jueves, 8 de enero de 2026

Cuando todo se tambalea


Tengo mucho miedo al siguiente paso; afirmo querer darlo, pero, me pierdo en un puñado de recuerdos dolorosos y en la imagen de quien creía conocer para evitar hacerlo. 

Me prohíbo todo atisbo de rabia, me cierro ante quienes me muestran verdades dolorosas, refugiándome en una infinidad de excusas que intentan proteger tu imagen, y lloro a escondidas cada vez que la niña de aquí dentro me pregunta qué ha hecho mal; intento hablarle con cariño, encontrar un punto intermedio entre ambos extremos dolorosos, pero acabo en silencio.

Cada vez me cuesta más protegerle porque sé que no lo estoy haciendo, que sólo intento evitarle un mayor golpe inevitable. Tengo mucho miedo, sé que no es el fin del mundo, pero me siento demasiado endeble para afrontar la verdad, no tiene que ser ahora, pero soy consciente de que deberé hacerlo. 

Lo has hecho mal, me has hecho daño y, por mucho que intente ser yo la única que se obliga a  cargar con toda culpa y responsabilidad, no puedo ya seguir negando las tuyas, pero ostia que si me duele... todo me duele demasiado cuando me recuerdo despidiéndome de quien ya se había ido meses antes sin avisar. 

No quiero seguir cuidando ni aferrándome a la imagen de alguien que no sé si alguna vez existió, pero tampoco quiero caer en el odio o en extremos demasiado dolorosos. No sé cómo hacer esto, me está viniendo muy grande y yo sigo sintiéndome diminuta. 

Me dice todo el mundo ahí fuera que me cuide, que es cuestión de tiempo... y yo algunos días, aunque suene infantil, solo quiero que me abracen y que me digan que todo irá bien, me cuesta creérmelo a veces. 

Yo que sé... ¿hay alguien ahí? 

Mierda de tristeza y rabia contenida, son tan agotadoras... 






martes, 30 de diciembre de 2025

La magia de después


El año está a punto de terminar, vuelvo a intentar reconectar con las cosas más especiales y bellas que sigo contemplando a mi alrededor y en mí y, como por arte de magia, vuelvo a creer en el amor que habita en cada rincón confiando en que todo irá bien. Abrazo cada vez mejor a mis miedos, les miro todavía con ojos llorosos, temblando ante ellos, y les digo: "ya os he visto, gracias por las advertencias, pero, voy a seguir saliendo ahí fuera, y si las cosas salen mal volveré y me dedicaré el tiempo y los cuidados necesarios para curar y sanar, sin caer en el odio o reproche fácil, ni hacia mí ni hacia otros, ni tampoco dejar de creer en el amor, eso nunca". 

No creo en el amor de película, ni en el comercial, ni en el que crees sentir cuando los fuegos artificiales explotan y brillan sin parar, no creo en un amor simple ni mucho menos un amor sin cuidados ni ternura como bases esenciales. 

Creo en el amor que encuentro en mi madre cada vez que se esfuerza por escucharme sin juicio, el que vive en el interior de los ojos que se emocionan cuando algo muy bueno te sucede, en el que se envía junto a ese mensaje de "avísame cuando llegues a casa", el que se siente cuando lloramos con la cara al descubierto frente a alguien recibiendo un abrazo, en vez de un disparo. El que encuentro en todos los animales que, con ansias, esperan un mimo y una mirada por nuestra parte para ser aún más felices, el que siento cuando mis amigas me abrazan fuerte, prometiéndome quedarse a mi lado, el que te ayuda a volver a hablar las cosas mil veces más si no han quedado claras para que nada ponga en riesgo todo lo construido, el que acompaña ese "vamos a ver qué podemos hacer porque no te quiero perder". El que hace que los coches frenen cuando no hay semáforo para dejar pasar al peatón, el que junta a personas desconocidas frente a un portal para evitar que arrebatan la casa de quien lleva toda una vida en ella, el amor de quien te ayuda a romper normas y moldes, asegurándote que hay mucha más gente que ya lo hizo y que también creían que nadie más lo haría. El que contienen las manos de mis pequeños tesoros cada vez que acarician mi rostro pronunciando ese "te quiero" que jamás me cansaré de escuchar, las videollamadas infinitas con quien está demasiado lejos, y que si no podemos salvar el mundo, al menos, salvémonos entre nosotras. 
Creo en el amor de quien comparte parte de su verdad en cada micro abierto o ante miradas que buscan en otras la conexión real, sin protegerse entre pantallas o artificios, el que contenía mi abuela en cada centímetro de su cuerpo y compartía con cada abrazo fuerte y cada beso especial, el de todas las personas que se la juegan aún sin soltar a los miedos, el que te hace preferir tener algún rasguño antes que lanzar al otro al vacío. El que permanece cuando los fuegos artificiales se han acabado y empieza a hacer frío, el que te hace, aún así, quedarte un ratito más al lado de esa persona solo por escucharle hablar. El que contenían los ojos de mi abuelo, el de quienes te tratan con amabilidad siempre o quien llena el plato de quien lo tiene vacío, aún sin haber comido todavía. El de encontrar un táper con tu nombre en la nevera sin importar las horas a las que llegues a casa, el de llamar a una puerta y que se abra, el que se siente cada vez que alguien te pregunta mirándote a los ojos cómo estás, pidiéndote la verdad después de ese "bien, aquí".

Mi sensibilidad es uno de los regalos más poderosos que esta vida me dio, me hace ver el amor y la belleza en tantas partes que me emociono con facilidad, es una forma mágica, y algo mística, de recibir un mensaje tipo: "lo estás haciendo bien, seguimos aquí contigo". 
El ruido ahí fuera es ensordecedor, y las fechas en las que nos encontramos no ayuda, pero, si te apartas un poco de todo eso se puede llegar a sentir algo realmente especial por dentro, si se tiene la valentía y el mimo suficiente. 

Se habla mucho de qué le pedimos al nuevo año y a la vida; yo, por si acaso, le sigo pidiendo algunas cosas... que no sea por no intentarlo. Pero, nunca se habla de qué estamos nosotros dispuestos a darle a ella, yo le voy a seguir dando tanto amor y emoción como pueda, que haga lo que quiera con ello, pero yo de aquí me voy a ir con un corazón repleto de toda esa magia en la que nos intentan que dejemos de creer al crecer, eso lo tengo claro. 

Cuidaros bien y, por favor, no dejéis nunca de creer en ello.

Todo irá bien, y si no, es que no es el final. 





jueves, 25 de diciembre de 2025

La maldita tristeza de siempre


Te diría que esta es la última vez que voy a escribirte, pero sé que no es verdad, así que te diré que intentaré que esta sea la última vez que te escribo este año.

Siento tantas cosas y tan contradictorias dentro de mí que suelo necesitar parar y descansar en muchos momentos; intento cuidar con cariño y esmero la imagen que tenía de ti, agradecer a menudo todo lo bueno y lo importante que, consciente o inconscientemente, me has dado y has significado para mí. 
Me esfuerzo, paso a paso, en aprender a soltar todo lo que siento, sin caer en el odio o en el reproche fácil; no quiero odiarte, ni mucho menos colocarte como el villano, cuando ni siquiera estoy segura de si alguna vez me has visto de verdad, es complicado cuidar del otro sin antes haber levantado la cabeza, y eso es algo que ni yo ni nadie puede hacer por ti. 

Me gusta pensar que no supiste hacer las cosas mejor, que suficiente ruido, dolor y batallas arrastras contigo mismo como para poder acompañar el de otra persona, es una manera de seguir cuidando y protegiendo parte de la belleza que observé en ti, pero me duele, ostia que si me duele... me duele porque todo en lo que creía, en referencia a ti, se tambalea y me hace culpabilizarme por esperar de ti que estuvieras cuando, en realidad, llevabas meses pidiéndome irte, lo siento por no haberte escuchado, yo también lo hice mal esperando de ti los cuidados que necesitabas más tú que yo, pero no te negaré que esperaba una carta de despedida, un "lo siento, no he sabido hacerlo mejor", ojalá te hubieras despedido en el primer momento en que sentiste que ya no querías estar aquí. 

Sigo llorando a menudo, la maldita tristeza sigue acompañándome todo el día, aparece también en esos momentos que deberían ser felices, y esto me duele de una manera que me asusta volver a sentir, las navidades y todos sus artificios no ayudan en este proceso, intento tomármelo con calma, mi psicóloga me asegura que todo irá bien y que está orgullosa de mí.
Me cuesta gestionar la rabia, así como muchas otras emociones, pero pensar en cómo fui yo me calma; sentí un gran cariño por ti desde un lugar limpio, acogedor y con las manos abiertas, siempre dispuestas al abrazo fuerte o a las caricias especiales para espantar a la soledad durante un ratito, me siento tan feliz de haberte regalado esos ratitos de paz o los colores que tanto te cuesta observar fuera; conocía los riesgos desde el primer día, pero esa mirada preciosa y triste pedía un refugio en el que descansar, y yo no dudé en tirar escudo y espada por dártelo, o intentarlo. Me faltó una despedida por tu parte, me faltó la valentía de preguntarte si querías seguir estando, yo no la tuve para preguntártelo y tú no la tuviste para soltar lo que ya no podías o querías sostener. 

Cuida mejor a las personas, por favor. Hay personas a tu alrededor que estoy segura de que moverían tierra y mar por ti, pero, esas personas también necesitan que hoy seas tú quien les abraces, quien les preguntes por su día, quien des el primer paso o quien  les des la mano cuando tengan miedo, en vez de soltársela, no tienes que hacer nada grandioso, basta con estar. Y si no, por favor, despídete con el mismo cariño y amor que tú antes has recibido, sé que cuando la tristeza y el dolor aprietan puede ser muy complicado estar para el otro, pero por favor no les dejes solos, estoy segura que si lo haces nunca te lo echarán en cara, pero ellos también necesitan ser escuchados y abrazados, y no solo ser quienes escuchan y abrazan. 

Me voy con un corazón repleto de cariño, con manos llenas de caricias y mimos dados y recibidos, con los brillos preciosos de la mirada de quien, a veces, intentó creer de nuevo en la magia, con la seguridad de quien sabe que lo hizo con el corazón temblando, pero deseando un ratito más de paz junto a ti antes de la tormenta, con la ternura que encontró en esa mirada triste, con los maullidos de fondo de quienes me robaron el corazón, y con el calor de ese refugio en el que nuevas partes de mí se atrevieron a salir, no me debes nada, lo hice todo con amor y por amor. 

Obviamente, la parte de ir soltando ahora no es que me haga mucha gracia, yo quería quedarme todavía un ratito más, pero cada día me vuelvo a mirar con más paciencia, con más amor, me libero de la culpa, abrazo mi intensidad, mi vulnerabilidad y mi manera de sentir, le lanzo un beso a la persona del espejo y le llamo valiente, estoy tan orgullosa de ella, te prometo que todo irá bien.
Le doy un último beso a tu recuerdo, deseando que sirva como una especie de escudo protector cuando la tristeza o el dolor no te hagan ver más allá de esa habitación oscura, después recojo con extremo cuidado y ternura la persona que fui contigo, prometiéndole todo el amor y todos los colores que tú siempre creíste no tener y no poder dar, ojalá algún día te des una oportunidad de que salga bien. 
A veces hay que jugársela, podrías empezar por ti, a ver qué pasa...

Ojalá te vaya todo muy muy bien, ojalá te des una oportunidad y ojalá te pasen todas esas cosas buenas que ni te crees que puedes vivir. 

Te deseo todo el amor y todos los cuidados del mundo, ojalá los sepas recibir, ojalá sientas que es un abrazo y no un disparo lo que, a veces, el otro te quiere dar; conlleva sus riesgos, por supuesto, pero es una sensación alucinante la de ponerte frente al otro y recibir un abrazo cuando esperaban un disparo. 

Ojalá no hubieras disparado, Ojalá me hubieras abrazado 






martes, 16 de diciembre de 2025

El (re)nacimiento de alguien especial


¿De verdad lo vamos a hacer?, estoy tan nerviosa y tengo tantos miedos... llevamos meses teniendo citas preciosas en nuestro local de siempre, conocerte ha sido y es uno de los mayores viajes que jamás me habría imaginado; no sé cómo lo consigues, pero cuando estoy a tu lado siento que los miedos pesan algo menos y que un puñado de ganas por ser visible rugen con fuerza aquí dentro. 
Está siendo un proceso brutalmente doloroso, pero también realmente precioso...
Cierta tristeza sigue habitando aquí dentro, pero ya no le tengo tanto miedo, intento cada día dedicarle un tiempo en el que dejarle viajar al pasado y volver a agradecer todo lo bueno, que no fue poco, me siento tan privilegiada de haber vivido algunos momentos tan mágicos y especiales... esos ya los llevo aquí dentro bien guardados y calentitos.
La soledad, a veces, desaparece de golpe cuando quien menos me imaginaba me suelta un: 
"lo estás haciendo bien, cuéntame más".
Lo que ayer era un secreto inconfesable, hoy nace ante nuevas miradas llenas de ganas de ver(me); me sigue dando mucho miedo poner el cuerpo y la voz frente al otro, incluso más que antes, pero me suele ayudar que me abracen cuando los miedos aprietan o que les brillen los ojos cada vez que (me) abro un poquito el lado izquierdo de mi pecho.
Mi madre últimamente se esfuerza por entenderme y escucharme sin juicios, no siempre lo consigue, pero valoro mucho el intento. 
La Navidad también puede tener muchos momentos bonitos, aún existiendo una ola de tristeza y nostalgia dolorosa en todo mi alrededor, intento disfrutar de las cosas pequeñitas que me hacen sonreír, y refugiarme en esa persona con quien tengo citas preciosas cada Lunes, todavía no me creo que vayamos a hacerlo. ¿De verdad lo vamos a hacer?.
Aquí dentro están sucediendo tantas cosas y siento tanto que, a veces, me abruma la intensidad y necesito descansar; mi psicóloga me sigue observando con preocupación por las últimas recaídas, pero también me llama valiente en infinidad de momentos, me gusta como suena. 
Tengo una infinidad de miedos arañando aquí dentro, pero también siento una infinidad de mimos por dentro de quien ya ruge por poder salir. Me dice que todo irá bien, me cuesta creerle, pero supongo que no queda otra que confiar en el proceso. 

domingo, 7 de diciembre de 2025

Nuevos mundos por descubrir


Estoy muy nerviosa, los miedos aprovechan muchos momentos de debilidad para hacerme retroceder, y la tristeza me hace sentir diminuta frente a todo; pero, también me siento muy ilusionada según descubro más y más de todo el mundo, aparentemente nuevo, que llevo aquí dentro.
Tengo miedo, muchísimo, pero, lo estoy haciendo; estoy preparándome para atreverme a saltar, estoy intentando disfrutar cada segundo, sentir bien adentro cada emoción, siento que ese salto será el último día de un proceso tremendamente doloroso y precioso a la vez, pero, también será el primer día de una nueva versión de mí, más real, más libre.
¿De verdad lo voy a hacer?; no soy capaz de imaginarme todavía ahí, quiero hacerlo, aún sin saber si saldrá bien, lo que empezó como sutiles pensamientos o ganas de salirse de la norma ahora ruge con ansias de jugar y explorar sin parar, me gusta lo que siento cuando me permito experimentar esta libertad e ilusión, es como viajar a un nuevo mundo, más bonito y amable.
La soledad y la tristeza siguen siendo mis peores enemigas, me siguen haciendo mucho daño y a veces aparece la culpa ante pequeñas y mayores recaídas, les tengo mucho miedo, pero intento creer a mi psicóloga cuando me dice que no estoy en el punto de partida, aunque sí sienta que he retrocedido varios pasos importantes. 
Las cosas van muy rápido, son demasiados los cambios por dentro y por fuera, y yo a veces sólo querría quedarme tapada en la cama y que me abrazaran durante horas asegurándome que todo irá bien. 
A veces la vida adulta se me hace bola; no sé... todo se me va de las manos y sigo sin apenas cuidarme en el día a día, lo siento, lo estoy intentando... tengo muchos miedos a flor de piel y lloro con mucha facilidad, pero también me ayuda a liberar mucho de aquí dentro.

Paso a paso, intento confiar en que todo irá bien.

domingo, 30 de noviembre de 2025

La magia de la casa de la abuela


Cuando era pequeña no había navidad que no subiéramos al norte, a la casa de la abuela. 

Para mí siempre será uno de los lugares más espaciales del mundo. Hace unos años que ya no hay, físicamente, ni abuela ni casa de la abuela; pero, durante muchos años ese lugar y mi abuela eran el mejor refugio en el que descansar de todo el ruido y cosas feas del mundo; ella tenía ese superpoder de hacer más bonito hasta el día más negro, de liberarte, por dentro y por fuera, de todos los miedos y curar con esmero e infinito cariño las heridas que tuvieses, cuando las de tus rodillas fuesen ya las menos preocupantes. 

Esa casa era mágica, hermosa, y en ella ocurrían tantas muestras de amor que costaba, a veces, no dudar de si lo que estabas viviendo era real o un sueño precioso. "Abuela, ya estoy en casa", no acababa de terminar la frase y ya estaba escuchando el sonido de sus manoletinas por el pasillo acercándose, su alegría se sentía incluso antes de fundirme en ese abrazo, que tanto anhelaba durante el curso y que tanto sigo anhelando los días en que la tristeza aprieta. 

El día en que mi abuela nos dejó se fue por la puerta grande, una dama como ella no podría haberlo hecho de otra forma, ella siempre decía que había que saber cuándo irse, ella lo hizo con un corazón repleto de amor, tanto que incluso consiguió que una pequeñita y especial parte de ella se quedara en nuestro interior para ayudarnos siempre a saber el camino. "Lo que hagas, hazlo con mucho amor", ese era uno de los muchos secretos que mi abuela compartió conmigo cuando creía que ya no estaba aquí; yo siempre he creído y creeré en la magia, ¿cómo no iba a hacerlo teniendo unos abuelos como ellos?.

Fantaseo mucho, desde entonces, con encontrar algún día nuevas casas que se parezcan a la casa de mi abuela. Han cambiado mucho las cosas desde entonces, y yo a veces sigo recordando la casa de mi abuela con infinito amor. Ese amor que olía por el pasillo a empanada recién hecha, ese amor que hacía que siempre despertara en mi cama bien tapada, cuando la noche anterior me había quedado dormida en el sofá, el amor con el que mi abuela tejía a punto siendo una verdadera artista, el amor de unos brazos gorditos apretándote contra su pecho y, en definitiva, el amor que vivía en el interior de mi abuela, que sentía sin frenos y que compartía hasta en la forma en que pedía el pan cada mañana en esa tienda de abajo. 

Estoy segura de que no todas las cosas que he vivido estos últimos años mi abuela las entendería, pero sé que allá donde esté sigue deseando verme feliz; a ambas siempre nos costó el compartir(nos) demasiados gestos de cariño o palabras de afecto, pero nos queríamos de otra forma más especial. Nos queríamos a través de la forma en la que nos mirábamos en las reuniones familiares, en la ilusión con la que jugábamos a darle golpecitos a ese globo, en la manera de abrazarnos, en las comidas compartidas, en las tardes comentando cada concurso de la televisión, en la manera en la que me subía la cremallera del abrigo cuando hacía frío, en su forma de agarrar mi brazo al caminar para no separarse de mí... a la izquierda de mi pecho, piel con piel, corazón con corazón.

Mi abuela logró ese superpoder de seguir caminando a la izquierda de mi pecho siempre, aunque, no negaré que echo de menos sus abrazos blanditos en los que todo parecía estar bien.

Desde entonces, las navidades adquirieron cierta tristeza que siempre acompaña, hasta cuando nos estamos riendo a carcajadas; algunas navidades son mejores y otras peores, con el tiempo volví a descubrir cosas que me gustaban de estas fechas, e incluso ser capaz de aceptar mejor cada navidad como era y no como quería que fuese... algo que me reconcilia con la tristeza que siento es saber que ella no impide la existencia total de experimentar, también, cosas bellas o pequeñas dosis de ilusión, creo firmemente en que crecer no es negar la existencia de la magia, sino aprender a verla y sentirla de una manera distinta. 

La mirada de mi madre sabiendo, sin preguntarme, cómo estoy, ofreciéndome ver una película hoy con ella, las videollamadas con esas amigas que están lejos y que deberían estar a centímetros, los abrazos fuertes con la excusa del frío, churros con chocolate entre risas, los besos de esquimal y cogernos de la mano, ver los puestos de los mercadillos juntas, los "te echaba de menos" de quien ya tardaba en volver, las visitas sorpresas de la familia del norte y, en definitiva, seguir haciéndolo todo con mucho amor. 

Abuela te echo de menos, en estas fechas es imposible no fantasear con uno de tus abrazos. Ya lo hacía antes, pero, desde que te fuiste intento darlos aún mejor y con más amor, me sigue dando mucho miedo no saber cuando le estoy dando el último a alguien. No te mentiré, estoy triste por varias razones, pero te prometo que estoy intentando cuidarme y dejarme cuidar; a veces, antes de darse varios cambios importantes, parece que todo se tambalea y se derrumba. Pues ahí estoy, viendo y pidiéndo(te) tumbada a las estrellas antes de volver a levantarme. No estoy bien abuela, pero no quiero preocuparte, porque sé que volveré a estar bien poco a poco. Crecer a veces es una movida complicada. Mamá también te echa de menos, pero cada navidad siento que lleva tu ausencia un poquito mejor, ojalá algún día volvamos al norte, ya no hay una "casa de la abuela", pero sé que tú seguirás estando por todas partes, siempre lo estás. 

Te quiero mucho abuela, gracias por todo el amor que me dejaste bien guardadito aquí dentro, es uno de los regalos más especiales, eso y la escritura, el regalo que me hizo el abuelo tras irse. ¿Cómo no voy a seguir creyendo en la magia y en el amor teniendo unos abuelos como vosotros?.

Yo creo, sí creo. Feliz navidad, ojalá estéis siendo muy felices allá donde estéis, es lo mínimo que la vida podría hacer para agradeceros todo lo bonito que aquí (nos) disteis. 

Os quiero mucho, gracias por todo. 

lunes, 24 de noviembre de 2025

Habitación desordenada


Me siento tan perdida... todo a mi alrededor parece estar igual, el ruido algunos días es ensordecedor y yo solo quiero cinco minutos de calma antes de salir de nuevo. Pero, aquí dentro está todo tan  desordenado y caótico... todo se tambalea o se derrumba, y me cuesta confiar en que sepa luego construir nuevas ciudades y mundos, a veces siento que ya existen, que siempre han existido en alguna parte oculta de mí, aunque todavía no logre observarlos del todo con mis ojos.
Tengo mucho miedo, tanto que en ocasiones me asusta mucho sentir como he perdido mi brillo y parte de esas ganas de ser valiente; llevo horas en la cama y me cuesta hasta vestirme, no quiero sentirme así, no con la Navidad tan cerca, haz que pare por favor, estoy agotada.
Mis amigas me aseguran que no los he perdido del todo, que siguen ahí, aunque de una forma distinta. Me cuesta confiar, pero me hacen sentir bien sus abrazos y su amor, me cuidan haciéndome reír hasta en los baños de los bares cuando la tristeza golpea, gracias. 
Quiero atreverme a dar ese paso hacia delante, dar ese salto de fe, y ser yo esta vez quien pise el escenario, siento mucha rabia cuando los miedos me impiden hacerlo, pero sigo moviéndome; ensayo tras ensayo, pruebas de maquillaje, vestuario casi listo y la tentación de darle a "enviar" al formulario que acabo de rellenar, nunca le acabo dando. 
Hace unos días me dijo alguien a quien admiro que me esperaba al otro lado, me gustó el sentir que cuando me atreva habrá quien entienda mi juego y mi sentir, me hace sentir menos sola y más valiente, ¿de verdad están ahí?. El día que lo haga siento que será un antes y un después, cada vez que intento imaginarme el momento tiemblo de miedo y emoción, pero cierta parte de mí respira mejor y me agradece la valentía. 
Mi psicóloga me observa con preocupación, me siento horrible cuando le prometo cuidarme y acabo haciendo todo lo contrario, lo siento. Me preocupa las dificultades que estoy teniendo para hacerlo; de verdad que lo intento, pero siento que no tengo apenas energía, la tristeza es una emoción que te roba hasta los colores que creías que no volverías a perder, me dan mucho miedo las recaídas, pero intento confiar en que sigo estando muy lejos del punto en el que empecé. 
No estoy bien, estoy triste, pero he dejado de esforzarme por dejar de estarlo en poco tiempo, ahora intento pasar tiempo con esa tristeza escuchando sus miedos y necesidades; seguimos haciéndonos daño algunos días la una a la otra, pero al menos luego sabemos disculparnos de verdad. 
En fin... todo cambia muy rápidamente aquí dentro y me cuesta tolerarlo bien, pero intento cuidarme, de verdad que lo estoy intentando. 

lunes, 17 de noviembre de 2025

No es un buen momento

Hay un tipo de tristeza que me asusta mucho volver a sentir; es la que no me hace llorar, la que se queda a la altura del pecho bien pegada a ti haciéndote que te duela hasta respirar, es una tristeza que te ataca de manera tan fulminante que te roba toda la energía, permaneciendo inmóvil frente a ella como diciéndole: " Haz ya lo que quieras, pero dame una tregua por favor".
"Venga tía, ya has estado antes aquí y sabes que pasa" me repito; pero, cada vez que me lo repito algo vuelve a doler aquí dentro haciéndome, esta vez sí, llorar con facilidad y respirar algo mejor.
Tengo a una niña pequeña suplicándome aquí dentro cinco minutos más, prometiéndome que será ella misma la que se irá después; me arrodillo para mirarle a los ojos, grandes y marrones, le agarro de las manos y le abrazo, siento que llevábamos tiempo pidiéndolo y aquí lo tenemos. 
Intento no llorar delante de ella y asegurarle que todo irá bien, acabamos llorando a la vez, pero a ambas nos ayuda a sentirnos algo mejor durante un ratito.
Los miedos aprovechan para golpear en las zonas más sensibles y me cuesta hacerles frente, me siento tan diminuta y cansada, hace días que no duermo bien.
"Todo irá bien" me repito como una nana, en el fondo quiero pensar que sí, que sabré seguir avanzando por este nuevo mundo que descubrí en mí a través de sus preciosos ojos, pero tengo tanto miedo...
Mis amigas me miran con preocupación preguntándome cómo estoy, yo intento fingir que está todo controlado, ¿a quién pretendo engañar?; abrázame fuerte por favor, y ni se te ocurra volver a hacerme esa pregunta, estoy cansada de ella y de todo.
Sé que esto también pasará, pero me duele mucho todo aquí dentro. Ojalá dejara de hacerlo un ratito nada más, solo necesito cinco minutos de descanso, cinco minutos de libertad de esta tristeza que me asusta tanto sentir.

viernes, 14 de noviembre de 2025

Tristeza cotidiana y ternura combativa


Me duele el pecho de llorar; la tristeza es una emoción que, cuando aparece intensamente, me quita gran parte de mi energía, pero también me ayuda a frenar e intentar cuidarme más y mejor, supongo que por eso me he detenido en seco, porque no quería seguir sintiéndome así, tan invisible, tan fácil de olvidar y soltar. Me duele mucho todo aquí dentro, pero hoy mi psicóloga me ha dicho que estaba orgullosa de mí, de cómo lo estoy haciendo; nos hemos emocionado las dos, y cierta ternura me ha hecho sonreír y respirar algo mejor. 

Quiero mucho a mis amigas, a veces parece que nos separan distancias enormes, pero les tengo justo a mi lado; me escuchan durante horas, besan y abrazan sin parar todas mis versiones y me tapan con cariño cuando me quedo dormida por las esquinas, me gusta mucho tenerles bien cerquita y mostrarnos de tantas formas distintas y especiales el amor que nos tenemos, son tan especiales para mí... gracias por estar a mi lado.
Me daba, y me da, mucho miedo seguir sintiendo esta tristeza y dolor cerca de la Navidad, este es un momento en que un puñado de nostalgia siempre se cuela aquí dentro y me asustaba que este año me hiciera aún más daño. Pero, estoy aprendiendo a soltar todos los tópicos y expectativas acerca de estas fechas, aceptando así a esa tristeza como una niña pequeña pidiéndome algo de cariño y atención. Cuando yo no puedo se lo dan algunas de mis amigas, esto me hace sonreír mucho, es una escena preciosa. La Navidad también puede ser muy bonita con ellas, os quiero muchísimo.

Hoy mi psicóloga me ha preguntado por mis pronombres, al comienzo he sentido vergüenza, luego he sonreído y se me ha escapado un "gracias" intentando no llorar más delante de ella. Sigo descubriendo mucho de mí misma y sintiendo de todo aquí dentro, cada día me da un poquito menos de miedo esta tristeza que me acompaña, la ternura me ayuda a cuidarme mejor, y también a sentir que lo estoy haciendo bien. Me gustan los momentos en que celebro con mis amigas mi fortaleza, mi valentía o mi capacidad de quedarme con lo bueno, sin perder ninguna pizca de todo lo bonito que he sentido y vivido, estos ya son recuerdos preciosos que guardo con extremo cuidado y cariño en el lado izquierdo de mi pecho, lo volvería a vivir todo una vez más sin dudarlo.

No estoy bien, pero intento cuidarme y compartir parte de esta tristeza y dolor para que pese algo menos, a veces funciona y otras no, pero siempre consigo respirar mejor. 
Miedos sigo teniendo una infinidad, siempre tendré, pero también tengo ganas de escuchar a cada uno de ellos, y demostrarles que no hay tanto que temer. Soy una persona muy fuerte y valiente, mis amigas me lo recuerdan cada día, mientras me piden que les avise cuando llegue a casa para que puedan luego irse a dormir ellas también.

¿He dicho ya lo tanto que os quiero?, gracias por estar a mi lado, no sabéis lo tanto que significa para mí que estéis. 

domingo, 9 de noviembre de 2025

Juegos de niños a la luz del día


Cuando creía que todo saldría mal, o que esto no iría a ninguna parte, empecé a sentir miradas curiosas sobre mí y a recibir palabras celebrando el salto que acababa de dar; lo hice, lo hicimos.
Todavía no me creo nada de esto, siento que en cualquier momento despertaré y volveré a estar en mi cama tumbada valorando si hacerlo o no hacerlo.

Existe mucha incertidumbre a mi alrededor y dentro de mí, pero también he dejado de sentirme sola durante un rato; gracias a esta especie de energía colectiva que siento vuelvo a creer que soy mucho más valiente de lo que pensaba, sí lo soy, y me lo repito y observo cada día para no olvidarlo. También, siento ese puñado de tristeza, ya habitual, apretándome el pecho mientras me esfuerzo por no llorar delante del resto. Sigo fantaseando en ocasiones con compartir contigo todo esto que está sucediendo dentro de mí y a mi alrededor, pero no estás a mi lado, me lo repito también cada día para no olvidarlo, ojalá algún día quieras volver a estar, echo de menos hasta los maullidos de fondo pidiendo atención.

No lo sé, se supone que debería sentirme súper orgullosa de mí misma, valiente y muy feliz por haberme atrevido a dar este salto de fe, así me siento en muchos momentos y lo celebro bailando, cantando o llenándome la cara de colores... también, siento otras emociones contrarias a estas. Me siguen doliendo aquí dentro, pero, he dejado de pedirles que se vayan y he empezado a dedicarles tiempos concretos para escucharles y abrazarles. El miedo es mutuo, pero las ganas de sentirnos escuchadas y cuidadas también, así que ya me he rendido en intentar que su estancia aquí sea breve, ahora intentamos convivir juntos sin hacernos demasiado daño.

Voy paso a paso, no quiero correr, quiero respetar mi propio ritmo, aprender y sentir todo lo que pueda (como siempre), y seguir jugando a esto que juego. Ahora ya más a la luz, ahora ya sin esconderme tanto. Soy valiente y fuerte, no debo olvidarlo nunca; esto que siento, y estos pasos hacia delante, merecen ser celebrados, así lo hago siempre que la vida me da un ratito de libertad. Todavía sigo fantaseando con ese momento en el que me ponga frente a vosotres, poner cuerpo y emoción frente al foco y mostrar(os) algo más de este juego de niños; quiero hacerlo y, antes o después, lo haré, aunque todavía no sea capaz ni de imaginarme ahí.

La vida, a veces, parece un lugar mucho más bonito de lo que, probablemente, sea en realidad. 
Siento el cariño y el calor de muchas personas nuevas observándome con curiosidad, tengo mucho miedo, pero también me siento algo ilusionada frente a elles; intento controlar a la niña de aquí dentro pidiéndole que no hable demasiado, pero la muy sinvergüenza ya está enviando audio tras audio. 

Siento un tornado de emociones aquí dentro y me da miedo cometer algún error o hacerlo mal, pero, a la vez siento a algunas de mis amigas muy cerquita abrazándome y prometiéndome quedarse, pase lo que pase.

Pues ya está, en verdad no necesito más.

Allá voy; a seguir siendo valiente, mientras me divierto en este nuevo juego al que creo haber jugado ya antes. 


martes, 28 de octubre de 2025

Re(descubrir)

 

Me echo de menos; aquí dentro parece que todo sigue igual que siempre, pero casi nada lo es, todo ha y está cambiando, a veces muy rápido, me asusta perderme en el proceso, también tengo algo de miedo a que los de ahí fuera no quieran seguir estando, sé que los importantes están ahí a pie de cañón, pero no sé... es raro porque no me esperaba todo esto, no me esperaba descubrir tantas cosas nuevas en mí. 

No me esperaba descubrir a una nueva especie de persona viviendo en mi interior, no sé cuanto tiempo lleva aquí, al comienzo tachaba su existencia, no quería saber nada de elle y le trataba con violencia obligándole a volver a esconderse bien, que nadie le pillase, que nadie me pillase. Poco a poco, por incontrolable deseo o inmenso agotamiento, dejé de hacerlo, y empezamos tener citas en nuestro local de ensayo de estos últimos meses, nos pasamos horas hablando y conociéndonos, me enseñó un mundo nuevo en el aparente mundo de siempre que creía conocer y me sacó a bailar de una forma distinta a como solía hacerlo. Lo nuestro empezó con una relación tóxica, nos gritábamos, nos criticábamos y nos enfrentábamos el uno al otro como si solo pudiera quedar uno. Hace unos meses decidí tirar escudo y espada al suelo temblando de miedo, me senté entonces por primera vez cerca de elle y le escuché, ambos nos descubrimos el uno al otro con miedos parecidos y sueños comunes, hemos empezado a crear algo bonito juntos a través del drag King, y mucho más grande y especial que una actuación, no se si esta algún día nacerá ante ojos diferentes a los nuestros, pero el proceso está siendo el salto más vertiginoso y emocionante que he dado hasta el momento. 

Intento controlar las cosas más de lo que puedo, me pasa siempre. No sé si está aquí de paso, si se irá algún día o se quedará a mi lado para siempre, pero he dejado de tenerle miedo y ahora disfruto su compañía y la infinidad de aprendizajes y emociones que me enseña a través de una nueva mirada, más real, más sincera. Ahí fuera sé que no todo el mundo entenderá esto de aquí dentro, pero sé que hay personas que sabrán de qué va todo esto, me lo muestran día a día a través de miradas llenas de amor y abrazos. Aún así, no negaré que cuando estoy bajita de ánimo siento a los miedos ganando terreno de nuevo. El "lo estás haciendo bien" de mi psicóloga y el "yo quiero seguir a tu lado" de mis amigas me ayuda a confiar en el proceso, gracias. 

La escritura para mí es algo importante, los pasos complicados siempre son más fáciles de dar a través de la escritura, a través de ella siempre me he permitido sentir, vivir y descubrir todo lo que podía y más, soy así de intensa, no puedo evitarlo y en el fondo me encanta. 

No sé si me echo de menos a mí misma o a esa seguridad que encontraba en un puñado de normas asfixiantes y en lo ya perfectamente conocido y controlado... creo que es más lo segundo, por eso sigo yendo a mi sala de ensayo, porque a través del Drag King siento que todo vuelve a ir bien, que todo vuelve a encajar, ojalá algún día poder mostraros una parte de lo que ando creando. 

En definitiva; cambios, descubrimientos infinitos y emociones llenándolo todo de colores algunos días mostrándoles a los miedos que no hay tanto que temer, aún así a veces los sigo sintiendo.

Yo que sé, si me entendéis genial, sino abstenerse preguntas incómodas. 

Gracias por escucharme, cuidarme, quererme o leerme, aunque de puertas hacia fuera sea mucho "yo puedo con todo sola", de puertas hacia dentro siempre me gusta este calorcito que siento cuando lo hacéis. 

Gracias