martes, 30 de diciembre de 2025

La magia de después


El año está a punto de terminar, vuelvo a intentar reconectar con las cosas más especiales y bellas que sigo contemplando a mi alrededor y en mí y, como por arte de magia, vuelvo a creer en el amor que habita en cada rincón confiando en que todo irá bien. Abrazo cada vez mejor a mis miedos, les miro todavía con ojos llorosos, temblando ante ellos, y les digo: "ya os he visto, gracias por las advertencias, pero, voy a seguir saliendo ahí fuera, y si las cosas salen mal volveré y me dedicaré el tiempo y los cuidados necesarios para curar y sanar, sin caer en el odio o reproche fácil, ni hacia mí ni hacia otros, ni tampoco dejar de creer en el amor, eso nunca". 

No creo en el amor de película, ni en el comercial, ni en el que crees sentir cuando los fuegos artificiales explotan y brillan sin parar, no creo en un amor simple ni mucho menos un amor sin cuidados ni ternura como bases esenciales. 

Creo en el amor que encuentro en mi madre cada vez que se esfuerza por escucharme sin juicio, el que vive en el interior de los ojos que se emocionan cuando algo muy bueno te sucede, en el que se envía junto a ese mensaje de "avísame cuando llegues a casa", el que se siente cuando lloramos con la cara al descubierto frente a alguien recibiendo un abrazo, en vez de un disparo. El que encuentro en todos los animales que, con ansias, esperan un mimo y una mirada por nuestra parte para ser aún más felices, el que siento cuando mis amigas me abrazan fuerte, prometiéndome quedarse a mi lado, el que te ayuda a volver a hablar las cosas mil veces más si no han quedado claras para que nada ponga en riesgo todo lo construido, el que acompaña ese "vamos a ver qué podemos hacer porque no te quiero perder". El que hace que los coches frenen cuando no hay semáforo para dejar pasar al peatón, el que junta a personas desconocidas frente a un portal para evitar que arrebatan la casa de quien lleva toda una vida en ella, el amor de quien te ayuda a romper normas y moldes, asegurándote que hay mucha más gente que ya lo hizo y que también creían que nadie más lo haría. El que contienen las manos de mis pequeños tesoros cada vez que acarician mi rostro pronunciando ese "te quiero" que jamás me cansaré de escuchar, las videollamadas infinitas con quien está demasiado lejos, y que si no podemos salvar el mundo, al menos, salvémonos entre nosotras. 
Creo en el amor de quien comparte parte de su verdad en cada micro abierto o ante miradas que buscan en otras la conexión real, sin protegerse entre pantallas o artificios, el que contenía mi abuela en cada centímetro de su cuerpo y compartía con cada abrazo fuerte y cada beso especial, el de todas las personas que se la juegan aún sin soltar a los miedos, el que te hace preferir tener algún rasguño antes que lanzar al otro al vacío. El que permanece cuando los fuegos artificiales se han acabado y empieza a hacer frío, el que te hace, aún así, quedarte un ratito más al lado de esa persona solo por escucharle hablar. El que contenían los ojos de mi abuelo, el de quienes te tratan con amabilidad siempre o quien llena el plato de quien lo tiene vacío, aún sin haber comido todavía. El de encontrar un táper con tu nombre en la nevera sin importar las horas a las que llegues a casa, el de llamar a una puerta y que se abra, el que se siente cada vez que alguien te pregunta mirándote a los ojos cómo estás, pidiéndote la verdad después de ese "bien, aquí".

Mi sensibilidad es uno de los regalos más poderosos que esta vida me dio, me hace ver el amor y la belleza en tantas partes que me emociono con facilidad, es una forma mágica, y algo mística, de recibir un mensaje tipo: "lo estás haciendo bien, seguimos aquí contigo". 
El ruido ahí fuera es ensordecedor, y las fechas en las que nos encontramos no ayuda, pero, si te apartas un poco de todo eso se puede llegar a sentir algo realmente especial por dentro, si se tiene la valentía y el mimo suficiente. 

Se habla mucho de qué le pedimos al nuevo año y a la vida; yo, por si acaso, le sigo pidiendo algunas cosas... que no sea por no intentarlo. Pero, nunca se habla de qué estamos nosotros dispuestos a darle a ella, yo le voy a seguir dando tanto amor y emoción como pueda, que haga lo que quiera con ello, pero yo de aquí me voy a ir con un corazón repleto de toda esa magia en la que nos intentan que dejemos de creer al crecer, eso lo tengo claro. 

Cuidaros bien y, por favor, no dejéis nunca de creer en ello.

Todo irá bien, y si no, es que no es el final. 





jueves, 25 de diciembre de 2025

La maldita tristeza de siempre


Te diría que esta es la última vez que voy a escribirte, pero sé que no es verdad, así que te diré que intentaré que esta sea la última vez que te escribo este año.

Siento tantas cosas y tan contradictorias dentro de mí que suelo necesitar parar y descansar en muchos momentos; intento cuidar con cariño y esmero la imagen que tenía de ti, agradecer a menudo todo lo bueno y lo importante que, consciente o inconscientemente, me has dado y has significado para mí. 
Me esfuerzo, paso a paso, en aprender a soltar todo lo que siento, sin caer en el odio o en el reproche fácil; no quiero odiarte, ni mucho menos colocarte como el villano, cuando ni siquiera estoy segura de si alguna vez me has visto de verdad, es complicado cuidar del otro sin antes haber levantado la cabeza, y eso es algo que ni yo ni nadie puede hacer por ti. 

Me gusta pensar que no supiste hacer las cosas mejor, que suficiente ruido, dolor y batallas arrastras contigo mismo como para poder acompañar el de otra persona, es una manera de seguir cuidando y protegiendo parte de la belleza que observé en ti, pero me duele, ostia que si me duele... me duele porque todo en lo que creía, en referencia a ti, se tambalea y me hace culpabilizarme por esperar de ti que estuvieras cuando, en realidad, llevabas meses pidiéndome irte, lo siento por no haberte escuchado, yo también lo hice mal esperando de ti los cuidados que necesitabas más tú que yo, pero no te negaré que esperaba una carta de despedida, un "lo siento, no he sabido hacerlo mejor", ojalá te hubieras despedido en el primer momento en que sentiste que ya no querías estar aquí. 

Sigo llorando a menudo, la maldita tristeza sigue acompañándome todo el día, aparece también en esos momentos que deberían ser felices, y esto me duele de una manera que me asusta volver a sentir, las navidades y todos sus artificios no ayudan en este proceso, intento tomármelo con calma, mi psicóloga me asegura que todo irá bien y que está orgullosa de mí.
Me cuesta gestionar la rabia, así como muchas otras emociones, pero pensar en cómo fui yo me calma; sentí un gran cariño por ti desde un lugar limpio, acogedor y con las manos abiertas, siempre dispuestas al abrazo fuerte o a las caricias especiales para espantar a la soledad durante un ratito, me siento tan feliz de haberte regalado esos ratitos de paz o los colores que tanto te cuesta observar fuera; conocía los riesgos desde el primer día, pero esa mirada preciosa y triste pedía un refugio en el que descansar, y yo no dudé en tirar escudo y espada por dártelo, o intentarlo. Me faltó una despedida por tu parte, me faltó la valentía de preguntarte si querías seguir estando, yo no la tuve para preguntártelo y tú no la tuviste para soltar lo que ya no podías o querías sostener. 

Cuida mejor a las personas, por favor. Hay personas a tu alrededor que estoy segura de que moverían tierra y mar por ti, pero, esas personas también necesitan que hoy seas tú quien les abraces, quien les preguntes por su día, quien des el primer paso o quien  les des la mano cuando tengan miedo, en vez de soltársela, no tienes que hacer nada grandioso, basta con estar. Y si no, por favor, despídete con el mismo cariño y amor que tú antes has recibido, sé que cuando la tristeza y el dolor aprietan puede ser muy complicado estar para el otro, pero por favor no les dejes solos, estoy segura que si lo haces nunca te lo echarán en cara, pero ellos también necesitan ser escuchados y abrazados, y no solo ser quienes escuchan y abrazan. 

Me voy con un corazón repleto de cariño, con manos llenas de caricias y mimos dados y recibidos, con los brillos preciosos de la mirada de quien, a veces, intentó creer de nuevo en la magia, con la seguridad de quien sabe que lo hizo con el corazón temblando, pero deseando un ratito más de paz junto a ti antes de la tormenta, con la ternura que encontró en esa mirada triste, con los maullidos de fondo de quienes me robaron el corazón, y con el calor de ese refugio en el que nuevas partes de mí se atrevieron a salir, no me debes nada, lo hice todo con amor y por amor. 

Obviamente, la parte de ir soltando ahora no es que me haga mucha gracia, yo quería quedarme todavía un ratito más, pero cada día me vuelvo a mirar con más paciencia, con más amor, me libero de la culpa, abrazo mi intensidad, mi vulnerabilidad y mi manera de sentir, le lanzo un beso a la persona del espejo y le llamo valiente, estoy tan orgullosa de ella, te prometo que todo irá bien.
Le doy un último beso a tu recuerdo, deseando que sirva como una especie de escudo protector cuando la tristeza o el dolor no te hagan ver más allá de esa habitación oscura, después recojo con extremo cuidado y ternura la persona que fui contigo, prometiéndole todo el amor y todos los colores que tú siempre creíste no tener y no poder dar, ojalá algún día te des una oportunidad de que salga bien. 
A veces hay que jugársela, podrías empezar por ti, a ver qué pasa...

Ojalá te vaya todo muy muy bien, ojalá te des una oportunidad y ojalá te pasen todas esas cosas buenas que ni te crees que puedes vivir. 

Te deseo todo el amor y todos los cuidados del mundo, ojalá los sepas recibir, ojalá sientas que es un abrazo y no un disparo lo que, a veces, el otro te quiere dar; conlleva sus riesgos, por supuesto, pero es una sensación alucinante la de ponerte frente al otro y recibir un abrazo cuando esperaban un disparo. 

Ojalá no hubieras disparado, Ojalá me hubieras abrazado 






martes, 16 de diciembre de 2025

El (re)nacimiento de alguien especial


¿De verdad lo vamos a hacer?, estoy tan nerviosa y tengo tantos miedos... llevamos meses teniendo citas preciosas en nuestro local de siempre, conocerte ha sido y es uno de los mayores viajes que jamás me habría imaginado; no sé cómo lo consigues, pero cuando estoy a tu lado siento que los miedos pesan algo menos y que un puñado de ganas por ser visible rugen con fuerza aquí dentro. 
Está siendo un proceso brutalmente doloroso, pero también realmente precioso...
Cierta tristeza sigue habitando aquí dentro, pero ya no le tengo tanto miedo, intento cada día dedicarle un tiempo en el que dejarle viajar al pasado y volver a agradecer todo lo bueno, que no fue poco, me siento tan privilegiada de haber vivido algunos momentos tan mágicos y especiales... esos ya los llevo aquí dentro bien guardados y calentitos.
La soledad, a veces, desaparece de golpe cuando quien menos me imaginaba me suelta un: 
"lo estás haciendo bien, cuéntame más".
Lo que ayer era un secreto inconfesable, hoy nace ante nuevas miradas llenas de ganas de ver(me); me sigue dando mucho miedo poner el cuerpo y la voz frente al otro, incluso más que antes, pero me suele ayudar que me abracen cuando los miedos aprietan o que les brillen los ojos cada vez que (me) abro un poquito el lado izquierdo de mi pecho.
Mi madre últimamente se esfuerza por entenderme y escucharme sin juicios, no siempre lo consigue, pero valoro mucho el intento. 
La Navidad también puede tener muchos momentos bonitos, aún existiendo una ola de tristeza y nostalgia dolorosa en todo mi alrededor, intento disfrutar de las cosas pequeñitas que me hacen sonreír, y refugiarme en esa persona con quien tengo citas preciosas cada Lunes, todavía no me creo que vayamos a hacerlo. ¿De verdad lo vamos a hacer?.
Aquí dentro están sucediendo tantas cosas y siento tanto que, a veces, me abruma la intensidad y necesito descansar; mi psicóloga me sigue observando con preocupación por las últimas recaídas, pero también me llama valiente en infinidad de momentos, me gusta como suena. 
Tengo una infinidad de miedos arañando aquí dentro, pero también siento una infinidad de mimos por dentro de quien ya ruge por poder salir. Me dice que todo irá bien, me cuesta creerle, pero supongo que no queda otra que confiar en el proceso. 

domingo, 7 de diciembre de 2025

Nuevos mundos por descubrir


Estoy muy nerviosa, los miedos aprovechan muchos momentos de debilidad para hacerme retroceder, y la tristeza me hace sentir diminuta frente a todo; pero, también me siento muy ilusionada según descubro más y más de todo el mundo, aparentemente nuevo, que llevo aquí dentro.
Tengo miedo, muchísimo, pero, lo estoy haciendo; estoy preparándome para atreverme a saltar, estoy intentando disfrutar cada segundo, sentir bien adentro cada emoción, siento que ese salto será el último día de un proceso tremendamente doloroso y precioso a la vez, pero, también será el primer día de una nueva versión de mí, más real, más libre.
¿De verdad lo voy a hacer?; no soy capaz de imaginarme todavía ahí, quiero hacerlo, aún sin saber si saldrá bien, lo que empezó como sutiles pensamientos o ganas de salirse de la norma ahora ruge con ansias de jugar y explorar sin parar, me gusta lo que siento cuando me permito experimentar esta libertad e ilusión, es como viajar a un nuevo mundo, más bonito y amable.
La soledad y la tristeza siguen siendo mis peores enemigas, me siguen haciendo mucho daño y a veces aparece la culpa ante pequeñas y mayores recaídas, les tengo mucho miedo, pero intento creer a mi psicóloga cuando me dice que no estoy en el punto de partida, aunque sí sienta que he retrocedido varios pasos importantes. 
Las cosas van muy rápido, son demasiados los cambios por dentro y por fuera, y yo a veces sólo querría quedarme tapada en la cama y que me abrazaran durante horas asegurándome que todo irá bien. 
A veces la vida adulta se me hace bola; no sé... todo se me va de las manos y sigo sin apenas cuidarme en el día a día, lo siento, lo estoy intentando... tengo muchos miedos a flor de piel y lloro con mucha facilidad, pero también me ayuda a liberar mucho de aquí dentro.

Paso a paso, intento confiar en que todo irá bien.