Esto no es un blog, es mucho más. Es la última bombona de oxígeno que me queda en ocasiones. Es cada centímetro de mi piel sintiendo la lluvia. Es un vacío aquí dentro que a veces araña provocándome vomitar las últimas mariposas que habitan en mí. Es el conjunto de monstruos que habitan bajo mi cama confesándome sus miedos. Es un polvo sucio y rápido. Es un jodido y precioso caos difícil de entender, así que no te pido que lo entiendas, pero sí que no te olvides de donde esta la salida.
lunes, 31 de marzo de 2025
Campos de flores
jueves, 20 de marzo de 2025
Campo a través
Salirse de la norma, de lo habitual y de un camino previamente ya establecido y definido es algo que da miedo, muchísimo, llevo semanas asustada, y el sentir que no puedo hablar de esto con gran parte de mis personas de siempre me hace sentir aún más sola en este nuevo camino… me siento como si de un salto hubiese pasado del nivel 5 al nivel 50 en esta movida de las relaciones interpersonales, intento ser valiente y atreverme a dar ese salto de confianza hacia algo que no conozco, pero siento.
Ojalá existiera un manual de instrucciones o un punto de información al que acudir en estos momentos, probablemente me pondría a llorar en cuanto me preguntase qué necesito, pero me gustaría sentir que ahí no me van a juzgar, me da envidia ver a mi alrededor redes de apoyos que sostienen incluso cuando ni tú mismo sabes que estás cayendo. Yo, a esas pocas personas que me pueden entender fuera de esas asfixiantes normas y caminos, las tengo a kilómetros de distancia, y me duele, porque en realidad a veces me siento una niña pequeña que solo quiere alguien que le abrace y le prometa que todo irá bien y que sí sirvo para cuidar y querer a la gente como lo hago…
Me gusta tener varias personas especiales en mi vida, compartir intimidades y vulnerabilidades preciosas con distintas relaciones y sentirme con cada una de ellas especial, pero una voz en mi interior me suplica que abandone la partida, que huya ahora y que así los daños no serán tan grandes, que yo no sirvo para esto, que esto me viene grande, que ni siquiera sé con claridad qué es lo que quiero ni lo que siento.
¿Sabéis que pasa en realidad?, que estoy cansada de ser la chica que puede con todo, que siempre sonríe y que cuida de todos con esmero y amor, me encanta a hacerlo y también disfruto cuando mis amigas de siempre lo hacen conmigo, aunque siga poniéndolo más complicado de lo que me gustaría, pero desde hace tiempo consideraba a mis amigas la excepción y a todos los de ahí fuera personas con las que estar en cierto modo de alerta, pero desde hace un tiempo quiero ser esa persona valiente que mis amigas ven en mí y darles una oportunidad a los de ahí fuera, no parecen tan peligrosos como me imaginaba.
Pero… ¿cómo va todo esto?, ¿qué está bien y qué está mal?, ¿sirvo para esto?, últimamente mi niña interna tiembla de miedo casi todo el rato y no hace más que llorar. Muchas de mis amistades recorren caminos previamente establecidos y definidos, a veces me hace sentir algo de envidia que se sientan tan cómodas en los mismos, supongo que uno de los beneficios que tiene mantenerse en la norma es que ya esté todo previamente establecido, pero esto también imposibilita poder cuestionarte las cosas, dudar, pensar en otras formas distintas de ser, sentir y actuar.
Me gustaría poder tener ciertos apoyos y refugios en este nuevo camino, poder tener esa red de otros que parece tan bonita, siento que de alguna forma yo también he ido y sigo construyendo la misma, pero los kilómetros que a veces nos separan hacen que me sienta sola en muchos más momentos de los que me gustaría. Hablo con mi psicóloga, me deshago de corazas, de sonrisas artificiales y le muestro mis dudas, mis confusiones, mis miedos y mi aparente necesidad de controlarlo todo, aún sabiendo que eso es imposible.
Ella me mira con cariño y me da la bienvenida al planeta de los seres humanos, indicándome que aquí es imposible ser la psicóloga perfecta, la amiga perfecta, la persona perfecta…
“Tienes tanto tanto miedo porque estás sintiendo sin fronteras el deseo de sentirte querida, cuidada, deseada, observada…son estas las cosas que nos hacen humanos, y aunque tengas miedo a que ahí fuera no haya nadie que lo sepa hacer bien, están justo a tu lado, pero te niegas a soltarte de esa cuerda por miedo a que no existan más caminos posibles o en los que tú puedas ser válida y feliz que los que otros siguen”.
Así es mi psicóloga, a veces durante semanas siento que no hace más que escucharme o que apenas me aporta nada nuevo, pero de pronto aparece en escena desatando un montón de nudos y eliminando el ruido ensordecedor de ahí fuera (y de aquí dentro) y reactivando miedos ante esta realidad. Llevo unas semanas algo agotadoras y me gustaría que todo fuera más sencillo en ocasiones, creo que a veces yo misma soy quien lo complica todo.
No sé si soy valiente o no, no sé si sirvo o no sirvo, si ahí fuera hay personas que se sienten así o no, si lo estoy haciendo bien o todo lo contrario… intento tolerar todos estos sacos de incertidumbre, pero me cuesta. Pienso en todas mis amigas haciendo la cucharita entre nosotras, queriéndonos bonito y mimándonos con esmero y, por unos segundos, los miedos desaparecen y una energía arrolladora me hace tener ganas de atreverme a soltar de esta cuerda asfixiante.
Quiero volver a bailar en los márgenes de los caminos previamente establecidos, romperme a reír con la misma intensidad con la que ahora lo hago llorando y demostrar(me) que hay otras formas de vivir y sentir.
Demostrar(me) de nuevo que yo soy más grande que el mayor de los miedos.