lunes, 25 de noviembre de 2024

Tonos grises

Hoy el tiempo está triste, los miedos feroces y la tristeza cariñosa conmigo, por si esto fuera poco he decidido que ponerme Samuraï de fondo era buena idea, en este modo melancólico llevo toda la mañana de hoy, día en el que me prometí que adelantaría cosas del trabajo. 

Me relaja el sonido de la lluvia, pero el color grisáceo de las nubes me hace llorar con facilidad, sonrío sin querer cuando me imagino siendo, en mi cama, abrazada por alguna de esas personas que me hacen sentir de todo sin ponerme un dedo encima.

Los días tristes también son importantes y, de alguna forma, necesarios y bonitos para después volver a salir ahí fuera y disfrutar los días felices. Pienso en las mismas dos o tres personas que están a kilómetros de distancia cuando deberían estar a centímetros, me escucho de nuevo sus audios y veo las fotografías que tenemos juntas como buena DramaQueen, puede sentirse algo doloroso a veces, pero soy una experta en sacar la tristeza fuera de mí, prometo que en unas horas vuelvo a ser persona. 

Fantaseo también con que en algún momento se me den mejor las personas, que me de menos miedo eso de quitarme la coraza frente a unos ojos nuevos y disfrutar de la sensación de recibir una caricia o un beso en zonas en las que otros golpearon, me parece complicado hacerlo y los miedos son los perfectos guionistas de tramas de terror en los que nada sale bien; sé que la cosa es exponerse, mis amigas me miman y me quieren muchísimo y me prometen que estarán a mi lado por si acaso, a su lado todo es más fácil. 

Hay días tristes que contienen cierta belleza en su interior, no sabría muy bien cómo describirla, pero la siento, siento tanto en mi interior que a veces me abruma y necesito frenar y respirar. La música es una buena forma de sacar esto que siento fuera, me evita tener que pronunciar palabra alguna y me permite centrarme únicamente en sentir, al menos hoy la ansiedad todavía no ha hecho acto de presencia.

Respiro hondo, siento el aire entrando y saliendo de mis pulmones, está dejando de llover, pero aún se escuchan las gotas de agua aterrizando en el suelo, me gusta el sonido, me relaja y me ayuda a bajar el volumen de esta maldita culpabilidad que siento por no estar haciendo cosas del trabajo.

Siempre me da cierto miedo sentir los días tristes en mí, pero a la vez me siento una persona realmente valiente cuando freno y me escucho, a veces es algo que suelo evitar hacer demasiado, pero ahora lo estoy haciendo y, aunque los miedos me sigan mordiendo, me siento mejor. 

Ahora suena "Los días raros" de Vetusta Morla, parece que alguien me estuviera espiando. Y ahora sí, ahora lloro, ahora respiro de nuevo encogida en mi cama fantaseando con esos abrazos de quienes no pueden dármelos ahora. 

Hoy es un día triste y no me esforzaré por hacer que deje de serlo, estos días también son necesarios y, de alguna forma, bonitos también. 

Cuando termina la canción me llama una de mis amigas preferidas y me hace sonreír el hablar con ella, menos mal que me ha llamado, gracias. 

sábado, 23 de noviembre de 2024

Resaca emocional

Hice un pequeño gran clic en el momento en que dije en voz alta: "No voy a pedirte que te quedes, es más, ni se te ocurra volver si te vas". Esto también tiene mucho que ver con los límites y el amor propio.
No quiero pedirte que te quedes, no quiero darte ninguna razón para ello, ni mucho menos pedirte nada que tú no quieras darme.
No quiero que sientas ataduras, cadenas o compromisos forzados, quiero que la puerta siempre la tengas abierta y que si quieres salgas por ella.
No soy un opción más, yo soy una tremenda oportunidad, un viaje precioso sin retorno, y un "ojalá volver a coincidir, aunque ya no sea igual, aunque ya no sea lo mismo", al menos para mí misma lo soy.
Entonces, si yo soy capaz de verme así, independientemente de mis miedos feroces, mis inseguridad invasiva, mis pensamientos rumiativos y mi ansiedad desbordante, no espero menos de los de ahí fuera.
Durante mucho tiempo solía agradecer a las personas comportarse como personas conmigo, les agradecía hasta que me besaran después de ese polvo salvaje y me sentía afortunada por tener ese beso y ese "avísame cuando llegues", esto me hizo normalizar su ausencia y demasiadas sutiles violencias que hacían sentirme diminuta en un mundo de gigantes. 
Quiero que me trates, me cuides y me quieras de manera extraordinaria, porque soy extraordinaria, y porque si no va a ser así prefiero que ni lo intentes. 
Nadie ofrece nada que no tenga en su interior, y por esto mismo sigo creyendo en mí y en el amor, porque sé como soy, porque sé como soy capaz de querer.
En un mundo individualista y agresivo yo sigo procurando sonreír a todos los perritos que me encuentro, jugar a pisar a veces solo las líneas blancas de los pasos de cebra como si fuera un videojuego y no olvidarme nunca de dar las gracias a los camareros y conductores de autobuses, y tal vez para ti esto no tiene sentido, pero a mí me valen como pruebas de que merezco no tener que darte razones para que te quedes si tú no las encuentras.
Me considero adicta a todo lo que me haga recordar que estoy viva, que soy real, y que mi vulnerabilidad y sensibilidad se sientan en el rincón más seguro e inspirador del mundo.
La ternura es revolucionaria, me encanta sentir esa frase en mi propia piel. 
 

jueves, 21 de noviembre de 2024

Ausencia de gritos ante lo que merece incendios


De pronto noto su mano sobre mi cuerpo; es una mano grande que me sujeta con firmeza y con cierta prepotencia y autoritarismo, me quedo paralizada, mi ritmo cardíaco se acelera de golpe y todo mi cuerpo intenta alejarse de esa mano, pero permanece inmóvil dejándose tocar y mover por quien tengo frente a mí. Mi mirada recorre veloz el espacio en el que estamos y, sobre todo, el rostro del resto de personas para comprobar si alguien nos está observando, me atemoriza la idea de que alguien se haya dando cuenta de lo que está pasando, ¿por qué soy yo quien siente vergüenza a qué alguien me esté viendo?...
Intento pensar, buscar alguna herramienta o algo que me pueda ayudar aquí y ahora, empoderarme y actuar frente a él colocándole los límites que, probablemente, nunca le hayan puesto. 
No hago nada, permanezco callada y hasta sonrío a veces como si me sintiera culpable por sentir lo que siento o como si no existieran razones para sentirse así; en mi mente empiezo a contar del uno al diez, al comienzo despacio, luego más rápido, abandono mi cuerpo mientras bailamos.
"Haz algo estúpida", "normal que te pasen estas cosas siendo así", "no está ocurriendo nada grave, no seas así"...
Me duele el decirme estos comentarios, me duelo cuando siento la culpa y vergüenza que debería sentir él... me está tocando una parte de mi cuerpo alguien que no conozco y a quien no le he dado ningún tipo de señal ni de comodidad ni, mucho menos, de consentimiento.
Tengo derecho a sentirme así, tengo derecho a no saber cómo actuar frente a una agresión y que mi cuerpo intente protegerme emocionalmente contando hasta diez, tengo derecho a tener miedo y a no querer exponerme a más violencia.
Termina el baile; me siento rara, desnuda y vulnerable, tengo un nudo en mi garganta que me hace no poder dejar de mirar el suelo y las paredes evitando cualquier tipo de contacto visual, me duele mucho algo dentro de mí y tengo ganas de llorar, la persona que tengo frente a mí me sonríe con aires de superioridad y me guiña un ojo como si supiera todo lo que está ocurriendo aquí dentro y no sólo no sintiera ni una pizca de culpabilidad sino que disfrutase con ello, me siento sucia, algo rota y como una tierra conquistada a la fuerza por la persona que tengo frente a mí.
Otra vez la culpabilidad llamando a la puerta, "eres una exagerada, vale que te hayas sentido incómoda, pero no es para ponerse ni sentirse así", puta mierda de sistema y de sociedad, me siento así y es válido, ¿en qué momento hemos normalizado tanto cierta violencias que hasta seamos nosotras quienes nos sentimos culpables por sentirnos atacadas frente a ellas?, ¿por qué soy yo quien siente vergüenza?, ¿por qué soy yo quien no volverá aquí y no él?.
Estoy muy enfadada conmigo y con todas las personas que me rodean, tengo tanta rabia que me imagino varias veces gritando, rompiéndolo todo y pegando a esa persona que me ha hecho sentir así, no hago nada, permanezco inmóvil y con una sonrisa artificial que pretende esconder todo lo que siento. 
Vuelvo con ojos llorosos a casa y pienso: "jo, que rabia, con lo que a mí me gustaba bailar"; me niego a que esto me quite mis ganas de bailar, ya soy yo quien se va a ir de aquí, quien siente una culpa y vergüenza que no le pertenecen, no quiero que nada ni nadie me arrebate mis ganas de seguir bailando. 

Me meto en las redes sociales para silenciar mi mente durante un rato, varias publicaciones ya hablan de las distintas manifestaciones por el 25N, día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, muchos comentarios son corazones morados, otros manifiestan que no saben de qué nos quejamos, que ahora ellos son quienes tienen que tener cuidado con nosotras y no es justo, que esto solo divide más a la sociedad...

Pienso que si algún día tuviera un hijo me gustaría que fuera una niña, pero a la vez me daría tanto miedo que fuera niña...

¿En serio creéis que ya no hay nada por lo que alzar la voz?

Menudo día de mierda.

domingo, 17 de noviembre de 2024

Entre las nubes


Desde aquí arriba todo se ve muy pequeño; cuidades, campos, miedos y preocupaciones, el ruido continuo y agotador que existe allí abajo no se escucha desde aquí arriba, y esto permite disfrutar del silencio y de sonidos más bonitos como el de una canción familiar, las voces animadas y entremezcladas de distintas personas, y la risa de esa amiga que ojalá tenerla más cerquita de ti durante el año.
Escucho los motores del avión, es un sonido grave e intenso que va en aumento según vamos cogiendo velocidad, en pocos segundos las ruedas dejan de estar en contacto con el suelo, y entonces nos quedamos en completo silencio volando entre las nubes, se siente como estar en el interior de una bola de nieve, una cápsula del tiempo en la que poder frenar y disfrutar tan sólo de las vistas que se aprecian desde tu ventana. 
Allí abajo las cosas suceden demasiado rápidas y algunos días el ruido es ensordecedor, pero desde aquí arriba se aprecia el tamaño real de las cosas y cuesta menos soltar preocupaciones, miedos y pensamientos. 
En ocasiones creo que no es más que esto lo que necesitamos, despegar pies del suelo y mente del ruido, (re)descubrir el tamaño real de las cosas y poner, de nuevo, mente y corazón en lo que de verdad importa.