jueves, 26 de septiembre de 2024

Dulce noltalgia


Creo que no hay mejor manera de gestionar el dolor, la tristeza y la nostalgia, procedentes de momentos felices, que dejándose, a veces, hacer y sentir; creo que tan malo es dejar que te devore como tratar de encerrarlo dentro de ti o negar su existencia. 
Aún así, y pese a todo, es una sensación que en ocasiones se me hace cuesta arriba, pero también me hace sonreír al pensar en la infinidad de momentos preciosos y felices que guardo aquí dentro, supongo que esta no es más que una manera algo distinta de volver a experimentar aquellos instantes en los que fuimos muy felices. 

Os echo de menos; a ti, al verano, y a quien soy cuando estoy a vuestro lado, sois más mágicas que la Navidad, os echo de menos bastante algunos días; echo de menos vuestras ideas disparatadas, vuestras miradas llenas de amor y cariño, vuestros abrazos hogar, vuestra manera de sacarme a bailar, vuestras sonrisas en las que columpiarse hasta las nubes, el sonido de vuestras risas... ¿cómo se puede echar tanto de menos un sonido?, os juro que pagaría por escucharos reír el resto de mi vida, sois las mejores compañeras de vida que podría tener.

Me resulta imposible no sonreír sin querer cuando pienso en cada una de vosotras y en este verano, tengo aquí dentro a una niña ilusionada saltando de estrella en estrella mientras una adulta se emociona observándola con ternura, me encanta el equipo que formamos, me encanta la persona que soy cuando estoy a vuestro lado, cada día me cuesta un poquito menos creerme del todo que sigo siendo esa persona siempre.

Y lo sé, sé que seguís aquí cerquita, a mi lado, ¿quién sino acaba de hacerme sentir tan arropada y querida en mitad de toda esta gente que corre veloz por el metro?, seguís aquí en tantos momentos que acabo volviendo al presente siendo una persona realmente valiente que siente que puede con todo, tenéis algo tan mágico en vuestro interior que ni la distancia ni el tiempo logran cambiar, gracias. 

No es tanto dolor lo que siento, él solo aparece en el momento del impacto, en el momento de volver a la realidad; ahora lo que siento es más una tristeza y una nostalgia, tan mezcladas entre sí y con un sabor tan dulce, que cuesta identificarlas como tal, pero sé que voy bien. Me dejo en momentos hacer y sentir, agradezco todo lo vivido con un corazón tembloroso y una niña bailando esa canción que le emociona, y juntas volvemos a casa a prepararnos un Colacao hablando de todo lo que queremos hacer y lograr esta semana. 

Buenos días. 



martes, 24 de septiembre de 2024

Me lo merezco


Hoy he terminado de leer un libro que se ha convertido en uno de mis favoritos, me he quedado unos minutos abrazada a él como si quisiera retener un poco más todo lo que me ha hecho sentir aquí dentro, como si todavía no lo hubiera terminado del todo. Es un libro que empecé a leer a comienzos de verano, y el terminarlo se ha sentido, también, como ser aún más consciente de que ya terminó el verano del todo. 
Ha sido una mezcla de sensaciones agridulces y bonitas a la vez, por un lado la tristeza de terminar un libro que ha sido mucho más que un libro, he reído con él, he llorado, he sanado, he parado y he vuelto a él para seguir (re)descubriéndo(me) a través de mi propia historia, mis propias vivencias; por otro lado la alegría y la paz de haberlo vivido y sentido todo bien adentro, no sé hacerlo de otra manera que no sea así, he conocido la historia de la autora de este libro y, a la vez y de algún modo, ella también ha conocido la mía, hemos caminado juntas, nos hemos emocionado, nos hemos roto y nos hemos vuelto a levantar más fuertes que antes, este libro ha sido todo un viaje interno.
El libro que tengo entre mis manos hablaba de los cuidados y del amor en su máxima plenitud, hablaba de la violencia que sentimos y que no siempre identificamos bajo este nombre, hablaba de la complejidad de las relaciones humanas y,  a su vez, de la magia de no sólo coincidir, sino también conectar con el otro y con esa niña que habita en nuestro interior, hablaba de la salud mental y de que sin ella es imposible que el resto esté bien del todo, hablaba de normas impuestas y de poder escribir unas nuevas, hablaba de planes de futuro, de sueños, del perdón, del significado de "hogar" y del valor de nuestras propias vidas. 
Me he sentido identificada en muchas partes con ella y, a veces, he tenido que parar, respirar, cuidarme y permitirme mi propio ritmo, ha sido en ocasiones un libro doloroso y complicado, en otras ha sido un abrazo fuerte, una caricia tierna, un beso en la frente y un "te mereces todo este amor, toda esta ternura, todos estos cuidados y toda esta belleza y vida explotando en ti", ha sido un viaje precioso leer este libro. 
Voy mirando por la ventana del autobús, sigo abrazada al libro que acabo de terminar y noto mis ojos humedeciéndose mientras sonrío, a mi alrededor no hay más que ruido, pero aquí dentro hay toda una orquesta de emociones y sentimientos, algunos procedentes de este libro, otros del propio verano que ya ha concluido, ha sido tan precioso y mágico todo...
Observo a las personas, algunas pérdidas en pantallas, otras suspirando o refunfuñando por el tráfico que hay, y otras con miradas cansadas y rostros tristes, por un momento siento mi sensibilidad como un superpoder que me permite escapar de todo esto, o no tanto escapar, pero sí ver más allá todos los colores, niños y niñas internos y emociones que nos acompañan en este autobús, a veces es complicado ser como soy, pero me gusta tanto ser así...
Guardo mi libro con cariño en mi bolso, sonrío para mis adentros saboreando un poco más cada sensación y llamo a una de mis compañeras de trabajo para preguntarle qué tal va su martes y si necesita que vaya a por un café, es hora de volver al presente. 
Ah, y por si tenéis curiosidad, el libro es: "Me lo merezco. Historias se ternura, sanación y buenos tratos" de Anita Doinel, es todo un viaje y un abrazo salvavidas, al menos así lo he sentido yo.

Hasta pronto.


domingo, 22 de septiembre de 2024

Resurgimiento


En días como hoy, en los que descubro que sigo sabiendo volar, me acuerdo de esa niña encerrada en su habitación, llorando sobre la cama y creyendo que ahí empezaba y acababa todo, en su habitación. 
Solía creer que nunca saldría de ahí, no tanto por no poder, sino por estar atada de pies y manos por una infinidad de miedos, algunos propios y otros ajenos; recuerdo ahora algunos años pasados y me entristece observar a esa niña esforzándose por sobrevivir día a día y creyendo que eso era vivir, algunos días se esforzaba tanto que hubiera hecho cualquier cosa por descansar un poco de todo, hasta de sí misma. 
Han pasado muchos años, muchos aprendizajes, muchas etapas y muchas vidas desde aquel momento, la mujer que hoy soy se emociona al observar colores y flores en las zonas en las que tiempo atrás hubo profundas y dolorosas heridas, queda la cicatriz, algunas más grandes, otras más pequeñas, pero he aprendido también a verla desde el amor y desde el "conseguí salir adelante".
Porque sí, contra todo pronóstico, la niña creció y creció, y lo hizo tanto tanto que esa habitación y esa casa acabó quedándole pequeña; voló tan lejos como pudo solo por desafiar a sus propios miedos y demostrarles que sí era capaz, que sí soy capaz. 
Llevo una semana algo sensible y emocional, suelo llorar varias veces al día, pero me hace sonreír el comprobar que todas las razones por las que lo hago tienen que ver con momentos felices y con el amor en su máxima plenitud.
Me gusta tener a esa niña que lloraba en su habitación cerca de mí en el día a día, es una de mis grandes referentes y guías, siempre sabe qué hacer o cómo volver a estar bien cuando yo me siento perdida.
Hoy me ha hecho atreverme a dar ese paso hacia una locura que me daba algo de vértigo, no lo he pensado, solo lo he hecho agarradita de su mano, a veces aprendo mucho más yo de ella que lo que ella pueda hacerlo de mí, te quiero mucho. 

Quiero seguir creciendo, seguir evolucionando, seguir atreviéndome a saltar al vacío, seguir haciendo todo aquello que me de miedo y seguir sintiéndome realmente viva, quiero tanta vida a mi alrededor y en mi interior que me explote en mis manos.
No quiero volver a olvidar nunca que debemos luchar por vivir, y no sólo por sobrevivir.

Vuela alto pequeña, estoy contigo, a tu lado  siempre. ♡ 

lunes, 16 de septiembre de 2024

Cuenta atrás


Como estar a segundos de distancia del suelo y creer que vas sin paracaídas, como estar buceando y sentir que se te acaba el oxígeno y que tu propio cuerpo vuela hacia la superficie; es una sensación que da pánico, pero el pensar que esto es el resultado de sacos repletos de amor, ternura y vulnerabilidad hace que, momentáneamente, también sea una sensación de felicidad, ¿cómo se pueden sentir cosas tan intensas y contrarias a la vez?
Cierro los ojos, lleno mis pulmones de oxígeno y sonrío a segundos del suelo mientras pierde importancia el después, si lo que ocurrirá es un golpe de los fuertes o un nuevo vuelo hasta las nubes, no sé cómo lo hago, pero siempre salgo volando y me estampo a la vez, de nuevo cosas contrarias, tal vez no tiene mucho sentido, pero es lo que ocurre...
Los minutos y segundos de antes siempre son los peores, la cabeza no dejar de gritar las cosas que crees que te faltaron o los aparentes fallos, el cuerpo a tres mil por hora intentando mantenerse estable en mitad de un tornado de emociones, y el corazón emocionándose con la cinta de los momentos más preciosos, esa que sabes que nunca te cansarás de ver por muchas veces que la hayas reproducido. 
Se acaba el oxígeno, tu cuerpo intenta ir hacia la superficie para poder respirar de nuevo, pero sabes que eso conllevará romperse, por ello intentas mantener las formas, aguantar un poquito más bajo el agua y fantasear con que aquí debajo no hay dolor, pero en algún momento tocará subir de nuevo. 
Cojo aire, veo el suelo frente a mí, pero de pronto unos brazos me rodean, sonstienen la infinidad de trozos en los que mi cuerpo se ha fracturado y, sin saber exactamente cómo, salgo volando hasta las nubes.

Es una sensación tan extraña e intensa que no sé ni cómo describirla, pero si la magia existe seguro que tiene que ver mucho con esto.

Un verano inolvidable.

jueves, 12 de septiembre de 2024

Ciudades de colores


A mí nunca me faltó maldad, era al resto al que le faltaba bondad, pero claro, era más fácil golpear y luego preguntar que correr el riesgo de ser tocado por el otro.
Me gusta pensar que soy el resultado de una infinidad de instantes felices y el aprendizaje del conjunto de muchos otros que no fueron tan bonitos. 
Soy la mirada de cariño de mi madre en la que a veces me quedaba a dormir, soy la dulzura de la mano de mi mejor amiga cuando agarró por primera vez la mía en el recreo, soy un "tú puedes hacerlo" de quienes fueron creyendo en mí sin tener demasiadas garantías, soy un abrazo salvavidas de esa amiga que movería tierra y mar por mí, soy la sonrisa en la que yo me columpiaba de pequeña, soy el beso en la frente, el perdón de un padre, la caricia de una abuela y el "te quiero" imborrable. 
Soy el conjunto de muchos instantes, y quizá por ello me cueste a veces entenderme, porque llevo aquí dentro muchas historias y personas.
Por eso no quiero pensar que me falte maldad, porque me parece que hacerlo sería una derrota, un "teníais razón" que me niego a pronunciar.
Quiero seguir creyendo en el amor y en la generosidad como herramientas de cambio interno y externo, quiero dejar la puerta arrimada y dejar entrar por ella a quienes crea que merecen saber lo que hay aquí dentro, quiero que mi legado sea el de demostrar que hay espacios, personas e historias en las que puedes deshacerte de tu escudo y salir sin rasguños. 
Y no, no hablo desde la ausencia de rasguños, golpes, dolor o violencia, aquí dentro a veces las cosas se han tambaleado llegándose a derrumbar, pero no por ello quiero dejar de recordar lo bonito que es volver a levantarse, construir y curar.
No me falta nada, es a muchos de vosotros a quienes tal vez sí le falte amor y les sobre maldad o miedos.