lunes, 4 de abril de 2022

¿Cómo se pide perdón antes de haberla cagado?

Y ahí estabas, sonriéndole a la pantalla del móvil como hacía tiempo que no lo hacías, eligiendo la lista de canciones románticas que tantas otras veces dijiste que eran demasiado ñoñas para ti, y sonriendo a la nada sin saber exactamente el motivo, o sin querer saberlo del todo ante el riesgo de que los miedos asaltaran las murallas de tu castillo como ya habían hecho en historias pasadas que aún duelen alguna que otra noche si las acaricias sin el cuidado suficiente.
Hay muchas personas que antes de que les hagan daño prefieren hacer daño para sentir que siguen teniendo el control de algo, aunque sea del dolor que se genere; tú siempre dijiste que no eras así, pero tampoco criticaste nunca con demasiada dureza a este tipo de personas al saber, en el fondo, que tenías más cosas en común con ellas de lo que te quisieras.
Me gustaría creer que fueron los miedos los que te obligaron a huir a media noche, me gustaría creer que luchaste contra ellos intentando que esta vez ganara el amor sobre el miedo, me gustaría creer que si no me pediste ayuda es porque creíste que podrías vencerles y no por orgullo, me gustaría creer que te fuiste porque te hice lo suficientemente feliz como para que la niña que llevas ahí escondida bajo ese caparazón se asustara al sentirse realmente querida por ser tal y como eres, me gustaría creer ahora que estás volviendo, que no te has ido del todo.
Pero no estás, te busco entre las sábanas manchadas de sexo y ausentes de valentía y amor y le grito a la almohada que debería haber protegido tus sueños e ilusiones para hacerlas fuertes y grandes en la batalla contra esa montaña de temores que tanto te cuesta mostrar del todo; perdieron el enfrentamiento y saliste a media noche dejándome el cuerpo lleno de besos y el interior lleno de un ruido ensordecedor.
Me quedé con tu último "te quiero" plácidamente dormido sobre mi clavícula y el dibujo de un corazón realizado con tus manos sobre mi espalda.
Es por esto por lo que estoy segura de que tu ausencia hoy en esta cama no se debe a la falta de amor, sino a un exceso de miedos. 
Duele, y sé que según vayan pasando las horas dolerá más, pero ¿sabes qué?, al menos esta vez puedo sentirme orgullosa de no haber sido yo la presa de los miedos, la que se dio a la fuga, yo me quedé aquí en nombre del amor que siento por ti, el mismo que me hubiera gustado que a ti te hubiera servido de razón más que suficiente para quedarte, no fue así, pero eso ya da igual. 
Duele y siento una tristeza amarga e intensa acomodándose en mi interior dispuesta a quedarse a mi lado de nuevo durante los próximos meses, pero también experimento cierta alegría o consuelo por mi avance, arriesgado pero valiente, de haber decidido pasar la noche en esta cama fantaseando, mientras me besabas, con la disparatada idea de encontrarte a mi lado abrazándome hoy por la mañana.
No te encuentro, no estás, pero eso ya es lo de menos, siento que los miedos te hayan capturado de nuevo.
Se acerca la Navidad, pero aquí dentro es primavera incluso sin que el dolor haya desaparecido todavía.

lunes, 28 de marzo de 2022

Con los miedos a contracorriente


Ayer vi a un puñado de miedos desparecer de golpe mientras hacían todo el ruido que podían para poder quedarse un ratito más. 
Es curioso, pero había establecido ya cierto apego con algunos de ellos y aún estoy esforzándome para que se queden, aún habiendo deseado durante mucho tiempo su ausencia, supongo que es porque los miedos, aunque te impidan disfrutar de muchos momentos, también te protegen de posibles situaciones dolorosas y al final sin ellos ahora me siento desnuda del todo.
Pataleo durante horas, lloro, golpeo y rompo las paredes de mi habitación asegurando que no quiero esto, que estoy bien cómo estoy, maldita zona de confort, como cuesta despegarse; he descubierto hace poco que salir de tu zona de confort también puede ser permitirte sentir de una forma en que te estabas prohibiendo hasta el momento y esto me genera tanto miedo como entusiasmo. 
Yo ya he estado aquí, en otro momento y en otra pequeña historia de las muchas que me componen, recuerdo a una niña pérdida haciendo las cosas del peor modo posible por la falta de conocimientos y de valor, recuerdo a esa niña llorando en su cama contra la almohada para que nadie la escuchase y recuerdo como se prometía frente al espejo que nadie más nos volvería a hacer sentir un día la persona más especial del mundo y al día siguiente la pieza más prescindible de todas. 
Pero, ¿quién te dice que vaya a pasar lo mismo?, han pasado muchas cosas y esa niña ha crecido mucho en muy poco tiempo; seré sincera, todo este tiempo por las noches fantaseaba con estos sentimientos, sobre cómo sería sentirse así, como sería entonces el día a día y qué pasaría.
¿Y si saliera bien?, que no pienses en eso, no va a salir bien y lo sabes; otra vez los miedos chillan sin parar para evitar su extinción, pero ya he tenido el suficiente contacto con ellos como para no creerme todo lo que me digan.
Cierro los ojos frente a esa vela de cumpleaños, observo a mis miedos temblorosos y les digo: no voy a morirme, tranquilos, seguiréis estando ahí, pero no me voy a prohibir sentir intensamente por vuestra existencia.
Soplo la vela, sonrío al contemplarme rodeada de personas que me quieren y me pierdo un ratito más en esa curva de su rostro mientras hasta los miedos se emocionan viéndome feliz. 

miércoles, 23 de marzo de 2022

Miedos olvidados bajo el colchón


Me escondí bajo la cama y me abracé a varios miedos fieles que seguían estando ahí. 
Me quedé muda bajo el colchón y empecé a contar despacio hacia atrás para evitar el llanto y con la esperanza de que cuando llegase a cero me sentiría mejor. 
Los miedos de vez en cuando me pellizcaban, me mordian o me abrazaban con la suficiente intensidad como para dificultarme la tarea y yo volvía a empezar; a veces, algunos días, creía llegar a cero y observar que estaba sola bajo mi cama, pero no era así, siempre notaba la presencia de algún temor, ahora algo más pequeño.
Recuerdo estar jugando al escondite bajo mi cama y pensar emocionada en que la única persona que podría encontrarme sería otra niña como yo con más miedo a la vida que a la muerte.
Ya no escuchaba las voces ni los pasos de mis amigos y uno de mis miedos creció de golpe al sentirme sola en esa casa vieja, pero familiar.
De pronto unas manos torpes levantaron parte de las sábanas que me protegían del exterior.
- Quedaros aquí, así nadie os encontrará –pronunció una voz femenina y nerviosa.

Cuando quise pronunciar palabra alguna volvía a estar a oscuras, ahora me rodeaban más miedos y juntos lograban pellizcar con más ganas y morder más fuerte, lo suficiente como para que acabara en más ocasiones de las que me hubiera gustado llorando o sintiendo que me faltaba oxígeno.
Según iba pasando el tiempo me preocupó menos que nadie se parara a mirar bajo la cama pero me ponía muy nerviosa sentir mi pequeño espacio como un campo de batalla en el que sólo podría quedar uno, ellos o yo, uno de los dos tendría que desaparecer.

A veces chillaba la palabra "mamá" como cuando era pequeña esperando que ella me diera la solución como una llave mágica, pero lo único que hacía era abrazarme, algo que me reconfortaba, y pedirme que saliera de la cama, que no era difícil.

-No puedo– pronunciaba con voz temblorosa, pero volvía a encontrarme a oscuras.

A veces intentaba negociar con ellos, pedirles cinco minutos de libertad a cambio de no volver a alejarme, siempre que lo hacía me lo recriminaban con dureza, pero ellos no aceptaban ninguna de mis propuestas y se limitaban a saltar sobre distintas partes de mi cuerpo como si fuera una cama elástica que empleasen para hacerse fuertes y grandes con cada salto. 

Hasta que un día busqué a una mujer y esa mujer me encontró, era una mujer de avanzada edad y cabello canoso, se asomó y sonrío con seguridad.
- No quiero salir – le dije con una aparente firmeza que escondía el rostro de una niña atemorizada.
- Tampoco te he pedido que lo hagas. 

Los miedos en aquel momento ya eran tan numerosos que era imposible esconderlos a todos, pero a ella no parecía preocuparle su existencia, es más, me pidió que le contase cuando y cómo les había conocido, les dejó hablar a ellos también y, para sorpresa mía, estos se sentían muy solos a menudo al haber estado siempre lejos de otras personas.

Las visitas de la mujer de cabello ceniza se fueron repitiendo y llegó un día en que decidimos salir de nuestro escondrijo; hacía un sol brillante y los miedos que ayer mordían hoy se limitaban a pellizcos suaves cuando pasaba varias semanas obligándoles a volver a nuestro viejo escondite.

Con el tiempo me hice fuerte, aumenté mi valentía y con ello llegué a ser más feliz hasta en los días más cotidianos de la semana, había dejado de esconderme, ahora era visible y me gustaba la sensación, era novedosa pero estoy aprendiendo a sentirla y disfrutarla.

Ahora ya no me escondo, y ahora cada noche me siento más libre sin dejar de estar acompañada por los de debajo de mi cama. 

martes, 22 de marzo de 2022

El juego de los dragones sin miedo


Ojitos de chocolate con un poquito de leche, nariz redondita como una de esas chuches que te dejabas para el final para disfrutarla aún más y unos labios que dibujan una sonrisa en la que columpiarse sin miedo a caer.
Tiene algo, no sabría deciros exactamente qué es, pero tiene un noseque que congela el tiempo en el segundo exacto en el que nos miramos de verdad, sus manos descifran los mapas del tesoro perdidos por mi cuerpo, el sonido de su voz me canta una canción lenta para no tener pesadillas y sus piernas juguetean con las mías de manera torpe intentando acortar distancias.
Los "te quiero" nos has dejado de dar vértigo y ahora nacen entre beso y beso con más sentimientos que control y me gusta, me gusta el instante porque siento que el tic-tac del segundero nos ha regalado este ratito mientras ahí fuera todo permanece congelado, me cuesta creer que seas a mí a quien miras con tanto amor y me es imposible no emocionarme al descubrir en tus ojos el reflejo de una chica preciosa. 
Con tus dedos lees sobre mi cuerpo una carta de amor en braille que cobra vida al sentirte cerca y aquí dentro un montón de dragones que hasta el momento se sentían frágiles mariposas se sienten invencibles, ¿qué estás haciendo?, ¿qué me estás haciendo? 

Rodeo tu cintura con mis brazos y apoyo mi cabeza en tu vientre tembloroso mientras intentas aparentar que no estás tan nerviosa como realmente estás; jugamos a explorar esto que sentimos, a ser dama y vagabundo y recordar nuestra primera cita en el italiano que encontramos por casualidad, a ser dragones que escupen fuego haciendo frente a los miedos y a juegos de princesas en los que nosotras ponemos las reglas.

Me acaricias la pierna y me siento como Cenicienta en el momento en que todos descubren que su pie encaja perfectamente, me besas la mano y después la sonrisa inevitable y constante de mi rostro, ya ha pasado la media noche y sigues a mi lado.

Te quiero, aunque me cueste creer que sea yo a quien estás mirando de esa forma tan especial, no sé cómo lo haces exactamente, pero no dejes de hacerlo por favor. 


martes, 15 de marzo de 2022

Autopsia de un puñado de recuerdos

¿A dónde viajan las personas que se han ido sin irse del todo?
Busco respuestas en los mismos sitios donde encontré las preguntas y me pongo a hacer malabares con los miedos de una niña escondida bajo mi cama para demostrarle que no son tan grandes como parecen, bailo desnuda por el pasillo la canción que años atrás me rompió sin piedad y dejo que me bese las heridas que ella misma provocó. 
Me coloco frente a esa hoja en blanco sin inspiración y recuerdo con cierto dolor cuando tu nombre era suficiente para no dejar de escribir intentando así que te quedaras de alguna forma cuando ya no estuvieras aquí; y ya sé que fui yo la que te alejó, cuanto más lejos más segura estaré, pero ojalá me lo hubieras puesto algo más complicado.
Me retuerzo de placer al ser consciente de que respiro bien sin que tu ausencia haya dejado de hacer ruido algún que otro Domingo, jugueteo con este silencio y recuerdo alguna que otra noche los días en que los silencios estaban llenos de ruido que pedía constantemente ser liberado, ser compartido para que así no creciera más, no lo hice y debí hacerlo, serte sincera, mostrarte que había bajo ese rostro sonriente y maquillado.
Encuentro una foto tuya en mi cartera, el dibujo que me regalaste y la orquilla que me prestaste al haber perdido mi goma de pelo. 
Los agarro con fuerza en señal de victoria y olvido cuál es exactamente la victoria que celebrar, supongo que lo que agradezco, te agradezco, es que me hayas devuelto los silencios sin que tu ausencia haya llegado a ser completa; con el tiempo pasó de doler a arañar y de arañar a acariciar, y gracias, porque no me siento merecedora de este trato de favor, pero a una tenía que perder y por primera vez decidí quedarme conmigo y perderte a ti.

Han pasado muchas cosas desde entonces; he vuelto a bailar todas las canciones delante de mi espejo y a sentirme preciosa en cada una de ellas, he vuelto a escribir con muchas más letras que las que componen tu nombre, he vuelto a darme una oportunidad y he recibido el beso de alguien que se emociona si me ve feliz, he vuelto a rodearme de gente y he vuelto a sentir el amor en todas sus formas y con la mayor intensidad, ya sabes que soy una intensita sin remedio.
¿Y sabes qué es lo mejor de todo?, que tú sigues aquí, a mi lado, y eso me hace feliz porque yo nunca quise irme, o no así, pero estás, aquí, junto a mí.
Te contaré un secreto; cuando estoy nerviosa tengo una lista de personas imprescindibles a mi lado, hay una persona que me da la mano y que me dice que me quiere y a mí me es imposible no ponerme a llorar, hay otras que me abrazan, otras que me llenan el rostro de besos y otras que pronuncian exactamente las palabras que necesito escuchar, y no muy lejos de ahí estás tú sonriéndome en silencio, te sonrío intentando controlar el llanto y entonces con tu energía y ganas de verme feliz me gritas sin control: 

- Venga Laura, ¡te vas a comer el mundo!, no tengo dudas de ello.

Y entonces, justo ahí, vuelvo a comerme el mundo, por cada una de esas personas que me rodean y que tanto me queréis y, sobre todo, por mí, porque al final las cosas no salieron tan mal como creía.

Te quiero. ♡



martes, 8 de febrero de 2022

Corazas de hierro


Cuando colocamos una coraza al corazón somos muy conscientes de que lo hacemos para que nadie pueda entrar, o no fácilmente, pero se nos olvida que su existencia también impide que salga lo de dentro. 
Ese día llevaba una coraza en su pecho que apenas dejaba al descubierto lo que había tras ella, parecía fuerte y segura de sí misma, parecía alguien a quien no le importara demasiado lo que el resto de personas pudieran pensar de ella y a quien no le iba mucho eso del amor; la existencia de una coraza puede transmitir muchas falsas sensaciones y apariencias como frialdad, indiferencia, orgullo o rabia, pero en realidad lo que esconde una coraza es miedo ante una de las experiencias emocionales más intensas pero inevitables que podemos vivir, que es la de ser conscientes de que sentimos el dolor con la misma intensidad con la que nos hayamos permitido sentir el amor. 
Me acerqué con cuidado y apoyé mi cabeza en esa armadura de hierro, escuché entonces a una niña llorando en su interior ante el terror que sentía al ver cómo había descubierto pequeños agujeros en esa coraza que aparentemente le protegía. 
Me senté a su lado y evite cualquier contacto ante mi temor de poder asustarla, entonces fue ella quien agarró mi mano y señaló varias partes del interior de su caja torácica. 
- Duele aquí, aquí  y aquí. 
Entonces con extremo cuidado besé lentamente cada una de las zonas de su cuerpo que me había señalado y me perdí en esos ojos oscuros que no dejaban de brillar. 

- Eres humana y  preciosa por esto, por esto y por esto  -le dije señalando las partes de su cuerpo que me había señalado antes.

Entonces fueron cayendo más partes de esa coraza y quedando al descubierto más habitaciones en las que habitaba esa niña que ahora se encontraba algo menos asustada y mucho más risueña.
Tenía una sonrisa preciosa y lo único que podía hacer era abrazarla mientras mis ojos se humedecían al imaginar el tiempo que llevaría encerrada en su propio interior por la falta de cuidados por parte de personas pasadas, a veces el miedo que sentimos puede llegar a ser tan grande que nos encerramos en una habitación creyéndonos que el dolor no nos volverá a encontrar y acaba siendo el miedo quien nos hace aún más daño. 
Volví a besar esa sonrisa tan bonita, rodee con mis brazos un cuerpo algo tembloroso ante el miedo o la adrenalina que estaba experimentando y dibujé corazones uniendo los lunares de su cuerpo; y no puedo explicar exactamente cómo ocurrió, pero ese día me quedé a dormir con ella y logramos volver a admirar toda la belleza que guardábamos bajo nuestras corazas.






sábado, 15 de enero de 2022

Simplemente ella

Hoy es uno de esos días en los que si me preguntáis cómo estoy señalaría al corazón con un puñado de miedos y varios sacos de felicidad, no diría palabra alguna, no hace falta, luego volvería a colocarme los cascos y seguiría disfrutando esa canción tan romántica y que tantas veces he escuchado imaginando escenarios fantástico en los que el miedo desaparecía y sólo quedaban las ganas de sentir tanto amor como pudiéramos. 
Pero ahora mismo pienso en algo real; pienso en una sonrisa pequeñita que me tienta a besarla sin parar y en unos ojos de color caramelo que se humedecen al mismo ritmo que mi corazón se va ablandando, y no sé qué está haciendo exactamente pero siento un hormigueo en mi estómago y un montón  de fuegos artificiales cada vez que me besa, y me gusta, me gusta mucho no saber por qué estoy sonriendo al verla bostezar algo cansada o al contemplar su peculiar manera de de liarse los cigarros sin dejar de sonreír, no sé... estoy cagada de miedo, y sé que esta no es una manera muy poética de expresarse, pero me da igual, porque es real y con eso basta, tengo mucho miedo porque la quiero, sí, la quiero mucho y siento que cada vez la quiero un poquito más, y no estoy hablando de empezar a contar el tiempo que llevo sintiendo esto, ni de flores, ni de bombones ni de grandes parafernalias; a la mierda, que se vaya a la mierda todo eso que se hace con excesos de postureo y con ausencia de amor, yo estoy hablando de algo mucho más pequeñito y especial.
A veces caminamos por calles abarrotadas de gente y yo sólo quiero ver su carita ilusionada observando escaparates y al resto de personas, son alucinantes sus gestos y distintos rostros; y de pronto ella me mira, y yo sigo mirándola, y entonces con decisión una mano pequeñita se cuela entre mis dedos y aprieta mi mano con todo el amor que lleva dentro. 
Miedo, pánico, ilusión y mil granadas explotando aquí dentro, me gusta, me gusta tenerla de este modo, me gusta el momento pero me pueden los nervios en muchas ocasiones, venga rompe el hielo, di algo, lo que sea.

- ¿Qué piensas?

Entonces mira al suelo y sonríe. 

- Pienso que me gustaría estar 5 minutos más a tu lado. 

Esto si que es una declaración de amor, y me lo está diciendo a mí, que fuerte. 

¿Veis?, así ocurre, sin fuegos artificiales ni música que te reviente los tímpanos, algo aquí dentro se enciende y tiemblo, tengo miedo, pero la quiero, joder que si la quiero... me hace sentir la chica más preciosa y especial de Gran Vía un Sábado por la noche, y los Domingos han dejado de ser tristes, no sé, es complicado de explicar, pero es tan fácil de sentir... me siento feliz y tenía ganas de escribir(te).

martes, 28 de diciembre de 2021

A la chica del espejo:

Repite conmigo: 

Soy mucho, valgo mucho y merezco mucho.

Así, muy bien, colócate enfrente de ese espejo donde no siempre supiste encontrarte y vuelve a decírtelo en voz alta tantas veces como sea necesario para que te lo creas. 

Soy mucho, valgo mucho y merezco mucho.

Estoy muy orgullosa de ti y te quiero, te quiero mucho por no haber dejado de dibujar corazones en las paredes ni hasta en los días más negros en los que la vida se hacía cuesta arriba y en los que creíamos habernos quedado solas, nunca lo estuvimos, pero era necesario sentirnos así para volver a encontrarnos, mirarnos con miedo pero decididas y pegar nuestro grito de guerra siendo las protagonistas de nuestra propia historia, no dejes que nunca nadie vuelva a quitarte esa posición, es tu historia, nuestra historia, y nosotras decidimos el camino.
No han sido años fáciles, aunque esto no significa que hayan sido malos, han sido años complicados porque hemos crecido y evolucionado de golpe en muy poco tiempo y eso implicó, implica y seguirá implicando numerosos cambios, pero sé que cada vez el miedo que nos generan es menor al haber aprendido a visualizar en esos cambios ventanas abriéndose de par en par mostrándonos nuevos mundos preciosos que no podríamos haber descubierto si no hubiéramos sido lo suficientemente valientes como para salir de nuestra guarida.
Estoy orgullosa de ti, porque lo estás haciendo muy bien aunque a veces creas lo contrario, te estás y me estás demostrando que eres más valiente de lo creíamos y que el amor y la ilusión que guardamos aquí dentro nos puede hacer imparables, creo que por eso cada vez logramos confiar más en nosotras mismas y hacer caso a lo que nos digan las tripas, porque hemos descubierto nuestro poder, nuestro valor, y por primera vez hemos sido conscientes de que el primer lugar al que debemos llamar "casa" porque así lo sentimos somos nosotras mismas, después sé, o espero, que sigan llegando a nuestra vida personas que nos hagan sentirnos igual, gracias por haberlas querido con todo tu corazón y no a medias, admiro mucho esa capacidad tuya, pero no te olvides nunca de ti, pues eres la persona más importante de la historia. 
¿Sabes?, eres alguien muy especial,  y ojalá vuelvas pronto a creértelo de nuevo y a no volver a olvidarlo nunca, eres especial por tu manera de dejarte corazón y entrañas en aquellos lugares que te hicieron y que te hacen feliz, eres especial por tu forma de observar el mundo que te rodea y crear otro inmenso dentro de ti, pero sobre todo eres especial por ser tú tal y como eres, así que por favor cuídate y quiérete lo suficiente como para darte cuenta de la suerte que tienen las personas con las que compartes tu vida de tenerte a su lado, sé que siempre hemos creído que éramos únicamente nosotras las que habíamos tenido suerte de coincidir con ellas, pero también tienen mucha suerte ellas de haber coincidido con alguien como nosotras, así que por favor, no te vuelvas a olvidar de esto nunca.
Vuelve a leerlo y creértelo:

Soy mucho, valgo mucho y merezco mucho.

Nadie da nada que no tiene, así que imagínate todo lo que tienes ahí guardado dentro de ti, gracias por tus esfuerzos de hacerlo más visible de puertas hacia fuera, tenía ganas de que dieras este paso y espero que sigas por ese camino.
Gracias de verdad, por cuidarme y quererme tan bien como lo haces, prometo que serás la primera persona a la que empezaré a agradecerle más cosas y a recriminarle menos; sé que no están siendo años fáciles, pero cada vez estoy más segura de que estamos cerca de una nueva ventana que abrir de par en par y a través de la cual descubrir un mundo completamente distinto a los demás. 
Ábrela, coge al miedo de la mano, abrazalo y abre esa ventana pequeña gran guerrera, el mundo es tuyo, la vida es tuya y tus sueños son tuyos, vete a por ellos a muerte con el amor por bandera y con tu fuerza y valentía de la mano, cree en ti y no dejes de hacerlo nunca, lo estás haciendo muy bien y cada vez te admiro más por ser tal y como eres, un persona extraordinaria. 
Feliz Navidad, te quiero ♡ 


martes, 21 de diciembre de 2021

Es Navidad, vuelvo a casa de su mano y soy feliz


Ha sido un día largo y cansado, la semana en varias ocasiones se ha hecho demasiado cuesta arriba y parecía que este día no iba a llegar, pero llegó y ha salido todo mucho mejor de lo que nos lo habíamos imaginado, me costaba imaginar el momento al ser la primera vez, pero tenía ganas de este tipo de cosas. 
Apareciste con esa mirada especial que tienes, algo más brillante de lo normal, tal vez por la felicidad del reencuentro, tal vez por la cervezas que ya te habías tomado a lo largo de la tarde.
No sé si fue esa mirada, mitad traviesa y con ganas de verme perder el control y mitad dulce y con ganas de abrazar y excusarse en el frío, o esa media sonrisa pequeñita que tan bonita es aunque creas lo contrario pero conseguiste en sólo unos minutos conquistar al resto de personas que rodeaban la mesa y abrirte un poquito el lado izquierdo de tu pecho para que pudieran apreciar lo que a mí ya me habías dado el privilegio de conocer hace un tiempo, a una persona especial en todos los aspectos que por muy dura y fría que parezca se derrite si se siente querida de verdad. 
A veces es bonito este instante, el momento en que te estás riendo a carcajada limpia porque eres feliz y porque sabes que, al final y contra todo pronóstico, lo estás haciendo bien, me parece muy bonito este momento porque no ha sido fácil llegar hasta aquí y porque sentir el calor de tu cuello entre mis brazos y tu mirada cuidándome y queriéndome bien es de los mejores regalos que podría recibir estas navidades. 
Y que te quiero, y que sí, que ya sé que mejor despacio y pasito a pasito que pagarnos la leche, pero que te quiero mucho y que me hace feliz estar ahora volviendo a casa de tu mano, me hace feliz porque a tu lado sé que todo esta bien aunque ni sepa qué viene ahora, me hace feliz porque me siento preciosa cuando me miras con esa carita, me hace feliz porque contigo es como un juego de niñas en el que siempre queremos quedarnos cinco minutos más jugando, y me hace feliz porque contigo he crecido en todo este tiempo muchísimo, me has abrazado con todo el amor del mundo tras cada paso importante y ahora en Navidad me ayudaste a abrir una nueva ventana a través de la cual apreciar todo lo que nos queda por descubrir. 
Por eso me haces feliz, por eso me hace feliz, que sea Navidad, estar de tu mano cogida y que seas justo tú quien camina a mi lado siendo casi tan feliz como lo soy yo contigo.

martes, 23 de noviembre de 2021

Pies fríos y corazón caliente 🤍


Andábamos equivocados; el amor no son grandes parafernalias,ni palabras grandiosas, ni besos de película... todo eso puede ser parte del amor, pero no es lo que demuestra la existencia o no de amor real.
El amor son conversaciones incómodas, pero necesarias, el amor es reconocer heridas pasadas que todavía están curando y recibir una caricia y un beso de buenas noches, el amor es llorar sin ocultar la cara por primera vez y descubrir que eres más valiente de lo que crees, el amor es perdonar y perdonarse, el amor es besar el recorrido de una lágrima y que no te asuste su existencia, creo fírmemente en el amor y me declaro fan absoluta de todas sus diversas manifestaciones, pero los cuentos de hadas olvidaron mencionar algunas de las partes más reales del amor; no es fácil querer ni dejarse querer en una sociedad en la que gran parte de las personas antes de que les hagan daño prefieren hacer daño, pero tampoco les juzgaría con demasiada dureza pues los miedos siempre hacen acto de presencia y a veces pueden intoxicarlo todo, pero supongo que por eso mismo el amor es algo para valientes, porque consiste en abrirse el pecho de par en par, cerrar los ojos y confiar en que esta vez no dolerá, porque el amor no duele, duelen los intentos de querer sin correr riesgos o sin estar dispuesto a mostrar esa vulnerabilidad, esa vulnerabilidad existe, y reconocer su existencia, validarla y compartirla es la base para aprender a querer bien. 
El amor se podría definir de infinidad de maneras distintas, pero para hablar de él no se necesita tanto ruido, ni tantos colores ni tantos castillos enormes, esas cosas son simples adornos o productos del amor, pero el amor es algo mucho más sencillo que todo eso. 
El amor es llorar al descubierto y no sentir miedo, dormir en el pecho de alguien y sonreír sin querer, notar unos pies fríos entre los tuyos, querer quedarte a vivir ahí y que un beso en la frente sea la manera más preciosa del mundo de decir "te quiero" y espantar esa noche a todas las pesadillas. 
Porque el amor no es más que eso, dejar de ocultar miedos, reconocer su existencia y querer ganarles las batallas más feroces en nombre del amor. 

lunes, 8 de noviembre de 2021

A su lado siempre parece todo más fácil

Llego a casa, por fin, están siendo unas semanas algo complicadas, aquí dentro últimamente el ruido es constante y acabo agotada intentando encontrar algo de claridad, pero no lo consigo y aumenta el ruido y mis esfuerzos por controlarlo, por controlarme y no perder la capacidad de distinguir lo racional de lo irracional.

Me preparo mi Colacao caliente con sus grumitos y escondo mis pies fríos y desnudos bajo la manta, me encanta la sensación de que se vayan calentando despacio. Me pierdo un rato en varias aplicaciones de mi móvil que en el fondo ni me interesan, luego enciendo la televisión y disfruto mientras me imagino siendo la protagonista de esa película admirando la capacidad que tiene de no pensar tanto y pasar a la acción. 

Pasado un rato apago la televisión y mi móvil; silencio externo, ruido interno, me pido a mí misma una tregua, algo de calma, me cuesta, pero en ocasiones lo consigo. De pronto entra mi abuelo con esa mirada apaciguada y esa sonrisa que tanto amor me transmite; se sienta a mi lado, le cuento que a veces vuelvo a sentirme muy pequeña, muy torpe y muy vulnerable, sobre todo cuando se trata de las relaciones interpersonales, creo que nunca me resultarán del todo sencillas; él me besa la frente con cariño y me dice con seguridad que sentirse perdida no es sinónimo de haber retrocedido al punto de partida, que debo ser algo paciente, que estas cosas también son parte del crecimiento, aunque me cueste identificarlas como tal, mi respuesta es un "ya" poco convencida mientras él me rodea con sus brazos mientras enciende la televisión para ver cualquier película de Navidad de esas que me encantan, y más si es a su lado.

En mis ojos se cuela cierta nostalgia que intento ocultar apoyando mi rostro en su pecho, gracias abuelo, de verdad, necesitaba exactamente esto. No verbalizo ni una sola palabra, pero me responde que siempre que le necesite estará a mi lado. Me rasco la nariz con la manga de mi bata y me acuesto en el sillón, no sé cuántas películas llevo, me hace feliz pensar que en poco ya es Navidad. 

Me asomo por la ventana, las nubes tienen un color rosado precioso, seguro que mi abuelo desde ahí arriba ha movido varias cables para pintármelas  así de bonitas, me gusta mucho tenerle y poder hablar con él siempre que lo necesito, me hace sentir bien (gracias).

Termino mi Colacao, y aunque aquí dentro siga existiendo más ruido del deseado, me siento mucho mejor de lo que me sentía esta mañana.