entre mis relatos y las canciones que sonaban, estas última habían perdido casi todas ya su capacidad de arañar por dentro y se habían transformado en preciosos cajones de recuerdos al igual que mis escritos, fue imposible no emocionarse al contemplar el cambio, al revivir cada instante que guardaban en su interior y abrazarlo como el reencuentro más deseado de todos sin olvidar que cuando terminara de bailar me iría, que no podía quedarme a vivir ahí, aunque una parte de mí me lo suplique sin cesar, porque sé que aún quedan más canciones, más bailes, más instantes que coleccionar, muchos reinos que descubrir y mucha vida que vivir, sería absurdo negarse a explorar lo inexplorado sólo porque la belleza de los lugares presentes te ha capturado haciéndote creer que no hay más que esto.

A veces lo creo, pero también quiero creer que estas son las primeras canciones de una playlist que nunca dejará de aumentar.
"Lo estás haciendo bien" sonó dentro de mí, no me lo creí del todo, pero lo que sí sé con seguridad es que las cosas no las estoy haciendo tan mal como creía.

Y no voy a engañaros, no voy a engañarme.
Arrastro más miedos de los que me gustaría a mis espaldas, entre ellos y el que más muerde es el de no poder volver jamás a donde fui tan feliz por haberme alejado demasiado, ya lo acaba de decir una de las canciones que acaba de sonar: "donde fuiste tan feliz siempre regresarás".
Pero volveré, claro que volveré, pero a mí siempre me ha gustado viajar y es la primera vez en varios meses que ese conjunto de canciones que impide escuchar cualquier ruido de ahí fuera me susurra mientras me saca de nuevo a bailar que disfrute, que aún quedan muchísimas tierras desconocidas que descubrir, que esto no ha hecho más que empezar, que salga ahí fuera y que no pierda nunca esas ganas de ir más allá, que ellas ya se encargan de cuidar y proteger lo recorrido para poder volver siempre que lo necesite o siempre que lo eche de menos. 
Empieza a sonar otra canción, la chica del espejo se emociona como de costumbre, yo me río porque aunque no tenga ni idea de bailar me siento preciosa al hacerlo con este vestido rojo que tenía encerrado en el armario, no sé mañana que pasará y me da igual, disfruto del aquí y del ahora y abrazo esa lista de canciones que ya no me prohíbo, la playlist sigue teniendo el nombre de "canciones tristes", pero a mí hoy me han hecho sonreír y ponerme a bailar. 

sábado, 5 de diciembre de 2020

Querido 2021:


Te escribo ahora porque, sinceramente, estoy deseando que llegues, aunque aún queden unas semanas para recibirte.
No voy a hablarte de este año porque ha sido demasiado en todos los aspectos, no ha sido mi año precisamente, aunque creo que este no ha sido el año de nadie.
El 2020 ha sido demasiado duro en ocasiones, sobre todo aquí dentro, aunque también me ha servido para demostrarme a mí misma que soy una personas mucho más fuerte de lo que creía, pero ya está llegando a su fin y, como cada año hago, quiero pedirte ciertos deseos o ayudas en algunos aspectos.
No sé en qué momento ha ocurrido, pero me he vuelto a perder a mí misma en este mundo y, con ello, la ilusión por muchas cosas insignificantes para el resto pero importantes para mí, es cierto que tal vez el agobio que estoy sintiendo en la universidad este año más que cualquier otro ayude a esto, pero no sé... yo antes bailaba más, cantaba más, no estaba tan aislada y hasta me hacía ilusión pasar mis apuntes a limpio con distintos colores o imaginarme historias con las personas del metro, echo de menos ese lado de mí, y no es que lo haya perdido, está en mi mundo columpiándose, pero me gustaría que volviera a este.
También me gustaría que volviera todo a encajar, funcionar o, al menos, encontrar las formas para que todo vuelva a avanzar, no pretendo que las cosas sean como antes ya que sé que eso es imposible, pero me gustaría volver a pensar en mil planes de futuro y, aunque no sepa con seguridad si ocurrirán o no, me gustaría perder el miedo a tener una rutina y volver a tener la confianza suficiente para hablar de cualquier cosa, me encantaría que eso ocurriera.
En la universidad me conformo con que me eches una mano para que no me invadan tantas veces las ideas de "no eres capaz", "tal vez no lo consigues"... joder he llegado hasta aquí yo solita, necesito creer y confiar más en mí y tener la plena seguridad de que puedo conseguirlo, aunque parte de mi salud mental se quede por el camino.
También te agradecería si le quitaras a este curso parte del sabor a despedida que tiene desde el primer día, o quítame a mí parte de los miedos al cambio, aunque he estado pensándolo y he descubierto que no es tanto los cambios los que me asusta, sino perder por el camino a personas que realmente me encantaría tener muchísimo más tiempo a mi lado, aunque ahora mismo no sepa cómo hacerlo.
Algo bueno de este año es que algunas cosas en mí sí he mejorado, pero como siempre, en el último momento y por las malas, perderme a mí misma durante meses me permitió descubrir a una tía increíble, súper soñadora, creativa, con una imaginación alucinante, una sensibilidad que me encanta (aunque a veces me juegue malas pasadas) y super ilusionada por todo, jamás la habría conocido si no fuera por su ausencia durante ese tiempo, como ya te he dicho antes, últimamente se pasa más tiempo en su mundo que en este, pero le entiendo, este año ha dolido demasiado en ocasiones, porfi haz que vuelva conmigo, tengo ganas de sacarla a bailar y de que se vuelva a sentir la tía más preciosa y más sexy del mundo delante del espejo con esos pelos de loca y esas ojeras por haberse acostado tarde. 
También, quiero agradecer al 2020 con toda la alegría del mundo la brujería o hechizo o lo que haya hecho con mi madre para que nos hayamos empezado a entender mejor, a ambas nos cuesta mucho dar hasta los pasos más pequeños, pero los silencios han dejado de ser incómodos en muchas ocasiones.
Este año ha sido complicado, son demasiados los momentos en los que me he autosaboteado, en los que me entró el miedo, en los que me he sentido triste o perdida, en los que me he quedado callada cuando no debería haberlo hecho, etc.
Pero, a ti 2021 quiero recibirte como una hoja en blanco llena de posibilidades y oportunidades, quiero sentir que puedo hacer que todo vuelva a encajar y a avanzar, quiero volver a ilusionarme muchísimo y que cualquier lágrima sea o de tanto reír o de emocionarme (no acepto otras alternativas), de verdad, lo quiero y lo necesito, el cupo de días tristes/duros/meteduras de pata/nostálgicos y cualquier otra sensación parecida ya está lleno, ahora me merezco todo lo contrario.
Y por favor, esto es de las cosas más importantes, cuídales ¿vale?, ya sabes de quienes hablo, también ha sido un año bastante duro para muchos de ellos, así que no te voy a pedir que me los dejes tener aquí cerquita siempre porque sé que eso ni siquiera tú puedes controlarlo, pero cuídales mucho y bien, aunque te digan que no quédate ahí cerquita por si acaso necesitan un puñado de magia.
Ojalá puedas hacer de las tuyas y ayudarme un poco en estos aspectos o mandarme algún tipo de señal o puñado de energías para poder vivirte, sentirte y recordarte después como un gran año, pero, pase lo que pase...mírame, estoy viva, estoy sana, tengo comida encima de la mesa, luz y un armario lleno de ropa, soy una personas muy afortunada por muchas muchas razones, el 2020 ha golpeado fuerte, pero no lo suficiente como para derribarme, así que aquí te espero 2021, deseando que seas un año mucho mejor que el anterior, pero vengas como vengas seguiré a pie de cañón luchando por mí y por lograr mis objetivos, sé que soy capaz de ello, aunque me cueste creerlo ahora mismo.
Te espero, tengo ganas de que llegues.

martes, 1 de diciembre de 2020

No hay mayor verdugo que el tiempo reclamando atención.

1-2-3 al escondite inglés...
La bala sale de una boca experta en mordiscos, pero no en besos.
Recorre un espacio lleno de vacío y el silencio se arrodilla sintiendo admiración o temor de que haya sido capaz de apretar el gatillo.
La piel se transforma en el búnker de un castillo de hielo, lleno de cerillas encendidas que se consumen mientras los latidos del corazón conectan la llama conjunta con la cuerda de una bomba llena de mariposas suicidas.
El temblor del suelo y la ausencia de movimientos hace ponerse en lo peor y cerrar los ojos contando los segundos que quedan para ser lanzada por los aires, deseando sobrevivir a lo que está a punto de ocurrir. 
La bala atraviesa el costado izquierdo de manera limpia y veloz, la sangre empieza a derramarse y la bomba que llevaba en el pecho explota entonces con un conjunto de orugas en su interior sintiéndose las mariposas más hermosas que jamás han existido en el reino.
Todo ocurre demasiado deprisa y la sangre no deja de salir.
Dos luciérnagas refugiadas en una mirada perdida ante la brutalidad de la escena tienen tanto miedo que hasta dejan de brillar durante unos segundos con una ínfima esperanza de que cuando esa niña mire debajo de la cama de sus padres no encuentre los regalos de Navidad.
1-2-3 al escondite inglés...
El gatillo acaba de ser apretado por el segundero de un reloj que no cesa su tic-tac y sólo quedan unos milisegundos para que esa bala cargada de tanta rabia como amor comience su trayectoria.
Venga, aprieta el gatillo o regálame una caja llena de orugas con ganas de volar, tú decides.
1-2-3 al escondite inglés...
Que nadie se mueva, que nadie respire, tal vez así los monstruos no se den cuenta que seguimos aquí. 

domingo, 29 de noviembre de 2020

Sabor a despedida para reencontrarnos después.

 

No sé exactamente que ocurrió.

Echo de menos esa facilidad de permanecer juntos, pese a la complejidad que suponía desde fuera al ser cada uno una isla completamente diferente al resto, echo de menos la facilidad que algunas veces encontraba para hablar con vosotros, la conexión que permanecía intacta sin importar los kilómetros o el tiempo que transcurriese, el amor y la complicidad que existía, las personas que fuimos y que sé que no volveremos a ser, los abrazos salvavidas y hacer que todo salga bien sin importar las dificultades que fueran apareciendo por el camino, que las discusiones acaben bien, saber cómo hacer que las cosas funcionen, que los pequeños problemas no fueran a más, estar en las buenas, en las malas y en las peores, hablar de "para siempre" creyendo firmemente en ello, eran bonitas esas conversaciones, echar de menos el escándalo que provocaba nuestra presencia en cualquier lugar y que yo que sé a dónde vamos, pero por dios que alguien empiece a andar que hace frío.

Hacer algo sin saber que es la última vez que se hará o se vivirá así da muchísimo miedo, pero prefiero no haber sabido que esa sería la última vez, porque sino ni de coña habría dejado de abrazaros o habría cogido ese metro de vuelta, me habría quedado allí intentando memorizarlo y disfrutarlo todo un poco más, aún sabiendo que eso no servirá de nada ni conseguirá hacer eterno el instante.

Alguna que otra noche antes de quedarme dormida sigo pidiendo al genio de la lámpara, a las estrellas o a cualquier tipo de magia invisible ante nuestros ojos que por favor me lleve de nuevo a cualquiera de esos momentos que llevo aquí dentro tatuado en braille, y que si no es posible, que os cuide bien al menos.

Quedarme abrazada un ratito más como si fuera un sueño del cual no quiero despertar, una última conversación como las de antes en la que no dices nada, pero ya lo has dicho todo entre miradas, volver a pedir el mismo deseo al soplar las velas o soplando esa pestaña que me acaba de robar el viento haciéndome un spoiler de lo que vendrá, discutir una vez más cualquier tontería y acabar riéndome porque ni siquiera sé que quería decir, una última ronda de tintos y cervezas que acabarán emborrachando a más de uno, una última canción, una última noche y por favor que nadie se vaya a dormir que ya lo dijo Peter Pan, justo ahí está la trampa.

Volver a esa última vez en que de verdad creíamos en los "hasta el infinito y más allá", y me hace feliz que ya os tengo conmigo para siempre, aunque no fuera así como lo imaginaba, y que seguiré ahí, que aunque no sea con todos a la vez me muero de ganas de seguir a vuestro lado, y seguiré ahí en mil aventuras más, que aunque ya no sea lo mismo, aunque sienta algo roto me quedo con cada uno de vosotros, que al fin y al cabo, es lo que de verdad puede llegar a ser eterno.

Pero ahora mismo me tengo que ir, algo aquí dentro y a mi alrededor dolía demasiado para permanecer en un lugar en el que ya no estáis, aunque os sienta aquí cerquita; la ausencia de algo invisible que nos hacía permanecer unidos, los minutos antes de salir a escena, el bullicio entre los pasillos o las ganas de deciros que os echo de menos, aunque esto no vaya a cambiar nada, me di cuenta que no puedo estar bien con nadie si antes no estoy bien conmigo misma, aceptar que las cosas son así y que no por eso tienen que ser una tragedia, quien sabe... tal vez algún día volvamos a Nunca Jamás y nos demos cuenta que todo esto era necesario y que en ningún momento hemos estado alejados, pese a sentirnos así en demasiadas ocasiones, volver a esas butacas, a ese escenario y darnos cuenta que pase lo que pase nos tenemos para siempre, pero ahora me tengo que ir, al menos hasta que deje de sentirme en mitad de un campo de minas en el que ya he bailado varias veces, ignorando su existencia.

Os quiero y os llevo cada día aquí conmigo, no lo dudéis, a la izquierda de mi pecho y haciéndome que no pase frío, gracias.

Pero hoy sé con seguridad que todo esto sólo se queda en un "os echo de menos", "ojalá estéis a la salida" y "ojalá esta vez hacer el instante eterno", aunque sólo sean 5 minutos más. 


viernes, 27 de noviembre de 2020

Las personas somos algo más que resultados


No me voy a meter en si es justo o no, seguramente sí lo sea, pero a veces es demasiada la frustración que te hace sentir el ver que nada de lo que hayas hecho importa si no se ve en los resultados.

Da igual todo lo que te hayas esforzado, lo que hayas tenido que recorrer, las cosas que te hayas perdido para estar donde estás, despertarse pronto todos los días para estudiar, acostarse de madrugada casi siempre por lo mismo y aún así la mierda de vocecita interna te susurra a veces que no es suficiente o te pregunta si lo es obligándote a seguir un poco más.
Da igual tu nivel de esfuerzos o el número de horas que le eches si en los resultados no se ve. Si hay alguien que ha logrado mejores resultados sin tanto esfuerzo será a quien se coloque por encima.
Y sí, este es un método justo ya que consiste en basarse en unos criterios objetivos para hacer una selección, pero me da rabia a veces porque yo no soy la chica del Notable casi nunca, y mucho menos del Sobresaliente, yo soy la chica del Bien, y eso es lo único que vale sin importar el número de horas que le hayas dedicado a algo o el nivel de esfuerzos o los horarios marcados que reducen las horas de sueño para llevarlo todo lo mejor posible, todo eso da igual porque sólo tú eres consciente de que lo has hecho, de que te has levantado antes para terminar algo, que has renunciado a cualquier plan por la tarde para continuar los dos o tres trabajos que tengas compaginándolos con el estudio, y que te has quedado hasta tarde para hacer ese otro trabajo "voluntario" que también cuenta para la nota, estas cosas nadie las valora si no se ven reflejadas en los resultados, en mi caso en estos sólo se ve una pequeña parte y me revienta no encontrar la manera de hacerlo mejor y vivir durante el curso con la voz continua de las dudas y los miedos que se transforman en frases como: "No es suficiente y lo sabes", "tal vez no lo consigas", "deberías estar estudiando y no perdiendo el tiempo".
Y luego encima están esas dos o tres personas que te dicen que es que a ti se te da bien estudiar o te es fácil hacerlo o lo sacas sin problema.
No amiguis no, yo no soy de esas que dos tardes antes se lo estudia y llega sin problemas a un 8 o 9, yo soy de esas otras que se mata día sí y día también por lograr mis objetivos, que me marco un horario rígido y que más me vale cumplirlo para no cargar con los sentimientos de culpabilidad si no lo hago, soy de las que tiene una lista interminable de cosas que hacer y poco a poco la voy acortando, soy de las que se acuesta tarde al sentir que no llega y la que, mientras vuelve a casa, repasa lo estudiado mentalmente para ver si lo recuerdo todo.
Y no es que quiera un reconocimiento por ello ya que estamos todos en mayor o menor medida en las mismas, sólo es que me produce bastante frustración sentir que a veces nada de esto importa y lo único que vale son los resultados que hayas conseguido producir sin importar el proceso que has llevado a cabo para llegar a ellos, no sé, sabía ya que este año más que cualquier otro habría momentos de este tipo que se sientan un poco cuesta arriba, así que se respira profundamente y se sigue porque creo firmemente en que parte del éxito reside en no rendirse, y por supuesto que yo eso no lo voy a hacer, pero me apetecía vaciarme del todo sobre una hoja en blanco, como siempre. 

jueves, 26 de noviembre de 2020

Pequeño Gran Recordatorio


Recordatorio:
Cada persona tiene sus ritmos, no juzgues ni tus tiempos ni tus espacios ni tus etapas, necesitas pasar por cada una de ellas y comprobar que eres capaz de seguir, la mirada hacia delante, no al suelo, ¿recuerdas?.
Acuérdate que parte del éxito reside en no rendirse, que las caídas son oportunidades para coger aire y volver a levantarse con mayor impulso, con más fuerza, con más valentía y con más ganas de pintar tu mundo con los colores que decidas.
Recuerda el esfuerzo que llevas a tus espaldas y ten confianza en que todo volverá a encajar, y sé que ahora mismo no crees demasiado en ello, pero lo haces cada día lo mejor que puedes y por fin has aprendido a ponerte a ti en primer lugar, agradece tus logros y aprende de aquellos días en que sentiste que todo te superaba, no te olvides de que eres una persona, y como tal debes aceptar todas las etapas que nos hacen humanos.
Me alegra muchísimo ver que regresaste a tu mundo y que sigues cuidando de él con cariño y esmero; derribaste las fronteras y los límites, pegaste tu grito de guerra ante los miedos y monstruos que querían acabar con él y volviste a saltar al vacío sin importar si llevabas o no paracaídas al ser capaz de abrazar al dolor con tanta intensidad que a veces hasta logras crear nuevos reinos a partir de su esencia, ojalá algún día consigas hacer todo esto ahí fuera, estoy segura de que serían muchos los rostros de fascinación y admiración que provocarías, pero no pasa nada si todavía no eres capaz, como ya te he dicho estas cosas llevan su tiempo y respetar tus ritmos es imprescindible.
Al menos sigues escribiendo, y tú misma sabes que mientras seas capaz de seguir haciéndolo podrás seguir respirando y, de este modo, seguir adelante.
Y ya sé que los miedos siguen acechando alguna que otra noche y que todo parece quedarse a oscuras cuando sientes su presencia, en esos momentos recuerda toda la luz que llevas dentro de ti hasta cuando crees que no es así, recuerda tu poder, recuerda que pasito a pasito puedes conquistar el mundo aunque ahora no lo veas.
Así que ten confianza, no te olvides de respirar y recuerda que esta etapa es imprescindible para que puedas volver a vivir otras mejores.