Con diferencia, lo que más echo de menos son las cosas cotidianas y especiales del día a día, creo que son esas las que más feliz me hacen.
Desayunar juntas, hablar de qué haremos hoy, hacer y deshacer mochilas, las conversaciones sinceras, la infinidad de muestras de cariño y amor que tienen lugar, descubrir lugares y colores nuevos, emociones y energías diferentes que te llevan a sentirlo todo intensamente, esto es la vida.
Las risas que acaban en llantos, de alegría o de nostalgia, el "buenas noches, que descanséis" y sonreír a oscuras siendo feliz al saber que mañana volverás a desayunar con ellas.
Lo mejor de este viaje, sin duda, es el haberlo hecho con ellas, gracias.
Estos días hemos creado unos recuerdos tan preciosos y tan mágicos que me resulta imposible no volver a emocionarme en el avión leyendo y sintiendo tanto amor aquí dentro, les quiero muchísimo, y coincidir por el camino con ellas es uno de los mejores y mayores regalos, algo muy bueno debí hacer en otra vida.
Los abrazos siguen siendo tan mágicos y especiales como el primero que nos dimos; cierro los ojos, respiro hondo y le pido a cualquier dios o energía que por favor detenga el tiempo en este instante, o que me deje quedarme cinco minutos más. Durante unos segundos, siento que mi deseo se ha cumplido, es como volar a kilómetros de distancia del suelo, es una sensación increíble.
Siento tanta rabia algunos días de estar perdiéndome todo esto por los malditos kilómetros de siempre... como me gustaría poder conocernos más, conocer más nuestras rutinas matinales, nuestros hobbies, nuestros planes del día a día, las cosas que nos ocurren, nuestras preocupaciones, nuestras ilusiones y nuestros sueños por cumplir, como me gustaría en los días complicados poder acercarme a tu casa y que me digas que en cinco minutos, que no serán cinco, bajas y nos tomamos algo juntas.
Os echo tantísimo de menos en el día a día, supongo que por eso intento sentirlo y vivirlo todo intensamente cuando os tengo a mi lado, para que esto no sean solo recuerdos, sino cápsulas de tiempo que me lleven de nuevo a ese instante desayunando juntas y siendo realmente felices. Porque las vistas son preciosas, sí, pero yo no puedo ni quiero dejar de mirar a mi alrededor y veros ahí sentadas, a veces siento que todo esto ha sido un sueño precioso y que pronto apareceré de nuevo en mi cama.
Tengo unas ojeras enormes y algún que otro recuerdo de mi piel haciendo notar su presencia, no dejo de llorar cada vez que pienso en ellas y, a la vez, no dejo de sonreír por el mismo motivo.
Tengo una infinidad de energías y colores llenando todo mi interior de flores y dibujos, y el corazón lo tengo a reventar de amor, me gusta esto que siento, el descubrir que aún puedo sentir más amor del que yo misma creía, no hay muestra más clara y leal de lo que es la vida que todo esto que sucede en mi interior.
He vivido muchos instantes preciosos, mágicos e inolvidables estos días, pero el de esa enorme playa fue uno de los más especiales. Cuando era pequeña, en una playa portuguesa a la que aún sigo yendo cada verano, mi padre me cogía de las manos y me hacía saltar ola tras ola mientras yo me reía; apretarme un poquito la mano era su forma de decirme que me quería, a ninguno de los dos se nos da muy bien mostrar(nos) el afecto entre nosotros. Alguna vez, me dijo que no siempre podría estar agarrando mi mano, pero que yo ya tendría para siempre el poder de saltar todas las olas que quisiera sin dejar de reír; con el paso de los años nuestra relación fue complicándose y nos fuimos distanciando al seguir caminos demasiado diferentes, pero siempre sigo saltando las olas y comprobando que tenía razón.
Saltar las olas al lado de ellas ha sido emocionante y mágico, verlas a mi lado y sonriéndome ha sido uno de los mejores regalos por estos años de esfuerzo, valentía, crecimiento e ilusión, estoy segura de que el abuelo y la abuela también se emocionaron al vernos desde ahí arriba; nunca imaginé sentir tanto la vida en mí, es una sensación alucinante.
Me quedo con tanto de tantas cosas... los instantes más especiales son intangibles para los ojos, pero que fácil es sentirlos en mi interior, gracias por recordarme que seguís estando ahí, muy cerquita de mí siempre, sin importar los kilómetros que nos separen. Yo prometo no irme, prometo seguir estando siempre a vuestro lado, volver a estas cápsulas de tiempo cuando la nostalgia apriete y fantasear, en cada abrazo, con quedarme cinco minutos más a vuestro lado, no se me ocurre mejor destino.
Es hora de volver.
Pero, de corazón, gracias por todo, os quiero muchísimo. ♡
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