martes, 25 de febrero de 2025

Tierra de nadie

 A veces siento que voy a un ritmo equivocado y que mis formas son algo distintas en cuanto a las relaciones interpersonales, no acabo de encontrar la manera de sentir esa aparente conexión ni esas ganas de involucrar tantas energías en personas y proyectos nuevos. 

Debo reconocer que hablo también desde cierto punto de envidia al ver como otros se juntan, se abrazan, se besan y se quieren mientras hablan con naturalidad de una infinidad de temas que parece que ni les cuesta encontrarlos, ¿hasta qué punto es verdad o hasta qué punto es todo una careta que esconde vulnerabilidades e intimidad que no comparten con nadie?.

Me observo desde fuera y siento vergüenza, la misma que sentía cuando de pequeña me obligaban a pedir yo ese vaso de agua en la barra, me siento torpe y esto dificulta aún más mis movimientos y mi respiración, mi mente se llena de palabras horribles y mis miedos aprovechan para atacar en las zonas más sensibles: "¿ves?, no sirves para esto", "con lo complicado que lo pones es difícil que alguien quiera invertir tanta energía y esfuerzos en ti", "tú puedes sola con todo y disfrutas de tu soledad, ¿qué haces aquí?"...

Me gusta disfrutar de mi soledad, es más, siento que la necesito mucho más que el resto de personas, aún así, a veces también me gusta sentirme acompañada, querida y cuidada, pero a la vez me da mucho miedo compartir vulnerabilidad e intimidad con el otro...

Bienvenidos a los juegos del hambre de mi propia cabeza. 

No acabo de encontrar las formas, a veces me gustaría ponerlo algo más fácil o que me fuera algo más fácil, pero tampoco quiero acumular relaciones como cromos de un álbum, no quiero meterme en más relaciones de las que pueda sostener y cuidar como yo espero que hagan conmigo, pero a veces también me gustaría poder tener esa facilidad de ocupar los espacios y empaparme de ellos con tanta naturalidad, algunos días me siento como un robot al que es imposible llegar. 

Pero veo a mis amigas y me ayudan a recordar que sí soy capaz de conectar con otros, sostener, cuidar y amar... me encantan los instantes tan preciosos que creo con ellas, aunque también les echo de menos más de lo que me gustaría algunos días, no sé. Lo intento, de verdad que lo intento, pero creo que parte del proceso también es aceptar que mis ritmos y formas son distintos y no pasa nada, todo está bien.

Están siendo unos días algo tristones en los que ocurren y cambian muchas cosas aquí dentro. Hace tiempo que no bailo, que no tengo una cita conmigo misma, y eso no es buena señal.

Todo irá yendo mejor, te lo prometo. 

domingo, 16 de febrero de 2025

Ellas y el amor

Con diferencia, lo que más echo de menos son las cosas cotidianas y especiales del día a día, creo que son esas las que más feliz me hacen.

Desayunar juntas, hablar de qué haremos hoy, hacer y deshacer mochilas, las conversaciones sinceras, la infinidad de muestras de cariño y amor que tienen lugar, descubrir lugares y colores nuevos, emociones y energías diferentes que te llevan a sentirlo todo intensamente, esto es la vida. 

Las risas que acaban en llantos, de alegría o de nostalgia, el "buenas noches, que descanséis" y sonreír a oscuras siendo feliz al saber que mañana volverás a desayunar con ellas. 

Lo mejor de este viaje, sin duda, es el haberlo hecho con ellas, gracias.

Estos días hemos creado unos recuerdos tan preciosos y tan mágicos que me resulta imposible no volver a emocionarme en el avión leyendo y sintiendo tanto amor aquí dentro, les quiero muchísimo, y coincidir por el camino con ellas es uno de los mejores y mayores regalos, algo muy bueno debí hacer en otra vida. 

Los abrazos siguen siendo tan mágicos y especiales como el primero que nos dimos; cierro los ojos, respiro hondo y le pido a cualquier dios o energía que por favor detenga el tiempo en este instante, o que me deje quedarme cinco minutos más. Durante unos segundos, siento que mi deseo se ha cumplido, es como volar a kilómetros de distancia del suelo, es una sensación increíble.

Siento tanta rabia algunos días de estar perdiéndome todo esto por los malditos kilómetros de siempre... como me gustaría poder conocernos más, conocer más nuestras rutinas matinales, nuestros hobbies, nuestros planes del día a día, las cosas que nos ocurren, nuestras preocupaciones, nuestras ilusiones y nuestros sueños por cumplir, como me gustaría en los días complicados poder acercarme a tu casa y que me digas que en cinco minutos, que no serán cinco, bajas y nos tomamos algo juntas. 

Os echo tantísimo de menos en el día a día, supongo que por eso intento sentirlo y vivirlo todo intensamente cuando os tengo a mi lado, para que esto no sean solo recuerdos, sino cápsulas de tiempo que me lleven de nuevo a ese instante desayunando juntas y siendo realmente felices. Porque las vistas son preciosas, sí, pero yo no puedo ni quiero dejar de mirar a mi alrededor y veros ahí sentadas, a veces siento que todo esto ha sido un sueño precioso y que pronto apareceré de nuevo en mi cama. 

Tengo unas ojeras enormes y algún que otro recuerdo de mi piel haciendo notar su presencia, no dejo de llorar cada vez que pienso en ellas y, a la vez, no dejo de sonreír por el mismo motivo. 

Tengo una infinidad de energías y colores llenando todo mi interior de flores y dibujos, y el corazón lo tengo a reventar de amor, me gusta esto que siento, el descubrir que aún puedo sentir más amor del que yo misma creía, no hay muestra más clara y leal de lo que es la vida que todo esto que sucede en mi interior.

He vivido muchos instantes preciosos, mágicos e inolvidables estos días, pero el de esa enorme playa fue uno de los más especiales. Cuando era pequeña, en una playa portuguesa a la que aún sigo yendo cada verano, mi padre me cogía de las manos y me hacía saltar ola tras ola mientras yo me reía; apretarme un poquito la mano era su forma de decirme que me quería, a ninguno de los dos se nos da muy bien mostrar(nos) el afecto entre nosotros. Alguna vez, me dijo que no siempre podría estar agarrando mi mano, pero que yo ya tendría para siempre el poder de saltar todas las olas que quisiera sin dejar de reír; con el paso de los años nuestra relación fue complicándose y nos fuimos distanciando al seguir caminos demasiado diferentes, pero siempre sigo saltando las olas y comprobando que tenía razón.

Saltar las olas al lado de ellas ha sido emocionante y mágico, verlas a mi lado y sonriéndome ha sido uno de los mejores regalos por estos años de esfuerzo, valentía, crecimiento e ilusión, estoy segura de que el abuelo y la abuela también se emocionaron al vernos desde ahí arriba; nunca imaginé sentir tanto la vida en mí, es una sensación alucinante.

Me quedo con tanto de tantas cosas... los instantes más especiales son intangibles para los ojos, pero que fácil es sentirlos en mi interior, gracias por recordarme que seguís estando ahí, muy cerquita de mí siempre, sin importar los kilómetros que nos separen. Yo prometo no irme, prometo seguir estando siempre a vuestro lado, volver a estas cápsulas de tiempo cuando la nostalgia apriete y fantasear, en cada abrazo, con quedarme cinco minutos más a vuestro lado, no se me ocurre mejor destino. 

Es hora de volver. 

Pero, de corazón, gracias por todo, os quiero muchísimo. ♡



miércoles, 12 de febrero de 2025

Nuevos mundos


Es como haber viajado a un universo completamente distinto en el que la espiritualidad llena todo de unas energías que se sienten hasta al caminar por las calles, los colores son vivos y en las sonrisas de sus habitantes se aprecia cierta magia que te conecta con lo más real de ti misma y de la vida.
El sonido de la fauna se entremezcla algunos días con melodías lejanas, haciéndote sentir parte de una historia llena de misterios y lugares por descubrir; respiramos hondo, cerramos los ojos e intentamos sentirlo todo tanto como podamos por dentro y por fuera. La luna llena ilumina hasta el más recóndito escondrijo, alguna que otra estrella brilla más de lo normal recordándome que desde ahí arriba alguien no deja de cuidarme y quererme, y el abrazo de esas amigas a las que hacía tiempo que no veías me hacen sentir de nuevo en casa, independientemente de los kilómetros y las distancias.
En ocasiones la muchedumbre de gente dificulta ver y sentir todo esto, pero basta con alejarse un poco para que el ruido cese. Estoy orgullosa de mí misma, este es el resultado de años de crecimiento y valentía, atreverme a dar ese pequeño gran paso hacia delante y estar hoy aquí me demuestra, de nuevo, que soy mucho más capaz y valiente de lo que me imaginaba, todo está yendo bien, aunque a veces me cueste darme cuenta de ello.
Me siento bien, conectada a mí misma, aunque también algo emocional al sentir estas ganas de vivir y sentir más aún, paso a paso sé que podré ir haciéndolo. Los miedos a veces hacen acto de presencia y me dificultan moverme o respirar, pero últimamente consigo seguir bailando, aún con ellos observándome.
Las calles siempre huelen a incienso, no dejo de descubrir nuevos olores a cada paso, pétalos de flores decoran las casas y las esquinas como si unos seres o energías imperceptibles para muchos convivieran entre nosotros, el agua de ese cuenco nos limpia por dentro y por fuera y el sonido de varios tambores mueve algo aquí dentro que nos hace respirar mejor todo este aire, toda esta vida. 
Este es un lugar realmente mágico y distinto al resto, es como haber viajado muy lejos en el espacio y en el tiempo y sentirte a años luz de todo lo conocido. 
Aunque en realidad, si nos paramos y observamos, seguimos siendo las mismas niñas saltando de charco en charco fantaseando con llegar a la luna, esa que ahora nos acaricia y nos canta desde ahí arriba. 

Adicta a la vida

Desde esa noche me siento en un sueño del que no quiero despertar todavía. 

Su sonrisa me animaba a acercarme, sus ojos me miraban de la misma forma en que mirábamos de pequeños los fuegos artificiales, dudé varias veces de si de verdad era yo quien estaba frente a esa mirada preciosa.

Me besó, nos besamos, y esos fuegos artificiales los sentí por dentro explotando todos a la vez y dejándome, probablemente, con una cara de embobada perdida pidiéndole con una ridícula sonrisa más besos, más tiempo, más fuegos artificiales y ternura jugando con nosotros. 

Me gusta la manera en que, de una forma u otra, consigue siempre hacerme sentir especial y realmente cuidada, a veces lo hace con tanto esmero y cuidado que hasta mis propios miedos se atreven a dejarme sola un ratito. 

Me encanta ver como se crea esa sonrisa tan bonita en su rostro, dura solo unos segundos, pero suficientes como para querer llenarle entero de besos, mimos y caricias sin parar. Cada vez que sus manos me rozan y su sonrisa me columpia me siento mucho más valiente de lo que soy en realidad. 

Tiene ese superpoder, con cada abrazo, de parar el tiempo y crear un pequeño refugio en el que no existen ni los miedos ni el ruido de ahí fuera, creo que por eso fantaseo con quedarme cinco minutos más a su lado siempre. 

Y tras un viaje a las estrellas, sin separar los pies del suelo, me armo de valentía para salirme, por primera vez, de mi entorno conocido y mis espacios seguros. Está siendo un viaje y una aventura emocionante, me cuesta no emocionarme cada vez que pienso en esa niña asustada creyendo que no era válida ni para la vida ni para el amor, hemos aprendido mucho juntas, y aún nos queda una vida preciosa que intentaré llenar de flores, ilusión, amor, ternura, colores y energías preciosas.

Pienso mucho ahora mismo en esa niña y en mis amigas, son personas tan preciosas y especiales que me siento como si me hubiera tocado la lotería, que suerte tengo de compartir vida con ellas. Llevo días fantaseando con este momento, y ahora estoy a horas de poder llenarnos de besos y abrazos, no sé si esto es real, pero todavía no me quiero despertar. 

Me siento feliz y también con la seguridad de que cuanto más grande y feroz parezca el miedo, más magia y belleza se encuentra tras él, así que allá voy, a seguir atreviéndome a saltar al vacío una y mil veces más, sé que puedo hacerlo, sé que soy mucho más grande, valiente y fuerte que cualquier miedo. 

Quiero más besos, más energías, más belleza, más ternura, más amor y más vida haciendo conmigo lo que le de la gana; me queda mucho que seguir curando, cuidando y creando aquí dentro y a mí alrededor, pero ahora mismo me siento tan conectada conmigo y tan feliz que siento que nada me detendrá en mi deseo de sentir la vida explotando en mí.