domingo, 30 de noviembre de 2025

La magia de la casa de la abuela


Cuando era pequeña no había navidad que no subiéramos al norte, a la casa de la abuela. 

Para mí siempre será uno de los lugares más espaciales del mundo. Hace unos años que ya no hay, físicamente, ni abuela ni casa de la abuela; pero, durante muchos años ese lugar y mi abuela eran el mejor refugio en el que descansar de todo el ruido y cosas feas del mundo; ella tenía ese superpoder de hacer más bonito hasta el día más negro, de liberarte, por dentro y por fuera, de todos los miedos y curar con esmero e infinito cariño las heridas que tuvieses, cuando las de tus rodillas fuesen ya las menos preocupantes. 

Esa casa era mágica, hermosa, y en ella ocurrían tantas muestras de amor que costaba, a veces, no dudar de si lo que estabas viviendo era real o un sueño precioso. "Abuela, ya estoy en casa", no acababa de terminar la frase y ya estaba escuchando el sonido de sus manoletinas por el pasillo acercándose, su alegría se sentía incluso antes de fundirme en ese abrazo, que tanto anhelaba durante el curso y que tanto sigo anhelando los días en que la tristeza aprieta. 

El día en que mi abuela nos dejó se fue por la puerta grande, una dama como ella no podría haberlo hecho de otra forma, ella siempre decía que había que saber cuándo irse, ella lo hizo con un corazón repleto de amor, tanto que incluso consiguió que una pequeñita y especial parte de ella se quedara en nuestro interior para ayudarnos siempre a saber el camino. "Lo que hagas, hazlo con mucho amor", ese era uno de los muchos secretos que mi abuela compartió conmigo cuando creía que ya no estaba aquí; yo siempre he creído y creeré en la magia, ¿cómo no iba a hacerlo teniendo unos abuelos como ellos?.

Fantaseo mucho, desde entonces, con encontrar algún día nuevas casas que se parezcan a la casa de mi abuela. Han cambiado mucho las cosas desde entonces, y yo a veces sigo recordando la casa de mi abuela con infinito amor. Ese amor que olía por el pasillo a empanada recién hecha, ese amor que hacía que siempre despertara en mi cama bien tapada, cuando la noche anterior me había quedado dormida en el sofá, el amor con el que mi abuela tejía a punto siendo una verdadera artista, el amor de unos brazos gorditos apretándote contra su pecho y, en definitiva, el amor que vivía en el interior de mi abuela, que sentía sin frenos y que compartía hasta en la forma en que pedía el pan cada mañana en esa tienda de abajo. 

Estoy segura de que no todas las cosas que he vivido estos últimos años mi abuela las entendería, pero sé que allá donde esté sigue deseando verme feliz; a ambas siempre nos costó el compartir(nos) demasiados gestos de cariño o palabras de afecto, pero nos queríamos de otra forma más especial. Nos queríamos a través de la forma en la que nos mirábamos en las reuniones familiares, en la ilusión con la que jugábamos a darle golpecitos a ese globo, en la manera de abrazarnos, en las comidas compartidas, en las tardes comentando cada concurso de la televisión, en la manera en la que me subía la cremallera del abrigo cuando hacía frío, en su forma de agarrar mi brazo al caminar para no separarse de mí... a la izquierda de mi pecho, piel con piel, corazón con corazón.

Mi abuela logró ese superpoder de seguir caminando a la izquierda de mi pecho siempre, aunque, no negaré que echo de menos sus abrazos blanditos en los que todo parecía estar bien.

Desde entonces, las navidades adquirieron cierta tristeza que siempre acompaña, hasta cuando nos estamos riendo a carcajadas; algunas navidades son mejores y otras peores, con el tiempo volví a descubrir cosas que me gustaban de estas fechas, e incluso ser capaz de aceptar mejor cada navidad como era y no como quería que fuese... algo que me reconcilia con la tristeza que siento es saber que ella no impide la existencia total de experimentar, también, cosas bellas o pequeñas dosis de ilusión, creo firmemente en que crecer no es negar la existencia de la magia, sino aprender a verla y sentirla de una manera distinta. 

La mirada de mi madre sabiendo, sin preguntarme, cómo estoy, ofreciéndome ver una película hoy con ella, las videollamadas con esas amigas que están lejos y que deberían estar a centímetros, los abrazos fuertes con la excusa del frío, churros con chocolate entre risas, los besos de esquimal y cogernos de la mano, ver los puestos de los mercadillos juntas, los "te echaba de menos" de quien ya tardaba en volver, las visitas sorpresas de la familia del norte y, en definitiva, seguir haciéndolo todo con mucho amor. 

Abuela te echo de menos, en estas fechas es imposible no fantasear con uno de tus abrazos. Ya lo hacía antes, pero, desde que te fuiste intento darlos aún mejor y con más amor, me sigue dando mucho miedo no saber cuando le estoy dando el último a alguien. No te mentiré, estoy triste por varias razones, pero te prometo que estoy intentando cuidarme y dejarme cuidar; a veces, antes de darse varios cambios importantes, parece que todo se tambalea y se derrumba. Pues ahí estoy, viendo y pidiéndo(te) tumbada a las estrellas antes de volver a levantarme. No estoy bien abuela, pero no quiero preocuparte, porque sé que volveré a estar bien poco a poco. Crecer a veces es una movida complicada. Mamá también te echa de menos, pero cada navidad siento que lleva tu ausencia un poquito mejor, ojalá algún día volvamos al norte, ya no hay una "casa de la abuela", pero sé que tú seguirás estando por todas partes, siempre lo estás. 

Te quiero mucho abuela, gracias por todo el amor que me dejaste bien guardadito aquí dentro, es uno de los regalos más especiales, eso y la escritura, el regalo que me hizo el abuelo tras irse. ¿Cómo no voy a seguir creyendo en la magia y en el amor teniendo unos abuelos como vosotros?.

Yo creo, sí creo. Feliz navidad, ojalá estéis siendo muy felices allá donde estéis, es lo mínimo que la vida podría hacer para agradeceros todo lo bonito que aquí (nos) disteis. 

Os quiero mucho, gracias por todo. 

lunes, 24 de noviembre de 2025

Habitación desordenada


Me siento tan perdida... todo a mi alrededor parece estar igual, el ruido algunos días es ensordecedor y yo solo quiero cinco minutos de calma antes de salir de nuevo. Pero, aquí dentro está todo tan  desordenado y caótico... todo se tambalea o se derrumba, y me cuesta confiar en que sepa luego construir nuevas ciudades y mundos, a veces siento que ya existen, que siempre han existido en alguna parte oculta de mí, aunque todavía no logre observarlos del todo con mis ojos.
Tengo mucho miedo, tanto que en ocasiones me asusta mucho sentir como he perdido mi brillo y parte de esas ganas de ser valiente; llevo horas en la cama y me cuesta hasta vestirme, no quiero sentirme así, no con la Navidad tan cerca, haz que pare por favor, estoy agotada.
Mis amigas me aseguran que no los he perdido del todo, que siguen ahí, aunque de una forma distinta. Me cuesta confiar, pero me hacen sentir bien sus abrazos y su amor, me cuidan haciéndome reír hasta en los baños de los bares cuando la tristeza golpea, gracias. 
Quiero atreverme a dar ese paso hacia delante, dar ese salto de fe, y ser yo esta vez quien pise el escenario, siento mucha rabia cuando los miedos me impiden hacerlo, pero sigo moviéndome; ensayo tras ensayo, pruebas de maquillaje, vestuario casi listo y la tentación de darle a "enviar" al formulario que acabo de rellenar, nunca le acabo dando. 
Hace unos días me dijo alguien a quien admiro que me esperaba al otro lado, me gustó el sentir que cuando me atreva habrá quien entienda mi juego y mi sentir, me hace sentir menos sola y más valiente, ¿de verdad están ahí?. El día que lo haga siento que será un antes y un después, cada vez que intento imaginarme el momento tiemblo de miedo y emoción, pero cierta parte de mí respira mejor y me agradece la valentía. 
Mi psicóloga me observa con preocupación, me siento horrible cuando le prometo cuidarme y acabo haciendo todo lo contrario, lo siento. Me preocupa las dificultades que estoy teniendo para hacerlo; de verdad que lo intento, pero siento que no tengo apenas energía, la tristeza es una emoción que te roba hasta los colores que creías que no volverías a perder, me dan mucho miedo las recaídas, pero intento confiar en que sigo estando muy lejos del punto en el que empecé. 
No estoy bien, estoy triste, pero he dejado de esforzarme por dejar de estarlo en poco tiempo, ahora intento pasar tiempo con esa tristeza escuchando sus miedos y necesidades; seguimos haciéndonos daño algunos días la una a la otra, pero al menos luego sabemos disculparnos de verdad. 
En fin... todo cambia muy rápidamente aquí dentro y me cuesta tolerarlo bien, pero intento cuidarme, de verdad que lo estoy intentando. 

lunes, 17 de noviembre de 2025

No es un buen momento

Hay un tipo de tristeza que me asusta mucho volver a sentir; es la que no me hace llorar, la que se queda a la altura del pecho bien pegada a ti haciéndote que te duela hasta respirar, es una tristeza que te ataca de manera tan fulminante que te roba toda la energía, permaneciendo inmóvil frente a ella como diciéndole: " Haz ya lo que quieras, pero dame una tregua por favor".
"Venga tía, ya has estado antes aquí y sabes que pasa" me repito; pero, cada vez que me lo repito algo vuelve a doler aquí dentro haciéndome, esta vez sí, llorar con facilidad y respirar algo mejor.
Tengo a una niña pequeña suplicándome aquí dentro cinco minutos más, prometiéndome que será ella misma la que se irá después; me arrodillo para mirarle a los ojos, grandes y marrones, le agarro de las manos y le abrazo, siento que llevábamos tiempo pidiéndolo y aquí lo tenemos. 
Intento no llorar delante de ella y asegurarle que todo irá bien, acabamos llorando a la vez, pero a ambas nos ayuda a sentirnos algo mejor durante un ratito.
Los miedos aprovechan para golpear en las zonas más sensibles y me cuesta hacerles frente, me siento tan diminuta y cansada, hace días que no duermo bien.
"Todo irá bien" me repito como una nana, en el fondo quiero pensar que sí, que sabré seguir avanzando por este nuevo mundo que descubrí en mí a través de sus preciosos ojos, pero tengo tanto miedo...
Mis amigas me miran con preocupación preguntándome cómo estoy, yo intento fingir que está todo controlado, ¿a quién pretendo engañar?; abrázame fuerte por favor, y ni se te ocurra volver a hacerme esa pregunta, estoy cansada de ella y de todo.
Sé que esto también pasará, pero me duele mucho todo aquí dentro. Ojalá dejara de hacerlo un ratito nada más, solo necesito cinco minutos de descanso, cinco minutos de libertad de esta tristeza que me asusta tanto sentir.

viernes, 14 de noviembre de 2025

Tristeza cotidiana y ternura combativa


Me duele el pecho de llorar; la tristeza es una emoción que, cuando aparece intensamente, me quita gran parte de mi energía, pero también me ayuda a frenar e intentar cuidarme más y mejor, supongo que por eso me he detenido en seco, porque no quería seguir sintiéndome así, tan invisible, tan fácil de olvidar y soltar. Me duele mucho todo aquí dentro, pero hoy mi psicóloga me ha dicho que estaba orgullosa de mí, de cómo lo estoy haciendo; nos hemos emocionado las dos, y cierta ternura me ha hecho sonreír y respirar algo mejor. 

Quiero mucho a mis amigas, a veces parece que nos separan distancias enormes, pero les tengo justo a mi lado; me escuchan durante horas, besan y abrazan sin parar todas mis versiones y me tapan con cariño cuando me quedo dormida por las esquinas, me gusta mucho tenerles bien cerquita y mostrarnos de tantas formas distintas y especiales el amor que nos tenemos, son tan especiales para mí... gracias por estar a mi lado.
Me daba, y me da, mucho miedo seguir sintiendo esta tristeza y dolor cerca de la Navidad, este es un momento en que un puñado de nostalgia siempre se cuela aquí dentro y me asustaba que este año me hiciera aún más daño. Pero, estoy aprendiendo a soltar todos los tópicos y expectativas acerca de estas fechas, aceptando así a esa tristeza como una niña pequeña pidiéndome algo de cariño y atención. Cuando yo no puedo se lo dan algunas de mis amigas, esto me hace sonreír mucho, es una escena preciosa. La Navidad también puede ser muy bonita con ellas, os quiero muchísimo.

Hoy mi psicóloga me ha preguntado por mis pronombres, al comienzo he sentido vergüenza, luego he sonreído y se me ha escapado un "gracias" intentando no llorar más delante de ella. Sigo descubriendo mucho de mí misma y sintiendo de todo aquí dentro, cada día me da un poquito menos de miedo esta tristeza que me acompaña, la ternura me ayuda a cuidarme mejor, y también a sentir que lo estoy haciendo bien. Me gustan los momentos en que celebro con mis amigas mi fortaleza, mi valentía o mi capacidad de quedarme con lo bueno, sin perder ninguna pizca de todo lo bonito que he sentido y vivido, estos ya son recuerdos preciosos que guardo con extremo cuidado y cariño en el lado izquierdo de mi pecho, lo volvería a vivir todo una vez más sin dudarlo.

No estoy bien, pero intento cuidarme y compartir parte de esta tristeza y dolor para que pese algo menos, a veces funciona y otras no, pero siempre consigo respirar mejor. 
Miedos sigo teniendo una infinidad, siempre tendré, pero también tengo ganas de escuchar a cada uno de ellos, y demostrarles que no hay tanto que temer. Soy una persona muy fuerte y valiente, mis amigas me lo recuerdan cada día, mientras me piden que les avise cuando llegue a casa para que puedan luego irse a dormir ellas también.

¿He dicho ya lo tanto que os quiero?, gracias por estar a mi lado, no sabéis lo tanto que significa para mí que estéis. 

domingo, 9 de noviembre de 2025

Juegos de niños a la luz del día


Cuando creía que todo saldría mal, o que esto no iría a ninguna parte, empecé a sentir miradas curiosas sobre mí y a recibir palabras celebrando el salto que acababa de dar; lo hice, lo hicimos.
Todavía no me creo nada de esto, siento que en cualquier momento despertaré y volveré a estar en mi cama tumbada valorando si hacerlo o no hacerlo.

Existe mucha incertidumbre a mi alrededor y dentro de mí, pero también he dejado de sentirme sola durante un rato; gracias a esta especie de energía colectiva que siento vuelvo a creer que soy mucho más valiente de lo que pensaba, sí lo soy, y me lo repito y observo cada día para no olvidarlo. También, siento ese puñado de tristeza, ya habitual, apretándome el pecho mientras me esfuerzo por no llorar delante del resto. Sigo fantaseando en ocasiones con compartir contigo todo esto que está sucediendo dentro de mí y a mi alrededor, pero no estás a mi lado, me lo repito también cada día para no olvidarlo, ojalá algún día quieras volver a estar, echo de menos hasta los maullidos de fondo pidiendo atención.

No lo sé, se supone que debería sentirme súper orgullosa de mí misma, valiente y muy feliz por haberme atrevido a dar este salto de fe, así me siento en muchos momentos y lo celebro bailando, cantando o llenándome la cara de colores... también, siento otras emociones contrarias a estas. Me siguen doliendo aquí dentro, pero, he dejado de pedirles que se vayan y he empezado a dedicarles tiempos concretos para escucharles y abrazarles. El miedo es mutuo, pero las ganas de sentirnos escuchadas y cuidadas también, así que ya me he rendido en intentar que su estancia aquí sea breve, ahora intentamos convivir juntos sin hacernos demasiado daño.

Voy paso a paso, no quiero correr, quiero respetar mi propio ritmo, aprender y sentir todo lo que pueda (como siempre), y seguir jugando a esto que juego. Ahora ya más a la luz, ahora ya sin esconderme tanto. Soy valiente y fuerte, no debo olvidarlo nunca; esto que siento, y estos pasos hacia delante, merecen ser celebrados, así lo hago siempre que la vida me da un ratito de libertad. Todavía sigo fantaseando con ese momento en el que me ponga frente a vosotres, poner cuerpo y emoción frente al foco y mostrar(os) algo más de este juego de niños; quiero hacerlo y, antes o después, lo haré, aunque todavía no sea capaz ni de imaginarme ahí.

La vida, a veces, parece un lugar mucho más bonito de lo que, probablemente, sea en realidad. 
Siento el cariño y el calor de muchas personas nuevas observándome con curiosidad, tengo mucho miedo, pero también me siento algo ilusionada frente a elles; intento controlar a la niña de aquí dentro pidiéndole que no hable demasiado, pero la muy sinvergüenza ya está enviando audio tras audio. 

Siento un tornado de emociones aquí dentro y me da miedo cometer algún error o hacerlo mal, pero, a la vez siento a algunas de mis amigas muy cerquita abrazándome y prometiéndome quedarse, pase lo que pase.

Pues ya está, en verdad no necesito más.

Allá voy; a seguir siendo valiente, mientras me divierto en este nuevo juego al que creo haber jugado ya antes.