sábado, 30 de agosto de 2025

Minutos antes de volar (y confiar)


Cuando toca hacer frente a un miedo, a uno de los grandes, siempre me siento una impostora en temas de valentía, me siento diminuta y me tienta la idea de escapar antes de que los daños sean demasiado grandes o dolorosos. No quiero irme, tampoco me apetece pasarlo demasiado mal o romperme a llorar en aquellos momentos en que debería sentirme bien, pero de seguro no quiero irme; quiero quedarme hasta el final y seguir encontrando las formas de sentirme segura, ilusionada y feliz. 
Siento que esto ya lo he vivido antes, tiempo atrás solía darme a la fuga cuando lo de aquí dentro empezaba a temblar demasiado, creyendo que así los daños serían menores. Siempre me arrepentía de mi elección, pero pocas veces hubo un "no te vayas todavía", me hubiera gustado escucharlo, aunque seamos sinceros... soy experta en despedirme con cuidado y hacerles creer que no hay otra opción.

No me quiero ir, pero quiero sentirme vista, deseada, cuidada... quiero sentir que se mueren de ganas de verme, que me han echado de menos, que se acuerden de mí y que busquen la excusa más absurda para justificar el tener que vernos ya y no poder esperar a mañana. Me gustaría que piensen en mí al ver esa silla vacía, que me pregunten qué tal el día, la semana y la vida... Algunos días mí madre me enfada por la infinidad de veces que me pregunta si he comido, si he dormido bien o el tiempo que me queda para llegar a casa... nunca le reconoceré que fantaseo a menudo con conocer a personas ahí fuera que me hagan las mismas preguntas.

Siento ternura y tristeza cuando pienso  en algunas etapas de la adolescente que fui; se miraba horas al espejo, analizando cada parte de su cuerpo y preguntándose si alguien querría algún día acostarse con ella, si su cuerpo podría llegar a ser deseado. Si le tuviera ahora de frente le daría un beso en la frente, le cogería de las manos, y le haría la promesa de que yo estaría siempre abrazándole desde su espalda, y que ahí fuera le esperan personas deseando mucho más que un polvo de una noche con ella. Me gusta el equipo que hacemos juntas, hemos vuelto a descubrir muchas  cosas nuevas de nosotras y empiezan a resultar(nos) bonitas de mostrar.

Me siento como el protagonista de E.T. con su bicicleta a punto de saltar al vacío, estoy muerta de miedo y me tiembla hasta el corazón cuando miro hacia abajo, esta mierda está muy alta, y yo hace dos días que me quité los ruedines. Vuelvo a mirar al frente, la tristeza me hace sentir mal cuando empieza con sus mensajes de despedida y de "ha sido bonito el viaje hasta aquí"... le contrasto mostrándole las veces en que parecía el final y no lo fue, los monstruos de mi cabeza me gritan y me zarandean advirtiéndome los posibles daños.... respiro hondo, intentando que no me dominen, y les repito la misma frase: 
"No quiero irme antes de tiempo, solo debemos coger carrerilla y confiar en todo esto que siento, no es tan complicado. "

Tristeza y miedos se observan entre sí con desconfianza; cojo carrerilla, mis amigas me abrazan tan fuerte y tan de verdad que durante unos minutos vuelvo a ser la persona más valiente e imparable del mundo. Creo que nunca serán conscientes de todo lo que me provocan aquí dentro cada verano. Hemos venido a sentirlo todo intensamente, incluso miedo y tristeza. Algún día, todo esto no será más que un puñado de recuerdos... así que quiero guardar cada instante con todos estos colores y emociones que no dejo nunca de sentir; a veces es agotador ser así, pero gracias a ello me está quedando una historia preciosa que me emociona observar como protagonista.




viernes, 22 de agosto de 2025

La tristeza de cada fin de verano


Abrazo la tristeza; conocida, pero igual de dolorosa y solitaria que cada año al terminar el verano. Le pido, con miedo, que no me haga mucho daño, que me deje ratitos de libertad, y que entonces yo prometo no cerrarle le puerta cuando aparezca. 

Me refugio en recuerdos preciosos, me columpio desde el recuerdo de una sonrisa especial, y me emociono con facilidad al recordar(me) siendo muy feliz en miradas llenas de colores; los miedos a veces siguen pisándome los talones, y más al pensar en los cambios que habrá más adelante, pero a su lado todo parece más sencillo.
Y, por eso ahora, abrazo esta tristeza que me hace llorar, porque es el precio a pagar por la infinidad de emociones y colores que me he permitido sentir hasta el último momento.

Ser y sentir así cada verano... con tanta intensidad, verdad y ganas es algo que me hace sentir muy orgullosa; ver el muro al final de la carretera y no frenar, sino cerrar los ojos y cantar sonriendo la última canción... duele el impacto final, pero esos últimos días bailando y siendo felices me hacen sentir realmente viva y mucho más valiente de lo que soy en realidad. No me preocupa esta tristeza, ya la he sentido anteriormente, ambas estamos en la misma habitación, sabemos que ninguna podrá escapar de la otra hasta que no nos miremos y nos quedemos juntas varias noches; le esperaba temblorosa y algo miedosa, ahora que ha llegado siento que todo duele demasiado y que toda mi energía se ha escapado por la ventana, sé que no es así. 

Respiro hondo, me abrazo mucho y fuerte cuando lo necesito; una niña aquí dentro observa el columpio vacío que hay junto al suyo, intento asegurarle que no está vacío, pero que debemos volver a aprender a mirar de una forma distinta para sentir que ella sigue ahí sentada; una mezcla de tristeza y rabia se cuela en su mirada, me pide retroceder en el tiempo y quedarnos cinco minutos más ahí, le abrazo fuerte e intento con ello cumplir su deseo.

Me dan miedo las noches siempre que estoy muy triste porque siempre son algo complicadas de sentir, por eso procuro no olvidarme nunca de respirar y de recordar que esto, como cada año, pasará cuando deje de pedirle a la tristeza que se largue. La pequeña de aquí dentro queda dormida por agotamiento en mis brazos, le llevo volando hasta la luna, le canto una nana y le leo cuentos preciosos cuando se desvela. Desde ahí arriba, todos los miedos se ven con su tamaño real y esto nos hace sentir mejor, más libres y valientes. Las distancias también parecen y se sienten más pequeñas, esto nos hace sonreír. Le indico, entonces, que observe atenta dentro de sí misma, descubre que ese columpio no está vacío, nos emocionamos a la vez y me pide quedarnos allí arriba a dormir. 

Hay tanta ternura y amor en la escena que hasta la tristeza deja de arañar durante unos minutos y nos abraza agradeciéndonos el huequito de la cama que le guardábamos sabiendo que, antes o después, vendría. 

Frenar, respirar, sentir todo lo que siento y volver a mirar bien para descubrir que sigues justo aquí, a mi lado, lo estoy haciendo paso a paso, intentando que los miedos no me ganen mucho terreno.

Te echo muchísimo de menos, pero sé que sigues aquí cerquita, te siento cada vez que la luna me cuenta cuentos para dormir, no quiero bajarme todavía de ella, aquí arriba parece todo más sencillo y silencioso que ahí abajo. 

Te quiero ♡ 

lunes, 18 de agosto de 2025

Instrucciones ante una incertidumbre molesta

Si me quieres, si te importo...
despídete antes de irte.

Acompáñame cuando me enrede en mi propio caos.
Escúchame las palabras que no son bonitas...
pero sí necesarias.
Siéntate conmigo a buscar las formas...
de seguir cuidando y avanzando.
Quédate...
cuando los fuegos artificiales hayan terminado,
cuando la fiesta haya terminado, 
cuando me haya desmaquillado y quedado desnuda.
Que cinco minutos sean suficientes...
para el viaje hacia aquí, 
para horas de transporte,
para que compense los "peros" y horas sin dormir.
Acaríciame entera...
cuando no sea un polvazo el destino,
cuando los miedos a veces aprieten,
cuando sean las ganas de cuidar lo que premie.
Bésame de verdad...
cuando la pasión no sea la protagonista,
cuando sea otro tipo de conexión el motivo,
cuando te mueras de ganas por hacerlo.
Abrázame fuerte...
cuando la incertidumbre arañe,
cuando la tristeza muerda,
cuando me sienta diminuta o perdida.
Cuídame y déjate cuidar...
cuando estemos insoportables,
cuando creamos no saber hacerlo,
cuando te pida que no lo hagas porque soy muy complicada.
Háblame claro...
de tus miedos,
de tus mierdas,
de todo lo que (me) pueda doler, 
de todo lo que (nos) cueste hablar.

Si me quieres, si te importo...
despídete antes de irte,
dime si te vas o te quedas, 
si querrías seguir bailando cuando la música termine,
si el domingo también estarás, o el sábado a media noche te irás. 

¿Me quedo o me voy?
Me muero de ganas por quedarme un rato más.
Pero, no quiero quedarme si tú ya no estás,
si tú no deseas que me quede de más. 

Ojalá te quieras quedar, 
ojalá los miedos no me hagan escapar.
Ojalá seguir encontrando las formas de quedarnos un rato más.


sábado, 16 de agosto de 2025

Brillos y destellos de nuevas puertas que abrir

Algo está cambiando; bueno no, llevan meses cambiando muchas cosas aquí dentro y a mi alrededor, sería mejor decir: algo está brillando.

Eso es, tras meses de aparente vacío, caos y oscuridad estoy viendo puertas brillar y ventanas nuevas abrirse. No quiero pecar de ilusa, ni transmitir una imagen de control o gran seguridad cuando ambos siguen destacando por su ausencia, pero, sí siento que las cosas están yendo bien y que vuelvo a ser más fuerte, valiente y grande que mis miedos. Es mucha la incertidumbre que sigue existiendo a mi alrededor, así como los miedos que muerden cuando ando con las defensas bajas, soy consciente de que aún queda mucho por trabajar y limpiar aquí dentro, mucho por aprender, romper, sanar, sentir y volver a construir, pero me estoy permitiendo el frenar, y el tolerar la incomodidad de algunos momentos desde cierta tranquilidad que me da el saber que, poco a poco, estoy volviendo a mí.

Pronto sé que deberé hacer frente a nuevos retos, saltar desde nuevos precipicios que me asustan, plantar cara a grandes miedos, de los cuales hasta ahora escapaba, volver a conectar con partes dolorosas, con cierta tristeza punzante, y seguir avanzando en procesos y sanando cosas que, a veces, fantaseo con que ya no requieran más atención ni energía. Me da rabia llevar unos ritmos tan lentos a veces, pero son mis ritmos y son válidos.

Estoy aprendiendo y descubriendo mucho de mí misma, pero también estoy (re)conectando con mi propia vulnerabilidad, con mi rabia en ocasiones y con mis propias necesidades y reinos internos; a saber cómo se me ve desde fuera, pero me parece precioso todo lo que llevo aquí dentro. Estoy volviendo a mí, y esto me ayuda mucho a ver el vaso medio lleno de nuevo. Tengo miedo, claro que lo tengo, siempre lo tendré a unas u otras cosas, pero, también tengo una valentía aquí dentro con la que estoy volviendo a sentirme fuerte y dispuesta a darlo y sentirlo todo, no  conozco otra manera de ser y de estar. Me da miedo que las cosas me vayan mal, autosabotearme y perder lo que me hace feliz o ilusión, sentir mucho dolor o tristeza, sentirme pequeña o invisible de nuevo... pero tengo claro que ni el mundo ni yo misma termina ahí, y que es necesario, a veces, pasar por ese malestar e incomodidad para descubrir nuevos reinos preciosos por dentro y por fuera. 

No quiero una vida siempre cómoda por no haberme atrevido a salir de mi habitación y espacios seguros, quiero cuidar y potenciar mi capacidad de salir tan lejos como quiera o necesite, y descubrir así nuevos rincones especiales en los que sentirlo todo tanto como pueda. Sé que la ansiedad, probáblemente, volverá en cuanto comience el curso, que volveré a veces a pasarlo mal, los pensamientos negativos, alimentados por distorsiones, ganarán terreno, y correré el riesgo de creer que todos estos colores y puertas brillantes que veo ahora no son más que un puñado de fantasías o ilusiones ficticias.

Pero sé que no lo son y que, pase lo que pase mañana, hay cosas que están yendo bien, que me muestran pequeños brillos y posibilidades de descubrir nuevas cosas que todavía no puedo ni imaginar. No tengo el control sobre todo y cierta incertidumbre existirá siempre, no puedo garantizar(me) que las cosas vayan a ir bien siempre, pero, pase lo que pase, estoy volviendo a mí, a confiar más y sentirme más fuerte y valiente que estos últimos meses. 

Me basta para sentirme mejor y con más energía para abrir todas esas nuevas puertas y ventanas que me piden ser abiertas. 


jueves, 14 de agosto de 2025

Nostalgia anticipatoria


Como cada verano ya siento el maldito tic-tac de un reloj anunciando la cuenta atrás; coge aire, tanto como puedas, observo ya el muro al final de la carretera y yo solo quiero cantar una última canción a tu lado, como si el verano acabase de empezar, como si ese tic-tac no existiera.

Dentro de poco, vienen curvas, puñados de tristeza y nostalgia, procedentes de nuevos recuerdos que ya viven aquí dentro, y la maldita despedida para la cual nunca me siento suficientemente preparada. No quiero esto, no quiero volver a poner distancias ni llorar más al pensar en que este sí es el último abrazo hasta dentro de demasiado tiempo.

Como cada verano, solo quiero cinco minutos más, después otros cinco, y así sin final. Quiero más abrazos, más colores, más emociones y sentimientos, más vida explotando en nosotras, en cada carcajada, y en cada sonrisa en la que columpiarnos siendo esas niñas felices capaces de sacarle la lengua hasta a los miedos, quiero más de ti, de mí, de nosotras... y de toda esta esfera tan especial en la que vivimos cuando te tenemos a centímetros de distancia. 

Lo que se siente es brutal, jamás me cansaré de seguir saltando si estás a mi lado; no me arrepiento de nada, es más, me siento muy orgullosa de mí, de hacer caso a las ganas, a la emoción, y optar siempre por saltar y descubrir después un nuevo mundo especial. Nos está quedando una historia preciosa, siento tantas cosas aquí dentro que, a veces, lo único que puedo hacer es abrazarte fuerte mientras me divierto un rato en el fondo de esos ojos llenos de magia y luciérnagas preciosas. 

Hay instantes tan mágicos que me cuesta creer que sean reales; no necesito más, vuestras risas de fondo son mi canción preferida, el amor entre miradas me hace temblar y sonreír a la vez, algo muy bueno debí hacer en otra vida para coincidir en esta contigo. Me pierdo observando la luna llena un ratito con los ojos de una niña ilusionada al ser muy feliz, una pizca de realidad se cuela y me hace llorar con facilidad. Le pido a la luna solo un ratito más, esta me sonríe con ternura concediéndome el deseo.

Último abrazo, adelante, saltemos una vez más y luego viaja al otro lado de la luna si quieres, que yo te prometo que sigo aquí, a tu lado, dispuesta a saltar contigo siempre de la mano.

Te quiero, muchísimo ♡ 

domingo, 3 de agosto de 2025

Intentos de evitar el autosabotaje


¿Y si saliera bien?, ¿y si se te dieran las personas mejor de lo que crees?, ¿y si fueras capaz de que los mayores miedos no te frenasen?, ¿y si estás solo a un salto de distancia (y de fé) a todo eso que deseas?, ¿y si siguen queriéndote y queriendo estar  tu lado cuando destroces tantas normas como puedas, cuando descubras que no eres la chica perfecta y el ser de luz que siempre decían ver en ti?...
Con diferencia, hacerme todas estas preguntas es lo que más miedo me da de todo, plantearme la posibilidad de que pueda salir bien; me paso horas y días a veces preparándome para que las cosas vayan mal, a veces hasta procesando duelos que todavía no han ocurrido o poniéndome en la peor situación y sintiendo un gran dolor y tristeza cuando por fuera todavía no está ocurriendo nada de eso. 
Me da mucho miedo ser yo misma quien mande las cosas buenas o que me ilusionan a la mierda por creer que así dolerá menos o que son demasiado buenas para ser reales o para ser yo merecedora de ellas. Invierto una gran cantidad de energía y esfuerzos en intentar no autosabotearme, es como una lucha continua contra mi propia cabeza, controlada a veces por miedos e inseguridades.

No sé cómo lo hago, pero por ahora sigo siendo capaz de seguir avanzando y no huir de aquellas cosas que me hacen feliz o ilusión, pese a los miedos que las acompañen. Me gustaría sentirme a veces algo más acompañada y cuidada, no sé... creo que a veces los miedos me pesarían menos si los compartiera con el resto, pero menuda movida esto de compartir tanta vulnerabilidad con otra persona... me paso horas imaginando todo lo que podría salir mal y sintiéndome como si todo eso ya estuviera sucediendo.

Pero, ¿y si saliera bien?, ¿podría salir bien?, eso supondría descubrir que gran parte de mis inseguridades y miedos no son reales, soltar la mayoría de miedos y darme la posibilidad de ser como soy, incluido con fallos y partes feas, y que las cosas salgan bien.

Con diferencia, este es uno de mis mayores miedos.