El problema apareció en el momento en que intenté agarrar(me) de un corazón que ni siquiera sentía merecerlo, de unas manos que solo querían agarrar tanto como pudieran y escapar ante el más mínimo riesgo de derrumbe.
Me miro en el espejo, los días negros vuelvo a cuestionar si merece la pena jugársela por alguien como yo, me castigo y me juzgo con dureza cada vez que me recuerdo intentando ser escuchada en mitad de esa infinidad de abrazos de despedida... sal de ahí pequeña por favor. Ese dolor de la tripa continuo y esas dificultades para respirar bien o estar tranquila no son exceso de ilusión o magia, sino de incertidumbre violenta y miedos rugiendo... ojalá poder rescatarte a ti esta vez, ojalá poder abrazarte y ayudarte a salir.
Cierta tristeza sigue, a veces, acompañándome en el día a día, sobre todo, cuando me pasa algo bueno... fantaseo un ratito imaginando cómo sería que quisieras que te lo contase, luego me recuerdo en ese lugar sola abarrotado de gente y a ti desapareciendo entre todos ellos como si nunca hubieras estado aquí, intento gritar tan alto como puedo, pero no soy capaz de hacerlo, no quiero hacerlo.
Me despierto asustada y respiro aliviada de ya no estar allí, observo a mi alrededor, este nuevo lugar es mucho más amable, más real, más tierno.
Todo cambia muy rápido; emociones y pensamientos contradictorios chocan estrepitosamente unos contra otros impidiéndome disfrutar del todo los momentos bonitos, me da rabia que en los momentos más bonitos aparezca, a veces, tu recuerdo castigándome por esto, como si estuviera haciendo algo malo.
He descubierto y estoy descubriendo mucho de mí misme y, también, de mi alrededor... a veces es agotador, pero estoy descubriendo nuevos brazos que sostienen con mimo, miradas en las que me quedaría a dormir, y quien sabe si a vivir... nuevos brillos especiales en los lugares de siempre y sonrisas en las que me columpio, aunque todavía no haya soltado a los miedos. He vuelto a comer y a reír con más facilidad, me gusta mucho hacerlo, soy muy feliz cuando lo hago. Y, pese a esa tristeza algo molesta, ya no me duele la tripa ni la garganta como si tuviera algo ahí atascado que nunca sale del todo; sinceramente, tengo gran parte de mi mundo patas arriba, pero siento que pasito a pasito voy bien, estoy volviendo a mí sin dejar de intentar cuidarme también por quienes se ilusionan más que yo con cada pasito que damos.
Gracias por estar.