jueves, 15 de agosto de 2024

Ausencia de tiritas ante lo que nos hace reales


Las lágrimas y el mar, a veces, son la mejor forma de sanar del todo alguna que otra herida no perceptible a simple vista desde fuera.

Déjate acariciar por ambos, déjate mojar, llevar y sigue respirando en todo momento sabiendo que detrás de estas olas hay una zona de tranquilidad en la que el agua está en calma, pero esto es parte del proceso, y si escuece tranquila, que ya nos lo decían nuestras madres y abuelas de pequeña: eso es señal de que está curando. 

Respetar tus propios ritmos y romperte las veces que necesites, ¿por qué nos asusta tanto hacerlo?, reconocer nuestra propia vulnerabilidad, nuestro propio dolor, nuestras propias emociones y reconocer que nosotras a veces también somos el problema y quien debe volver a trabajar cosas dentro de sí misma, bienvenida a la parte práctica y cruda de estar viva. 
Queremos inmediatez, queremos resultados, queremos rapidez y trucos prácticos en los que no haya que invertir ni mucho esfuerzo ni mucho tiempo, a corto plazo creemos que se dan mejoras, pero si solo nos tocamos la superficie de la piel no habremos hecho más que cambiarnos el vendaje sin centrar nuestra atención en la herida que este cubre. 

¿Por qué cubrirlo?, ¿por qué taparnos con máscaras artificiales o escudos de papel aquello que nos hace verdaderamente humanos?. Al barro, hay que tirarnos al barro, abrir el maldito cajón de mierda, ensuciarse, romperse varias veces y volver a construir, irse a esa zona en la que las olas están más rabiosas y aprender a surfearlas sin dejar de respirar, dicen algunos que hasta aprendieron a disfrutar de las mismas, pero para ello es necesario emprender un largo viaje hacia nosotras mismas en el que no volveremos a ser las mismas que antes, pero sí podremos acercarnos a ser algo más felices y reales. 

Llóralo pequeña, tanto como necesites, tanto como tu cuerpo te pida, déjate acariciar por el mar, deja que haga su magia y sigue respirando mientras los rayos de sol acarician tu rostro en la superficie; te prometo que nada duele para siempre, eres tan valiente... sí, lo eres, porque en un mundo en el que poder escapar de ti de tantas maneras distintas tú optas por mirarte a los ojos, permitirte romperte y recomponerte las veces que necesitas y salir ahí fuera de nuevo con tu sonrisa preciosa.

Las lágrimas y el mar son elementos indispensables en el proceso de sanar y crecer, vuelve a ellos siempre que lo necesites, confía en su magia y, sobre todo, en tu capacidad de seguir sintiendo y jugando con las emociones como si nunca nadie nos hubiese herido. 

¿Quién es más valiente o cuerdo; quien agarra la pistola o quien recibe el disparo sonriendo al pensar que esa arma ya cuenta con una bala menos?

Llóralo y báñate en el mar, luego ya veremos qué hacemos. 

miércoles, 14 de agosto de 2024

Romanticona perdida ando algunos días


Quiero que me quieras para todo, pero que no me necesites para absolutamente nada.

Quiero acompañarte y dejarme acompañar por ti, quiero jugar al escondite contigo y a un millón de juegos más, quiero que, cuando las cosas ahí fuera estén grises y negras, tú y yo pintemos todo nuestro mundo de colores, esos que llevamos aquí dentro y que se mezclan de manera especial cuando estamos juntas, quiero un millón de citas contigo y que nunca se nos acaben las ganas de darnos un beso más, un aparente último beso.

Que me hagas reír cuando más miedo tenga y que te haga creer en ti cuando te sientas más pequeñita, quiero seguir caminando de tu mano y a tu lado, que me lances un millón de veces más por los aires, y yo, sentir que me muero, pero seguir aprendiendo a disfrutar el vuelo porque sé qué abajo estarás tú y todas esas personas que me quieren bien y bonito. 

Quiero envejecer a tu lado y al lado de nuestras amigas, porque a vuestro lado soy la mejor versión de mí misma, y porque si esto no es magia ya me dirás tú lo que es.

Quiero verte sonreír, quiero hacerte sonreír y enamorarme un poquito más que ayer de ti, eres preciosa amor mío, quiero acurrucarme en tu pecho, que me hagas de rabiar, romper a reír las dos a la vez y sentirme en el rincón más bonito y especial del mundo, quiero que nos vean besarnos y querernos en cada plaza y en cada bar perdido, que se vea el amor a distancia y que sólo tú y yo sepamos realmente todo lo que ha costado llegar hasta aquí, que sé que no ha sido fácil, pero seguimos siendo capaces de terminar cada conversación volviendo a las bases, a ese amor que no deja de transformarse, pero que nunca desaparece. 

- Te quiero.

- Yo más.

Hacemos bonitos y especiales hasta los días más tristes y grises, seguimos aprendiendo a jugar a esto del amor sin olvidarnos de saltar en cada charco que vemos, lo estamos haciendo bien, creo que sí. 

Y, por supuesto, aún hay muchísimo que aprender, que crecer y que descubrir de nosotras mismas, del mundo, de la vida y del amor.

Ojalá nos quede toda una vida amor, y ojalá vivirla junto a ti, pero por si acaso ven y bésame, ya vuelvo a tener ganas de ti.

Te quiero mucho prechiocha, te echo de menos. 




martes, 13 de agosto de 2024

Ganas que ganan al miedo


A veces, mientras tu mirada me aseguraba que no ibas a hacerme daño y tu sonrisa me invitaba a abrirme un poco más ante ti, he tenido ganas de besarte, soltar riendas y miedos y dejarme besar por ti.

He tenido ganas de probar un beso tuyo, de sentirte aún más cerca de mí y averiguar el sabor de tus labios; me he imaginado columpiándome desde el columpio de tu cuello, saltar hasta tu vientre y escuchar tu respiración, atreverme a darte un beso y dejarme llenar el cuerpo de otros besos tuyos. 

Perderme en tu mirada, encontrar ganas y deseo por escuchar nuestros nombres entre gemidos, atrevernos a mirarnos de una manera distinta, y no dejar de seguir encontrando en tus ojos la misma confianza y seguridad de siempre, esa que me asegura que todo irá bien, que al final esto debería ser lo menos importante de nuestra relación, y que un par de besos o un polvo deseado no debería hacer tambalear nada de lo realmente importante. Aún así, si algún día hay un beso, me gustaría ser lo suficientemente valientes o responsables como para hablar de nuestros propios miedos sin filtro ni caretas, solo así podríamos asegurarnos que todo siga siendo igual.

Me gustaría darte un beso, me gustaría que me dieras un beso solo si deseas hacerlo, atrevernos a jugar con nosotras mismas como si el miedo no existiera, como si dejarse llevar fuera fácil por toda la confianza y amor que nos tenemos, llenarnos de besos, escribir sobre tu espalda una carta de amor y pintar entre nuestros lunares y marquitas constelaciones preciosas, mordernos en las mismas zonas que un día nos atrevimos a confesar que aún dolían, y romper a reír en mitad del orgasmo mientras nuestras miradas juegan al escondite deseando ser descubiertas, ser sometidas a la verdad y nada más que la verdad. 

Reconocer nuestro propio deseo, tocarnos con la curiosidad de dos niñas descubriendo una nueva isla, adueñarnos de nuestro propio placer y compartirlo entre risas nerviosas, ¿qué pasaría si te robo un beso?, ¿pasaría algo?, ojalá ser lo suficientemente valientes como para ser capaces de dejarnos llevar si algún día nos apetece y lo suficientemente responsables como para asegurarnos de que nada cambie, de que lo realmente importante siga manteniéndose intacto por la ternura y el cuidado que reciben día a día.

A veces he deseado besar esa maldita sonrisa preciosa y dejarte escuchar mis latidos si recibía un beso como respuesta, a veces he deseado jugar contigo a escondidas, creer de verdad en que no me harás daño, y que un abrazo nos confirme que todo lo realmente importante seguiremos teniéndolo bien guardadito aquí dentro. 


lunes, 12 de agosto de 2024

Lárgate a jugar, yo me encargo del resto


Eras tan solo una niña, y yo coloqué sobre tu espalda responsabilidades de otros. Lo siento, te pedí que te comportaras como una adulta cuando no eras más que una niña.

Perdóname pequeña por no dejarte jugar el tiempo que querías en el parque, perdóname pequeña por no dejarte tropezar, por llenarte la cabeza de miedos que devoraban, en ocasiones, a tus mariposas e ilusiones.
Perdóname por exigirte que corrieses cuando todavía te costaba andar con soltura, perdóname por obligarte a sonreír cuando querías destrozarlo todo, por obligarte a llorar en silencio en el baño cuando necesitabas gritar, por pedirte palabras de compasión y fortaleza sin haberlas antes recibido, por hacerte sentir insuficiente cuando querías jugar con otros niños y niñas, por obligarte a callar cuando querías hablar, y por hacerte bajar la mirada cuando necesitabas que alguien la sostuviese, perdóname pequeña por hacerte creer que no eras suficiente, que no estabas haciendo lo suficiente y que, por tanto, no merecías ese amor y esos cuidados en los que refugiarte de ti misma y de los monstruos.

Ojalá haberte dejado jugar más, tropezar más, reírte más y atreverte más... ojalá haberte dejado ser más niña durante más tiempo; tú nunca tuviste prisa por crecer, pero yo te insistía en esforzarte por lograr ese afecto por parte de quienes no debían haberte pedido nada más que ser tú para que te quisieran. Ni ellos ni yo supimos hacerlo del todo bien, las habitaciones se llenaban de ruido, monstruos hambrientos nos controlaban, y una niña asustadiza nos observaba desde debajo de una cama intentando que no se le escuchase llorar. 
Perdóname pequeña; me necesitabas a tu lado, me suplicaste un respiro y un "todo va a ir bien", yo no lo hice, no estaba, y las veces en que estaba te repetía las voces de esos adultos tan grises: "No es suficiente".

Me equivoqué desde el momento en que te obligaba a seguir aprendiendo a correr cuando tú lo que me pedías es que te dejase escribir y bailar, tenías demasiados y preciosos colores en tu interior, y yo no supe valorar tu potencial hasta muchos años después.

Desde que nos conocimos de verdad nunca más volvimos a soltarnos de la mano, hemos crecido mucho juntas, me has enseñado muchísimo más tú a mí que yo a ti, pero quiero repetirte algo muy importante para que nunca más lo olvidemos.
Eras una niña suficiente y valiosa, y merecías una infinidad de cuidados y amor por ser tal y como eras, exigirte esforzarte por lograr esto es de las cosas que sé que te han generado mayor dolor, y que aún a veces sigues obligándote a hacer. 
Para pequeña, no debes nada a nadie más que a ti misma, no debes pagar un precio por dejarte cuidar y querer, debes seguir aprendiendo a recibirlo de personas que lo único que quieren es verte feliz bailando. Sí preciosa, esas personas existen y están ahí fuera sentadas sonriéndote esperando que les dejes entrar un poquito más en ti y llenarte campos enteros de flores, déjales pasar, confía en mí.

Cierra los ojos, hazlo, abre tus brazos y coge aire, déjate envolver por mis brazos y por sus brazos y rómpete a llorar las veces que lo necesites, prometo que seguiremos aquí cuando vuelvas a abrir esos ojos color chocolate. Baila pequeña, baila sin parar y juega con tantos niños y niñas como puedas, hazlo ahora, mientras yo te cuido. 

Eres suficiente y eres merecedora de todo ese amor y esos cuidados que tú aprendiste a dar sin haberlos antes recibido, perdóname por no habértelo dicho más, perdóname por llenarte la cabeza de miedos cuando no eras más que una niña con ganas de jugar con otros niños y niñas.

Te quiero pequeña, y lo de pequeña es un decir, porque siempre has sido muy grande, casi tanto como el corazón que llevas ahí dentro.





domingo, 11 de agosto de 2024

Cuento para niñas rebeldes


Era una niña tan buena tan buena que nadie debía decirle nunca nada, ni de ella ni de su comportamiento. 

El lugar se fue llenando de más niños y niñas que no eran tan buenos, y a los que se les puso a temprana edad la etiqueta de "problemáticos" y "rebeldes", no es de extrañar que la atención de gran parte de los adultos se focalizara en estos menores, dejando a esa niña tan tan buena algo solitaria y perdida; los niños y niñas aumentaron en aquel lugar, y esa niña fue desapareciendo, primero fue su nombre el que cayó en el olvido y, progresivamente, fue notando como ninguna de las miradas se dirigía a ella.
Siempre había sido muy buena, pero se esforzaba por serlo más y más, pues mamá decía que las niñas buenas siempre tendrían a alguien que les quisiera, aunque empezaba a preguntarse si ese alguien en su caso existía, pues apenas percibía muestras de amor o cariño, y su excesiva generosidad y sumisión había provocado que varias personas ya le tratasen como una adulta, cuando lo que ella quería era jugar, que vieran cómo bailaba o pintaba, y que le llenasen de abrazos y halagos, pero escasas veces eran las que recibía este trato por parte de otros. 

Había sólo un tipo de momentos en el que volvía a sentir que existía y en el que se sentía realmente valiosa, estos ocurrían cuando mamá veía sus buenas calificaciones, cuando papá necesitaba ayuda de ella para algo, cuando sus amigos estaban tristes y necesitaban de su cariño o cuando alguien le pedía ayuda para alguna tarea; en estos momentos se sentía una verdadera superheorína en la que solo ella podía ayudarles y hacerles sentir bien, por lo que siempre estaba dispuesta a hacer lo que hiciese falta por el otro. Luego volvía a desparecer entre la multitud, pero esos minutos de volver a existir a través de varias miradas suplicantes y la infinidad de halagos que recibía a posterior le hacían sentir que sí que, tal vez, sí que había personas que le querían ahí fuera. 

Pero un día todo cambió; esa niña enfermó gravemente y no le quedó otra que quedarse en la cama, durante este tiempo no pudo prestar ayuda a otros y, ante su irremediable situación, empezó a recibir miradas de desprecio y reproches por parte de mamá, papá y por parte de varios niños y niñas con los que había crecido. A esa niña le empezaron a tachar de "egoísta", "rara" y "despistada" por no estar presente cuando le necesitaban, etiquetas a las que la niña siempre había temido, pues era el camino que seguían otras niñas problemáticas y rebeldes y a las que, como decía mamá, no tendrían nadie que las quisiera porque acabarían cansando a todo el mundo. 
La niña se sentía algo confusa pues, al contrario de cómo se imaginaba que experimentaría estas etiquetas, se sentía realmente liberada y feliz sin necesidad de que nadie le mirase, por las noches se armaba de valentía y salía fuera a jugar durante horas, hacía tantos años que no lo hacía... nunca había sentido tanta felicidad como en aquellas noches.

Mamá tenía razón, pero se le había olvidado decir la última palabra; mamá decía que a las niñas buenas siempre alguien les querría, pero lo que quería decir, en realidad, es que a las niñas buenas siempre alguien les querría agarrar. En cuanto esa niña olvidada descubrió esto empezó a decidir cuándo sí ayudar a otros y cuándo no quería o podía, empezó a salir también por el día a jugar, se perdió varias veces a sí misma, a veces en su propio interior y otras entre los brazos de personas que mucho sabían de besar, pero poco del amor.

Su madre se esforzaba por enderezarla y le transmitía las continuas decepciones que en ella iba generando; le decía que había dejado de ser buena y le preguntaba que qué había ocurrido. La niña experimentaba un gran dolor en este tipo de momentos y solía permanecer callada, hasta que un día, en una de esas ocasiones en las que su madre le repetía que ya no era una niña buena, ella contestó:

- Mamá, pero ahora existo, soy real y he conocido a un montón de niños y niñas que quieren jugar conmigo y que me quieren, aún sin ser buena, ¿te lo puedes creer?.

Ese día su madre sintió un gélido frío dentro de esa jaula en la que había nacido y crecido, y esa niña, por primera vez, sintió en sus propias carnes la libertad plena de ser como quisiera ser sin miedo a perder el amor de los de ahí fuera. Se tenía a ella, se quería a ella siendo cada día de una manera distinta, y desde entonces esa niña se pasa los días jugando en el parque y volando, desde el columpio, hasta las estrellas y más allá.

Nunca una niña tan rebelde se había sentido tan feliz y querida. 

viernes, 9 de agosto de 2024

El día que muera será un día como otro cualquiera

 

El día que me muera será un día como otro cualquiera, no habrá titulares hablando de mí, no aparecerán mis allegados hablando de la gran persona que era, o que sentían que era, ni tampoco se llevará a cabo ningún tipo de acto conmemorativo en mi honor. 

El día que me muera desapareceré de este mundo y quedará solo mi recuerdo en algunos de los corazones de las personas que me acompañaron en vida, pasarán los años, esas personas fallecerán y mi recuerdo caerá en el olvido como si nunca hubiese existido, suena algo triste y desesperanzador, pero si tuviéramos esto más presente en nuestro día a día tal vez nos haríamos más responsables de nuestras vidas y se reducirían nuestros miedos a qué pensará el otro de nosotros.

Os contaré algo; el día que me muera no quiero titulares anunciándolo, ni que mis allegados tengan que hablar de mí si no quieren, ni ningún tipo de acto conmemorativo, ni mucho menos que se note mi ausencia; me conformo con dejar las cosas un poco mejor de lo que las encontré, y no hablo solo de tolerancia, condiciones de vida o gestos de generosidad, hablo del interior de las personas en los que haya tenido la suerte de vivir un ratito. 

Que quien dijo una vez que nunca tenía suerte lo dejara de decir después de haber compartido nuestros caminos, que quien creía que no era capaz se sintiera ahora capaz de todo, que quien decía no creer en el amor sea quien se refugia en él cuando ya no esté yo, que quien defendía ese "ojo por ojo y dientes por diente" descubriera, tras coincidir conmigo, la generosidad como una nueva vía a través de la cual cambiar el mundo, que quien no solía reírse a menudo se descubra riendo por la calle pensando en algún recuerdo conmigo, que quien sentía soledad ya nunca más la sienta, que quien usó la etiqueta de "rara" con alguien descubra que debajo había todo un mundo, que quien no quiso compartir de su plato ahora sea quien llene el plato de otros, que a quien le dijeron que no era capaz sienta que en mí encontró su "sí puedes", que quien decía no tener hogar lo encontrara en mí y descubriera, tras mi ausencia, donde estuvo siempre su verdadero hogar, que quien golpeó descubra la infinidad de personas que prefieren ser fusiladas antes que agarrar un arma, que nada cambie, pero que haya algún pequeño "clic" en el interior de algunos universos que haga que absolutamente todo cambie.

El día que me muera no quiero a nadie vestido de negro, quiero que os pongáis vuestras prendas más coloridas, que os dejéis la voz en mi nombre, que haya bailes, besos y abrazos, que alguno de los recuerdos en los que aparezca os saque una sonrisa y que os emocioneis cuando os miréis en el espejo y descubráis los reinos de mi mundo. Y que os queráis, por favor que os queráis, el día que me muera me gustaría que os quisierais tanto que hasta me llegue a mí parte de ese amor que sentí y que me hicisteis sentir en vida.

El día que me muera me gustaría dejar las cosas un poco mejor de lo que las encontré, no quiero ni puedo salvar el mundo, seamos sinceros, el mundo solo se salvará tras nuestra extinción, tampoco quiero ni puedo salvaros a vosotros porque, antes o después, acabaremos todos cayendo en el olvido, de la tierra venimos y a la tierra volveremos. Por eso solo me gustaría, el día que me muera, que sintáis tanto amor en vuestro interior que os sea imposible no sonreír sin querer, si lograra eso yo ya podría decir que he triunfado con creces en esta vida.

El día que me muera seguirán los coches a primera hora con sus bocinas molestas, la gente seguirá con prisas por el metro, morirán muchas más personas ese día y nacerán tantas otras, los parques, si es verano, se llenarán de gente, y las noticias hablarán de nuevos escándalos políticos, del resultado del último partido de fútbol y de la nueva exposición del museo del Prado, pero si en el interior de alguna de las personas que amé o que me amaron ocurre ese "clic" entonces habrá cambiado absolutamente todo. 



lunes, 5 de agosto de 2024

Mirando hacia dentro


Hacía tiempo que no miraba hacia dentro y ya tocaba; está siendo más duro y doloroso de lo que recordaba, pero necesitaba frenar de nuevo y sentarme un rato a hablar con esa niña preciosa que habita en mi interior.
Empecé desnudándome al ritmo de una balada romántica, mi piel estaba fría y se erizaba mientras más me asomaba en esos ojos, alguna que otra lágrima se deslizaba veloz por mi pecho uniendo la trayectoria de mis lunares y marquitas, y mis piernas temblaron cuando los miedos salieron de sus escondrijos, no sabría decir quiénes estaban más asustados, si ellos o yo. 

Respiré hondo, intentando mantenerme tranquila, pero sin pretender esconder mis lágrimas ni mis emociones, nos cogimos de la mano y fuimos a dar un paseo mientras observábamos las distintas habitaciones de nuestro palacio orgullosas de cada una de ellas y de la persona en la que nos habíamos convertido y en la que nos seguimos convirtiendo, los miedos nos seguían de cerca y se iban haciendo pequeños según les íbamos escuchando y abrazando a ellos también.

-Te he echado de menos.
-Yo también.

Nos emocionamos a la vez, ella me recuerda que siempre ha estado aquí dentro, yo sonrío y le indico  que ya lo sabía, nos agradecemos en varios momentos una infinidad de cosas y nos llenamos de mimos, cuidados y de amor.
Hacía tiempo que no me paraba a observar las vistas tan preciosas de nuestro reino, nos ponemos a llorar al verlo tan lleno de emociones, sentimientos, colores, flores... tan lleno de vida; no siempre fue así, no siempre fue tan grande, fuerte ni bonito, tal vez por lo desierto que estuvo tiempo atrás lo valoramos y cuidamos tanto ahora. 

A veces me cuesta creer que esta sea yo, que sea tan fuerte, valiente y preciosa, no siempre lo fui, o no siempre fui capaz de darme cuenta que lo era, por eso necesito estos tiempos y momentos para mí, para recordar mi propio valor y poder y salir ahí fuera para seguir acercándome a la mejor versión de mí misma.

Que ganas tenía de volver a verte pequeña guerrera.

Descansa, prometo que mañana nos volveremos a ver. 


sábado, 3 de agosto de 2024

Vestido rojo y corazones abiertos


La sonrisa de amelie de la que habla la canción la tengo delante de mí, me invita a subirme en ella y columpiarme como si no existiera el miedo, como si fuéramos dos niñas que se han escapado por primera vez del colegio y estuvieran ansiosas de descubrirlo todo, incluyéndose a sí mismas y a ese juego del amor al que llevan jugando ya varios años juntas. 
Es preciosa y yo estoy tan enamorada de ella que a veces intento aguantar el sueño para que sea ella la primera que se duerme y yo pueda disfrutar viéndole dormir acurrucada sobre mi pecho, hemos aprendido mucho de nosotras mismas y de la vida agarraditas de la mano y seguimos siendo capaces de volver a jugar al escondite o al pilla-pilla cuando las cosas fueras están demasiado serias o grises, me hace reír hasta en los momentos más serios en los que a nadie se le ocurriría reírse, es divertido ver las diferentes reacciones de las personas ante su presencia y su forma de ser, estar con ella es una aventura continua en la que, aunque a veces parezca complicado, siempre terminamos riéndonos o besándonos en cada rincón, me parece preciosa su manera de ser y de ver el mundo, hay tanto de nosotras por cada esquina, hay tanto amor...
El eco de la risa nuestras amigas procedente de aquellos lugares en los que fuimos felices, un pasillo con las canciones que nos hacen bailar hasta las tantas, olor a pasta recién hecha, el sonido de los besos sonoros llenitos de amor, los abrazos en los que se acercan corazones para escucharse y sentirse bien, las luciérnagas de miradas preciosas y el "te quiero" después del beso que me hace sentir en una historia de amor preciosa en la cual nuestras niñas nunca dejar de bailar y mirar hacia arriba esperando ver una estrella fugaz sin darse cuenta, sin darme cuenta, de que esa estrella la acabo de encontrar en una mirada emocionada que me observa y me escucha hablar de todo lo que llevo aquí dentro. 
Te quiero mucho amor mío, que bonito es el mundo agarradita de tu mano. 

jueves, 18 de julio de 2024

Una cita salvaje


Quiero una cita contigo en la que perder antes los miedos que las bragas, quiero una caricia que me ponga la piel de gallina, un beso en la frente, risas tuyas y mías que nos hagan recordar lo que nos queremos, quiero un beso apasionado mezclado con unos gramos de "esto no cambiará nada" de lo realmente importante, quiero sentirme deseada en brazos de personas que sean las mejores cuidando y queriendo, me la suda como follen. Quiero bailar al ritmo de una respiración agitada y sentir unas manos haciéndome cosquillas en las mismas zonas que tenía escondidas bajo la etiqueta de "feas", quiero empezar comprometiéndonos a un café rápido y terminar a las tantas perdiendo la cuenta de las cervezas que llevamos, quiero dejarme querer y querer tanto como pueda, quiero que los miedos no tengan espacio aquí y que la comunicación y la ternura sean nuestras vías para cuidar lo que ya tenemos. 
Que esto no es más que otro lenguaje del amor, y que si te robo un beso pues será solo eso, un beso, pero en esta historia lo realmente importante no tiene que ver ni con besos ni con polvos salvajes, pero no por ello te lo negaría.
Quiero una cita, no, quiero muchas citas preciosas con personas que lo sean aún más, pero mi criterio respecto a qué tipo de citas quiero y con qué personas ha cambiado bastante; solía quererlas, y en ocasiones tenerlas, con personas capaces de devorarte sin parar que lograban con sus manos tocarte como un pianista profesional, el fallo venía con lo que venía después, o mejor dicho, con lo que no venía; un beso rápido y vacío, silencio ruidoso y un "en 5 minutos tendríamos que irnos de aquí".
Pasó el tiempo y ahora solo quiero esas citas con quien sepa hacerme sentir de todo sin ponerme un dedo encima y con quien pueda reírme en mitad del polvo, creo que no hay señal más fiable de que ha sido un polvazo que esa; quiero jugar contigo, perder bragas y vergüenza, contemplarnos desnudas y reconquistar nuestros cuerpos y nuestro propio deseo, devorarnos con ganas y que nuestros gemidos sean esa muestra de libertad y confianza con la que poder abandonar el control y los miedos durante un rato. 
Quiero una cita tan preciosa y tan llena de vida y ternura que no nos importe perder ese último metro si es por despedirnos bien de verdad. 

miércoles, 17 de julio de 2024

Última vuelta


Me abrazan tan fuerte que me derriten la aparente coraza, que distancia más de lo que protege, y me generan un terremoto aquí dentro de emociones preciosas, tanto como lo son ellas. 
Noto ya la presión de la cuenta atrás, el miedo a la despedida inevitable y me escondo en un baúl lleno de recuerdos con los que me acuesto cada noche; me intento dejar querer y cuidar, sigo sin ponerlo fácil, pero ellas lo hacen con tanto amor y ganas que lo consiguen siempre.  
La niña de aquí dentro siente algo de miedo a que todo haya sido un sueño o a que todo vuelva a desvanecerse, se queda un rato más asomada a esa ventana viendo como le abrazan, le besan, le miman y le quieren y se emociona varias veces al día al sentirse tan feliz, a veces le sigue costando creer que la persona tan preciosa de estas última semanas sea ella, pero lo es, sí lo es, ellas tienen ese superpoder de acercarla a ser la mejor versión de sí misma.
Juntas nos agarramos de la mano, cerramos los ojos, respiramos hondo como cada vez que estamos a punto de sentir algo de dolor, y nos emocionamos al darnos cuenta de que seguimos siendo capaces de poner todo el corazón en cada instante, hay momentos en los que logramos durante unos segundos parar el tiempo y es algo realmente mágico.
Que suerte he tenido, algo muy bueno debí hacer en otra vida por poder haber coincidido con ellas en esta, me quedaría toda la vida en el fondo de esos ojos con preciosas constelaciones o en el columpio de la curva de su nariz; estos instantes son algo parecido a saltar al vacío sin paracaídas y notar, en el mismo momento en el que creías estar cayendo, unas manos rodeándote e impulsándote hasta las estrellas. 
Les quiero muchísimo, y ojalá hacerme vieja agarradita de sus manos. Noto ya que me cuesta disfrutar del todo por la presión de que esto se acaba, a veces me limito a observarlas en silencio y disfrutar de la infinidad de detalles especiales que guardan en su interior. Joder, no te has ido y yo ya estoy echándote de menos, tengo un poquito de miedo, pero me siento orgullosa de haberlo vivido todo con el corazón en la mano y la cabeza en las nubes, gracias por seguir estando a mi lado y por no irte nunca, ni hasta cuando llegue ese temido y maldito abrazo de despedida.

sábado, 29 de junio de 2024

Reconciliarse, desnudarme ante ti y seguir respirando

 

Quiero alguien que no tenga miedo a quedarse, que se muera de ganas de conocerme, aún poniéndolo yo difícil en ocasiones, quiero que me escuchen, que me miren, que me abracen y sentir que están algo más cerca, sin importar los kilómetros que nos separen; quiero romperme en los brazos de alguien, perder el control y las formas y que sepan lo que hacer en ese momento para seguir haciéndome sentir segura, quiero que piensen en mí y que quieran saber cómo me va todo, que me sorprendan un día cualquiera o que se acuerden de que ayer tenía algo importante. 

Tengo personas que ya hacen todo esto, pero me gustaría que algunas otras lo hicieran algo más o mejor, saber cómo pedirlo o saber decirlo en voz alta, reconocerme frente al espejo herida algunos días, reconocer que necesito a veces del otro, que yo sola no puedo, y no dejar de sentirme fuerte y valiente por ello. 

Quiero reconciliarme con la parte más oscura de mí, la más herida, miedosa y vulnerable, y atreverme a mostrarla de nuevo a los de ahí fuera, hablar de que tan importante es saber irse a veces como querer quedarse y demostrarlo en otras, y que ahora lo que quiero es que seas tú quien me cuides a mí, ser capaz de abandonar el eterno rol de cuidadora y reconocer que para seguir disfrutando dicho rol debo habitar también el de dejarme cuidar y querer.

¿Miedo? Muchísimo, pero necesito mirar hacia dentro y recordar, de nuevo, que los valientes no son los que no tienen miedo, sino los que son capaces de mostrar estos ante otros, incluso ante sí mismos.