Cuando toca hacer frente a un miedo, a uno de los grandes, siempre me siento una impostora en temas de valentía, me siento diminuta y me tienta la idea de escapar antes de que los daños sean demasiado grandes o dolorosos. No quiero irme, tampoco me apetece pasarlo demasiado mal o romperme a llorar en aquellos momentos en que debería sentirme bien, pero de seguro no quiero irme; quiero quedarme hasta el final y seguir encontrando las formas de sentirme segura, ilusionada y feliz.
Siento que esto ya lo he vivido antes, tiempo atrás solía darme a la fuga cuando lo de aquí dentro empezaba a temblar demasiado, creyendo que así los daños serían menores. Siempre me arrepentía de mi elección, pero pocas veces hubo un "no te vayas todavía", me hubiera gustado escucharlo, aunque seamos sinceros... soy experta en despedirme con cuidado y hacerles creer que no hay otra opción.
No me quiero ir, pero quiero sentirme vista, deseada, cuidada... quiero sentir que se mueren de ganas de verme, que me han echado de menos, que se acuerden de mí y que busquen la excusa más absurda para justificar el tener que vernos ya y no poder esperar a mañana. Me gustaría que piensen en mí al ver esa silla vacía, que me pregunten qué tal el día, la semana y la vida... Algunos días mí madre me enfada por la infinidad de veces que me pregunta si he comido, si he dormido bien o el tiempo que me queda para llegar a casa... nunca le reconoceré que fantaseo a menudo con conocer a personas ahí fuera que me hagan las mismas preguntas.
Siento ternura y tristeza cuando pienso en algunas etapas de la adolescente que fui; se miraba horas al espejo, analizando cada parte de su cuerpo y preguntándose si alguien querría algún día acostarse con ella, si su cuerpo podría llegar a ser deseado. Si le tuviera ahora de frente le daría un beso en la frente, le cogería de las manos, y le haría la promesa de que yo estaría siempre abrazándole desde su espalda, y que ahí fuera le esperan personas deseando mucho más que un polvo de una noche con ella. Me gusta el equipo que hacemos juntas, hemos vuelto a descubrir muchas cosas nuevas de nosotras y empiezan a resultar(nos) bonitas de mostrar.
Me siento como el protagonista de E.T. con su bicicleta a punto de saltar al vacío, estoy muerta de miedo y me tiembla hasta el corazón cuando miro hacia abajo, esta mierda está muy alta, y yo hace dos días que me quité los ruedines. Vuelvo a mirar al frente, la tristeza me hace sentir mal cuando empieza con sus mensajes de despedida y de "ha sido bonito el viaje hasta aquí"... le contrasto mostrándole las veces en que parecía el final y no lo fue, los monstruos de mi cabeza me gritan y me zarandean advirtiéndome los posibles daños.... respiro hondo, intentando que no me dominen, y les repito la misma frase:
"No quiero irme antes de tiempo, solo debemos coger carrerilla y confiar en todo esto que siento, no es tan complicado. "
Tristeza y miedos se observan entre sí con desconfianza; cojo carrerilla, mis amigas me abrazan tan fuerte y tan de verdad que durante unos minutos vuelvo a ser la persona más valiente e imparable del mundo. Creo que nunca serán conscientes de todo lo que me provocan aquí dentro cada verano. Hemos venido a sentirlo todo intensamente, incluso miedo y tristeza. Algún día, todo esto no será más que un puñado de recuerdos... así que quiero guardar cada instante con todos estos colores y emociones que no dejo nunca de sentir; a veces es agotador ser así, pero gracias a ello me está quedando una historia preciosa que me emociona observar como protagonista.
