El año está a punto de terminar, vuelvo a intentar reconectar con las cosas más especiales y bellas que sigo contemplando a mi alrededor y en mí y, como por arte de magia, vuelvo a creer en el amor que habita en cada rincón confiando en que todo irá bien. Abrazo cada vez mejor a mis miedos, les miro todavía con ojos llorosos, temblando ante ellos, y les digo: "ya os he visto, gracias por las advertencias, pero, voy a seguir saliendo ahí fuera, y si las cosas salen mal volveré y me dedicaré el tiempo y los cuidados necesarios para curar y sanar, sin caer en el odio o reproche fácil, ni hacia mí ni hacia otros, ni tampoco dejar de creer en el amor, eso nunca".
No creo en el amor de película, ni en el comercial, ni en el que crees sentir cuando los fuegos artificiales explotan y brillan sin parar, no creo en un amor simple ni mucho menos un amor sin cuidados ni ternura como bases esenciales.
Creo en el amor que encuentro en mi madre cada vez que se esfuerza por escucharme sin juicio, el que vive en el interior de los ojos que se emocionan cuando algo muy bueno te sucede, en el que se envía junto a ese mensaje de "avísame cuando llegues a casa", el que se siente cuando lloramos con la cara al descubierto frente a alguien recibiendo un abrazo, en vez de un disparo. El que encuentro en todos los animales que, con ansias, esperan un mimo y una mirada por nuestra parte para ser aún más felices, el que siento cuando mis amigas me abrazan fuerte, prometiéndome quedarse a mi lado, el que te ayuda a volver a hablar las cosas mil veces más si no han quedado claras para que nada ponga en riesgo todo lo construido, el que acompaña ese "vamos a ver qué podemos hacer porque no te quiero perder". El que hace que los coches frenen cuando no hay semáforo para dejar pasar al peatón, el que junta a personas desconocidas frente a un portal para evitar que arrebatan la casa de quien lleva toda una vida en ella, el amor de quien te ayuda a romper normas y moldes, asegurándote que hay mucha más gente que ya lo hizo y que también creían que nadie más lo haría. El que contienen las manos de mis pequeños tesoros cada vez que acarician mi rostro pronunciando ese "te quiero" que jamás me cansaré de escuchar, las videollamadas infinitas con quien está demasiado lejos, y que si no podemos salvar el mundo, al menos, salvémonos entre nosotras.
Creo en el amor de quien comparte parte de su verdad en cada micro abierto o ante miradas que buscan en otras la conexión real, sin protegerse entre pantallas o artificios, el que contenía mi abuela en cada centímetro de su cuerpo y compartía con cada abrazo fuerte y cada beso especial, el de todas las personas que se la juegan aún sin soltar a los miedos, el que te hace preferir tener algún rasguño antes que lanzar al otro al vacío. El que permanece cuando los fuegos artificiales se han acabado y empieza a hacer frío, el que te hace, aún así, quedarte un ratito más al lado de esa persona solo por escucharle hablar. El que contenían los ojos de mi abuelo, el de quienes te tratan con amabilidad siempre o quien llena el plato de quien lo tiene vacío, aún sin haber comido todavía. El de encontrar un táper con tu nombre en la nevera sin importar las horas a las que llegues a casa, el de llamar a una puerta y que se abra, el que se siente cada vez que alguien te pregunta mirándote a los ojos cómo estás, pidiéndote la verdad después de ese "bien, aquí".
Mi sensibilidad es uno de los regalos más poderosos que esta vida me dio, me hace ver el amor y la belleza en tantas partes que me emociono con facilidad, es una forma mágica, y algo mística, de recibir un mensaje tipo: "lo estás haciendo bien, seguimos aquí contigo".
El ruido ahí fuera es ensordecedor, y las fechas en las que nos encontramos no ayuda, pero, si te apartas un poco de todo eso se puede llegar a sentir algo realmente especial por dentro, si se tiene la valentía y el mimo suficiente.
Se habla mucho de qué le pedimos al nuevo año y a la vida; yo, por si acaso, le sigo pidiendo algunas cosas... que no sea por no intentarlo. Pero, nunca se habla de qué estamos nosotros dispuestos a darle a ella, yo le voy a seguir dando tanto amor y emoción como pueda, que haga lo que quiera con ello, pero yo de aquí me voy a ir con un corazón repleto de toda esa magia en la que nos intentan que dejemos de creer al crecer, eso lo tengo claro.
Cuidaros bien y, por favor, no dejéis nunca de creer en ello.
Todo irá bien, y si no, es que no es el final.