sábado, 29 de junio de 2024

Reconciliarse, desnudarme ante ti y seguir respirando

 

Quiero alguien que no tenga miedo a quedarse, que se muera de ganas de conocerme, aún poniéndolo yo difícil en ocasiones, quiero que me escuchen, que me miren, que me abracen y sentir que están algo más cerca, sin importar los kilómetros que nos separen; quiero romperme en los brazos de alguien, perder el control y las formas y que sepan lo que hacer en ese momento para seguir haciéndome sentir segura, quiero que piensen en mí y que quieran saber cómo me va todo, que me sorprendan un día cualquiera o que se acuerden de que ayer tenía algo importante. 

Tengo personas que ya hacen todo esto, pero me gustaría que algunas otras lo hicieran algo más o mejor, saber cómo pedirlo o saber decirlo en voz alta, reconocerme frente al espejo herida algunos días, reconocer que necesito a veces del otro, que yo sola no puedo, y no dejar de sentirme fuerte y valiente por ello. 

Quiero reconciliarme con la parte más oscura de mí, la más herida, miedosa y vulnerable, y atreverme a mostrarla de nuevo a los de ahí fuera, hablar de que tan importante es saber irse a veces como querer quedarse y demostrarlo en otras, y que ahora lo que quiero es que seas tú quien me cuides a mí, ser capaz de abandonar el eterno rol de cuidadora y reconocer que para seguir disfrutando dicho rol debo habitar también el de dejarme cuidar y querer.

¿Miedo? Muchísimo, pero necesito mirar hacia dentro y recordar, de nuevo, que los valientes no son los que no tienen miedo, sino los que son capaces de mostrar estos ante otros, incluso ante sí mismos. 


ser y amar de verdad, con corazón y entrañas, no debería conllevar ni esfuerzos ni miedos

 

Mi primer beso fue raro, y en el segundo contaba los segundos para que terminase; unos ojos brillaban frente a mí y los míos intentaban hacer creer que todo estaba bien mientras por dentro me preguntaba si esto era lo que había o si había en mí algún problema que me hacía no sentir nada, tampoco es que esperase fuegos artificiales, pero me sentí la intrusa del inicio de una película romántica en la que yo no pintaba nada, algo no cuadraba, algo fallaba

Siempre he ido algo lenta en los procesos vitales; cuando el resto estaba dando sus primeros pasos yo todavía me desplazaba gateando, cuando el resto ya era capaz de seguir en su cama las noches de pesadillas yo seguía acudiendo a la de mis padres como mi mejor refugio y cuando el resto empezaba a jugar a tener novios y novias y darse besos con este y aquel yo todavía me divertía solo con mis amigas sin pararme a pensar en temas de corazón. 

Pero cuando empecé a sentir cierta curiosidad fue cuando empecé a sentirme algo perdida. Me esforzaba, de verdad que me esforzaba por fijarme en alguien, por acercarme a quien creyera que me podía provocar esos fuegos artificiales por dentro y por sentir esa ilusión que en mis amigas parecía nacer de una manera tan natural, fueron en vano los intentos y crecí dejando un poco de lado este área, aunque deseaba tener esas pequeñas y mayores historias de amor de la adolescencia, unas historias de amor de una adolescencia robada por la falta de referentes y de visibilidad de la infinidad de formas de amar y de existir que había y que no conocí hasta años después.

Un día ocurrió, llevaba meses poniéndome nerviosa cuando esa chica estaba a mi lado, me temblaban las piernas, disfrutaba estar a su lado y me imaginaba una infinidad de planes más a su lado, la inocente Laura de aquel momento justificaba todas estas reacciones diciendo que sentía gran admiración por ella, pero no era así. Una tarde hubo un beso, al comienzo tímido y luego más atrevido, el deseo y las ganas de sentirlo todo lo guiaban, y una niña aquí dentro exhausta, pero con unos ojos brillantes y una ilusión difícilmente controlable, se sentía realmente feliz por primera vez con un beso de este tipo; era esto, aquí estaban todas esas cosas que a sus amigas no les costó encontrar, la ilusión, los fuegos artificiales, la emoción, la sonrisa de felicidad, las ganas de que este no fuera el último beso...

Los meses siguientes me fui descubriendo ante el espejo y me fui fijando en distintas personas que de verdad me gustaban, sentí miedo también por quedarme sola cuando los de ahí fuera vieran lo que había y ocurría aquí dentro, pero el miedo se fue esfumando y solo quedó un corazón dispuesto a sentir tanto amor como pudiera. 

En ocasiones sigo teniendo que decir varias veces que no me gustan los chicos cuando alguno cree que "no he encontrado al indicado", soportar el "ay, pues no lo pareces" y el "yo no tengo ningún problema, pero no soy de las vuestras, ¿eh?", queda mucho por hacer y luchar, pero a lo largo de los años fui creando, o mejor dicho, descubriendo a una familia  preciosa que también tuvo que recorren un largo camino para descubrir que merecemos ser quienes queramos y amar a quien queramos; ese amor y esa identidad ya estaban ahí dentro, pero ojalá seguir dando pasos hacia una sociedad más diversa e inclusiva que se lo ponga un poquito más fácil a las nuevas generaciones.

lunes, 24 de junio de 2024

Vulnerabilidad indomable


A veces siento que yo sola no puedo con todo, y esto me toca de lleno una herida que fue bastante curada en su momento, pero que ahora siento que se me ha vuelto a infectar por la ausencia de cuidados últimamente sobre mí misma. 
Me da miedo reconocer que no puedo con todo porque eso implica la necesidad de la participación del otro y, sobre todo, confiar en manos ajenas partes vulnerables de nosotros  y correr el riesgo de que el otro sepa hacerlo bien o haga, por madad o por despiste, lo contrario, aunque bueno, supongo que el amor tiene mucho que ver con esto, ¿no?, quitarnos corazas y miedos y que una mirada distinta a la nuestra descubra nuestra zonas heridas, ¿recibiré una caricia o un beso, un golpe o nada?, me acojona la incertidumbre de este tipo de momentos y, supongo, que por eso siempre he preferido ser la que cuida y quiere antes de que otros lo hagan conmigo, por miedo, a veces, a que cuando quiera que alguien lo haga conmigo no haya nadie que lo vaya a hacer bien.
Y sé que estos no son más que puñados de pensamientos intrusivos mezclados con varias distorsiones cognitivas, ahí fuera he conocido a personas que han sabido y saben cuidarme y quererme con muchísimo amor, pero el miedo a veces sigue ahí dificultándome el pedir ayuda, el parar o el romperme ante la mirada del otro, quiero aprender a hacer esto bien porque es algo en lo que últimamente estoy teniendo dificultades. 
No puedo con todo, tengo miedos e inseguridades, a veces no estoy disponible para otros, a veces me enfado y grito,: y otras estoy tan evitativa conmigo misma que evito socializar de más por el temor a que la respuesta ante la pregunta de: "¿qué tal estás?" sean unos ojos acuosos. 
Nada de esto está  mal, todo es válido y todo está bien, tengo derecho a perder el control y necesitar ayuda, sostén y acompañamiento siempre que lo necesite, mi valor es el mismo el día que me siento una diva y el día que me siento diminuta.
Me observo desnuda frente al espejo, me lloran los ojos por miedo o incomodidad, cierro los mismos y pronuncio con voz temblorosa: dispárame o acaríciame. 
Pasan unos segundos llenos de ruido ensordecedor y te digo después: ¿sabrías tú hacer esto que yo acabo de hacer?.
Al final, resulta que soy un poquito más valiente de lo que recordaba. 

miércoles, 19 de junio de 2024

La magia invisible de los lugares más comunes


Ayer pasé por la calle, desde hace unos meses, prohibida, y tuve miedo de posibles secuelas y recaídas; sentía el ritmo de mi respiración agitado y el silencio era ensordecedor, me sentía como si estuviera en la escena de un antiguo crimen sin resolver. El asesino, un puñado de recuerdos resplandecientes, y su arma, una nostalgia capaz de colarse hasta en los rincones más recónditos; le dejé entrar, te dejé entrar durante un ratito en mí y desordenarlo todo; mientras, una diminuta sonrisa brillaba con ternura y a unos ojos temerosos se les metía algo de nostalgia en su interior haciéndoles llorar. 
Los lugares en los que hemos sido felices siempre poseerán en su interior cierta magia especial; para gran parte de las personas de ahí fuera seguirán siendo sitios corrientes a los que apenas prestarán atención, pero para quien una vez se paró a ser feliz allí no. A mí me dan miedo, y no sé si es por todo lo que te pueden llegar a hacer sentir cuando creías haber ya pasado página o por ser consciente de que, a veces y sin darnos cuentas, dejamos especiales partes de nosotros en esas personas y en esos lugares en los que fuimos felices.
Parte de nuestro legado reside en esas personas y en esos lugares; la manera en que aparecemos allí, lla manera en la que nos permitimos ser y sentir y la manera de irnos, aunque esta última no nos guste, dice mucho de quienes somos, y en temas de despedidas yo no soy quien para dar lecciones, pues un puñado de emociones siempre me agarra en este tipo de momentos haciéndome sentir algo torpe en las mismas. 
Pero ya no tengo miedo a pasar por esa calle, algunos domingos o días de bajón sigues estando en ese banco con tu maldita sonrisa preciosa y tus aparentes ganas de descubrir que había aquí dentro, la nostalgia siempre consigue estrujar mi corazón y,  a veces, hacerme llorar, pero he vuelto a caminar por esa calle y a sonreír por haber tenido la suerte de coincidir contigo.
Hay lugares corrientes en los que se queda a vivir cierta magia de esa que llevamos en nuestro interior y que se ve desde fuera cuando somos muy felices, párate, mira y siente, prometo que si duele es señal de que está curando, prometo que mañana dolerá menos, y te prometo que algún día ese lugar ya no nos hará llorar y solo provocará en nosotros una sonrisa nostálgica por haber podido vivirlo y sentirlo todo bien adentro. 

miércoles, 5 de junio de 2024

Las personas de siempre en el lugar de siempre.

 

Las mismas personas y el mismo lugar de siempre, pero todo, absolutamente todo, diferente. 

Entre estas paredes fuimos, durante un rato, invencibles y eternos en el tiempo; cada Viernes por la tarde jugábamos a ser quienes quisiéramos ser, soñábamos despiertos, nos ilusionábamos al ver lo que estábamos construyendo y nos emocionábamos con cada abrazo en el que el mundo parecía nuestro patio de juegos en el que seguir jugando y avanzando cogidos de la mano, y del corazón. Nos emocionamos, nos abrazamos, nos sentimos, nos enamoramos, nos desenamoramos, nos ilusionamos, nos reconstruimos, nos observamos y nos construimos como una familia preciosa en la que poder llegar hasta las estrellas juntos, a veces llegamos a vivir instantes tan mágicos y especiales que dudábamos de si esto era real o solo un sueño del que despertaríamos en algún momento. El tiempo ha pasado y muy lejos quedó todo esto, pero siendo sinceros debemos reconocer que nos ha quedado una historia preciosa, prometo que algún día la tendréis en vuestras manos escritas. La sensación es algo rara al comienzo, he vivido y sentido tanto por, gracias y a través de estas personas que me es imposible no tenerles un cariño especial, les quiero mucho y sé que les voy a querer toda la vida sin importar la distancia existente entre los caminos que estemos recorriendo cada uno. Siento una ternura estrujando mi corazón. un beso cálido en mi mejilla, un "que bien verte", unas carcajadas sonoras siendo la melodía perfecta de nuestro encuentro y miradas brillantes entre unos y otros con cierta pizca de nerviosismo e ilusión en su interior. 

Hay ocasiones en que al mirar a algunas personas no ves tanto rostros, sino cofres repletos de recuerdos, supongo que por eso siguen brillando tanto siempre sus miradas y ellos mismos, jolín, les quiero tanto a cada uno de ellos, siempre van a ser algo especiales y diferentes al mundo de ahí fuera y esto si que es para siempre, la ternura y el amor poniéndome la piel de gallina, mis ojos aguantando las lágrimas al escuchar recuerdos pasados y felices y mis ganas de verles seguir cumpliendo sueños y siendo felices, se lo merecen, se merecen ser realmente felices y explotar de amor una y mil veces más, yo lo hice, salté al vacío y acabé volando rodeada de estrellas. 

Creo que ya vi esta película tiempo atrás y no me gustó el final, nunca estamos preparados para despedirnos de quien ha sabido querernos bien y bonito, pero las despedidas son parte inevitable y necesaria de seguir creciendo, y sin ellas hoy no estaríamos viviendo este reencuentro. 

Os quiero mucho y os llevo siempre conmigo allá donde voy, en muchas ocasiones me dijisteis varios de vosotros que llevaba aquí dentro cierta luz especial y que por eso era fácil quedarse cerca de mí, creo sinceramente que parte de esa luz no era nada más que el reflejo de quien tenía delante, gracias por aquellos años, por explotar de amor e ilusión y animarme a lanzarme al vacío, durante un rato fuimos imparables y eternos y eso me lo voy a llevar siempre conmigo, al igual que a cada uno de vosotros.

Menuda historia más bonita y especial me está quedando.