martes, 27 de mayo de 2025

Puñado de fantasías

Ayer soñé que bailaba una balada lenta, estaba con los ojos cerrados, me asustaba abrirlos y descubrir que no era real; pero, de manera real o imaginaria, bailaba sin parar, mi sonrisa volvía a ser columpio de sueños y fantasías apoderándose de mí, y mi niña interna se rompía a llorar al verme, al vernos, de nuevo como si todavía no le tuviéramos miedo a nada.

Recuerdo que no me costaba hacerlo, que hasta me permitía, con mayor facilidad de la habitual, dejarme llevar por esa canción que tantas otras veces me había hecho tan sólo llorar. Mi cintura jugaba en el espacio a dibujar círculos y pequeños recorridos de colores, mis pies fantaseaban a ser bailarina y dragón a la vez, y mis manos creaban historias emocionantes que solo yo sentía por dentro.

Me gustaba la sensación de sentirme capaz de hacerlo sola, hacía tiempo que no lo lograba y lo echaba de menos; no sé si lo hago bien o mal, no creo que lo haga demasiado bien, pero me divierto jugando a ser distintas personas y seres mágicos sin dejar de ser yo. Parecía tan real que hasta me sentí estúpidamente ridícula al pensar en los meses anteriores, en que creía que no volvería a encontrarme; pero ahí estaba, en mitad de ese campo, respirando profundamente, ahora que la tristeza me había dado una tregua o me había dejado salir de casa un rato.

De pronto, un sonido molesto interrumpió el baile, intenté abrir los ojos, pero la luz me dificultaba los pobres intentos, cuando logré hacerlo me encontré tumbada en mi cama con cierta tristeza durmiendo bajo ella, no sé cuánto tiempo lleva aquí, pero a veces lo siento como quinientas noches. Es demasiado pronto para ponerme a llorar, así que me he tomado este sueño como una especie de señal mística de que las cosas van mejor de lo que parece.

Luego, medio dormida aún, extendí mi mano y recorrí mi cama con ella, durante unos segundos fantasee con la idea de encontrarte en algún rincón, no te negaré que me hubiera gustado hacerlo, pero sonreí pensando en ti y en la ridícula idea de que tú estuvieras pensando en mí en ese instante.

A veces un puñado de fantasías hacen que todo lo malo pese un poquito menos.

miércoles, 21 de mayo de 2025

Soledad rutinaria


Me gustaría sentirme más cuidada, más acompañada y más visible cuando estoy triste o apagada; me gustaría poder romperme más en manos que sean expertas en sostener y acariciar.
Y sé que es contradictorio, porque es en estos momentos cuando más esfuerzos solía invertir en ocultarlo ante todos, haciéndoles creer que lo tenía todo bajo control o que yo sola podía, pero no es verdad, no tengo apenas nada bajo control, o así lo siento, y yo sola no puedo con todo esto de aquí dentro; necesito y quiero del otro, y esto me asusta mucho, pero también me hace sentir más humana, más real.
Quiero que me sorprendan a la salida de mi trabajo con un ramo de flores, que me pregunten qué tal me fue el día y que me escuchen sin importar si se hace tarde. Quiero que me pidan uno de mis audios eternos tan solo porque les gusta escucharme, que me confiesen que ellos también estuvieron así de perdidos, y que eso no implica haber perdido todas aquellas cosas que me gustaban de mí, quiero un beso en la frente, por favor. Quiero que se sienten a mi lado si todavía no soy capaz de volver a bailar, quiero que me pregunten si he comido, quiero que me tapen con cariño cuando me quede dormida en el sofá, que les merezca la pena el viaje por verme 5minutos, que me sujeten el pelo al vomitar, que no teman mostrarse intensos porque saben que yo soy igual o peor. Que si tengo pesadillas o hay tormenta me abracen aún más fuerte, que me inviten a ese ColaCao los días negros, y hacer de cada día bueno una fiesta de colores, que me hagan sentir que este espacio también es mío, que durante unos minutos me hagan sentir que acabo de llegar a casa, por mí y por todas mis versiones anteriores, aquellas que aún, a veces, me hacen sentir que soy demasiado complicada o que no sirvo ni para conectar ni para recibir ese amor y cuidados. Me niego a darles la razón, que mis ritmos y procesos sean distintos no hace que no merezca la pena el camino.

En definitiva, quiero que alguien siga aquí cuando las luces se hayan apagado y el evento haya terminado, ¿hola?, ¿hay alguien ahí?.

Y no me niego a reconocer que parte de toda esta movida, de todo este proceso, sea más solitario, últimamente me cuesta lo de estar conmigo misma, sé que hay bosques en los que sólo yo puedo entrar, pero me gustaría sentir más, en el día a día, que cuando salga de ese bosque habrá personas deseando cuidarme y quererme. 

Se siente como si mi mayor miedo y mi mayor fantasía se acabaran de besar, no sé exactamente como describirlo, pero lo siento todo el rato aquí dentro.

Me acaban de volver a hacer la maldita pregunta, "¿cómo estás?", y yo lo que quiero es no tener tanto miedo a lo que vendrá después si contesto algo distinto a ese rápido y sencillo, pero hipócrita, "bien".


domingo, 18 de mayo de 2025

Luces de colores para iluminar(te) en la oscuridad


Me revienta que aquellas personas mágicas o especiales sean, a veces, quienes más pequeñitas se sientan ante el mundo y ante el resto de personas; sin duda alguna, les regalaría mis ojos si pudiera para que se vieran a través de ellos, alucinarían con el mundo tan precioso que se encontrarían al verse. 
Vivimos en una sociedad en la que se observa con admiración a quien tenga el grupo de personas más grande y, aparentemente, más increíble; y en la que se alaba de manera constante cuestiones físicas que nos hacen creer que seguro que esa persona tiene tras de sí una lista interminable de fans, olvidando siempre que en unos años todo esa fachada desaparecerá, pasando a ser esta más real, más humana.

¿Qué pasa con lo de dentro?, ¿por qué no nos paramos a observar lo realmente importante?...

Tiene en su interior un mundo tan bonito, tan lleno de amor, ternura y tan puro que me duelen esos días en que parece olvidarlo. Suele protegerse, más de lo que debería, bajo esa coraza de evitación o con una sonrisa artificial, con la que intenta que los problemas o el dolor le resbale; pero, algunos días me deja entrar ahí dentro y observar toda esa luz y magia que lleva, ojalá tengáis la suerte de coincidir con este tipo de personas. 
Creo, fielmente, que tiene un corazón que cada vez es más grande; porque estoy segura de que le crece un poquito el corazón cada vez que me ha sostenido con sus abrazos salvavidas, cada día que me pregunta cómo va mi semana, le crece el corazón cuando está pendiente de si has llegado a casa, cuando te cuida desde cerquita, y también desde lejos, cuando su mirada dibuja corazones donde veías rayajos, y sus ojos se llenan de luciérnagas para iluminar tu camino, aún sintiéndonos personas diminutas en un mundo demasiado grande y hostil en ocasiones. 

Toma, coge mis ojos, mírate un ratito a través de ellos, y descubrirás que la palabra "suficiente" se te queda pequeña y corta, que eres demasiado para una palabra tan corriente y superficial.
Tienes una fachada preciosa, aunque a veces no te lo creas; pero es que hablando de ti eso es lo que menos valor tiene. Porque, cuando entras dentro, tiene esa habitación acogedora con sus mantas para días de frío, ese sofá en el que acurrucarse, y esa esfera llena de luces y olor a comida recién hecha que hace sentir que sí, que ya estás en casa. 

No quiero ni puedo librarte del dolor, solo quiero regalarte mis ojos algún día de estos para que veas todo lo que llevas ahí dentro, y que vuelvas a descubrir que eres ese tipo de personas que son como si te hubiera tocado la lotería, el euromillón y el gordo a la vez, no todo el mundo se dará cuenta de ello, pero procura no olvidarlo tú. 
Si se te olvida llámame por favor, no siempre tienes que poder con todo tú, déjame hacerte un huequito aquí dentro, obsérvate desde aquí. Y, aunque el dolor siga haciendo acto de presencia, te prometo que pesará un poquito menos. 

lunes, 12 de mayo de 2025

Rabia atragantada


No era tristeza, era rabia.

De pequeña siempre fui una niña llorona, muy llorona; a veces, ni siquiera yo misma lograba identificar con claridad qué me hacía llorar, pero a mi alrededor todos solían formular sus hipótesis. "Es una niña muy emocional", "está demasiado mimada", "es una niña con tendencia a la tristeza"... Lo que pocos sabían, es que también era una niña con una aparente alta necesidad de afecto, y esto me hacía experimentar un alto temor a que los de ahí fuera me dejaran de querer, empezando por mi familia y terminando por aquellos más lejanos. 

Por lo que, de manera inconsciente en aquel momento, me esforzaba mucho en cumplir con exactitud las normas y expectativas.
En temas académicos, hasta la universidad, iba de suspenso en suspenso hasta llegar a ese costoso aprobado bajo, pero las normas asociadas a mi género para ser merecedora de afecto las sentí sobre mí a muy temprana edad. Ya que en los estudios era decepción tras decepción, en las segundas debía hacerlo de diez.

"Una niña muy buena", "siempre ayudaba a sus iguales", a los que a veces cuidaba y dedicaba más tiempo que a mí misma, "dulce", "cariñosa", "tímida" y que "nunca nunca se enfadaba", incluso si le tratabas mal, ella te diría con voz calmada que no pasaba nada, que te perdonaba o que ni le había molestado. De pequeña recuerdo a muchas personas alabar estas cualidades, sobre todo, la de no enfadarse y ser tan buena, a día de hoy me parecen unas enormes señales de alerta de las que alguien debería haberse percatado, pero no fue así. 

No digo que, parte de estas cualidades, no existan en mí y sean reales y parte de mi ser, pero otra parte de ellas se vio durante años alimentada por el: "Si me salgo de aquí, me dejarán de querer". 
Y da igual lo que te esforzaras, siempre pedían más, nunca era suficiente, la maldita palabra esa: "suficiente"... cuanto daño me hizo y me sigue haciendo todavía ahora cuando mis versiones anteriores me cargan sus miedos.
Me recuerdo en muchos momentos de esos y observo a una niña que, algunos días, sostenía una sonrisa artificial mientras por dentro le quemaba la rabia, por dentro esa niña sí se enfadaba y había cosas que le dolían y le enfurecían, tanto que muchas veces deseaba prenderle fuego a todo, destrozar las paredes, gritar sin parar y acabar agotada, pero el miedo a perder el afecto de los de ahí fuera le atemorizaba tanto que no hacía más que llorar al sentirse sin escapatoria.

Sentía rabia, no tristeza, sentía mucha rabia porque muchas cosas a mi alrededor no estaban bien y nadie parecía percibirlas. Lo que ocurría, en esa aparente normalidad y entre esas normas tan rígidas, era que una niña se pasaba horas mirándose en el espejo preguntándose si lograría seguir siendo suficiente siempre, para garantizar así que nunca le faltasen unos brazos dispuestos a quererla y cuidarla. 

Nos metieron, queriendo o sin querer, mucha mierda en la cabeza. Ahora, descubro que mi llanto era ese puñado de gritos que no pude emitir hasta alejarme de los sitios que me vieron crecer. 
Sigo teniendo muchas dificultades para expresar mi rabia, pensamientos del pasado me siguen persiguiendo; a veces, aparece en mí ciertas ansias de querer venganza, ser yo quien grite en nombre de esa niña que se cuestiona si es suficiente o si es merecedora de amor y cuidados. 

Algunos días siento rabia, mucha. Ganas de destrozar las paredes de esa habitación y mostrarle que hay vida más allá de las fronteras... todavía no sé muy bien ni sentirla ni gestionarla del todo, pero está bien sentir esto que siento. Está bien que llorase tanto, fue mi manera de sacarla fuera en aquellos años, eso me permitía sobrevivir y respirar mejor, así que está bien y es válida la rabia que sentí y siento. 

Si os gusto así bien, y sino también. No solo era una niña tímida y dulce, era mucho más que eso, muchas más emociones que no siempre me permitieron mostrar bien o del todo.

Ahora que puedo, voy a permitirme sentirlo todo bien adentro e ir aprendiendo a sacarlo bien afuera. 

jueves, 8 de mayo de 2025

Más allá de las murallas


Había una vez una niña valiente que jugaba cada día a ser alguien distinto; la princesa de ese baile real, una dragona sin miedos, un hada jugando con el amor, una ardilla aventurera o una guerrera con ansias de ponerlo todo patas arriba.

La niña corría, saltaba sin parar y se divertía con los nuevos amigos que hacía en cada aventura, muchos de ellos solían encontrar en esa niña grandes cualidades, pero ella siempre quitaba importancia a estas alabanzas, al creer que no eran más ni mejores que las que ella veía en el resto.
Pero, la diferencia estaba en que los de ahí fuera no solían pararse a observar la infinidad de reinos que llevaban dentro, algo que le parecía curioso, ya que ella lo hacía hasta sin darse cuenta cada vez que este mundo le parecía demasiado pequeño, demasiado injusto o demasiado tenebroso.

Fueron varias las noches en las que sus amigos le proponían jugar al escondite en el bosque, buscar figuras preciosas entre las estrellas, o escuchar la infinidad de sonidos misteriosos de alrededor. Ella, de manera sutil, pero firme, rechazaba siempre estas propuestas y aprovechaba estos momentos para viajar a nuevos reinos, algo distintos, pero igual de especiales. Solía imaginarse siendo ese hada brillante que siempre lograba escapar de los miedos, mientras se permitía un poco más jugar a eso del amor. 

Una noche, voló tan lejos de sus bosques habituales, que algo cambió. No sabría decir si sucedió fuera o dentro de ella, pero desde ese nuevo rincón todo se veía distinto, y las estrellas parecían estar más cerca de ella; durante largas horas se divirtió jugando y aprendiendo las nuevas constelaciones que veía desde ahí, era la primera vez que observaba muchas de ellas y, aunque dudaba de si todo esto era real o un sueño precioso de cómo sería atreverse a viajar al otro lado de la luna, disfrutaba siendo la única niña de aquella gran ciudad capaz de viajar hasta las estrellas.

Tras semanas de continuas aventuras y exploraciones nocturnas, cierta nostalgia se coló en su interior e hizo que tuviera ganas de volver a jugar con esos amigos que le solían acompañar en sus primeras expediciones. Una vez con ellos, parecía que el tiempo se había detenido y que todo permanecía en el mismo punto en el que lo habían dejado, pero se sentía muy distinto. Sus amigos le abrazaban, le escuchaban con interés todas sus hazañas y le recibieron con grandes sonrisas, pero esto no hacía más que aumentar su culpabilidad y malestar por no sentirse como cree que debía hacerlo. Se esforzó durante días por sentirse una más y que nada había cambiado, pero, tras numerosos y agotadores esfuerzos, la pequeña aventurera optó por volver a sus fieles estrellas.

Esa noche ni las estrellas le sirvieron de consuelo, parecía, incluso, que hasta estas brillaban menos. La niña lloraba asustada, mientras la soledad y los miedos le castigaban con dureza el haber viajado más lejos de lo que debía. Todo permanecía en silencio, pero su interior no hacía más que rugir, impidiéndole conciliar el sueño, dudaba varias veces de si había sido buena idea salir tan lejos de su casa y de sus habituales bosques. A veces, incluso se arrepentía de no haber pensado más o mejor las consecuencias de estos actos, pero todo este ruido se esfumaba cuando veía desde ahí las impresionantes vistas y constelaciones. 

Eran preciosas y, aunque todavía ahora sigue cierta nostalgia y tristeza habitando en su interior, también hace poco que un puñado de luciérnagas le han empezado a hacer sonreír sin querer y a pintar nuevas ilusiones y fantasías entre esas constelaciones distintas, pero especiales. 

lunes, 5 de mayo de 2025

Capital Social

 

¿Quién se quedará a tu lado cuando las luces se hayan apagado y la noche se haya echado?. 

Cuando el evento haya terminado, cuando esta sea la última canción, y con ello el último baile, cuando te hayas desmaquillado, cuando te hayas puesto el pijama o ropa de estar por casa, cuando los miedos aprieten y los pensamientos te hagan ver el vaso medio vacío.

¿Quién te espera en casa para escucharte, o quién te pregunta si has llegado ya a esta?. Quien te haga la cena entre diario cuando el cansancio pueda contigo, quien se acueste a tu lado cuando no puedas levantarte, quien se acuerda del día de tu cumpleaños o de que hoy tenías médico, quien te acompañe en ese café con leche o con ese ColaCao, y no tanto quién te acompañe en las cervezas, quien te quiera neurótica y despeinada, quien te bese el recorrido de cada lágrima, quien te abrace cuando la alegría brille por su ausencia, quien te haga setir que aquí no debes esconder ninguna parte de ti para poder entrar y recibir todos esos cuidados y amor. 

Me hago todas estas preguntas cuando aparece la soledad en mí, al observar en eventos a personas reírse y mostrar abiértamente todo ese afecto que parecen sentir unos por otros, en muchos momentos envidio esas redes de apoyo. Siento que yo últimamente he dejado de encajar en muchos espacios en los que se encontraban mis redes de apoyo, y ahora cierta soledad y tristeza son mis fieles y malditas compañeras de exploración de este nuevo reino, que parece externo, pero tiene mucho que ver con lo que aquí dentro está sucediendo. 

La ansiedad no suele tardar en hacer acto de presencia, el distanciarme de todo ese ruido me hace descubrir que yo tampoco quiero estar en el centro de esos grupos de personas, que aunque se vean muy bonitos desde fuera, dudo de si serán de verdad así cuando los focos no les estén alumbrando. 

(Re)conecto con mi vulnerabilidad, con aquellas partes que me hacen más humana; hacía tiempo que solo permitía su existencia ante mi mirada, pero ahora tengo ganas de que sean vistas por nuevos ojos, nuevas miradas, también me parece algo arriesgado tal y como están las cosas ahí fuera, pero igualmente me gustaría... me sigue costando entenderme del todo o permitirme sentir lo que siento, pero cada vez me esfuerzo menos en bloquearlo, aunque no sé si lo hago por querer sentirlo del todo o por el agotamiento de no poder seguir manteniendo esta sonrisa artificial en aquellos espacios en los que me sigo sintiendo sola. Son muchos los duelos y muchas más las emociones que estos me generan.

Yo no quiero un grupo enorme de personas, que agobio; yo sólo quiero unas poquitas que me sigan cuidando y queriendo sin necesidad de esconder ninguna parte de mí, que alguien me pregunte cómo va mi semana o si he llegado ya a casa, que me vean preciosa sin maquillaje, y que me abracen por la noche, que me abracen mucho, se siente como haber encontrado un refugio en mitad del desierto en el que ser feliz y sentirse acompañada.

¿Quién se quedará a tu lado cuando las luces se hayan apagado y la noche se haya echado?.

Cuida bien a esas personas en quienes acabas de pensar, son las mismas personas que dan valor y significado a palabras como "familia" o "amor"; esto es lo realmente importante, y no el capital social que puedas creer tener los sábados por la noche, y que desaparezca el domingo por la mañana. 


viernes, 2 de mayo de 2025

Ser valiente es agotador


Estoy volviendo a conectar con una parte de mí tan humana como vulnerable, el miedo y cierta soledad que me acompañan en el día a día me dejan agotada, y cierta culpabilidad se apodera de mí por no hacer más, aún sabiendo que aquí dentro está ocurriendo de todo.
Cierro los ojos; esa canción de fondo me saca a bailar, sueño en cómo lo hacía a solas hace meses, recuerdo esa parte de mí que solo existía en los escenarios  y me emociono al hacerlo, mis amigas me intentan convencer de que esas partes siguen aquí, pero hace tiempo que no las siento.
Y parece contradictorio, pero, aún en los días en que el miedo y la soledad se sienten más dolorosos, no diría que las cosas vayan mal o que yo esté mal. Están ocurriendo una infinidad de cosas aquí dentro, todo está cambiando mucho y en muy poco tiempo, y son varios los duelos en los que me encuentro, sin lugar a dudas el más complicado es el de soltar a quien creía que era o quien fui ayer y confiar en que me estoy convirtiendo en alguien que también tendrá un lugar merecedor de cuidados, amor y ternura. 
Me cuesta tolerar tanta incertidumbre a mi alrededor y dentro de mí, pero más me cuesta compartir todo esto; me rompo a llorar cuando más ganas tengo de gritar, cierro murallas cuando esto pasa creyendo que me estoy protegiendo, pero lo que hago es todo lo contrario.
Sigo pensando que me falta un manual de instrucciones, ojalá las cosas fueran así de fáciles... hace tiempo que siento lejos a la niña de aquí dentro, tal vez debería empezar por ella, pero últimamente me resulta agotador el ritmo que llevo, a veces es cansado obligarse a ser siempre valiente, me gustaría ponerlo todo un poco más fácil, pero no sé ni por dónde empezar.
Me gusta que me abracen sin parar y con ganas, en mitad del caos se siente como quedarse un ratito en silencio, ojalá durase algo más este momento.

¿Dónde estás?, ¿quién eres?... echo de menos sentirme acompañada, tal vez lo estoy, pero me siento tan lejos de todo, incluso de quien era o quien creía ser.