domingo, 30 de noviembre de 2025

La magia de la casa de la abuela


Cuando era pequeña no había navidad que no subiéramos al norte, a la casa de la abuela. 

Para mí siempre será uno de los lugares más espaciales del mundo. Hace unos años que ya no hay, físicamente, ni abuela ni casa de la abuela; pero, durante muchos años ese lugar y mi abuela eran el mejor refugio en el que descansar de todo el ruido y cosas feas del mundo; ella tenía ese superpoder de hacer más bonito hasta el día más negro, de liberarte, por dentro y por fuera, de todos los miedos y curar con esmero e infinito cariño las heridas que tuvieses, cuando las de tus rodillas fuesen ya las menos preocupantes. 

Esa casa era mágica, hermosa, y en ella ocurrían tantas muestras de amor que costaba, a veces, no dudar de si lo que estabas viviendo era real o un sueño precioso. "Abuela, ya estoy en casa", no acababa de terminar la frase y ya estaba escuchando el sonido de sus manoletinas por el pasillo acercándose, su alegría se sentía incluso antes de fundirme en ese abrazo, que tanto anhelaba durante el curso y que tanto sigo anhelando los días en que la tristeza aprieta. 

El día en que mi abuela nos dejó se fue por la puerta grande, una dama como ella no podría haberlo hecho de otra forma, ella siempre decía que había que saber cuándo irse, ella lo hizo con un corazón repleto de amor, tanto que incluso consiguió que una pequeñita y especial parte de ella se quedara en nuestro interior para ayudarnos siempre a saber el camino. "Lo que hagas, hazlo con mucho amor", ese era uno de los muchos secretos que mi abuela compartió conmigo cuando creía que ya no estaba aquí; yo siempre he creído y creeré en la magia, ¿cómo no iba a hacerlo teniendo unos abuelos como ellos?.

Fantaseo mucho, desde entonces, con encontrar algún día nuevas casas que se parezcan a la casa de mi abuela. Han cambiado mucho las cosas desde entonces, y yo a veces sigo recordando la casa de mi abuela con infinito amor. Ese amor que olía por el pasillo a empanada recién hecha, ese amor que hacía que siempre despertara en mi cama bien tapada, cuando la noche anterior me había quedado dormida en el sofá, el amor con el que mi abuela tejía a punto siendo una verdadera artista, el amor de unos brazos gorditos apretándote contra su pecho y, en definitiva, el amor que vivía en el interior de mi abuela, que sentía sin frenos y que compartía hasta en la forma en que pedía el pan cada mañana en esa tienda de abajo. 

Estoy segura de que no todas las cosas que he vivido estos últimos años mi abuela las entendería, pero sé que allá donde esté sigue deseando verme feliz; a ambas siempre nos costó el compartir(nos) demasiados gestos de cariño o palabras de afecto, pero nos queríamos de otra forma más especial. Nos queríamos a través de la forma en la que nos mirábamos en las reuniones familiares, en la ilusión con la que jugábamos a darle golpecitos a ese globo, en la manera de abrazarnos, en las comidas compartidas, en las tardes comentando cada concurso de la televisión, en la manera en la que me subía la cremallera del abrigo cuando hacía frío, en su forma de agarrar mi brazo al caminar para no separarse de mí... a la izquierda de mi pecho, piel con piel, corazón con corazón.

Mi abuela logró ese superpoder de seguir caminando a la izquierda de mi pecho siempre, aunque, no negaré que echo de menos sus abrazos blanditos en los que todo parecía estar bien.

Desde entonces, las navidades adquirieron cierta tristeza que siempre acompaña, hasta cuando nos estamos riendo a carcajadas; algunas navidades son mejores y otras peores, con el tiempo volví a descubrir cosas que me gustaban de estas fechas, e incluso ser capaz de aceptar mejor cada navidad como era y no como quería que fuese... algo que me reconcilia con la tristeza que siento es saber que ella no impide la existencia total de experimentar, también, cosas bellas o pequeñas dosis de ilusión, creo firmemente en que crecer no es negar la existencia de la magia, sino aprender a verla y sentirla de una manera distinta. 

La mirada de mi madre sabiendo, sin preguntarme, cómo estoy, ofreciéndome ver una película hoy con ella, las videollamadas con esas amigas que están lejos y que deberían estar a centímetros, los abrazos fuertes con la excusa del frío, churros con chocolate entre risas, los besos de esquimal y cogernos de la mano, ver los puestos de los mercadillos juntas, los "te echaba de menos" de quien ya tardaba en volver, las visitas sorpresas de la familia del norte y, en definitiva, seguir haciéndolo todo con mucho amor. 

Abuela te echo de menos, en estas fechas es imposible no fantasear con uno de tus abrazos. Ya lo hacía antes, pero, desde que te fuiste intento darlos aún mejor y con más amor, me sigue dando mucho miedo no saber cuando le estoy dando el último a alguien. No te mentiré, estoy triste por varias razones, pero te prometo que estoy intentando cuidarme y dejarme cuidar; a veces, antes de darse varios cambios importantes, parece que todo se tambalea y se derrumba. Pues ahí estoy, viendo y pidiéndo(te) tumbada a las estrellas antes de volver a levantarme. No estoy bien abuela, pero no quiero preocuparte, porque sé que volveré a estar bien poco a poco. Crecer a veces es una movida complicada. Mamá también te echa de menos, pero cada navidad siento que lleva tu ausencia un poquito mejor, ojalá algún día volvamos al norte, ya no hay una "casa de la abuela", pero sé que tú seguirás estando por todas partes, siempre lo estás. 

Te quiero mucho abuela, gracias por todo el amor que me dejaste bien guardadito aquí dentro, es uno de los regalos más especiales, eso y la escritura, el regalo que me hizo el abuelo tras irse. ¿Cómo no voy a seguir creyendo en la magia y en el amor teniendo unos abuelos como vosotros?.

Yo creo, sí creo. Feliz navidad, ojalá estéis siendo muy felices allá donde estéis, es lo mínimo que la vida podría hacer para agradeceros todo lo bonito que aquí (nos) disteis. 

Os quiero mucho, gracias por todo. 

lunes, 24 de noviembre de 2025

Habitación desordenada


Me siento tan perdida... todo a mi alrededor parece estar igual, el ruido algunos días es ensordecedor y yo solo quiero cinco minutos de calma antes de salir de nuevo. Pero, aquí dentro está todo tan  desordenado y caótico... todo se tambalea o se derrumba, y me cuesta confiar en que sepa luego construir nuevas ciudades y mundos, a veces siento que ya existen, que siempre han existido en alguna parte oculta de mí, aunque todavía no logre observarlos del todo con mis ojos.
Tengo mucho miedo, tanto que en ocasiones me asusta mucho sentir como he perdido mi brillo y parte de esas ganas de ser valiente; llevo horas en la cama y me cuesta hasta vestirme, no quiero sentirme así, no con la Navidad tan cerca, haz que pare por favor, estoy agotada.
Mis amigas me aseguran que no los he perdido del todo, que siguen ahí, aunque de una forma distinta. Me cuesta confiar, pero me hacen sentir bien sus abrazos y su amor, me cuidan haciéndome reír hasta en los baños de los bares cuando la tristeza golpea, gracias. 
Quiero atreverme a dar ese paso hacia delante, dar ese salto de fe, y ser yo esta vez quien pise el escenario, siento mucha rabia cuando los miedos me impiden hacerlo, pero sigo moviéndome; ensayo tras ensayo, pruebas de maquillaje, vestuario casi listo y la tentación de darle a "enviar" al formulario que acabo de rellenar, nunca le acabo dando. 
Hace unos días me dijo alguien a quien admiro que me esperaba al otro lado, me gustó el sentir que cuando me atreva habrá quien entienda mi juego y mi sentir, me hace sentir menos sola y más valiente, ¿de verdad están ahí?. El día que lo haga siento que será un antes y un después, cada vez que intento imaginarme el momento tiemblo de miedo y emoción, pero cierta parte de mí respira mejor y me agradece la valentía. 
Mi psicóloga me observa con preocupación, me siento horrible cuando le prometo cuidarme y acabo haciendo todo lo contrario, lo siento. Me preocupa las dificultades que estoy teniendo para hacerlo; de verdad que lo intento, pero siento que no tengo apenas energía, la tristeza es una emoción que te roba hasta los colores que creías que no volverías a perder, me dan mucho miedo las recaídas, pero intento confiar en que sigo estando muy lejos del punto en el que empecé. 
No estoy bien, estoy triste, pero he dejado de esforzarme por dejar de estarlo en poco tiempo, ahora intento pasar tiempo con esa tristeza escuchando sus miedos y necesidades; seguimos haciéndonos daño algunos días la una a la otra, pero al menos luego sabemos disculparnos de verdad. 
En fin... todo cambia muy rápidamente aquí dentro y me cuesta tolerarlo bien, pero intento cuidarme, de verdad que lo estoy intentando. 

lunes, 17 de noviembre de 2025

No es un buen momento

Hay un tipo de tristeza que me asusta mucho volver a sentir; es la que no me hace llorar, la que se queda a la altura del pecho bien pegada a ti haciéndote que te duela hasta respirar, es una tristeza que te ataca de manera tan fulminante que te roba toda la energía, permaneciendo inmóvil frente a ella como diciéndole: " Haz ya lo que quieras, pero dame una tregua por favor".
"Venga tía, ya has estado antes aquí y sabes que pasa" me repito; pero, cada vez que me lo repito algo vuelve a doler aquí dentro haciéndome, esta vez sí, llorar con facilidad y respirar algo mejor.
Tengo a una niña pequeña suplicándome aquí dentro cinco minutos más, prometiéndome que será ella misma la que se irá después; me arrodillo para mirarle a los ojos, grandes y marrones, le agarro de las manos y le abrazo, siento que llevábamos tiempo pidiéndolo y aquí lo tenemos. 
Intento no llorar delante de ella y asegurarle que todo irá bien, acabamos llorando a la vez, pero a ambas nos ayuda a sentirnos algo mejor durante un ratito.
Los miedos aprovechan para golpear en las zonas más sensibles y me cuesta hacerles frente, me siento tan diminuta y cansada, hace días que no duermo bien.
"Todo irá bien" me repito como una nana, en el fondo quiero pensar que sí, que sabré seguir avanzando por este nuevo mundo que descubrí en mí a través de sus preciosos ojos, pero tengo tanto miedo...
Mis amigas me miran con preocupación preguntándome cómo estoy, yo intento fingir que está todo controlado, ¿a quién pretendo engañar?; abrázame fuerte por favor, y ni se te ocurra volver a hacerme esa pregunta, estoy cansada de ella y de todo.
Sé que esto también pasará, pero me duele mucho todo aquí dentro. Ojalá dejara de hacerlo un ratito nada más, solo necesito cinco minutos de descanso, cinco minutos de libertad de esta tristeza que me asusta tanto sentir.

viernes, 14 de noviembre de 2025

Tristeza cotidiana y ternura combativa


Me duele el pecho de llorar; la tristeza es una emoción que, cuando aparece intensamente, me quita gran parte de mi energía, pero también me ayuda a frenar e intentar cuidarme más y mejor, supongo que por eso me he detenido en seco, porque no quería seguir sintiéndome así, tan invisible, tan fácil de olvidar y soltar. Me duele mucho todo aquí dentro, pero hoy mi psicóloga me ha dicho que estaba orgullosa de mí, de cómo lo estoy haciendo; nos hemos emocionado las dos, y cierta ternura me ha hecho sonreír y respirar algo mejor. 

Quiero mucho a mis amigas, a veces parece que nos separan distancias enormes, pero les tengo justo a mi lado; me escuchan durante horas, besan y abrazan sin parar todas mis versiones y me tapan con cariño cuando me quedo dormida por las esquinas, me gusta mucho tenerles bien cerquita y mostrarnos de tantas formas distintas y especiales el amor que nos tenemos, son tan especiales para mí... gracias por estar a mi lado.
Me daba, y me da, mucho miedo seguir sintiendo esta tristeza y dolor cerca de la Navidad, este es un momento en que un puñado de nostalgia siempre se cuela aquí dentro y me asustaba que este año me hiciera aún más daño. Pero, estoy aprendiendo a soltar todos los tópicos y expectativas acerca de estas fechas, aceptando así a esa tristeza como una niña pequeña pidiéndome algo de cariño y atención. Cuando yo no puedo se lo dan algunas de mis amigas, esto me hace sonreír mucho, es una escena preciosa. La Navidad también puede ser muy bonita con ellas, os quiero muchísimo.

Hoy mi psicóloga me ha preguntado por mis pronombres, al comienzo he sentido vergüenza, luego he sonreído y se me ha escapado un "gracias" intentando no llorar más delante de ella. Sigo descubriendo mucho de mí misma y sintiendo de todo aquí dentro, cada día me da un poquito menos de miedo esta tristeza que me acompaña, la ternura me ayuda a cuidarme mejor, y también a sentir que lo estoy haciendo bien. Me gustan los momentos en que celebro con mis amigas mi fortaleza, mi valentía o mi capacidad de quedarme con lo bueno, sin perder ninguna pizca de todo lo bonito que he sentido y vivido, estos ya son recuerdos preciosos que guardo con extremo cuidado y cariño en el lado izquierdo de mi pecho, lo volvería a vivir todo una vez más sin dudarlo.

No estoy bien, pero intento cuidarme y compartir parte de esta tristeza y dolor para que pese algo menos, a veces funciona y otras no, pero siempre consigo respirar mejor. 
Miedos sigo teniendo una infinidad, siempre tendré, pero también tengo ganas de escuchar a cada uno de ellos, y demostrarles que no hay tanto que temer. Soy una persona muy fuerte y valiente, mis amigas me lo recuerdan cada día, mientras me piden que les avise cuando llegue a casa para que puedan luego irse a dormir ellas también.

¿He dicho ya lo tanto que os quiero?, gracias por estar a mi lado, no sabéis lo tanto que significa para mí que estéis. 

domingo, 9 de noviembre de 2025

Juegos de niños a la luz del día


Cuando creía que todo saldría mal, o que esto no iría a ninguna parte, empecé a sentir miradas curiosas sobre mí y a recibir palabras celebrando el salto que acababa de dar; lo hice, lo hicimos.
Todavía no me creo nada de esto, siento que en cualquier momento despertaré y volveré a estar en mi cama tumbada valorando si hacerlo o no hacerlo.

Existe mucha incertidumbre a mi alrededor y dentro de mí, pero también he dejado de sentirme sola durante un rato; gracias a esta especie de energía colectiva que siento vuelvo a creer que soy mucho más valiente de lo que pensaba, sí lo soy, y me lo repito y observo cada día para no olvidarlo. También, siento ese puñado de tristeza, ya habitual, apretándome el pecho mientras me esfuerzo por no llorar delante del resto. Sigo fantaseando en ocasiones con compartir contigo todo esto que está sucediendo dentro de mí y a mi alrededor, pero no estás a mi lado, me lo repito también cada día para no olvidarlo, ojalá algún día quieras volver a estar, echo de menos hasta los maullidos de fondo pidiendo atención.

No lo sé, se supone que debería sentirme súper orgullosa de mí misma, valiente y muy feliz por haberme atrevido a dar este salto de fe, así me siento en muchos momentos y lo celebro bailando, cantando o llenándome la cara de colores... también, siento otras emociones contrarias a estas. Me siguen doliendo aquí dentro, pero, he dejado de pedirles que se vayan y he empezado a dedicarles tiempos concretos para escucharles y abrazarles. El miedo es mutuo, pero las ganas de sentirnos escuchadas y cuidadas también, así que ya me he rendido en intentar que su estancia aquí sea breve, ahora intentamos convivir juntos sin hacernos demasiado daño.

Voy paso a paso, no quiero correr, quiero respetar mi propio ritmo, aprender y sentir todo lo que pueda (como siempre), y seguir jugando a esto que juego. Ahora ya más a la luz, ahora ya sin esconderme tanto. Soy valiente y fuerte, no debo olvidarlo nunca; esto que siento, y estos pasos hacia delante, merecen ser celebrados, así lo hago siempre que la vida me da un ratito de libertad. Todavía sigo fantaseando con ese momento en el que me ponga frente a vosotres, poner cuerpo y emoción frente al foco y mostrar(os) algo más de este juego de niños; quiero hacerlo y, antes o después, lo haré, aunque todavía no sea capaz ni de imaginarme ahí.

La vida, a veces, parece un lugar mucho más bonito de lo que, probablemente, sea en realidad. 
Siento el cariño y el calor de muchas personas nuevas observándome con curiosidad, tengo mucho miedo, pero también me siento algo ilusionada frente a elles; intento controlar a la niña de aquí dentro pidiéndole que no hable demasiado, pero la muy sinvergüenza ya está enviando audio tras audio. 

Siento un tornado de emociones aquí dentro y me da miedo cometer algún error o hacerlo mal, pero, a la vez siento a algunas de mis amigas muy cerquita abrazándome y prometiéndome quedarse, pase lo que pase.

Pues ya está, en verdad no necesito más.

Allá voy; a seguir siendo valiente, mientras me divierto en este nuevo juego al que creo haber jugado ya antes. 


martes, 28 de octubre de 2025

Re(descubrir)

 

Me echo de menos; aquí dentro parece que todo sigue igual que siempre, pero casi nada lo es, todo ha y está cambiando, a veces muy rápido, me asusta perderme en el proceso, también tengo algo de miedo a que los de ahí fuera no quieran seguir estando, sé que los importantes están ahí a pie de cañón, pero no sé... es raro porque no me esperaba todo esto, no me esperaba descubrir tantas cosas nuevas en mí. 

No me esperaba descubrir a una nueva especie de persona viviendo en mi interior, no sé cuanto tiempo lleva aquí, al comienzo tachaba su existencia, no quería saber nada de elle y le trataba con violencia obligándole a volver a esconderse bien, que nadie le pillase, que nadie me pillase. Poco a poco, por incontrolable deseo o inmenso agotamiento, dejé de hacerlo, y empezamos tener citas en nuestro local de ensayo de estos últimos meses, nos pasamos horas hablando y conociéndonos, me enseñó un mundo nuevo en el aparente mundo de siempre que creía conocer y me sacó a bailar de una forma distinta a como solía hacerlo. Lo nuestro empezó con una relación tóxica, nos gritábamos, nos criticábamos y nos enfrentábamos el uno al otro como si solo pudiera quedar uno. Hace unos meses decidí tirar escudo y espada al suelo temblando de miedo, me senté entonces por primera vez cerca de elle y le escuché, ambos nos descubrimos el uno al otro con miedos parecidos y sueños comunes, hemos empezado a crear algo bonito juntos a través del drag King, y mucho más grande y especial que una actuación, no se si esta algún día nacerá ante ojos diferentes a los nuestros, pero el proceso está siendo el salto más vertiginoso y emocionante que he dado hasta el momento. 

Intento controlar las cosas más de lo que puedo, me pasa siempre. No sé si está aquí de paso, si se irá algún día o se quedará a mi lado para siempre, pero he dejado de tenerle miedo y ahora disfruto su compañía y la infinidad de aprendizajes y emociones que me enseña a través de una nueva mirada, más real, más sincera. Ahí fuera sé que no todo el mundo entenderá esto de aquí dentro, pero sé que hay personas que sabrán de qué va todo esto, me lo muestran día a día a través de miradas llenas de amor y abrazos. Aún así, no negaré que cuando estoy bajita de ánimo siento a los miedos ganando terreno de nuevo. El "lo estás haciendo bien" de mi psicóloga y el "yo quiero seguir a tu lado" de mis amigas me ayuda a confiar en el proceso, gracias. 

La escritura para mí es algo importante, los pasos complicados siempre son más fáciles de dar a través de la escritura, a través de ella siempre me he permitido sentir, vivir y descubrir todo lo que podía y más, soy así de intensa, no puedo evitarlo y en el fondo me encanta. 

No sé si me echo de menos a mí misma o a esa seguridad que encontraba en un puñado de normas asfixiantes y en lo ya perfectamente conocido y controlado... creo que es más lo segundo, por eso sigo yendo a mi sala de ensayo, porque a través del Drag King siento que todo vuelve a ir bien, que todo vuelve a encajar, ojalá algún día poder mostraros una parte de lo que ando creando. 

En definitiva; cambios, descubrimientos infinitos y emociones llenándolo todo de colores algunos días mostrándoles a los miedos que no hay tanto que temer, aún así a veces los sigo sintiendo.

Yo que sé, si me entendéis genial, sino abstenerse preguntas incómodas. 

Gracias por escucharme, cuidarme, quererme o leerme, aunque de puertas hacia fuera sea mucho "yo puedo con todo sola", de puertas hacia dentro siempre me gusta este calorcito que siento cuando lo hacéis. 

Gracias 

viernes, 24 de octubre de 2025

Mis amigas, el amor y las emociones a flor de piel


Cuando te conocí no me imaginaba que serías una persona tan importante como ahora eres en mi vida... con el tiempo pasamos de conocidas a amigas y de amigas a familia, así es como te he sentido estos últimos meses, y así es como sé que seguiremos sintiéndonos juntas. 
Según voy descubriendo y aprendiendo de las relaciones, y con ello de mí misma, me reafirmo en lo que ya sentí hace tiempo y sigo sintiendo ahora: algunas de mis amigas son también el amor de mi vida.
Creo firmemente en el amor y en que la vida nos depara muchos amores e historias de amor diferentes... y yo me muero de ganas de vivirlas y sentirlas bien adentro todas.
De esta forma, cuando todo esto no sea más que un puñado de recuerdos, nos quedará para siempre lo que sentimos aquí dentro.
Cierta tristeza sigue acompañándome cerquita, pero ya ha dejado de hacerme tanto daño como antes, aceptar su existencia y escucharle han sido pasos duros, pero necesarios para sentir que lo estoy haciendo bien. 
Gracias por cuidarme tanto y tan bien, por estar ahí cerquita abrazándome, escuchándome y queriéndome, por querer descubrir(me) más y más, por querer acompañarme en el proceso y no estar solo en los resultados finales; para mí es importante contar contigo, con vosotras. 
Un puñado de soledad, a veces, me hace llorar con facilidad, pero he dejado de sentirla tan intensamente cada vez que tengo un whatsApp tuyo proponiéndome una nueva aventura.
No sé porque siempre me pasa... cuando quedan meses o semanas para que te vayas lejos de aquí es cuando más y mejor nos conocemos y conectamos, te voy a echar tanto de menos... pero te aseguro que seguirás teniéndome ahí cerquita siempre que me necesites, en nada subiré al norte para volver a llenarnos de abrazos que siempre seguirán pendientes, independientemente de los que ya nos llevemos dados. 

Te quiero, te quiero mucho, y me gusta sentirte tan refugio y hogar; estos últimos meses he descubierto mucho de mí misma, de mí misme, y sentirme acompañada por algunas de mis amigas más especiales ha sido algo muy bonito. A veces, odio los kilómetros que nos separan o que nos separarán, pero cuando os veo con tanta luz, colores, emociones preciosas y amor siento que estoy haciendo las cosas mucho mejor de lo que a veces siento. Recuerdo que, cuando éramos pequeñas, nos solían preguntar a menudo qué queríamos ser de mayores; yo ahora os veo, emocionada y con un corazón repleto de amor, y me conformo con llegar a parecerme un poquito a cada una de mis amigas, son tan preciosas...

Gracias por estar ahí cerquita, por ser refugio, hogar y sostenerme corazón y cuerpo cuando la vida se pone gris o complicada. 

Te quiero, os quiero ♡ 

miércoles, 15 de octubre de 2025

Bailes en la cocina y nuevas perspectivas


No quiero irme, te prometo que no lo haré, salvo que algún día quieras que lo haga o quiera hacerlo yo, pero tampoco quiero hacer(nos) esto; no quiero exigirte nada que no quieras o puedas darme ahora, ni tampoco quiero esperar un "tengo ganas de verte" o una llamada contándome tu día cuando, tal vez, esto no ocurra. 

Me gustaría que supieras que me tienes ahí, que puedes contar conmigo, que muchos días me muero de ganas de contarte todo lo que me ha pasado o he sentido, volver a observar de cerquita como brillan tus ojos cuando algo te hace muy feliz o como te salen esas arrugas alrededor de la nariz cuando algo te incomoda. Pero, si hoy no puedes estar aquí, si hoy no puedes venir, está bien, quiero que sepas que puedes contar conmigo, pero no quiero obligarte ni insistirte en que lo hagas. 

Las cosas siempre son más sencillas cuando uno de los dos hace las cosas mal. Cuando esto pasa puedes, al comienzo, refugiarte en lo mal que lo ha hecho el otro; pero este no es el caso, este es el caso de dos personas preciosas en mitad de diferentes tipos de caos intentando hacer las cosas lo mejor que saben con lo que tienen a su alcance; está siendo un proceso algo doloroso, en los días de bajón la tristeza me hace llorar con facilidad y me gustaría sentirte más cerca o sentir más seguridad de que puedo contar contigo al pensar en ti, ojalá en algún momento. No obstante, tengo a personas aquí cerquita que me cuidan; estoy triste, pero también estoy cuidándome, y eso me hace sentir bien. 

Vengo a decirte todo aquello que no te digo cuando te tengo a centímetros de distancia; me gusta tenerte en mi vida, eres todo un descubrimiento lleno de colores y emociones preciosas y, a veces, me gustaría prestarte mis ojos para que te vieras a través de ellos, alucinarías. Me gusta la manera en que observas el mundo, es una mirada curiosa, algo triste pero brillante cuando algo le hace muy feliz o mucha ilusión, me gusta la curva de tu nariz y la infinidad de arrugas preciosas que a veces la rodean, la manera en que acaricias y sostienes lo que te importa, y el sonido de tu risa cuando se te olvida aparentar ser frío y distante, me gusta el color de tu puñado de energías internas y, en ocasiones, fantaseo con sentir que lo que observo en otros es una parte de lo que llevo dentro, quien sabe...

Está bien no poder con todo, está bien necesitar parar, está bien intentarlo cada día, y mirar hacia dentro o hacia lo que necesitamos antes de pretender estar para otros, está bien comunicarlo y está bien querer quedarse sin saber todavía como estar sin hacer(nos) daño, está bien estar algo triste, yo también lo estoy, pero también me permito sentirlo aquí dentro como consecuencia inevitable de las ganas inmensas de seguir decubriéndo(te), despacito y con buena letra, ojalá. 

Estoy aquí, pero también estoy aprendiendo a no esperar ni esa llamada ni ese mensaje, me muero de ganas de verte (da igual cuándo leas esto), pero antes de estar para ti debo estar para mí y, poco a poco, lo estoy volviendo a hacer. Quiero personas que cuando les pase algo muy bueno o muy malo se mueran de ganas por contármelo, no solo quiero encontrar casa en otros, también quiero ser casa para otros.

Ya no te espero con ansia, he puesto la radio y bailo en la cocina, a veces sola y otras con mis amigas, los miedos a veces golpean fuerte, pero llorar y escribir me ayuda a ver el vaso medio lleno. Si te apetece venir recuerda que la puerta la tendrás siempre abierta, ojalá te pases algún día, mientras espero que te estés cuidando bien y, por favor, que también te dejes cuidar. 

Estoy triste, pero también me siento bien porque pasito a pasito siento que voy haciendo las cosas mejor que ayer; estoy orgullosa de ti y también lo estoy de mí.

Ojalá vernos pronto. ♡


viernes, 3 de octubre de 2025

Noches de Madrid por los tejados


A veces odio mi mente por ser especialista en crear catastróficos escenarios que no están ocurriendo o por fijarse de más en lo que falta o en los riesgos, en vez de disfrutar el vuelo y observar todo lo bueno que sí existe, que sí está ocurriendo.
A veces me sigue asustando mi propia mente por la velocidad a la que va y la capacidad que algunos días tiene de hacerme daño, de hacerme sentir mal, demasiado pequeña o invisible ante el mundo, olvidando que no puedo ser vista sin ni siquiera levantar la voz o hacer algún pequeño gesto hacia fuera de que existo, de que estoy aquí, de que necesito cosas, siento cosas, deseo cosas del otro... supongo que es algo inevitable de ser humana y real.
Unos ojos chocolate me observan con ternura, tiene unos ojos preciosos llenos de luciérnagas saltarinas, y eso dificulta mantener la calma, pero también me permite deshacerme de todas esas preocupaciones y miedos que cargaba, me siento estúpida al recordarme llorando pensando en la infinidad de veces que he sentido que todo iba a salir horrible y luego ocurrió todo lo contrario... tengo a los miedos algo confusos buscando un sentido a su existencia en estos momentos. 

Estoy aprendiendo mucho últimamente de mí misma y de las relaciones, nunca creí que este proceso pudiera hacerlo acompañada; por lo general, suelo ser yo misma siempre quien escapa antes de que el otro lo haga o quien se encierra a solas cuando hay que mirar aquí dentro, pero esta vez es distinta. Me observo por dentro, sin dejar de estar a su lado, y mis mejillas enrojecen cada vez que aparece algo en mí que me hace más humana o real de lo que me permito, el sinvergüenza que tengo enfrente se echa a reír sin el más mínimo atisbo de que esto le preocupe y me sonríe de una forma especial...
Que sonrisa más bonita tiene... me quedo embobada colgada a ella y por dentro escucho esas voces procedentes de los malditos miedos: "Laura por favor, estabas mirándote a ti misma, no a su sonrisa", "¿pero se puede saber de qué te ríes?, esto es serio, puede suponer el fin de vuestra relación", "ya hablaremos nosotros contigo en casa y verás como no te sientes ya tan bien".
Me gustaría controlar mejor a mis miedos, pero me cuesta; no obstante, recuerdo las palabras de mi psicóloga: "aléjate de tu mente un ratito, escucha a tus tripas y cuerpo, ellos también saben y muestran mucho de cómo van las cosas".

Siempre noto cierto puñado de nervios que me genera vergüenza, pero que también me gusta sentir al perderme en esos ojos chocolate; he descubierto que me gusta mucho que me cuiden, que me escuchen, que me intenten entender y que cuenten conmigo. Sinceramente, no sé si voy bien o mal, pero algo debo de estar haciendo bien cuando ya no siento cada abrazo como el último, aún así (y por si acaso) lo doy siempre con el pecho abierto y los ojos cerrados. 

Llego a casa, escucho varios audios de mis amigas validando todas mis emociones, riéndose de la infinidad de escenarios catastróficos que les he descrito antes tal película de terror o repitiéndome de nuevo que respete mis ritmos y necesidades, en otro de mis chats de WhatsApp leo un "Te quiero preciosa, me voy a la cama, mañana hablamos" y un "Lo estás haciendo muy bien".

Me doy una ducha que mi cuerpo agradece relajándose por fin, sonrío y lloro a la vez y escribo en la mampara de mi ducha: "No estoy sola".

Intentaré no olvidarlo ni hasta cuando los miedos saquen la artillería pesada.

Gracias. 



martes, 23 de septiembre de 2025

Ventanas y puertas nuevas abiertas por fin


Están sucediendo muchos "click" aquí dentro y a mi alrededor, y estoy volviéndome a ilusionar al ver todo lo que tengo entre mis manos, diría que una nueva parte de mí está naciendo, pero creo que mucho de esto ya vivía en mí desde hace tiempo.
No tengo nada terminado ni demasiado claro, tengo un puñado de colores y de rabia mezclados con sacos de amor e ilusión que me genera una infinidad de ganas de probar, jugar, experimentar y, sobre todo, sentir y sentir(me).
Los miedos me han dado cierta tregua temporal, tal vez ya hayan dejado de esforzarse tanto en pararme los pies, al ser conscientes de que ninguno de ellos podrá lograr que vuelva a encerrarme ni en mi habitación ni en unos moldes ni normas asfixiantes. No quiero pecar de utópica, a veces estos temores me vuelven a hacer tropezar o sentir que retrocedemos, pero cada vez les observo con más compasión y menos odio, les dedico ese ratito de atención y luego vuelvo a salir volando por mi ventana deseando seguir jugando con mis propias ilusiones, sueños y colores. 
Ea curioso, porque en realidad es mucha la incertidumbre que existe a mi alrededor, pero algo dentro de mí me hace no tenerle tanto miedo y querer ser vista, oída por todas las personas que me rodean. 
Algo aquí dentro se enciende, parece chiquitito, pero se siente como los segundos anteriores a unos fuegos artificiales o a un beso. Todo parece muy nuevo, como si acabara de nacer, pero mucho de todo esto ya habitaba en mí mucho antes de ser nombrado. 
Los miedos, de manera temporal, se han rendido, es mi momento para calentar motores y ganar distancia y ganas de ponerlo todo patas arriba, de pintar con nuevos colores, jugar a existir sin miedo, jugar a bailar sin vergüenzas, jugar conmigo misma y ser yo quien ocupa su propio espacio, su propia verdad y realidad. 
No sabría explicaros exactamente qué está sucediendo, pero sonrío al sentir que deseaba todo esto, que quería descubrir la vida de los márgenes y el poder y la fuerza de encontrar conexión y semejanzas con quienes también creyeron estar soles.
Quiero ir paso a paso, hacer las cosas bien, seguir cuidándome y tolerando cierta incomodidad, malestar y puñado de miedos, pero con la seguridad también de que lo estoy haciendo bien, aunque no siempre me encuentre o sea sencillo seguir. 

¿Hay alguien ahí? 

Sé que sí; sé que aún me quedan sillas vacías por descubrir en nuevas mesas en las que descansar un rato de la vida y del mundo cuando estos se pongan feos o complicados.


viernes, 19 de septiembre de 2025

Cuando cierta soledad te pincha, un poquito, por dentro


¿Es elegida tu soledad o es una soledad impuesta por una aparente imposibilidad de compaginar tu vida con una red estable de cuidados o de poder crearla poco a poco?
Desde que somos pequeños se nos anima siempre a conseguir las cosas por nosotros mismos; intentarlo, intentarlo e intentarlo... y únicamente ser legítimo pedir ayuda si ya has perdido la cuenta de las veces que lo has intentado, momento en el que se justifica esta ayuda con frases como "es pequeño todavía para poder solo", "a él le cuesta más", "todavía tiene que aprender", etc.
Crecemos y, con ello, también crece la presión por poder con todo de manera individual y sin necesitar mucho del otro, las excusas desaparecen y nos vemos inmersos en una sociedad capitalista, individualizada y violenta en la que hasta se potencia el visualizar al otro como una vía a través de la cual conseguir diferentes intereses (propios obviamente), y no como lo que es: una persona real con sus miedos, sus inseguridades, sus heridas, sus sueños, sus preocupaciones y su vida, en definitiva, una persona mucho más parecida a nosotros de lo que creemos.

Pero no, esto a la sociedad no le interesa, no quiere que veamos estas semejanzas con el otro, ni que tengamos la posibilidad de compartir demasiado tiempo e intereses con el resto, porque esto puede provocar algo muy peligroso para una sociedad capitalista e individualizada: la autogestión, la creación de fuertes conexiones y redes, y la fuerza de la colectividad. Tenemos mucho más poder y capacidad de acción de la que creemos, fijémonos sino en qué sucedió en el tramo final de la vuelta ciclista.

A la sociedad le interesamos más como personas aisladas, solas, viendo en el otro "competición" o "peligro" y siendo un eslabón más en un gran juego de máscaras e hipocresía, en la que hasta nosotros mismos podemos llegar a replicar las bases del sistema con frases como: "No importa que no tengas a nadie, vete sola", "antes de nada ni nadie tienes que cuidarte tú", "si no te quieres y aprendes a estar solo nadie podrá luego estar bien contigo", "hay que disfrutar y abrazar tu soledad".
¿Y cómo se hace todo esto?, pues a través de trabajos precarios y de largas jornadas laborales, llenando nuestras calles de tráfico, y aniquilando cualquier atisbo de naturaleza o vida, vendiéndose lo rápido y atrayente como mejor opción y, sobre todo, generándonos en nuestra cabeza tal exceso de estímulos, ruido, preocupaciones y malestar que no tengamos tiempo de frenar, y por tanto, tampoco de cuestionarnos nada.

Por supuesto que no podemos depender de alguien para hacer cosas que queramos hacer, ni mucho menos perder(nos) o perder nuestra libertad por sentir que sin el otro no queda nada de nosotros; es importante tener esos espacios a solas y esos (auto)cuidados. El problema es que llevamos tanto tiempo mirándonos en el espejo, y cuestionándonos si somos aptos, que se nos ha olvidado que a nuestro lado hay otra persona haciéndose las mismas preguntas con los mismos miedos.
No nos falta nada; ni formación para un trabajo explotador, ni kilos de más o de menos, ni ser más o menos atractivos, ni tener unas u otras cualidades... lo que nos falta es mirar a nuestro lado y preguntar, mirando a los ojos y sin temor a la vulnerabilidad (propia y ajena):

"¿Cómo estás?"
"¿Necesitas algo?"
"¿Puedo ayudarte?"

La sociedad y el sistema capitalista nos lo pone complicado, pero hoy más que nunca necesitamos la autogestión, la lucha y cuidados colectivos, cuidar de quien cuida, y no temer al de nuestro lado, tiene tanto miedo como nosotros aunque ambos juguemos a hacernos los fríos o precavidos.
Sé que puedo ir al cine sola, al museo o de viaje sola también... pero, yo es que ahora lo que quiero es ir con personas que quieran acompañarme, exponerme a esa incomodidad de sentir los riesgos de mostrar(me) y aprender a disfrutar el deseo de sentirme vista, cuidada y valorada, yo lo que quiero es conectar con el otro, tocarnos las heridas y descubrir que, en esa autogestión y en esa colectividad, reside la clave de absolutamente todo este juego diabólico de ser adultos.
Protejamos los centros sociales; desde hace semanas se está intentando desalojar el EKO, espacio sociocultural liberado autogestionado en Carabanchel, y seguir así con la destrucción de aquellos espacios que son nuestros y para todos y todes. ACAB

Cuidemos de estos y de todas las personas que nos rodean, somos seres sociales y necesitamos del otro, crear redes sólidas y estables con un apego seguro que nos cuide en mitad de esta sociedad enferma; escucho a veces eso de "desapego", a este paso hasta nos desapegaremos cualquier día también de nosotros mismos, si es que no lo hemos hecho ya.
Repito: somos seres sociales, no temamos al otro, no tengamos miedo a necesitar de él, atrevámonos a compartir esa vulnerabilidad y verdad... no puedo ni quiero prometeros que siempre vaya a salir bien, pero es la única vía para dejar, de verdad, de estar solos.

Suerte a todos, si necesitáis cualquier cosa me tenéis a un "click" de distancia.