Es tan tan fácil perderse en el mundo de las redes sociales, y en todas las peligrosas dinámicas que a veces conllevan, que me resulta complicado de creer que todavía no exista una mayor legislación y rechazo hacia ellas, sino todo lo contrario.
Somos adultos, o eso decimos, pero hemos vuelto a la etapa del instituto y a las violencias de la misma.
Nos pasamos horas observando los perfiles de redes sociales de distintas personas, a muchas de ellas solo les conocemos de vista, pero lo hacemos para tenerlas “fichadas” y no por un interés real en conocerles. Observamos el último viaje increíble que hicieron, el segundo máster que acaban de terminar, la infinidad de personas que querrían tener algo con ellas, el rollazo que llevan en el día a día (aparentemente sin pretenderlo), y todas las cosas que les da tiempo a hacer en el día a día… desde este punto las comparaciones son odiosas.
Obviamente, estas personas también tienen días de mierda, conflictos que resolver, miedos que les paralizan, relaciones que no son como querrían y aspectos de mierda, pero todo esto da igual porque el contenido que recibimos a través de redes ya ha llegado directo a nuestra amígdala haciéndonos sentir la persona más mediocre e insuficiente de todas. Pasar mucho tiempo en las pantallas puede, incluso, hacer que nos alejemos demasiado de la realidad y que luego sea complicado restaurar una autoestima herida por haber entrado en unas dinámica donde brilla más una cara bonita y una vida de aventuras que lo que haya dentro.
Individualmente, parece que todos mostramos nuestro rechazo a formar parte de estas dinámicas, pero luego, de manera colectiva, acabamos entrando a este perverso juego del que quiero volver a alejarme o, al menos, cuidarme al respecto.
¿Y por qué os cuento todo esto ahora?... porque hace unos días que he sido capaz de frenar de golpe y volver a la realidad. Ocurrió cuando subí a instagram un instastories, no sé cuántas veces comprobé si una persona en concreto lo había visto. En una de esas veces lo vi, el nombre de su perfil entre las personas que habían visto el instastorie, entonces sentí una tristeza y una desilusión punzante cuando vi que no le había dado “me gusta” ni había reaccionado de ninguna forma.
“Con lo guapa que salgo ya me podría haber dicho algo”, “¿ves?, no le importas nada ridícula”, “estará haciendo mejores cosas que estar pendiente de ti”, “deja de intentar esto de relacionarte con otros que ya sabes que no vales”, “verás… se va a a escuchar la leche desde lejos”...
Una infinidad de pensamientos, alimentados por varios miedos hambrientos al ver que ya no consiguen frenarme, invadieron mi cabeza y entrañas haciéndome llorar y sentirme horrible. Hasta que, menos mal, frené… ¿Qué cojones estoy haciendo?, sentí tanta rabia por todo lo que acababa de pensar y sentir que fui corriendo a mi habitación y escribí en una de mis libretas lo siguiente:
Lista de cosas que no puedo ni debo volver a olvidar
- Tú eres importante porque eres única y especial, no necesitas el visto bueno ni la aprobación de nadie.
- Todo, absolutamente todo, lo que ocurra a través de pantallas es un juego de imágenes e ilusiones ficticias.
- Las relaciones se construyen fuera de estas. Las pruebas de lo importante que seas para alguien o de lo que significas en la vida de esa persona debes obtenerlas en la vida real, y que sean cosas importantes de verdad, no si alguien ha reaccionado a tu instastorie.
- No lo sabes todo, y tus miedos e inseguridades mienten más que hablan, comunícate con el resto por favor, es la única forma de no alejarte de la verdad. Confía un poco más porfi, dales una oportunidad.
- Tu vida y tus rarezas molan mucho y son especiales, no necesitas compartirlas todas como el resto por redes para que existan, ya existen y son bonitas, mí me gustan mucho.
- Eres más que suficiente, y no sólo eso, eres un jodido partidazo y esto tienes que tenerlo bien claro sin importar lo que piense el resto.
- No eres el centro de la vida de nadie, pero sí lo eres de tu propia vida, céntrate más en ti, vuelve contigo y tómate las redes como lo que son, un juego sin importancia.
- Soy mucho, valgo mucho, merezco mucho. Debes exigir reciprocidad, pero amiga tienes 26 años, estás aprendiendo, tu ritmo está bien, no quieras dar pasos de gigante.
Me leí varias veces mi lista como si fueran los mandamientos de una biblia; me emocioné sentada en el suelo de mi habitación y sonreí al sentirme como me estaba sintiendo; la realidad, mi verdad, era más bonita que lo que había sentido antes perdida por instagram. He pasado unos días por el norte desde este momento; me quité mi reloj de muñeca, me alejé de mi móvil bastante y me centré de nuevo en mí. Hacía tiempo que no me dedicaba tanto tiempo y me está ayudando mucho hacerlo. He vuelto a Madrid, los miedos a veces me pisan los talones y me dicen cosas feas… no diría tanto que llevo una etapa mala, pero sí de muchos cambios internos y externos, y esto siempre lo hace tambalear todo.
No obstante, tengamos cuidado con ellas y con todos los espacios donde se valora más la fachada o lo instantáneo que lo que requiere esfuerzos, tiempo y mirar por dentro; podemos ocupar tantos espacios como queramos, por supuesto, jugar a tantos juegos como se nos ocurran y hasta jugar con fuego algún que otro día, pero cuidémonos bien y cuidemos bien lo de dentro y lo real, no olvidemos que es lo realmente importante en toda esta movida de ser como somos, la vida y las relaciones.